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SÍ, ¡LA NECESITO!

Cuando lo das todo y no recibes lo mismo

Mujer seria

¿Sientes que en tus relaciones das mucho, pero no recibes lo mismo?

¿Piensas en el otro antes que en ti y pones a los demás por delante, pero te sientes mal porque no te corresponden igual?

Tranquila, no eres la única. Ni te imaginas la cantidad de personas que me cuentan esto:

“Yo soy de las que siempre dan mucho”.

“Siempre estoy dispuesta a ayudar a los demás”.

“Una de las cosas que más me gustan de mí es que me intereso por los demás antes que por mí”.

“Soy una persona que todo lo que puede lo da, y no pide nada a cambio”.

Así nos definimos. Tiene tela.

Y ahí está el problema, en creer que darlo TODO es algo positivo, que dice algo bueno de ti.

Precisamente por eso, por haber dado tanto, es por lo que después nos enfadamos cuando no recibimos lo mismo.

“Me encanta que lo doy todo por los demás, pero no me gusta que después salgo perjudicada porque no recibo lo mismo. Y entonces me pregunto que para qué he dado tanto”.

“Me preocupo mucho por los demás, pero después ellos no se preocupan igual por mí. Me llaman sólo cuando les hago falta para algo”.

“Yo es que lo doy todo, y espero que los demás hagan lo mismo”.

Claro, porque cuando lo das TODO estás generando una deuda, y de alguna forma vas a esperar que el otro te devuelva lo que has dado.

Si siempre das mucho, si siempre te esfuerzas mucho, si siempre estás pensando en lo que el otro necesita, si das y das sin que te lo pidan, tarde o temprano te acabarás sintiendo mal.

Estarás dolida, enfadada, explotarás, le echarás al otro en cara que esto y que aquello, reprochándole que tú hiciste eso por él y que mira cómo te lo paga… O callándote, pero acumulando dentro de ti ese rencor y ese resentimiento.

Es que no me dan las gracias, es que después pido algo y no hacen lo mismo por mí, es que nadie valora todo lo que yo hago…

Pero vamos a ver, hablando claro, ¿a ti quién te pidió que dieras tanto? Si nadie te lo ha pedido, deja de responsabilizar a los demás de algo que has elegido tú.

¿Y por qué hacemos esto? Pues porque damos para que nos den eso de lo que carecemos.

Cuando alguien da mucho sin que se lo pidan y después se enfada porque no recibe lo mismo, sin duda está dando desde un lugar que no es sano. Un lugar que nace de la carencia, de lo que esa persona no se da a sí misma y de lo poco que se quiere.

Cuando alguien no se valora lo suficiente, necesitará rellenar esa falta de autoestima de alguna forma… ¿Cómo? Pues a través de los demás. Es decir, te necesito a ti para llenarme yo.

Y una de esas maneras de llenarme a través de los demás es dar y dar para que los demás me lo valoren, me lo agradezcan y me hagan sentir especial. En ese caso darlo TODO es el instrumento del ego para recibir…

Y otra manera de llenarme es dar mucho y quejarme cuando no recibo lo mismo de vuelta. Porque esa queja es adictiva y también me hace sentir especial.

En ambos casos es una forma de manipulación, un dar a los demás para llenarme yo. Inconsciente, claro que sí. Pero del que la única que se tiene que hacer responsable eres tú.

Porque esto no tiene nada que ver con los demás, tiene que ver contigo.

Cómo responda el otro tendrá que ver con él, eso sí. Y puede haber quien se sienta incomodo porque le des tanto. ¿Cómo te sentirías tú si alguien te diera cien euros todos los días sin que se lo hayas pedido? Pues es posible que te sientas incómoda, que desconfíes y que te alejes de esa persona.

O puede haber a quien le vaya bien, quien se sienta cómodo recibiendo mucho de ti, pero no esté dispuesto a devolverte lo mismo. Eso sí, te dirá que eres una egoísta si un día te olvidas de darle los cien euros.

Así es como, cuando das mucho, acabas rodeada de personas que quieren recibir mucho y, en consecuencia, sintiéndote mal y echándoles la culpa de lo que te pasa a los demás. Sin darte cuenta de que eso lo has creado tú. ¿Cómo? Pues dándolo TODO.

Así nos va cuando lo damos todo

Te voy a contar unos cuantos casos reales de esto, para que veas si te resuenan:

Por ejemplo, una coachee que estaba enfadada porque había llamado a una amiga para hacer algo y ésta le había dicho que no. “Con la de veces que yo he salido y he hecho cosas sin ganas por ella, ¡anda que no me he sacrificado yo veces!”, me contaba en la sesión.

¿Ves el darlo todo sin que me lo pidan y después esperar que el otro haga lo mismo?

Si esta coachee había dicho que sí otras veces, cuando en realidad quería decir que no, ¿quién es responsable de eso? ¿Su amiga o ella?

Si yo no quiero ir a un sitio pero voy, si no quiero dar algo pero lo doy, si no quiero hacer eso pero lo hago, la única responsable soy yo.

Pasa siempre que alguien está en el hacer y hacer y pensando en lo que los demás esperan. “Porque yo siempre hago esto, y con todo lo que me esfuerzo, que dejo de hacer lo mío para ayudarle a él, y mira cómo me lo agradece… “.

Esto siempre acaba generando malestar. Puede ser que el primer día se calle y que al siguiente suelte una pequeña bordería, hasta que un día explota y empieza a quejarse y a restregarle al otro todo lo que está haciendo.

¿Ves cómo damos más de lo que queremos dar y después le echamos la culpa a los demás?

Nos hacemos responsables de los demás esperando que ellos hagan lo mismo, y después nos enfadamos cuando eso no pasa.

“Yo daba y daba, y mira que a veces estaba cansada, pero pensaba que ella también lo haría por mi… Y ahora mira, ahora nadie me devuelve lo mío”.

Y otra vez… ¿para qué dabas tanto? ¿Quién te pidió que dieras tanto?

O empezamos una relación dándolo TODO y nos quejamos cuando el otro no hace lo mismo.

Construimos relaciones desde el dar mucho, y esforzarme, y sacrificarme, y callarme si algo no me gusta, y por mí que no sea… Hasta que un día me canso porque yo también quiero recibir. Y pasa algo que me hace sentir mal, y se lo digo al otro, y le digo lo que quiero, pero no me lo da… ¿Y qué pasará entonces? Pues que me enfadaré y empezaré a quejarme y a culparle de todo lo que yo he dado, “Jo, es que siempre me pasa igual, es que siempre soy yo la que hace esto por ti, y ahora mira cómo me lo pagas”.

¿Ves ahí el juego de la víctima y el verdugo? Primero te lo doy todo y después me quejo de que no recibo.

Recuerdo a una coachee que estaba empezando una relación con un chico que parecía que no quería comprometerse. Y ella fue tirando y tirando, aguantando y aguantando, callando y callando, esperando que un día él cambiara por ella. Hasta que tres años después él la dejó, y ella empezó a reprocharle “¡con todo lo que te he dado! ¡Con todo lo que llevo esperando por ti!”.

¿Lo ves? El problema era que ella había construido esa relación desde un lugar de necesidad y de querer agradar al otro, olvidándose de sí misma. Y claro, cuando empezó a reclamar lo suyo, el otro se sorprendió.

¿Quién era la responsable de seguir esperando cuando no recibía lo que quería? Pues eso, ese es el problema de darlo TODO esperando que un día el otro haga lo mismo, que no te estás responsabilizando de ti.

En cualquier relación en la que damos mucho/todo/más de lo que queremos, es un dar tramposo, una dar desde el ego, desde la necesidad… Te doy para que me quieras, para que me valores, para que me necesites…

Como no es un dar auténtico, como te estoy dando más que a mí misma, como es un dar “interesado” en recibir algo de ti, reclamaré que tú me lo devuelvas. Y si eso no pasa, conectaré con mi dolor. Y diré que eres un egoísta y que sólo piensas en ti.

“Siempre había pensado que si no lo daba todo por los demás era una egoísta. Y ahora estoy entendiendo que lo egoísta era esperar que los demás hicieran lo mismo que yo… Bueno, y que yo ni siquiera quería dar tanto. Lo hacía porque no me quería a mí misma y buscaba ese amor en el otro”, que me comentaba una coachee esta semana.

Cómo dejar de darlo todo

1.Lo primero es que te preguntes para qué das tanto.

¿Desde cuándo das tanto? ¿Cuándo empezaste a hacerlo y para qué?

Es posible que aprendieras a sentirte querida ayudando a los demás. O que aprendieras a ser buena para que los demás estuvieran contentos contigo. O que aprendieras a importar sintiéndote necesitada y que los demás dependían de ti.

O que ser muy generosa te sirva para compensar algo de ti que no te gusta. O que ser imprescindible te haga sentir útil e importante. O que sentirte reconocida y vista por los demás es lo que te hace sentir valiosa. O que quieras evitar el rechazo a fuerza de darlo todo.

“Me estoy dando cuenta de que cuando hago algo por alguien, en realidad lo que a mí me llena no es dar, sino que me lo reconozcan. Que me den las gracias, que me digan que soy estupenda… Y claro, como doy para eso, pues después si no me lo agradecen me enfado, porque es como que no me han pagado”.

Ahí está la clave, en que te des cuenta de para qué das tanto.

Sea para lo que sea, ten por seguro que estás intentando cubrir fuera de ti una carencia interna.

Es decir, como mi niña interior está muerta de hambre de amor, pues mi manera de compensar eso es dar y dar sin límites.

Y así es como nos acostumbramos a ser la que agrada a todos, la que protege y ayuda a todos, la buena persona, la que siempre escucha y está ahí cuando la necesitan, la que se hace responsable de todos…

¿Para qué? ¿Para qué lo haces tú?

2.Deja de generar deudas con los demás. Muchas veces el problema no es que los demás den poco, sino que tú das demasiado.

Y a la mayoría de las personas nos gusta el equilibrio. Ni dar mucho, ni recibir mucho, sino que esté compensado.

Por eso a las personas que establezcan relaciones simétricas las alejarás, porque se sentirán en una deuda contigo que ellas no habían pedido.

Por eso, si te das cuenta de que das mucho y no recibes tanto, tú te sentirás mal.

Y por eso acabarás rodeada de personas que se sienten cómodas recibiendo mucho y dando poco (que es justo de las que más necesitas alejarte).

De cualquier manera se crea un desequilibrio en el que siempre alguien se va a sentir vacío y acabará demandando lo que ha dado de más.

En cambio, cuando tú te das a ti primero, ya no das al otro desde la carencia. Y puede ser que no recibas, pero entonces simplemente pondrás un límite. Punto. Sin quejas ni victimismos ni manipulación, porque tu dar no era para que el otro te llenara lo tuyo. Y si no te da, tú sigues llena porque ya te das tú, y a otra cosa mariposa.

Por eso es tan importante que aprendas a dar desde la autenticidad y desde lo que de verdad quieres dar.

3.Deja de definirte por ser “la que lo da todo”. Ahora que sabes para qué lo dabas todo, necesitas soltar eso que pensabas que te definía.

Pero claro, aquí es cuando aparece el miedo. “Y si ya no soy la que ayuda a los demás, ¿quién voy a ser? ¿Cómo me van a valorar los demás? ¿Qué va a pasar?”.

Claro, te has identificado tanto con “la que lo da todo” que se ha convertido en tu identidad, en la manera en la que sientes que importas, en lo que aprendiste a hacer para sentirte querida, y ahora crees que si sueltas eso vas a perder una parte de ti.

Hasta te molesta si un día te quitan tu papel estelar…

“Me gusta ser la primera a la que los demás acuden cuando tienen un problema. Por eso si un día alguien resuelve algo sin mí, me siento menospreciada. Por ejemplo el día que ingresaron a mi suegro y no me pidieron ayuda, me quedé fatal. ¡Con lo que yo me esfuerzo y lo pendiente que estoy siempre!”.

¿Ves cómo nos ponemos el traje de “la que lo da todo” y después nos da miedo soltarlo?

Pero es que igual necesitas quedarte desnuda sin saber quién eres, para poder reconstruirte y descubrir quién eres de verdad, debajo de ese traje que llevas puesto.

Atreverte a decir que no, a pensar en ti primero, a no quedar bien con todo el mundo…

Y atreverte a ser tú misma, para que, ahora sí, te encuentres a personas que te quieren por ti misma, y no por ser “la que lo da todo”.

4.Hazte responsable de ti. De satisfacer tus necesidades primero, en vez de esperar que eso lo hagan los demás. De hacer algo porque de verdad quieres hacerlo y de no hacer eso que no te apetece y de lo que no tienes ganas (en vez de hacerlo para ser buena/agradar/sentirte valorada, o lo que sea).

Aprende a responsabilizarte de ti y a llenarte tú… Al principio te resultará raro, pero recuerda que los demás no tienen el deber de satisfacer tus expectativas y que nadie puede darte lo que tú no te das.

5.Valórate tú. Hilando con lo anterior, el valor que recibes de los demás es una proyección del que tú te das a ti misma.

Por eso, cuando tú te valoras y satisfaces tus necesidades, ya no te parece mal que los demás hagan lo mismo.

Así que aprende a sentirte valiosa cuando no das nada, cuando sólo eres tú, cuando simplemente existes. Valiosa y merecedora de amor sin necesidad de esforzarte ni de ganártelo haciendo nada.

6.Aprende a dar. Es estupendo dar a los demás, pero cuando ya te has dado a ti, cuando te sientes llena y ayudas a los demás desde esa abundancia. Eso es muy distinto a hacerlo desde la carencia, desde “los demás me tienen que hacer feliz a mí” y “los demás tienen que devolverme lo que yo les doy”.

Cuando tú empiezas a quererte de verdad pasas del darlo TODO esperando que te lo devuelvan al dar de corazón, desde una generosidad auténtica y sin desgastarte ni necesitar que te den lo mismo para sentirte bien (que te gustará que haya un equilibrio y que el otro también te dé a ti, por supuesto que sí, pero ya no lo necesitarás para llenarte tú).

Es decir, da a quien te lo pide en vez de dar sin discriminación y de hacer por los demás lo que ellos pueden hacer por sí mismos.

Y elige lo que das. Da cuando de verdad quieras dar. No siempre, no a todos y no por regla general.

7.Pide. Pero no el quinto día cuando ya te has hartado de darlo TODO y de no recibir.

Aprende a pedir lo que necesitas y lo que mereces desde el primer día.

Aprende a respetarte para que el otro te respete. Y aprende a respetarle, también, siendo auténtica y siendo tú misma desde el primer día.

Desde la abundancia de lo que eres, no desde la carencia de lo que te falta.

Y si quieres que te ayude a quererte y a saber cómo dártelo TODO a ti, para no necesitarlo de los demás, puedes rellenar este formulario para tener una sesión de valoración conmigo.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

¿Quieres que te ayude a ti también? Solicita una sesión de valoración gratuita conmigo rellenando este formulario.

20 comentarios

20 comentarios
  1. Sara 04/02/2021

    Hola Vanessa, yo querría preguntarte si podrías recomendarme algún libro de higiene mental, es decir, para limpiarla de pensamientos negativos. Muchas gracias por tus post y un saludo! Es muy cierto que dar y dar es agotador.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 08/02/2021

      Hola Sara,
      Hay muchos libros para trabajar el diálogo interno, depende de lo que necesites. Mi preferido es “Yo no valgo menos” de Olga Castanyer. De todas formas te dejo aquí, aquí y aquí los post que he escrito recomendando libros, por si hay alguno que te resuene más.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
      • JULIA LUCAS 08/02/2021

        Hola VANESA:
        ME PARECE MUY BIEN TODO LO QUE DICES DE DAR SIN QUE TE PIDAN NADA LOS DEMAS. SI QUE ME PASA ESO QUE DICES, Y YO LO ACHACO A LAS ENSEÑANZAS QUE SIEMPRE NOS HAN DADO DE QUE “HAY QUE DARSE A ALOS DEMAS” TANTAS VECES REPETIDO, Y SI NO LO HACIAS ERAS EGOISTA… ESA HA SIDO LA ENSEÑANZA EN LA ESCUELA Y TAMBIEN EN EL AMBIENTE EN QUE ME HE MOVIDO DE PEQUEÑA, SIEMPRE TE QUEDA GRABADO HASTA QUE TE DAS CUENTA….
        MUCHAS GRACIAS!!!
        UN ABRAZO.
        JULIA.

        Responder
        • Vanessa Carreño Andrés 09/02/2021

          Así es, Julia. Muchas enseñanzas tóxicas que vienen transmitidas de padres y abuelos, igual que les pasó a ellos… Que sí, que es maravilloso dar a los demás, pero cuando también te das a ti misma. Entonces ya no les das desde la carencia, sino desde la abundancia.
          Gracias a ti por comentar.
          Un abrazo,
          Vanessa

          Responder
    • David 01/05/2021

      Hola Vanessa, lo que dices es cierto, pero también hay casos en los que tú no empiezas dando, es al revés, te dan y tu empiezas a dar y no pides a cambio, simplemente estás súper a gusto con esa persona, de repente esa persona deja de dar, deja de contactar, empieza un comportamiento errático, y claro, en ese caso qué pasa contigo, estás fuera de juego, de vez en cuando te dice de quedar, y claro, quedas pero no por compromiso si no porque te gusta estar con ella, vamos que te ha enganchado. Esto también pasa, tú has actuado de manera recíproca pero la otra persona ha cambiado las reglas de la relación, obviamente tú no has convertido la relación en asimétrica, de hecho querías lo contrario, pero la quieres y quieres lo que tenías, en ese caso yo creo que uno ha actuado bien y ahora tiene que aceptar la nueva situación que no hemos generado y es difícil porque esa persona te deja con el hilo y ahora ella se ha hecho con tu amor. Ojo y te quieres y sabes que en ti esta todo bien, pero es difícil cortar ese hilo porque te hacía muy feliz.

      Responder
      • Vanessa Carreño Andrés 06/05/2021

        Hola David,
        En cualquier relación en la que sientes que das o que quieres más de lo que recibes, aunque al principio no fuera así, hay un desequilibrio. Y desde ahí si tú te escuchas, escuchas lo que sientes y te das cuenta de que en ese lugar no recibes lo que te gustaría y lo que te mereces, si te quieres a ti mismo te vas. No aceptas migajitas ni te conformas con menos de lo que tú quieres para ti. Aunque te duela decir adiós, que por supuesto que aunque tú te quieras te dolerá, te vas, porque te quieres más a ti mismo y quieres a alguien que te de lo que te mereces.
        Espero haberte aclarado.
        Un abrazo,
        Vanessa

        Responder
  2. Nelly 04/02/2021

    Hola, buenos días Vanessa, no sé si pudieras hablar sobre como evitar usar tanto las redes sociales y como ir alejando ese cáncer o vicio que es el de estar todo el día navegando por Internet.

    Gracias (BaRuSs)

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 08/02/2021

      Hola Nelly,
      En realidad tendrías que ver qué es lo que estás buscando en las redes sociales, qué es lo que eso te aporta y qué necesidad satisfaces ahí, para poder resolverlo y dártelo desde ti misma. Hay muchos post para comprender eso mejor en el apartado de autoestima y en bienestar, espero que te sirvan.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  3. María Agustina 04/02/2021

    Gracias, me encanto! Pude verme desde que lugar estaba posicionada y al escribirlo sentí un alivio al reconocerlo.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 08/02/2021

      Me alegro mucho de que te haya dado luz, María Agustina. Muchas gracias por compartirlo.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  4. Alma 04/02/2021

    Esto lo descubrí en terapia, cuando me di cuenta que le daba todo a los demás pero no a mí. A otros los comprendía, los animaba, los quería pero al final, todo eso no me lo daba a mí misma ya que me hablaba feo, no era comprensiva y trataba de que los otros fueran comprensivos conmigo. Entonces comencé a trabajar en mi autoestima y las cosas van viéndose diferentes.

    Responder
    • Dayana 07/02/2021

      Dios mio, tus post me asustan de tan reales, simplemente geniales, waoooo.

      Responder
      • Vanessa Carreño Andrés 08/02/2021

        Jajaja, me ha encantado tu comentario, ¡mil gracias!
        Un abrazo,
        Vanessa

        Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 08/02/2021

      Qué bien, Alma. Felicidades por ese camino. Así es, sólo podemos sanar aquello de lo que previamente hemos tomado consciencia.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  5. Raúl 04/02/2021

    Hola Vanessa, te sigo desde hace meses, y alguna vez he comentado tus acertados post. En éste me he sentido muy reflejado, pues tengo esa maldita costumbre de esperar de los demás, lo que yo ofrezco con todo el corazón. Sobre todo en la parte sentimental. Me ha hecho reflexionar profundamente y me doy cuenta de esa falta de autoestima, de esas carencias y como era un instrumento de mi ego, para saciar aquello que me falta. Recientmente he finalizado una relación que era de todo, menos sana, y en numerosas ocasiones le reclamaba a esa mujer todas esos gestos, sacrificios, esfuerzos que hacía por ella… como si fuera moneda de cambio, lo normal… Daba mucho, hacía mucho, y siempre me quedaba esperando algo similar, y lo siguiente sentirme mal por no ver esa respuesta. Cuando la realidad es que por su caracter, su manera de ser, no podía hacer más, y eso yo no lo veía, y era objeto de profundo malestar. Ahora creo empezar a ver su verdadera dimensión como persona, y no como yo quise que fuese.
    Esta relación ha sido una gran lección, que junto a escritos como el tuyo me han abierto los ojos del alma, para verme mejor como soy, con todas mis carencias y faltas.
    Gracias y te sigo con gusto, felicidades!!

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 08/02/2021

      Gracias a ti, Raúl. Me alegro de que el post se haya servido para seguir comprendiendo y colocando. Así es, los demás sólo nos reflejan lo que pasa en nosotros, y siempre es ahí donde debemos ir a sanarlo.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  6. Isabela 04/02/2021

    Excelente post!!!! Lo has explicado fenomenal, me he sentido muy identificada y me ha ayudado mucho a entender conductas que no son sanas. Millones de gracias por tu trabajo y tu generosidad.
    Un abrazo

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 08/02/2021

      A ti, Isabella, millones de gracias a ti también por ser así y compartirlo :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  7. Maria Eugenia 08/04/2021

    Hola Vanessa. Como siempre, clara como el agua. Mi duda es la diferencia entre lo que dices tú y la reciprocidad en la amistad. Por ejemplo, cuando soy yo la que hago por hacer planes con las amigas y si me dedico a mí y a mi pareja, ellas me dicen que no nos vemos, pero no llaman para hacer planes. ¿Lo lógico no sería que fuera bidireccional? Muchísimas gracias por adelantado.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 11/04/2021

      Hola Maria Eugenia,
      Habría que ver qué está pasando ahí en vuestra relación, cuentas muy poco y no sabría responderte. Pero sí, en cualquier relación ha de haber una sana reciprocidad. No tiene que ser en lo mismo ni que el otro te de justo lo que le das tú, pero sí que sientas que hay un equilibrio y que das y recibes lo que necesitas. Y también que puedas comunicarte, expresar tus necesidades y escuchar y comprender las necesidades del otro. Aunque a veces no recibas lo que necesitas, si la relación es sana, puedes expresarlo y sientes que el otro te entiende… No significa que cambie, pero sí que te entiende y tu entiendes su sentir. Tal vez te sirva esto para hablar con tus amigas de cómo os sentís y lo que necesitáis cada una.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder

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