Atenta a lo que me ha escrito una mujer hablándome de su pareja:
“Estoy con él desde hace diez meses y ha cambiado de repente. Ahora discutimos y me habla muy mal y no le importa cómo yo me sienta. Antes no era así”.
Y ahora yo te pregunto a ti:
¿Crees que alguien puede cambiar de repente y pasar de tratarte muy bien a tratarte bastante mal?
Pues no, ya te digo yo que no.
Las personas no cambian de repente…
Somos nosotras las que nos damos cuenta de repente.
Cuando ya han sido muchos los momentos en los que parecía que no le importaba hacerte daño…
O en los que habéis vuelto a discutir por lo mismo de siempre y te ha seguido echando la culpa a ti…
O en los que ha vuelto a hacer algo que ya te había prometido que no haría y ni siquiera lo ha reconocido…
Después de muchas, muchísimas de esas, es cuando se te cae la venda y te das cuenta de que ha cambiado.
Pero, si te pones a pensar, hace tiempo que se veía venir este cambio…
Tal vez recuerdes aquel malentendido en el que ya te sorprendió su forma tan brusca de responderte…, pero pensaste que tendría un mal día.
O aquella discusión en el coche que ni siquiera sabes cómo comenzó, pero en la que te sentiste super sola y muy poco comprendida.
Yo misma, después de la relación más pasional y tóxica que he tenido, me di cuenta de que, si iba buscando hacia atrás, seguían apareciendo momentos cada vez más antiguos en los que él ya me había hecho sentir algo extraño.
Tal vez el más antiguo fue uno, a los pocos meses de conocernos, que nos fuimos de vacaciones a una isla italiana… Y volviendo de una excursión a un volcán le sentí raro, como medio enfadado, como que no me hablaba normal…
Hasta que con indirectas me vino a echar en cara que hubiera hablado con un chico español al que habíamos conocido en el volcán.
(Y esto te puede sonar a “se puso celoso porque le importabas”, pero eso no es amor… Eso es control y posesividad).
Lo que en realidad estaba pasando es que, con esos silencios y esa frialdad, me estaba castigando por hablar con alguien “sin su permiso”.
Pero lo que te quiero decir con esto es que, desde la escena del volcán hasta que yo me di cuenta de que él había cambiado, aun pasaron ocho meses más.
Ocho meses en los que ya hubo varias situaciones incómodas en las que no me sentí bien…
Pero claro, entre medias de eso también hay momentos en los que te dice lo mucho que te quiere, lo especial que eres para él o que nunca había conocido a alguien como tú…
Y todos esos momentos maravillosos hacen que los otros pasen más desapercibidos.
Un rato es super tierno y cariñoso y te hace sentir en una nube…
Al siguiente está distante o te responde mal sin venir a cuento…
Después te pide perdón y te come a besos…
Tanto que a ti se te olvidan las malas formas de antes…
Así se da ese cambio tan sutil que ni lo ves…
Pero está ocurriendo.
Total que, poco a poco, los momentos malos van siendo más y los buenos van siendo menos…
Hasta que un día, después de un enfado muy muy gordo, tú dices: “ha cambiado de repente”.
Y no lo entiendes.
Porque recuerdas lo bonito y lo fácil que era todo antes y no sabes qué narices ha pasado entre medias.
Pues ha pasado que entre medias hemos justificado muchos gestos feos y muchos menosprecios.
Porque no se ven (y no los queremos ver).
Porque estás loca de ilusión y los ojos te hacen chiribitas y piensas que es algo puntual y que no se va a volver a repetir.
Pero no importa si no lo viste antes.
Importa que en algún momento, incluso cuando esa historia ya ha terminado, se te caiga la venda de los ojos.
Que dejes de preguntarte si estás loca, si es cosa tuya o si tienes motivos para sentir lo que sientes… Y salgas de dudas respecto a esa persona.
Que, si una pareja no es buena para ti, lo sepas antes de que te deje sin pizca de amor propio.
Eso es lo primero que vas a conseguir aquí.
En tres semanas encontrarás las respuestas a esas preguntas que te dan mil vueltas en la cabeza y comprenderás aspectos de tu relación que no te habías planteado antes.
(Si el resultado no falla es precisamente porque pocas personas llegan a ponerle tanta luz a su relación de pareja… ni siquiera con muchas horas de terapia).



Recuerdo leer en un cómic llamado “El futuro es brillante”, que va de una chica que deja una relación tóxica o algo así (creo), justo eso: “me di cuenta de todas las -cosas chungas- que le había pasado”. Es decir, el chico era desagradable con ella, y ella lo aceptaba con naturalidad.
Sí, así es como ocurre. Se normaliza mucho, en parte porque también hay otros momentos agradables y te acabas creyendo que lo bueno quita lo malo.
Gracias Sara 💕
Quisiera decir también que siento que yo necesitaba leer este artículo justo ahora. Cuando estaba en la facultad me gustaba un chico, pero nunca llegué a decirle nada. Además, aunque fuera cordial conmigo, yo sentía una abierta indiferencia por su parte hacia mi existencia. Indiferencia amable, pero indiferencia. Me hacía sentir mal.
Después de la carrera seguí encontrándomelo en un evento mensual de networking. Y revisando gestos, muchos son de evitarme a mí, tipo “te veo y sigo sin saludarte”, o bien “estoy hablando contigo, pero doy a entender que lo hago porque de momento no han venido mis colegas”. Era esquivo hacia mí por defecto. Además cuando intenté hablarle de mi trabajo tóxico, sentí que se echaba para atrás.
Sin embargo este último networking se puso una camiseta sin mangas y me animé a decirle de tomar algo por correo. Me ha dicho que sí, pero en septiembre. Ese “sí pero no” me parece bastante ilustrativo. No tenía grandes esperanzas por todo lo que digo anteriormente, pero quería intentarlo. No sé si me estaba rechazando con educación o no pero le he dicho que si quería en septiembre me dijera cuándo le viene bien y ya.
Hola Sara,
Es curioso que a pesar de sentir una distancia o indiferencia en el otro te hayas acercado a él en busca de esa cita… Te animaría a ver qué tiene eso que ver contigo, si hay un patrón de acercarme a lo que parece más difícil o a quien no me presta tanta atención.
Y desde luego que de aquí a septiembre, y siempre, más que observar lo que él hace te fijes en cómo tú te sientes con lo que él hace, y si te gusta su comportamiento o no te gusta. Porque en tu comentario hablas más de él que de lo que él te hace sentir a ti con esa actitud, y lo único que te va a mantener en tu centro sin perderte es estar contigo e irte escuchando.
Un abrazo,
Vanessa
Hola Vanessa, muchas gracias por responderme. La verdad es que se lo propuse porque a mí sí me gusta cómo es y me parece muy guapo. Pero a día de hoy, huyo de la gente que no me devuelve la atención totalmente. Sólo me apeteció invitarlo porque sentía que no tenía nada que perder.
Pero no es así, quedarse esperando no me gusta nada. Ya me pasó en otra ocasión este año por temas relacionados con el trabajo y lo pasé fatal. Echando a perder se aprende (y el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra). Incluso dejé de hablar con una amiga porque me sentía con ella como con este chico. Insisto que echando a perder se aprende. ¡Un abrazo!
De nada, Sara. Cuando algo nos sirve para aprender no es es un error, sino un experimento con resultado positivo. Me alegro por ello.
Un abrazo,
Vanessa