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El miedo al abandono, o cómo te vuelves dependiente del otro

Mujer agarrando a hombre

Imagínate que estás conociendo a alguien, a una posible pareja, y un día, sin saber por qué, está más serio y menos comunicativo. De esto que no te dice nada bonito, ni que tiene ganas de verte ni nada…

¿Cómo reaccionas? ¿Sientes que esa persona se está alejando de ti y te vuelves más dependiente y necesitada de que te demuestre que no es así?

Entonces es posible que tengas la herida de abandono. Que “tu tema”, lo que a ti te remueve, sea el miedo a que los demás (especialmente las personas del sexo opuesto) te abandonen.

Cuando es así, cuando tienes esa herida, necesitas sentirte querida por los demás constantemente. Tienes mucho miedo a que te dejen de querer y por eso estás muy pendiente de lo que hacen y de que te demuestren que les importas.

Es como vivir en un permanente “hazme caso, mírame, apruébame, demuéstrame todo el rato que me quieres, necesito que estés detrás de mí, necesito que me des la razón, necesito sentir que te importo”…

Y en cuanto dejas de sentir esto, conectas con tu herida de abandono.

¿Te suena? Ya te expliqué, al hablarte de la herida de rechazo y en otros post, que cuando algo te afecta demasiado y te alteras y te sientes muy mal, es porque esa persona está tocando una de tus heridas, la que sea.

Es decir, lo que te está pasando en realidad no tiene nada que ver con ella, con lo que esa persona está haciendo, sino contigo, y con tu herida.

Para que lo entiendas mejor te vuelvo a poner el mismo símil… Supongamos que yo tengo una herida en el pecho y viene alguien y me abraza. ¿Qué pasará? Pues que me va a doler mi herida. Pero ese dolor no tiene nada que ver con el otro, sino conmigo. Soy yo quien tiene ahí una herida, y por eso cuando el otro me abraza, me duele.

Bueno, pues con las heridas emocionales es lo mismo. El otro hace algo que te conecta con tu herida, y entonces te duele.

Y cuando tu herida es el abandono, es como que tienes un botón que se activa en cuanto te sientes abandonada por alguien.

Como, desde tu miedo al abandono, pones a prueba a los demás y necesitas recibir señales de amor constantemente, en cuanto alguien no se comporta como tú esperabas, conectas con ese miedo a que te deje, empiezas a pensar que la relación se va a terminar y culpas al otro de no darte suficiente.

¿Y qué pasa entonces? Pues que te vuelves dependiente del otro.

Porque cada herida tiene una forma de responder particular de esa herida, lo que se llama máscara.

Es decir, la herida se identifica por la manera que tiene tu ego de responder a ese miedo con el que has conectado, por la máscara que te pones en ese momento. Y, en el caso de la herida del abandono, la máscara es la dependencia.

Por eso esta herida es la más habitual en los casos de dependencia emocional en las parejas.

(Y, junto con la herida de rechazo, la que más me encuentro en las personas con las que trabajo para que mejoren su autoestima y las dos que más me tuve que trabajar yo. Por eso sé bien de lo que te hablo :-).

Por ejemplo, si un día tu pareja está raro o de peor humor, te obsesionas con si tendrá algo que ver contigo o si habrás hecho algo que le haya molestado.

Y entras en modo hipervigilancia, pendiente de lo que hace el otro, de lo que te dice, de lo que no te dice, de si está menos atento que ayer… Todo para comprobar si te está dejando querer…

Y, por supuesto, en ese proceso te olvidas de ti y de lo que tú quieres, de lo que te apetece y de tus necesidades, porque todo tu foco está en el otro, en satisfacer sus necesidades, en asegurarte de que esté bien, de que nada le haya parecido mal y de que no te haya dejado de querer.

O, como me decía una coachee, “conozco a alguien y todo muy bien hasta que pasa algo que no me gusta y me empiezo a obsesionar. Me vuelvo dependiente y no le dejo respirar. Necesito ser lo primero, que me demuestre que me quiere a mi forma, y si no lo siento así me enfado para que reaccione y cambie su comportamiento”.

En el caso de esta coachee era un perfil que podía estar muy bien sola, pero en cuanto empezaba a salir con alguien se olvidaba de ella y lo daba todo por la relación. Porque cuando estaba sola no conectaba con su herida, pero estando en una relación sí, y se volvía dependiente del otro.

Ejemplos reales de la herida de abandono

Como te decía, lo más habitual es que la herida de abandono se active sobre todo con las personas del sexo opuesto, por eso es tan frecuente en las parejas.

Si eres mujer, cuando tienes esta herida necesitas que los hombres de tu entorno, ya sea un hijo, tu pareja, tu padre o un amigo, hagan cosas por ti y te demuestren su amor.

Necesitas que te quieran con una entrega total y que den todo lo que tú das. Necesitas ser lo primero para ellos y que te demuestren cuánto te quieren a tu manera. Y, si no es así, te sentirás mal (es como que para ti nada de lo que hagan es suficiente).

Como me decía una coachee: “a la mínima que me pasa algo ya creo que me van a dejar de querer, me entra mucha ansiedad y me apego todavía más. ¡Como que dependo mucho de que los demás me demuestren que me quieran todo el tiempo!”.

Por eso, ante cualquier cosa en la que sientas que el otro no te está dando lo que tú esperabas, empezarás a pensar que ya no te quiere, a apegarte y a obsesionarte con comprobar si eso es así.

Por ejemplo, supongamos que el sábado ibas a hacer algo con tu pareja, pero le surge un plan con unos amigos y te pide que lo dejéis para otro día. Pues ahí se activará tu herida y empezarás a dudar del otro y a sentirte mal. •¿Y si no me quiere? ¿Y si ya no quiere estar conmigo?”. Y cuanto más insegura te sientas, más te apegarás al otro para que no confirme tus temores.

“Cuando mi pareja no hace lo que yo quiero es como que me enfado y no respiro. Se lo empiezo a echar en cara, creo que para que me diga que no me va a abandonar. Es como que sólo me siento querida cuando él hace lo que yo espero”, que me contaba otra coachee con herida de abandono.

Pues eso, que tu único objetivo es asegurarte de que el otro no se va a ir, de que no te va a dejar, de que no te quiere menos que ayer…

Y, como muchas veces, para tú sentirte tranquila necesitarás que el otro cambie y que haga justo lo que tú esperas, empezarás a quejarte y a pedirle que sea más esto y más aquello. Como un bucle de demandas interminables para silenciar tu miedo al abandono.

Como el problema de base es que tú no te valoras y que tienes una herida pendiente de sanar, en realidad lo que haga el otro da igual, porque nunca va a saciar tu hambre infinita de amor… Porque por más que el otro haga, si tú no te quieres, nunca será suficiente.

Pero el miedo al abandono no sólo se da en las relaciones de pareja. Quien tiene esta herida puede tener ese miedo con amigos, con familia o con quien sea.

Por ejemplo, recuerdo el caso de una coachee que lo pasaba fatal cuando sus amigos publicaban una foto en la que no aparecía ella. Se sentía abandonada y como si ya no la quisieran, y se enfadaba y les echaba en cara que no era importante para ellos.

O también puede ser herida de abandono cuando a veces alguien me cuenta que nunca puede dejar un whataspp sin responder, que aunque el tema ya esté cerrado y el otro se haya despedido, tiene la sensación de que si no responde una vez más al otro le puede parecer mal o se puede sentir abandonado (es decir, proyecto mi miedo en el otro y creo que se va a sentir como me sentiría yo).

Y otro ejemplo: una coachee que estaba haciendo un curso online y si el profesor no le respondía, o tardaba más de “lo normal” en responderle, o lo hacía de una forma “menos agradable que a mis compañeros”, ella pensaba que no le gustaba (al profesor), y se sentía abandonada. ¿Qué pasaba entonces? Pues que empezaba a demandar su atención, y a escribir más, y a preguntar más… Se volvía dependiente de sentirse vista por él. Porque se estaba activando su herida de abandono.

En este mismo ejemplo, si en vez de demandar más atención ella se hubiera retirado, si hubiera huido, sería una prueba de que la herida que se estaba activando era la de rechazo.

Es decir, lo que te muestra cuál es la herida que se está activando es la máscara que tú te pones en ese momento. En el caso del rechazo es la huida y en el del abandono es la dependencia.

Dicho de otra forma, para que lo entiendas bien, lo que hace que se active una herida u otra no es tanto lo que me pasa, sino cómo yo interpreto eso que me pasa. Así puede ser que a dos personas les pase lo mismo y una de ellas se sienta rechazada (con lo cual, huirá) y la otra se sienta abandonada (con lo cual, se volverá más dependiente del otro).

Lo importante es que te quede claro que lo que te pasa te conecta con tu tema. Y si tu tema es el abandono, ese será el miedo que se active que se active en tus relaciones, y tu manera de responder será volverte más dependiente del otro.

Esto es lo que pasa cuando tienes miedo al abandono

Vale, supongo que ya vas viendo si te identificas con esta herida… Pero, ¿cómo se refleja esto en tu día a día? Te cuento las señales más habituales de la herida de abandono:

1.Necesitas gustar a todo el mundo y no soportas los conflictos. Y, como esto son dos imposibles en la vida, la única manera de conseguirlo es anularte a ti misma. Es decir, te olvidas de ti y de tus necesidades con tal de gustar a los demás. Piensas más en lo que quieren los demás que en lo que quieres tú y te adaptas al entorno para sentirte querida.

“Es que soy como un camaleón, que me adapto a los demás en función de con quién estoy, y ya no sé ni cómo soy yo ni lo que quiero”, que me contaba una coachee hace un par de días.

Así, te colocas de salvadora, de ayudadora, de complaciente, de la que cede siempre, de la que satisface a todos, de la que siempre está ahí y lo da todo

Dicho en pocas palabras: te abandonas a ti misma para que no te abandonen.

2.Inviertes mucha energía analizándolo todo. Como tu obsesión es que no te abandonen, vives pendiente de lo que estarán pensando de ti. Siempre hiperanalítica, dándole mil vueltas a todo, preocupada por cómo se toman los demás lo que tú haces, pensando que cualquier comportamiento extraño es la prueba de lo poco que le importas a fulanito, encontrando señales de que te están dejando de lado por todas partes y anticipándote todo el rato a lo que va a pasar.

3.Te sientes culpable a menudo. Culpable por si es que tú estás haciendo algo mal y por eso te van a abandonar. Culpable si un día se te ocurre priorizarte, pensar en ti o decir que no a algo, porque así “verás como seguro que me dejan de querer”. Culpable por sentir que dependes tanto del otro. Culpable por enfadarte y echarle en cara al otro lo que no te da. Culpable por no ser suficiente para que el otro te quiera como tú necesitas. Culpable por culpar a los demás y quejarte de que no te quieren.

Resumiendo, que te sientes culpable por TODO.

4.Estás muy confundida y ya no sabes si el problema es tuyo o es del otro. Como tu miedo al abandono te nubla la vista, ya no sabes diferenciar si te sientes bien con lo que hacen los demás o no, si el que tiene que cambiar es el otro o eres tú, si es que el otro no te da o eres tú que le pides demasiado, si es que no te valora o eres tú que no te valoras…

Cuando estás en ese círculo vicioso de necesitar sentirte querida y valorada por el otro, si te enfadas o saltas por algo, conectarás con el miedo al abandono (porque crees que pedir lo que quieres puede provocar que te abandonen), así que te sentirás culpable. Pensarás que igual te has pasado, que a ver si es que exiges demasiado, y tal vez acabes pidiendo perdón tú… Y vuelta a empezar la rueda, en la que cada vez te sientes más insegura, dudas más de ti y tienes menos claro lo que es normal y lo que no.

5.No expresas lo que sientes, no pides lo que quieres y no pones límites. Una vez más, no te respetas a ti misma por miedo a que el otro se vaya. Como tienes miedo de lo que pueda pasar, como te sientes tan dependiente del otro, pues todo tu esfuerzo está en agradar y complacer. Es decir, cero límites.

Como mucho esperas que el otro adivine lo que necesitas. Y, si no lo hace, te enfadas para que se entere y te confirme que todo está bien.

6.No te gusta estar sola. Cuando estás sola te sientes abandonada, como que nadie te quiere, que qué mal lo haces y que es por tu culpa. Necesitas la atención de los demás y sentirte acompañada y apoyada, tanto que a veces de forma inconsciente buscas dar pena o que te pasen cosas para sentirte vista. Tienes mucho miedo a quedarte sola y, por eso mismo, te cuesta mucho ser tú quien termine una relación.

7.Atraes eso que tanto temes. Claro, estás tan pendiente y con tanto miedo a que eso no pase que al final es lo que atraes.

Porque como, además, no pides lo que necesitas (por miedo a que al otro le parezca mal) pues los demás tampoco pueden saber lo que te pasa. Como te callas lo que no te gusta y lo que te molesta, como no eres clara ni te das lo que te mereces (porque crees que no lo mereces) y esperas que el otro te lo de sin pedirlo y en las mismas cantidades en las que tú lo das, pues muchas veces los demás se sienten incómodos, se cansan y se alejan.

Además de que en la pareja atraes a personas que no están dispuestas a comprometerse al mismo nivel que tú y por las que una y otra vez te vas a sentir abandonada… Pero como eso es a lo que estás acostumbrada, a esa dependencia al otro y a ese miedo al abandono, no te darás cuenta del juego tóxico que se ha establecido ahí. Creerás que el problema es tuyo porque no eres suficiente para que no te abandonen, cuando el problema es que hace mucho que tú te has abandonado a ti misma…

8.Te vuelves dependiente del otro. En realidad ésta es la principal consecuencia de la herida de abandono, y de lo que te vengo hablando todo el rato. Ese sentir que dependes del otro para sentirte bien, para sentirte valiosa, vista, importante, que existes y que mereces…

Ese sentir que tu estado de ánimo depende de sentirte querida por el otro es la consecuencia más dolorosa cuando conectas con la herida de abandono.

¿Qué me dices? ¿Te has sentido identificada con esta herida? Si te apetece puedes compartirlo conmigo en los comentarios aquí debajo.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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4 comentarios

4 comentarios
  1. Emilia 11/02/2021

    Nunca me habia sentido tan identificada con algo como con este artículo. En mi caso me pasa con amigos. ¿Es posible que tenga ambas heridas? ¿De abandono y de rechazo? Con ambas me identifico. Gracias por este valioso artículo. Creo que he aprendido a conocerme mejor gracias a él. Mil besos.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 12/02/2021

      Hola Emilia,
      Me alegro mucho de que el post te haya servido. Sí, claro, puedes tener las dos heridas. Son las dos más frecuentes y muchas personas tenemos ambas, aunque algunas las hayamos sanado.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  2. Mar 17/02/2021

    Hola Vanesa!

    Al leer tu artículo he visto ya claramente la profunda herida de abandono que tenía hace año y medio, y que gracias a la terapia ha ido sanando y ya apenas caigo en esos comportamientos tan autodestructivos que una tiene al volverse dependiente.
    Con la herida que sí sigo conectando aún es con la herida del rechazo. Creo que todos tenemos en mayor o menor medida varias heridas, pero es cuestión de tomar conciencia de ellas, escucharlas y sanarlas para que las máscaras vayan cayendo.

    Un saludo y gracias por compartir tu conocimiento 😉

    Mar

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 22/02/2021

      Muchas gracias por tu comentario, Mar. Me alegro de que hayas ido sanando esa herida de abandono. Es cierto que todos en mayor o menor medida tenemos alguna de esas heridas. La de abandono y la de rechazo son las más frecuentes, y sí, lo más importante es tomar consciencia de ellas y aceptarlas, para poder ir soltando la máscara que nos ponemos cuando se activan.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder

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