La responsabilidad de ti misma, el tercer pilar de la autoestima

Responsabilidad pilar autoestima . chica a contraluz

Cuando una persona es responsable de su vida se nota.

Primero, porque siente que tiene control sobre ella.

Segundo, porque te das cuenta de que se hace responsable de sus actos (vamos, que no se los endiña a los demás).

Y tercero, porque sabe que el hecho de que logre sus objetivos depende principalmente de ella.

Así es cómo se construye el que es, según Nathaniel Branden, el tercer pilar de la autoestima: la responsabilidad de uno mismo.

Porque cuando evitas la responsabilidad de ti mismo, tu autoestima se daña.

En cambio, cuando te haces responsable de ti, tu autoestima se fortalece.

Pero, a la vez, ver que alguien se está haciendo responsable de sí mismo y de su bienestar suele ser una señal clara de que tiene una buena autoestima.

Es decir, la relación entre la autoestima y cada uno de sus pilares es recíproca.

Porque lo que hace que tu autoestima mejore también es, a la vez, un reflejo de una buena autoestima.

Pasa con vivir conscientemente, el primer pilar de la autoestima. A más conscientemente vivas, mejor será tu autoestima. Y, a la vez, vivir conscientemente es señal de que alguien tiene una buena autoestima.

Pasa con la aceptación de ti misma/o, el segundo pilar de la autoestima. A más te aceptes, mejor será tu autoestima. Y, a la vez, la aceptación es señal de que alguien tiene una buena autoestima.

Y también pasa con la responsabilidad de ti mismo, el tercer pilar de la autoestima, y con los otros tres que todavía no te he contado, hasta llegar a seis.

Las doce claves para saber si estás siendo responsable de ti

Pero, a ver, ¿qué es esto de la responsabilidad de uno mismo? ¿En qué consiste? ¿Cómo sé yo si estoy siendo responsable de mí misma? ¿Cómo hago para serlo si no lo soy?

Pues te voy a contar doce puntos que indican que una persona es responsable de sí misma:

1-Yo soy responsable de la consecución de mis deseos.

Si tengo deseos, soy yo quien se tiene que encargar de satisfacerlos.

Yo soy quien ha de preocuparse por tener un plan de acción para alcanzarlos.

Y si el hecho de que mis deseos se cumplan implica a otras personas, soy yo quien tiene que encargarse de pedirles ayuda.

Si no lo hago, si no estoy dispuesta a asumir la responsabilidad de lograr mis deseos, entonces no son deseos, sino que son sueños, y en sueños se quedarán.

Porque el primer requisito para que un deseo de verdad lo sea es que yo esté dispuesta a responder a la siguiente pregunta (y de poner esa respuesta en práctica): ¿Qué es lo que estoy dispuesta a hacer para conseguir lo que deseo?.

2-Yo soy responsable de mis elecciones y acciones.

Porque soy responsable de lo que hago, de lo que elijo y de cómo me comporto.

Así que no vale decir cosas como “es que hice esto porque tú habías hecho aquello” o “es que no me dejaste otra elección que hacer eso”.

Y, ojo, esto no va de buscar culpables o de que tengas que sentir culpa si crees que has hecho algo mal o que no has hecho suficiente. Esto sólo va de que te hagas responsable.

Atención, aclaro esto porque la culpa es uno de los sentimientos más tóxicos y dañinos que existen, y es muy importante que te quede clara la diferencia. ¿Cómo puedes saber si lo que estás sintiendo es culpa o responsabilidad?

Pues porque sentir culpa te genera malestar y hacerte responsable te hace sentir bien. Esa es la diferencia.

3-Yo soy responsable del nivel de consciencia que tengo en mi trabajo.

Todos somos responsables del nivel de consciencia que adoptamos en nuestras actividades diarias.

Y, respecto al trabajo, es diferente que lo haga lo mejor que pueda a que haga lo mínimo.

En cualquiera de estos dos casos, y en todos los grados intermedios, quien elige soy yo, así que la responsabilidad es mía.

4-Yo soy responsable del nivel de consciencia que aporto a mis relaciones.

Lo mismo que te acabo de decir sobre el trabajo, también sirve con las relaciones.

Con qué personas elijo relacionarme, cómo de consciente soy en mis relaciones y lo presente que estoy en ellas.

¿Estoy totalmente presente en mis encuentros con los demás? ¿Estoy presente a lo que se dice? ¿Pienso en lo que yo digo y en lo que implican mis afirmaciones? ¿Me doy cuenta de cómo les afecta a los demás lo que yo digo y hago?

5-Yo soy responsable de mi conducta con los demás: pareja, hijos, familia, compañeros de trabajo, amigos y conocidos.

Soy responsable de cómo les hablo y de cómo les escucho.

Soy responsable de las promesas que mantengo o incumplo.

Soy responsable de que mis relaciones sean racionales o no lo sean.

Y no me estoy haciendo responsable cuando echo la culpa a otros de lo que yo hago, con afirmaciones como “me vuelves loca”, “me saca de quicio” o “yo sería sincera contigo si antes tú lo hubieras sido conmigo”.

Por ejemplo, me estoy acordando ahora de un coachee que saltaba fácilmente ante los comentarios de los demás, porque se los tomaba como un ataque personal y respondía a la defensiva. Pues bien, en su caso hacerse responsable de sí mismo fue un paso previo e imprescindible para poder cambiar. Y supuso aceptar que él elegía su manera de responder, y que nadie la elegía por él.

Y esto sirve de igual manera para personas que gritan a sus parejas, a sus hijos o a sus subordinados. Porque nadie, haga lo que haga, es responsable de que le grites o le faltes al respeto. Eso siempre lo decides tú.

6-Yo soy responsable de aquello en lo que invierto mi tiempo.

Es decir, yo elijo si aquello en lo que invierto mi tiempo y mi energía es coherente con los que digo que son mis valores.

Y si, por ejemplo, digo que mi familia es lo más importante pero paso muy poco tiempo con ella, tengo que hacerme responsable de mis contradicciones y de sus implicaciones.

Y si, por ejemplo, digo que mi prioridad ahora es cuidarme y mejorar mi salud, pero no me dedico tiempo ni me preocupo por comer bien o por hacer deporte, tengo que afrontar que no estoy siendo coherente.

Y si digo que no tengo tiempo para lo que de verdad me importa, pero después no me atrevo a decir que no cuando me piden algo que en el fondo no quiero hacer, entonces también tengo que asumir que la responsabilidad de no tener tiempo es mía.

7-Yo soy responsable de la calidad de mis comunicaciones.

Es decir, de ser clara cuando digo algo, de preocuparme porque el otro me haya entendido y de decir lo que digo con respeto.

8-Yo soy responsable de mi felicidad personal.

Hay quien cree que su felicidad depende de los demás, y no.

Si esperas a que alguien te haga feliz (cambiando su forma de ser, queriéndote como tú quieres que te quiera o tomando decisiones por ti), no te estás haciendo responsable de tu felicidad.

Por ejemplo, alguien que con cuarenta años siente pena de sí mismo y culpa a sus padres de no ser feliz, no se está haciendo responsable de su felicidad.

De hecho, una de las manifestaciones más importantes de la responsabilidad de ti mismo es que te hagas responsable de tu felicidad.

Y cuando eso pase lo sabrás porque te habrás quitado un gran peso de encima y te sentirás libre, muy libre.

9-Yo soy responsable de aceptar o elegir los valores de acuerdo con los cuales vivo.

Si vivo de acuerdo con unos valores que son de otros y que yo he aceptado o adoptado de forma pasiva y sin pensar demasiado, no me estoy haciendo responsable de mí.

Y esto, desgraciadamente, es algo que nos ha pasado a casi todos. Porque casi todos vivimos o hemos vivido de acuerdo a valores que no son nuestros y que en su momento asumimos como propios para encajar, para sentirnos aceptados y para evitar el rechazo.

Pero ahora, de adultos, para poder resolverlo la única solución es reconocer que yo elijo y decido sobre mis valores y que en cualquier momento puedo ponerlos en duda, plantearme si son míos y revisarlos.

10-Yo soy responsable de resolver mis problemas.

En vez de esperar que otros los resuelvan por mí.

Y esto sirve para un problema en el trabajo, con mi pareja, con mis hijos o con quien sea.

Así que si tengo un problema soy yo quién ha de preguntarse qué puedo hacer al respecto.

Y si algo sale mal soy yo quien ha de preguntarse qué es eso de lo que no me estoy dando cuenta y cómo puedo corregirlo.

Todo lo contrario a evitar el problema, decir que no es asunto mío o poner la excusa de que nadie me dijo lo que tenía que hacer.

Por ejemplo, recuerdo ahora a una Coachee que sabía que su relación de pareja estaba acabada y en vez de aceptarlo y afrontarlo, comenzó a hacer como que no pasaba nada y a mirar hacia otro lado. Con tal de no sentirse culpable por ser ella quien pusiera fin a su relación, prefirió seguir viviendo en una casa en la que ya no era feliz. Como te puedes imaginar, no era un ejemplo de responsabilidad de sí misma y de sus problemas.

11-Yo soy responsable de mis sentimientos.

Ya te he contado infinidad de veces que nadie te puede hacer sentir así o asá.

Que lo que sientes es consecuencia de lo que piensas, y que, por lo tanto, la única responsable eres tú.

Y esto, que es una de las cosas que más trabajo con mis Coachees, supone que, si sentirte mal por lo que ha hecho alguien depende de ti, conseguir que lo que hagan otras personas no te afecte y sentirte bien a pesar de ello también depende de ti.

Lo mismo que si te quejas mucho, si no valoras lo que tienes, si te llenas de rabia pensando en lo que alguien te hizo, si te sientes culpable por lo que haces y por lo que no haces, si te quedas dándole vueltas a lo que ha pasado, si te decepcionas cuando alguien no es como tú esperas… En todos esos casos también depende de ti lo que estás sintiendo.

12-Yo soy responsable de elevar mi autoestima.

Fíjate que no es casual que éste sea el último punto de los diez, el que pone la guinda.

La autoestima no es algo que podamos recibir de alguien, es algo que nace dentro de nosotros mismos.

Así que no vale esperar a que pase algo para que mi autoestima mejore. Mi autoestima ha de mejorar por mí y porque yo me haga responsable de mejorarla.

No porque alguien me quiera, porque mi familia me acepte o porque los demás me traten bien.

Mi autoestima depende única y exclusivamente de mí, porque yo soy responsable de mejorarla siempre.

La importancia de diferenciar si tienes responsabilidad sobre algo

Lo contrario a hacerte responsable de ti misma, de tu vida y de tu bienestar es el victimismo.

Ya te he contado antes que durante mucho tiempo yo fui de víctima por la vida.

Independientemente de que en algún momento de mi vida hubiera sido una víctima más o menos real, después yo misma elegí asumir el papel de víctima y relacionarme desde él.

Desde el “pobrecita de mí”, “la gente es mala” o “¿qué he hecho yo para que me pase todo lo malo?”.

Es un patrón en el que viven muchas personas y del que empiezas a salir cuando tomas conciencia de él. Ese día das el paso más grande, el más importante de todos.

Ese día es en el que por fin te das permiso para ser protagonista de tu propia vida.

Pero, ojo, porque hacerte responsable de ti y de tu bienestar no significa que seas responsable de absolutamente todo lo que te pasa o que en algún momento no puedas sufrir por lo que hacen otras personas de tu entorno.

Es cierto que sobre muchas cosas tenemos control, pero también hay otras sobre las que no lo tenemos.

Si niego mi responsabilidad en asuntos sobre los que sí tengo control, mi autoestima se verá afectada.

Pero es que al revés también.

Porque exigirme a mí misma responsabilidad en temas sobre los que no tengo todo el control también va a dañar mi autoestima, ya que seré incapaz de satisfacer mis expectativas.

Por eso es importante que en cada momento sepa diferenciar aquello sobre lo que tengo control de aquello sobre lo que no lo tengo.

Lo que yo no haga, nadie lo hará mejor que yo

Es decir, ser responsable de ti mismo implica tener una orientación activa hacia tu vida, en vez de aceptar creencias y comportamientos que son de otros.

Implica tener un pensamiento independiente y pensar por ti misma, tener tus propias opiniones y puntos de vista.

Y eso no quita para que a veces otras personas te puedan influir, pero siempre volverás a la intención original de ser tú quien elige por ti.

E implica también respetar que los demás actúen en función de sus propios deseos y de su propia responsabilidad personal.

Y, por supuesto, implica comprender que nadie va a venir a hacerse responsable de mí, ni de mis problemas ni de mi vida.

Porque si yo no lo hago, nadie lo va hacer mejor que yo.

Eso es ser protagonista de tu vida, en vez de vivirla de una forma pasiva e impotente esperando a que pase algo que te salve.

Así que, dime, ¿sientes que estás siendo responsable de tu vida? ¿En qué aspectos sí y en cuáles no? Me encantará que compartas tus reflexiones conmigo en los comentarios aquí debajo.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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8 comentarios

8 comentarios
  1. Ana 14/06/2018

    Hola Vanessa, felicidades por este blog. Lo consulto a menudo porque me ayuda a comprender cosas. Hoy hablas de responsabilidad. Nos enseñan a ser responsables de todos y todo, pero no de nosotros mismos. Gracias por tus consejos, mil gracias.

    Saludos
    Ana

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 15/06/2018

      Muchas gracias, Ana. Muy bueno ese apunte, porque es cierto que el concepto de responsabilidad que aprendemos suele ir más enfocado a hacernos responsables de los demás o a serlos de nosotros mismos desde la exigencia (el clásico «tienes que ser responsable»). Y esta responsabilidad que nos ayuda a desarrollar nuestra autoestima es muy diferente a esas otras.
      Me alegro de que el blog te ayude a comprender.
      Un fuerte abrazo,
      Vanessa

      Responder
  2. Marco 14/06/2018

    Hola Vanessa:
    Te sigo hace tiempo y tu blog me parece de los mejores de auto-ayuda, aunque de «auto»-ayuda tiene poco. No es como una epifanía que asoma por si sola, sino que se basa en tus planteamientos y en la forma estructurada en que los muestras. Gracias.
    Es bueno contar con alguien que sabe y nos muestra de esta manera tan didáctica el camino de lo que yo llamo: «El camino a la felicidad a pesar de ti mismo».
    Gracias de nuevo y por favor sigue así.
    Saludos desde Chile.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 15/06/2018

      Muchas gracias, Marco. Me ha gustado mucho tu comentario. Para mí ese camino a la felicidad muchas veces empieza desde el «a pesar de ti mismo», pero lo importante es que siempre termine por el «por ti y para ti mismo, porque te lo mereces».
      Un abrazo grande vuelta a Chile,
      Vanessa

      Responder
  3. Darlenys 21/06/2018

    Hola Vanessa!!!
    Este tema de la responsabilidad lo has abarcado ampliamente, me ha gustado realmente mucho!!!
    Una vez más, me has respondido muchas de mis dudas y me has dado más certeza con estas reflexiones en aspectos que yo no estaba tan segura. Esto en mi caso es como el pan nuestro de cada dia (porque lo necesito como al alimento).
    Para responder a la pregunta de si me siento responsable de mi vida, voy a contarte que debido a que crecí en un entorno muy pobre en responsabilidad de los adultos (en general este patrón iba desde los maestros en las escuelas hasta las desgraciadas protagonistas de telenovelas), ninguno de los adultos de referencia a mi alcance ejercían responsabilidad sobre sus vidas. Mi madre en especial no era responsable de nada y ni siquiera parecía tener el derecho de serlo. Mi padre en cambio sí parecía tener varias responsabilidades, pero se quejaba tanto de ellas, parecían causarle tanto dolor esas responsabilidades que a ninguno de nosotros se nos hubiese ocurrido pensar que el ser responsables pudiera conllevar a algo bueno o agradable. De hecho hubo una época que recuerdo estar muy aterrada con la idea de crecer… Entonces esto de ser responsable es un ejercicio intenso para mí… Asi como tambien muy necesario, pero que aun muchas veces se queda sólo en teoría. Luego de leer este post voy a idear un ejercicio matutino de responsabilidad. Creo que además lo voy a acompañar con todos los ejemplos de cómo ser responsable es también muy gratificante, divertido y liberador, para recordarme cada día de todo aquello que soy responsable y que sea además placentero, y de todo aquello que no soy responsable y puedo soltar… ¡liberarme!
    ¡¡¡Salir del automatismo requiere una constante voluntad!!!
    Mucho cariño para ti,
    Darlenys

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 22/06/2018

      Muchas gracias por compartir, Darlenys. Tienes mucha conciencia de cuáles con tus patrones aprendidos y eso es positivo. Ahora se trata de dejar atrás esas creencias aprendidas y construir a la Darlenys que quieres ser… Eligiendo lo que quieres creer, por ejemplo que crecer y ser responsable de ti misma es algo maravilloso… Pasito a pasito, poco a poco y con mucho mimo. Genial idea esa del ejercicio matutino ;-).
      Un abrazo cariñoso,
      Vanessa

      Responder
  4. Danilo 26/08/2018

    ¿Y los miedos al fracaso y la responsabilidad? ¿Cómo hacer que predomine la responsibilidad en uno mismo que supere los miedos? Gracias y unas palabras muy acertadas, de lectura semanal necesaria.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 27/08/2018

      Hola,
      Muchas gracias por compartir. Pues habría que ver cuáles son esos miedos y en qué creencias limitantes se basan, para trabajarlos desde ahí y que no te impidan hacerte responsable de ti mismo. Seguramente sea importante trabajar la confianza en ti, que suele ser el mejor antídoto para los miedos. Y también entender que el miedo es algo natural y sano, y que cuando vas dando pasos los miedos se van haciendo cada vez más pequeños :-).
      Un abrazo grande,
      Vanessa

      Responder

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