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Cómo atreverte a pedir lo que quieres

Cómo pedir lo que quieres

¿Sabes pedir lo que quieres? ¿Te atreves a decir lo que necesitas? ¿Te das permiso para hacerlo?

Pedir lo que quieres es una conducta asertiva, igual que decir que no, decir lo que te molesta o hacer una crítica.

Y, como todas las conductas asertivas, tiene mucho que ver con tu autoestima.

Porque si no pides lo que quieres tu autoestima se resentirá, seguro.

Y porque si tu autoestima necesita mejorar, es muy posible que te cueste pedir lo que quieres.

Vale, hasta aquí todos de acuerdo, ¿no? :-).

Ahora vamos a profundizar un poco más, ¿por qué crees que, cuando quieres o necesitas algo, no lo pides?

Pues puede ser porque estés intentando evitar algo…

Evitar un conflicto con esa persona si te dice que no…

Evitar sentirte mal y tomártelo como algo personal si el otro te dice que no…

Evitar que le parezca mal, que se moleste, perder su aprobación…

Evitar sentirte en deuda con el otro si te da lo que le pides…

Evitar que te vea débil, que vea tus necesidades y se derrumbe tu imagen de mujer fuerte que puede con todo…

Evitar hacer daño al otro si se da cuenta de que no estaba satisfaciendo tus necesidades…

Evitar tener que tomar una decisión sobre la relación si el otro te dice que no…

O también puede ser que estés esperando que el otro te de lo que quieres sin que tú se lo hayas pedido.

Es decir, que estés suponiendo que el otro tendría que darse cuenta de tus necesidades sin que tú se lo digas.

Sí, hay personas que se molestan y se enfadan porque el otro no les da lo que quieren, ¡y es que no se lo están pidiendo!

¿Te crees que los demás tienen una bola de cristal? Pues no. Y si tú no eres clara, el otro no puede saber lo que necesitas. Aunque a ti te parezca lo más obvio del mundo, tal vez para el otro no lo sea (o prefiera no verlo).

Así que la responsabilidad de validar tu necesidad y comunicarla es tuya.

¿Más motivos por los que no pedimos lo que queremos? Pues que a veces es más fácil quejarse y culpar al otro de que no me da lo que quiero que pedirlo.

Claro, la posición de víctima engancha mucho. Te quedas estancada en que si lo pides no te lo va a dar, y así puedes quejarte libremente y compadecerte de ti misma.

Por ejemplo, “paso de pedirle esto a mi compañera de trabajo, me va a decir que no. Es una tal y una cual y no se le puede pedir nada. Pobrecita de mí…”.

Y, por supuesto, el gran clásico de las personas que no se valoran a sí mismas: no pido porque no me siento merecedora de recibir.

Porque en el fondo de mi creo que no merezco pedir lo que quiero y que no merezco satisfacer mis necesidades (yo, la última, siempre).

Cuando pides, respetas y te respetas

¿Te vas dando cuenta de por qué a veces no pides lo que quieres?

Sí, lo sé, muchas veces pedir cuesta. Y, si no pides, no te pueden rechazar.

Muy bien, pero es que la primera que se está rechazando cuando no pides eres tú. Y ten por seguro que ese es el rechazo que más te va a doler y el que más va a condicionar tu autoestima (no el rechazo de los demás).

Además de que cuando no pides generas rencor hacia el otro, porque no te está dando lo que necesitas. ¡Cuando el problema es que no se lo estás pidiendo! Que no estás siendo clara y que no estás validando tu necesidad.

Y así es como un día explotas por cualquier tontería que te colma el vaso y el otro no entiende lo que está pasando (porque tú no habías sido clara).

Por todo esto, y porque no puede haber una relación sana si en ella no hay una comunicación fluida, es tan importante que te atrevas a pedir lo que quieres y a decir lo que necesitas.

Porque cuando no lo haces ni te estás respetando a ti misma ni estás respetando al otro.

Si no pides, no te estás respetando a ti misma porque no estás validando tus necesidades.

Y no estás respetando al otro porque no le estás permitiendo darte lo que quieres (o decidir no hacerlo).

Pasos para pedir lo que necesitas

¿A quién te gustaría pedirle algo? ¿Con quién tienes pendiente decirle lo que necesitas?

Pues si te quieres poner manos a la obra, aquí tienes los pasos:

1.Distinguir lo que es tuyo de lo que es del otro.

Lo que te venía diciendo hasta aquí: no proyectar tus miedos o tus adivinaciones en el otro.

No adivinar cómo se va a sentir, si es que le va a molestar, si es que te va a decir que no, si es que va a pensar que no sé qué, si es que… Todo eso son excusas que te están impidiendo hacerte responsable de ti misma.

Daría igual que supieras con total seguridad lo que te va a responder, eso da lo mismo. La cosa es que si no lo pides la única responsable de no recibirlo eres tú.

2.Hacerte responsable de tu necesidad, de querer eso que pides.

Desde la humildad de que es tu sentimiento y tu necesidad, que no tiene nada que ver con el otro. Que es tuyo, sí.

Pero desde la seguridad de que tienes derecho a sentir eso, a querer eso y a pedir eso.

La necesidad de sentirte ayudada, comprendida, escuchada, respetada, vista, apoyada, aceptada…

Sea lo que sea, por supuesto que tienes derecho a pedirlo (igual que el otro a decirte que no).

Que te quede claro esto: validar tus necesidades y asumir tu responsabilidad de satisfacerlas te empoderará siempre.

3.Tomarte un tiempo para pensar en lo que quieres pedir y en para qué quieres pedirlo.

¿Qué quiero? ¿Cuándo lo quiero? ¿Cómo lo quiero?

¿Para qué lo quiero?

¿Cuándo lo voy a pedir?

Por ejemplo, quiero que mi pareja se involucre más en preparar las comidas. Quiero que se encargue de las cenas para estar más descansada por las noches. Y se lo voy a pedir esta noche mientras cenamos.

4.Pedirlo, y pedirlo bien.

Depende de lo que estés pidiendo y a quién, pero siempre desde el cariño, la humildad y el respeto.

Sugiriendo más que exigiendo.

Sin reprochar al otro, sin atacarle, sin etiquetarle ni generalizar en plan “es que tú nunca” o “es que siempre soy yo la que tal”.

Sin juzgar, sin echar la culpa, sin imponer tu punto de vista, sin presuponer la intención del otro y sin responsabilizarle de lo que sientes o de lo que deseas.

Es decir, hablando de ti, de lo que te pasa a ti y de tu punto de vista.

Por ejemplo, “cuando quedamos en algo y no lo cumples me siento dolida. Necesito sentir que soy importante para ti, y por eso quiero pedirte que cumplas con nuestros compromisos”.

O “me gustaría que cuando te moleste algo de mí me lo digas con un tono tranquilo y amable, porque necesito sentir que me respetas”.

O “quiero pedirte que me ayudes con esto porque no soy capaz de hacerlo sola”.

Hablando en positivo. Siendo clara y concreta. Y pidiendo lo que quieres que pase, no lo que no quieres (ni lo que quieres que deje de pasar).

5.Escuchar la respuesta del otro.

Ahora la pelota está en su tejado, pero sigue siendo importante tu actitud.

Que valides sus necesidades sin entrar en quién tiene la razón, porque cada uno tiene derecho a tener sus necesidades.

Y dándole al otro la libertad de aceptar o no aceptar tu petición.

Sin castigar ni manipular y sin tomarte como algo personal que no haya aceptado lo que le has pedido. Eso tiene que ver con él, no contigo, y no dice nada de ti.

Lo que sigue teniendo que ver contigo es cómo respondes tú a su negativa, qué paso que das una vez que el otro te ha respondido.

Si lo aceptas, si lo comprendes, si no lo aceptas, si tomas una decisión como consecuencia de esa negativa… En cualquier caso, que te escuches y te sigas haciendo responsable de ti misma.

¿Y si el otro no hace lo que le pido?

Depende. Depende de la relación y sobre todo depende de ti y de lo importante que sea eso para ti.

Tal vez necesites reflexionar sobre lo que estás pidiendo…

Por ejemplo, si estás pidiendo algo que tú no das o si estás pidiendo un imposible…

Porque a veces esperamos que el otro satisfaga nuestras expectativas y el problema es que el otro es así y no puede (o no quiere) cambiar.

Es decir, cuando pedimos a alguien un cambio respecto a una conducta concreta, esa persona puede aceptar cambiarla o no hacerlo.

Y lo más probable es que si es una persona empática y conecta con tu necesidad, te comprenda y elija cambiarla.

El problema es cuando pedimos algo que tiene que ver con la forma de ser de esa persona. Cuando, si cambiara eso, dejaría de ser quien es.

Me refiero sobre todo a las relaciones de pareja, cuando por ejemplo le dices a tu pareja que es muy tímido y que te gustaría que fuera más abierto con la gente.

Sí, lo sé, la línea que separa lo que es una conducta de lo que pertenece a la forma de ser puede ser muy delgada.

Pero sobre todo se trata de que el otro sienta que aunque cambie eso no deja de ser él mismo, que no deja de ser quien es, y que puede cambiarlo sin que eso le cueste un triunfo.

Por ejemplo, yo puedo ser tímida y que eso forme parte de mí y me cueste mucho cambiarlo.

O puedo ser negativa y que eso forme parte de mí y me cueste mucho cambiarlo.

O puedo ser poco planificadora y que eso forme parte de mí, e incluso me guste ser así.

Pero si respondo de una forma brusca cuando algo no me parece bien, eso no es parte de mí. Eso es un aprendizaje. Y si quiero (porque veo que a mi pareja le hace daño) podré cambiarlo.

Otra cosa es que quiera…

Por eso, cuando le pides algo a alguien lo sano sería expresarlo una vez y punto.

“Me duele cuando haces X y te quiero pedir que hagas Y”.

Y ver qué pasa. Si sientes que te entiende, que empatiza con tu necesidad y que se esfuerza por dejar de hacer eso, o si pasa el tiempo y sigue exactamente igual.

Si ahí hay cariño, comprensión y respeto, el otro hará todo lo posible por cambiar esa conducta y tú te darás cuenta. No sentirás que intentas cambiarle y el otro tampoco lo sentirá, simplemente será una comunicación sana como parte de una relación entre dos personas que se esfuerzan por sentirse mejor la una con la otra. Y tú te sentirás valiosa e importante para esa persona, igual que cuando te pida algo a ti y tú te esfuerces por cambiarlo.

¿Y qué pasa si el otro no empatiza contigo ni cambia nada de lo que le has pedido? Pues lo más probable es que te decepciones y pierdas la confianza.

Y puede ser que entres en esa lucha constante por intentar que cambie, que empieces a quejarte y a estar una y otra vez repitiendo lo mismo.

Pero, ¿de verdad crees que esa persona va a cambiar algo si no cambió la primera vez que lo pediste?

Si para esa persona fuera fácil cambiar eso y quisiera hacerlo, ya lo habría hecho.

Así que, aunque no te guste, de nuevo la pelota vuelve a estar en tu tejado. Para que aceptes a esa persona como es, si quieres y puedes aceptarla.

O para que aceptes que te sientes decepcionada, que la confianza se rompió cuando pediste y no recibiste, y decidas qué quieres hacer con eso.

Sea lo que sea, te sentirás mucho mejor contigo misma desde el momento en el que te has hecho responsable de ti. Y entonces no se te volverá a olvidar que tienes derecho a pedir lo que quieres y a decir lo que necesitas, siempre y sea cual sea la respuesta del otro.

¿Qué me dices? ¿Has pensando ya en una petición que quieres hacer? Si te apetece me encantará que lo compartas conmigo en los comentarios aquí debajo.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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9 comentarios

9 comentarios
  1. Isabella 14/01/2021

    Espectacular post!!!! De gran ayuda como siempre!
    Mil gracias

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 15/01/2021

      Muchas gracias, Isabella. Me alegro mucho de que te haya gustado.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  2. Veronica Rodriguez 18/01/2021

    Vanessa, hay algo que quiero pedir en este momento, estoy empezando una relación y las cosas van por buen camino, el chico que me interesa tiene novia, pero ella esta en otro pais asi que no se han visto por mucho tiempo y se que se trata de una relacion de resistencia mas que de amor, asi que he tomado la decisión de hablar con el y darle a conocer que quiero empezar una historia los dos juntos, pero no quiero que el tenga ningun vinculo amoroso pendiente con otra persona. Así como él tiene toda mi prioridad, mi respeto y exclusividad, quiero exactamente lo mismo, quiero mi lugar y de esa forma si él lo hace, estaria dispuesta a que empecemos junto una relacion. De lo contrario no estaria dentro de mis prioridades estar con una persona que aun no puede cerrar ese circulo en su vida.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 19/01/2021

      Hola Verónica,
      Qué bien, felicidades por esa decisión de coherencia y amor a ti misma. Eso es, respetarte para que te respeten. Maravilloso, espero que te sientas muy orgullosa de ti.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  3. MINA 15/02/2021

    Interesante tu post, sin embargo, todavía no me siento preparada para pedirle a esa persona que quiero su amistad y solamente su amistad. Siento que empatizo con él en muchos aspectos y a veces pienso que sería bueno tener una conversación con él, pero soy como una aguja en un pajar ante sus ojos.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 16/02/2021

      Hola Mina,
      ¿Y cómo te sientes siendo una aguja en un pajar ante los ojos de esa persona? Te animaría a pensar en eso y desde ahí poder darte lo que necesitas y lo que te mereces desde el amor a ti misma (más que pedírselo al otro).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
      • MINA 16/02/2021

        ¡Gracias! Si algo tengo claro es que primero tengo que valorarme yo misma, fortalecer mis puntos débiles, porque durante mucho tiempo he permitido muchas situaciones que me han hecho daño. Sé perfectamente que mi felicidad y estabilidad emocional dependen de aceptarme, quererme y valorarme, y tal vez hasta perdonarme, por todos los errores que en muchos momentos de mi vida he cometido, pero ¿quién no ha cometido errores en esta vida? Y sin embargo para muchos no ha sido el fin del mundo, en cambio para mi, en ocasiones ha significado, un estancamiento, un retroceso, una devaluación como persona, como mujer. He llegado ha pensar en ocasiones que no merezco el amor, ni la amistad de las personas que quiero, sin embargo, me sigo aferrando fuerte a cada día, a cada sorpresa grata, a cada momento bonito, a todo lo que me pueda hacer sentir que vale la pena continuar y seguir siempre adelante, perdón por utilizar este espacio para escribir todo esto. Gracias, sin embargo, por brindarnos esta oportunidad para leer tus consejos y poder tomar mejores decisiones, tener ahora una herramienta más para seguir adelante, generar en mi la curiosidad, si se le puede llamar así, de permitirme a mi misma conocerme en realidad, hacer de repente un viaje a mi interior y mi pasado y encontrar esas situaciones y esos momentos que en ocasiones como ahora, que estoy escribiendo esto, me generan lagrimas y un sentimiento profundo de tener a alguien a mi lado que me quiera, me comprenda y me apoye, pero como bien dices, tengo que empezar por quererme y valorarme yo misma y como dije antes, tal vez hasta perdonarme.

        Responder
        • Vanessa Carreño Andrés 22/02/2021

          Hola Mina,
          Sí, el perdón a una misma es muy importante, por todo lo que significa: que te comprendes, que te aceptas humana e imperfecta, que eres compasiva contigo, que no te reprochas sino que, al contrario, te hablas con amor… Si te apetece trabajar en ello para aprender a quererte y perdonarte de verdad, te dejo la página del curso Amor, te vendría fenomenal para lo que cuentas.
          Un abrazo grande,
          Vanessa

          Responder

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