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¿Vives en la prisión del “tengo que ser fuerte”?

Tengo que ser fuerte - chica fuerte

¿Crees que es bueno ser fuerte?

Cuando te pasa algo, ¿te dices que tienes que ser fuerte?

En tu día a día, ¿te exiges resistir, poder con todo sola y ser siempre fuerte?

Pues si es así, esto te debe estar pesando mucho, mucho.

Ya te he hablado muuuuuchas veces del papel tan importante que juegan nuestras creencias, de que pueden limitarnos o potenciarnos.

De verdad, nunca me cansaré de repetir que cuando cambias tus creencias cambia tu vida.

Porque esas creencias, cuando son limitantes, se convierten en mandatos internos que nos obligan a vivir de una determinada manera que no nos está haciendo feliz.

A cumplir con unos estándares, con unos patrones, con unas reglas que nos ahogan y castran nuestro verdadero Ser.

Educastración, que lo llamaba un maestro que tuve :-).

Por ejemplo, la creencia de que “los demás saben más que yo” puede convertirse en el mandato interior “tengo que hacer lo que opinen los demás” o en el de “tengo que ser discreta, no puedo dar mi opinión a no ser que esté 100% segura de que es correcta”.

¿Te das cuenta? Pues Taibi Kalher, un psicólogo norteamericano, resumió esos mandatos interiores en cinco, de los cuales quiero empezar a hablarte hoy. Iré desarrollando cada uno de ellos en un post, porque los cinco son muy comunes y me los encuentro continuamente en mis coachees.

Hoy empiezo con el de “Se Fuerte”.

(Ojo que algo de lo que te irás dando cuenta a medida que te vaya presentando los mandatos es que a primera vista pueden parecer positivos. Vamos, que quien los tiene puede creer que es bueno tener ese mandato. Por ejemplo, con el de “se fuerte”, hay quien cree que es positivo no sentir y mantenerte siempre firme, imperturbable, invulnerable. Y no, de bueno no tiene nada…).

Aclarado esto, voy a explicarte el mandato de “se fuerte” para que te des cuenta de si tú lo tienes y sepas cómo salir de él.

Cuando crees que tienes que ser fuerte te dices que tienes que hacer las cosas por ti misma, sin ayuda de nadie.

Crees que tener que pedir ayuda sería una muestra de debilidad, un fracaso.

Solo te valoras cuando ves y sientes que eres fuerte.

No te perdonas ninguna muestra de debilidad: si lloras, si estás cansada, si estás sensible, si estás triste, si no puedes más… ¡te criticas y te sientes mal por sentirte así!

Por supuesto, tampoco perdonas la debilidad en los demás.

Y no te das permiso para pedir ayuda ni para necesitar a nadie. ¡Tienes que ser capaz tú sola!

Todo esto hace que te cueste un montón expresar tus sentimientos y que te cueste un montón abrirte a los demás o dejar que otros se acerquen a ti. Es decir, eres incapaz de dar y de recibir amor.

Si te sientes identificada con esto que estás leyendo, efectivamente, el “se fuerte” te está limitando.

Si no soy fuerte, no valgo

¿Cuál crees que es la creencia que sostiene el mandato interior de “se fuerte”?

Normalmente suele ser el “no valgo”.

Es decir, si no soy fuerte, no valgo.

Si no puedo con todo, no valgo.

Si necesito ayuda de alguien es que no valgo.

Así que tengo que ser fuerte, poder con todo yo sola y no derrumbarme nunca.

¿Cómo? Evitando sentir y evitando acercarme a los demás o que ellos se acerquen a mí.

Porque si no soy fuerte voy a pensar que no valgo. Y me voy a sentir muy mal conmigo misma. Y me voy a criticar. Y voy a reforzar la creencia de que, tachaaaaaaan, ¡no valgo lo suficiente! Justo lo que yo decía :-).

Y, por supuesto, si los demás perciben alguna debilidad en mí también se van a dar cuenta de que no valgo.

Así que me vuelvo a exigir ser fuerte, todavía con más empeño que la vez anterior…

Y ya está el lío armado :-).

¡¿Te das cuenta de cómo nos enredamos en esta prisión del “tengo que ser fuerte”?!

Ejemplos de personas que se exigían ser fuertes

Por ejemplo, tuve una clienta que acababa de dar a luz y lo estaba pasando bastante mal. Se decía que tenía que poder con todo, que tenía que dar el pecho, cuidar de la bebé, cuidar del niño mayor, hacer las cosas de la casa ya que estaba de baja, y estar guapa, simpática y sonriente para las visitas.

Y todo eso sin pedir ayuda, por supuesto. Así que no se daba permiso para estar triste, ni cansada, ni enfadada, ni agotada, ni sentirse fea, inútil o mala madre. Lo único presente en su cabeza era “tengo que ser fuerte y poder con todo yo sola”.

Si en algún momento se sentía débil se criticaba a sí misma, se juzgaba, se sentía insuficiente y se volvía a decir que tenía que ser fuerte.

¿Comprendes ahora cómo funciona el “se fuerte”?

¿Y cuáles crees que son sus consecuencias? Pues que terminas sin darte permiso para sentir lo que estás sintiendo ni para acercarte a los demás en busca de ayuda, consuelo, alguien que te escuche o simplemente que te dé un abrazo.

Por ejemplo, recuerdo a una coachee a la que le costaba mucho expresar algunos sentimientos, sobre todo la tristeza, el miedo y el enfado. “Prefiero que los demás me vean alegre, a todos nos gustan más las personas alegres”.

(¿Sí? ¿Tú también crees eso? Porque yo creo que lo que nos gusta son las personas auténticas, las que se muestran como son y muestran lo que sienten, ya sea alegría, miedo, cariño o inseguridad).

Bueno, volviendo a esta coachee, puedes ver como esa necesidad de gustar era lo que activaba el mandato de “se fuerte” delante de los demás.

Me acuerdo también de otra coachee que se presionaba a sí misma para tomar una decisión sobre su futuro justo en un momento en el que estaba muy bajita de ánimo y de autoestima, después de mucho tiempo sin quererse, sin cuidarse y sin tratarse bien. “No debería tardar tanto en tomar un decisión”, se decía.

Si pasaba una semana en la que, por estar tan triste y decaída, seguía sin decidir nada, después se criticaba un montón y se volvía a repetir que debería ser fuerte y decidir algo. ¡Y ni siquiera se daba permiso para compartir lo que estaba pasando con nadie! Todo por repetirse una y otra vez “no debería sentirme así, tendría que ser más fuerte de lo que soy”.

Y un ejemplo más: una coachee que salía de una relación de pareja un poco tormentosa y desgastante. Y se decía que tenía que ser fuerte para no dar ni un paso atrás, que no podía sentirse triste, ni llorar ni venirse abajo. ¡Que tenía que ser fuerte y mirar hacia adelante!

¡Pero vamos a ver! Después de una relación, por muy tóxica que haya sido y por muy beneficioso que sea haberla roto, ¡hay que hacer un duelo! Y sentir, y llorar, y estar triste, y que te duela, y apoyarte y dejarte querer por las personas que te quieren…

Desde luego, en mi opinión esto de decirte que tienes que ser fuerte es limitante a más no poder. Como casi todo, suele venir de esas cosas que nos decían de pequeños: “por eso no se llora”, “tienes que poder con eso y mucho más”, “a ver, que se vea lo fuerte que eres”.

Ay, ¡imagínate qué liberación cuando por fin sales del “tengo que ser fuerte”!

Cómo salir del “tengo que ser fuerte”

Entonces, ¿cómo se sale del “se fuerte”?

Pues lo primero es que te dejes en paz a ti misma.

Que dejes de criticarte por sentir lo que estás sintiendo.

Que te des cuenta de que cualquier sentimiento, en cualquier momento, es correcto y viene a decirte algo.

Que empieces a reconocer, aceptar y expresar tus sentimientos.

Que te des la oportunidad de sentirte herida, triste, vulnerable, frágil… ¡porque eso significa que estás viva!

Que dejes de repetirte que tienes que ser fuerte, ¡porque no tienes que serlo! No tienes que serlo y, desde luego, no vales más por serlo.

Que te recuerdes que te mereces quererte incondicionalmente.

Que te des permiso para pedir ayuda en cualquier momento que la necesites.

Que, y esto es muuuy importante, compartas con alguien cómo te estás sientiendo.

Que te des permiso para pedir y recibir el cariño y el apoyo de los que te quieren.

Que reconozcas la belleza de tu vulnerabilidad y te des permiso para mostrarla delante de los demás.

Que te atrevas a ser la primera en decir perdón, te necesito, tengo miedo o te quiero.

Y, por supuesto, que dejes de pensar y de decir que ser fuerte es algo positivo. Porque no lo es, al menos no cuando se entiende desde la exigencia del “tengo que ser fuerte”.

Nadie es fuerte 24 horas, 365 días al año. ¡Es imposible! Hay momentos en los que nos sentimos fuertes y momentos en los que nos sentimos vulnerables. Y lo importante es que te des permiso para sentir lo que estás sintiendo, ¡lo que sea!

¡Todo está bien y eres igual de maravillosa te sientas fuerte o te sientas rota y hecha una mierda!

Así que, por favor, prométete que siempre, siempre, siempre, pase lo que pase y sientas lo que sientas, te seguirás queriendo de manera incondicional.

Pasos para ponerlo en práctica

Es más sencillo de lo que crees, pero necesitas poner foco y ser constante. Vete dando estos pasos de uno en uno:

1.Empieza por elegir algo en lo que te estés exigiendo ser fuerte.

2.Piensa en cómo te hace sentir y en cómo te limita exigirte ser fuerte en ese aspecto.

3.Decide qué cambios quieres aplicar para sentirte mejor en ese aspecto. ¿Qué permiso te puedes dar? ¿Qué podrías hacer diferente?

4.Imagina que te das ese permiso. ¿Cómo te sentirías? ¿Qué pasaría?

5.Valora los cambios y disfruta de ellos.

Voy a ponerte el ejemplo de una coachee con la que trabajé hace tiempo, que estaba muy anclada en el “tengo que ser fuerte ante los demás” y que además acababa de pasar por un golpe muy duro.

“Siempre estoy ocultando mis sentimientos a mi madre y a mis hijas, no quiero que sufran, quiero que me vean fuerte. Supongo que por eso estoy siempre demostrándome mil cosas y diciéndome que puedo hacerlo todo”, me contaba.

Bromeaba con que los demás la veían como una mujer de hielo, de piedra, que siempre le decían cuanto la admiraban por lo fuerte que era…

Total, que si ya bastante se exigía ella ser fuerte, la admiración de los demás fortalecía más su creencia de que tenía que ser fuerte.

Ser fuerte ante su madre y sus hijas le hacía sentir presionada, como que nunca podía relajarse, como que siempre tenía que estar al pie del cañón… (obviamente la exigencia no venía de los demás, sino de ella misma).

Decidió que quería darse permiso para mostrarse vulnerable ante ellas. Que si un día su madre le preguntaba cómo estaba y ella no estaba bien, que no se iba a hacer la fuerte y le iba a contar cómo se sentía.

Y con sus hijas, que si tenía ganas de llorar no iba a hacerlo a escondidas.

Dándose ese permiso se sentiría tranquila, relajada, libre y querida por los demás.

Y así fue como se sintió :-). Un muy buen ejemplo práctico de por dónde se empieza a salir del “se fuerte”.

¿Y tú? Si te sientes identificada con este mandato de “se fuerte”, ¿por dónde podrías empezar a hacer cambios? Si te apetece, puedes compartirlo conmigo en los comentarios aquí debajo.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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17 comentarios

17 comentarios
  1. Mafe 10/10/2019

    Tus palabras llegan por motivos muy extraños en los momentos adecuados. ¡Magia! Gracias Vanessa

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 14/10/2019

      Qué bien, me alegro muchísimo :-). Que siga la magia…
      Besos y sonrisas,
      Vanessa

      Responder
  2. Maria 10/10/2019

    Sí, quiero compartir mi experiencia. Hace tiempo era así, tan exigente en todo conmigo que me olvidé de quién era. La vida te trae experiencias duras que si sabes darle la vuelta (no digo que sea fácil), que si dejas que te enseñen, empiezas a fluir con tus emociones y sentimientos, los dejas estar, les escuchas… A ver qué te dicen, porque sí que están para algo. Me permito estar triste porque lo estoy, por mis circunstancias actuales, y lloro, lloro mucho…. ¿Y qué? ¿Soy peor porque llore tanto?
    Y si no tienes a nadie que te escuche, o si te escucha 10 veces con lo mismo, y ya no te llama… ¿Qué ocurre aqui???

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 14/10/2019

      Hola María,
      Qué bien, me alegro mucho de ese camino que has andado de amor a ti misma, de aceptación y de darte permiso para sentir lo que sientes, es maravilloso.
      Muchas veces nuestras relaciones son un espejo de nosotros mismos, nos reflejan lo que nos queremos, o lo poco que nos queremos… Si no te sientes apoyada por alguien puedes compartirlo con esa persona, y desde ahí colocar y darte permiso para sentir lo que sientes y para rodearte de personas que te hagan sentir querida y valorada.
      Un cariñoso abrazo,
      Vanessa

      Responder
      • Maria 15/10/2019

        Gracias por tu respuesta, es siempre un oasis, un refresco para momentos especiales, o sensibles, o simplemente duros. Gracias por estar ahí

        Responder
  3. Teresa 10/10/2019

    Es difícil dejar de “ser fuerte” con las creencias que tengo a mis 62 años. Recuerdo siempre a mi madre que, yo particularmente, ¡nunca vi que se quejara de nada! Siempre estaba contenta, a pesar de que no fueron buenos tiempos y de que tuvo que sacar adelante a seis hijos. Bueno, eso es otra historia; lo mío es que, creo yo, al tener ese ejemplo desde siempre, y nada que ver con lo que piense la gente, eso ya no me importa en absoluto, pero, en mi casa en particular muchas veces me siento bastante sola (y tengo marido y una hija) pero ellos tienen su trabajo y su vida. Yo tengo amigas y hermanas con las que puedo hablar de este tema, pero en mi día a día en casa, ¿qué se puede hacer? Si te quejas por tu ánimo o falta de él, malo; si te encuentras mal por las calores típicos de la menopausia, el malestar y otras cosas, no lo entienden, por lo que te “haces la fuerte” y sigues con tu vida. Gracias por escucharme y por tus consejos, son estupendos!!

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 14/10/2019

      Hola Teresa,
      Así es, se trata de empezar por comprender cuáles son tus creencias limitantes y de dónde vienen, porque normalmente las adquirimos cuando somos pequeños. Y desde ahí elegir qué quieres creer y cómo puedes llevar eso a la práctica en tu día a día. ¿Para qué necesitas darte permiso? Recuerda que lo que sientes está bien y que puedes compartirlo y expresarlo, sin por ello estarte quejando. Puedes decir cómo te sientes y lo que necesitas, y sobre todo en el día a día y cuando estás contigo misma, puedes cuidarte y darte eso que necesitas, con pequeños detalles y pequeños gestos que te nuran y te hagan sentir bien. El amor más grande viene de ti misma, y no tiene tanto que ver con cómo respondan los demás. Ellos también tienen sus creencias limitantes.
      Un abrazo fuerte,
      Vanessa

      Responder
  4. Rosa 12/10/2019

    Me resulta extraño que todos los ejemplos que das son de mujeres y, cada vez que le pones género a tus comentarios, éste es femenino.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 14/10/2019

      Hola Rosa,
      Me dirijo a mujeres porque la mayoría de las personas que hacen mis programas de Coaching son mujeres. También hay hombres, y por supuesto que muchos hombres pueden sentirse identificados con lo que escribo, pero elijo dirigirme a mujeres porque la mayoría de mis lectoras y de mis clientas lo son.
      Un abrazo grande,
      Vanessa

      Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 14/10/2019

      Gracias a ti, Patty.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  5. Seyram 14/10/2019

    Por algún motivo tus post siempre tratan de temas por los que estoy atravesando en el día, mil gracias.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 14/10/2019

      Por que la magia existe y tú estás abierta a recibirla. En mi opinión, quien quiere ver, ve. Y quien no, no va a ver nada por más que mire :-).
      Besos y sonrisas,
      Vanessa

      Responder
  6. Dolores 17/10/2019

    Buenas noches, estoy estremecida ahora mismo. Justo hoy me hacía una pregunta de por qué en mi trabajo todos me ven como una polvorilla y me tratan como si yo lo soportara todo y me dije, no saben quién soy yo en realidad, como me siento, muestro solo esa cara a los demás y en mi casa estoy derrotada, hundida, y cansada de vivir por y para los demás. Y estoy totalmente sola, nadie sabe que me está pasando en realidad.
    En fin, gracias, el destino te ha puesto en mi camino para darme cuenta. Gracias.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 18/10/2019

      Qué bien, Dolores. Me alegro mucho de que el post te haya servido, tomar conciencia de lo que nos limita y nos hace daño es el primer paso para poder cambiarlo.
      Un abrazo grande,
      Vanessa

      Responder
  7. Carmen Carruido 14/10/2021

    Hace algún tiempo atrás tuve esa práctica limitante del “mandato de ser fuerte”, pero descubrí que no era tan fuerte como quería que me vieran, que soy humana y tengo debilidades full. Comencé a orar con fe sincera y leal y es algo que practico constantemente este bien o no tan bien, y hacer esto me ha fortalecido o me ha hecho crear resiliencia. Lo que sí puedo asegurar es que la sensación de bienestar y seguridad son indescriptibles.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 21/10/2021

      Hola Carmen,
      En realidad todos somos fuertes y vulnerables a la vez. Somos fuertes porque podemos rompernos, y somos vulnerables porque también podemos ser fuertes. Lo uno no podría ser sin lo otro. Por eso quien solo aparenta ser fuerte, en realidad está haciendo un gran esfuerzo para esconder su parte vulnerable…
      Me alegro de que ese camino de oración te haya servido para fortalecerte y quererte completa, humana y perfecta como eres.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder

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