Imagina que un número de teléfono que no tienes guardado te manda este whatsapp:
“Hola, soy María. Este es mi nuevo número”.
Y tú, ni idea de qué María es esa.
Así que le respondes:
“Disculpa, ¿qué María eres?”.
A lo que la interlocutora misteriosa te responde:
“Soy María la de baile. Ya te dije que iba a cambiar de número”.
¡Zasca!
En ese momento te sientes fatal…
Como si te estuvieran corrigiendo…
O como si lo hubieras hecho mal por no acordarte…
¿Alguna vez te has sentido así?
Algo muy parecido le pasó el otro día a una clienta nueva.
Y me envió un audio contándome que se había sentido muy pequeñita al leer la respuesta de la tal María y que le había dado mucha vergüenza.
Además de la rabia de no recordar que esa compañera de baile le hubiera dicho que iba a cambiar de número…
La cosa es que se había quedado dándole vueltas y con ese malestar toda la tarde…
¿Qué estaba pasando aquí?
Lo obvio es que mi clienta se había sentido corregida.
Y que eso no le había gustado.
Porque cuando alguien te suelta un “te lo dije” es como si se pusiera por encima de ti y te dijera que no lo has hecho bien.
Pero eso solo habla de María (nombre ficticio, por supuesto).
Y lo importante es lo que se le movió a mi clienta y con qué le conectó.
Porque si tú eres benevolente contigo y no dependes de hacerlo todo bien para sentirte segura de ti, una cosa así se te olvida al momento y no le das más importancia.
En cambio, si tú eres dura contigo misma, si te exiges hacerlo siempre bien, si no soportas que otros vean un fallo en ti…
Entonces sí que vas a sentir esa vergüenza…
(Una emoción bastante frecuente para lo poco que la nombramos, por cierto).
Y, ¿sabes de dónde viene esa vergüenza en muchas mujeres?
De haber aprendido a definirse por “la que a ojos de los demás lo hace todo bien”.
De que su imagen depende tanto de hacerlo estupendo que no soportan que alguien pueda pensar lo contrario.
Y de necesitar tanto la aprobación del otro que, cuando sienten que la pierden, se justifican y se defienden intentando demostrar a esa persona que se equivoca.
Esa es la respuesta a la pregunta que me hacía hace poco otra clienta: “¿por qué me nerva tanto que alguien tenga una opinión diferente sobre algo?”.
Pues por eso, porque cuando has aprendido a mirarte por cómo te ven los demás…
Y alguien no está de acuerdo contigo o no te da la razón…
Es como si dejaras de ser válida para esa persona.
Y ese es el abismo más aterrador.
Porque, cuando funcionas así, “no ser válida para alguien” es exactamente lo mismo que “no ser válida en absoluto”.
Porque tú solo existes cuando alguien te ve, te valora y te dice que lo estás haciendo bien.
(Sé de lo que hablo, me pasé así media vida).
Vale. Si esto resuena en alguna parte de ti…
Quiero decirte que el principal problema no es que dependas de la mirada del otro.
El problema es que no sepas quién eres si no tienes su mirada.
Que no te valga con lo que tú sientes, con lo que tú piensas y con lo que tú necesitas…, para poder quedarte tranquila.
Que no sepas lo que tú quieres si otra persona no te dice lo que quiere él…
Y que, de tanto mirar hacia fuera, te hayas perdido a ti.
Esto es lo que más duele.
Mucho más que una crítica o un “te lo dije”.
…
Para encontrarte de nuevo a ti, entre tanta gente, es aquí.


