Descárgate GRATIS la guía Cómo Defenderte Cuando Alguien Traspasa tus Límites

SÍ, ¡LA NECESITO!

Cuando te pasas de rígida (contigo y con los demás)

Mujer rígida

¿Cómo crees que es una persona rígida? ¿Cómo crees que se comporta alguien que necesita ser más flexible?

Lo primero que quiero decirte, antes de que pienses que esto no va contigo, es que una persona rígida no se suele reconocer como tal.

No se da cuenta de que para ella las cosas son blancas o negras. O eres bueno o eres malo, o es correcto o es incorrecto, o estás bien o está mal… Sin grises y sin matices.

Funciona desde los extremos: nunca, siempre, jamás, debería, no debería, hay que, no hay que, tengo que, tendrías que…

Tiene unas expectativas muy altas hacia ella misma y hacia los demás y se suele tomar a mal las cosas, porque las interpreta como si sólo hubiera una explicación posible: la suya.

Es muy exigente, perfeccionista y controladora, consigo misma y con los demás, y no se permite fallar ni permite que otros fallen. Es una especie de “esto es así y no puede ser de otra forma”.

Y, claro, está tan cerrada al cambio que constantemente se encuentra con problemas y conflictos que, para otra persona más flexible, serían mucho más fáciles de resolver.

El que es rígido suele serlo por igual consigo mismo, con los demás y con la vida. Pero vamos a verlo por separado.

Cuando eres muy rígida contigo vives en una exigencia constante, eres muy cuadriculada y no te das nada de permiso para improvisar o para fluir con lo que la vida te trae o lo que te apetece en ese momento.

Tengo que hacer esto, esto y esto. No puedo dejar nada para mañana, todo tiene que ser hoy.

No puedo parar, no puedo descansar. Son mis obligaciones, y tengo que hacerlo todo perfecto.

Lo hice mal. Tendría que haber hecho esto y no lo otro. Siempre lo hago mal.

Todo son normas y hacer lo que se espera de ti y lo que se supone que es lo correcto. Ser buena, hacer lo que debes y no pasarte de la raya… Para ti todo es cumplir, cumplir y cumplir.

Y tienes que tenerlo todo tan planificado y controlado, que si te has organizado para hacer algo y por lo que sea eso falla, te enfadas porque te cuesta mucho salirte de ese patrón.

Por ejemplo, si te has dicho que tienes que hacer deporte cuatro días a la semana, y un día por lo que sea no puedes, te criticas, te pones de mal humor, te cabreas y estás muy irascible. Por supuesto, eres incapaz de escuchar que no te apetece y de darte permiso para no hacerlo.

O si quedas con tus amigas todos los jueves y un día se cancela el plan, lo mismo.

O que todas las noches tienes que pasar media hora hablando con tu pareja de vuestras cosas. Y no puede haber una excepción, porque entonces te sentirás fatal.

O si has decidido que quieres criar a tu hijo, te exiges estar con él todos los días y a todas horas. Porque, si no lo haces así, es que no eres una buena madre.

Es como que vivieras en una especia de dictadura en la que la jueza eres tú misma y todo son “deberías” y “tengo que” y no hay espacio para la flexibilidad, la diversión o la espontaneidad.

Y, por supuesto, tanto esfuerzo y tanta rigidez, hacen que muchas veces te sientas agotada y explotes con mucha rabia y con mucha ira, hacia ti o hacia los demás.

Sí, lo más normal es que esa rigidez también sea con los demás, porque donde hay una suele estar la otra, como la cara y la cruz de una misma moneda.

¿Y cómo se comporta alguien que es muy rígido con los demás? Pues piensa que su idea es la correcta y es incapaz de plantearse la del otro.

Yo nunca haría esto, yo nunca me comportaría así, yo sieeeempre soy una persona X.

Esto es así, esto se hace así, lo correcto es esto…

Es decir, cuando eres rígida con los demás sólo vale tu punto de vista. Sólo hay una manera de hacer las cosas y lo correcto es como las haces tú. La razón, la tienes tú.

Y, por supuesto, eres muy susceptible a lo que no es como tú crees que debería ser o a que otro se equivoque y, en consecuencia, te enfadas mucho.

No se entera. Fíjate, ¡cómo se le ocurre! Eso lo ha hecho para fastidiarme.

Qué mal educan esos a sus hijos. Yo lo hago bien con los míos, ellos son unos egoístas.

Si me has dicho que ibas a hacer esto hoy, tiene que ser hoy. Y si no lo haces como lo haría yo es que no te importo, así que ya no quiero que lo hagas.

Te escribo un wasap y me tienes que contestar ya, porque yo contesto en el momento.

Juzgas a los demás y te comparas con ellos desde el “yo soy perfecta”, “yo lo estoy haciendo bien y el que lo hace mal eres tú” o “lo tengo que hacer yo porque los demás no lo hacen igual”.

Todo eso deja en los demás un aroma de superioridad y de arrogancia del que la persona rígida no suele ser consciente, pero su entorno sí lo percibe.

Los demás sienten que siempre les estas juzgando, como con desconfianza, como poniéndole un “pero” a todo y siempre confrontando.

Además, te muestras fría y dura, no perdonas ni una y te guardas ese rencor cuando alguien no es cómo crees que debería ser, porque conectas con una sensación de injusticia que te enciende por dentro.

No te permites mostrar lo que sientes, no dejas ver que algo te ha dolido, no pides ayuda y no te muestras vulnerable ante los demás, aunque, curiosamente, sueles creer que das una imagen de persona cálida y sensible. Pero, si les preguntas, ellos no te ven así.

Y, como no hay dos sin tres, cuando eres rígida contigo y con los demás, también sueles serlo con la vida.

Por ejemplo, te enfadas cuando la vida no es justa o cuando no hay un reparto justo en algo.

Te enfadas cuando algo no es como, según tú, debería ser.

Sientes mucho enfado y mucha rabia, y eso se nota hasta en la postura y en la forma de caminar, porque las personas rígidas camina muy rectas y erguidas. Tal y como son por dentro, se muestran por fuera.

Cómo sería ser más flexible

Si te has sentido identificada, si te has dado cuenta de que te pasas de rígida, ahora dime tú, ¿cómo crees que se puede sentir alguien que vive tan encorsetada? ¿Alguien que funciona tan desde el orden y lo correcto y no deja espacio a las sorpresas ni a la improvisación, ni para sí misma ni para los demás?

Pues, en primer lugar, muuuy cansada y muuuy frustrada. Y cada vez más llena de ira y de rabia…

Claro, si yo me fuerzo a hacer algo que en realidad no me apetece, ¿cómo me voy a sentir? Si me he puesto X, X, y X en la agenda, y cuando llega el momento no soy capaz de escuchar que no me apetece, que hoy no tengo el día para eso, o lo que sea, ¿crees que me puedo sentir bien? ¿Tú te sientes bien cuando alguien te obliga a hacer algo? Pues es lo mismo cuando eres tú la que se fuerza y se obliga.

En cambio, ¿cómo me sentiría si cuando algo no me apetece fuera flexible conmigo misma y con mi planificación? Te lo cuento con un ejemplo, el de una coachee que el otro día me contaba que había ido a una fiesta y no se sentía a gusto allí. Y que antes se habría obligado a quedarse y ahora simplemente se había escuchado y se había dado lo que necesitaba: decir que le apetecía irse y marcharse. Punto.

¿Y con los demás? ¿Cómo se comportaría alguien que fuera flexible con los demás? Pues esto también te lo voy a contar con un ejemplo. El otro día estaba escuchando una entrevista a un coach que me gusta mucho y en un determinado momento su hija pasó por delante de la cámara. Y, ¿sabes lo que hizo él? Reírse y comentar “jaja, eso que ha pasado por ahí es mi hija, Mira que les dije que a las 7 no quería ver a nadie aquí, jaja”. Donde alguien que estuviera actuando desde la exigencia, la rigidez y el miedo a lo que estén pensando de él, se habría sentido avergonzado por no “hacerlo perfecto”, él simplemente soltó el control, fluyó con lo que estaba pasando y se rió de ello. Punto.

Y, ojo, que antes de que lo pienses tú te lo digo yo: ser flexible contigo no significa que vayas a ser conformista o a pasar de todo. No, porque puedes ponerte objetivos, marcarte retos y cumplir con lo que quieres para ti, pero siendo flexible, escuchándote y estando abierta a los cambios.

Lo mismo que ser flexible con los demás no tiene nada que ver con ser sumisa o dejar que otro te haga daño o traspase tus límites. Por supuesto que no, que ser flexible con la manera de hacer o de pensar de los demás no significa que no me pueda molestar algo o que todo lo que hagan me vaya a parecer bien (si te sientes identificada con éste o éste post, lo que estás leyendo sobre la rigidez NO es para ti).

Ser rígida te sirve para algo

Al igual que detrás de todos los patrones que nos limitan hay un beneficio inconsciente, detrás de la rigidez también lo hay. Uno, y más de uno.

El primero es que la rigidez tapa el miedo. Es decir, necesitas controlarte a ti misma y controlar a los demás para no sentir el miedo (aunque, en realidad, tampoco dejas de sentirlo porque ni lo aceptas ni lo gestionas).

A mí también me pasaba hace años, eso de que era muy rígida y necesitaba tenerlo todo bajo control. Planificaba lo que iba a hacer esta noche, mañana, el fin de semana y hasta el mes que viene… Era incapaz de salirme de ahí y me quedaba súper mal si algo fallaba. Y también necesitaba controlar a los demás. Por ejemplo, podía enviar un mensaje a una amiga para decirle cómo tenía que responder cuando le escribiera otra para decirle no sé qué. “Oye, que te va a escribir Pepita, no le digas que tal”, y cosas así.

Claro, cuando tú no te sientes segura por ti misma, necesitas controlar para que nada se salga de lo que tienes previsto, de donde sientes que tienes el control, de donde tú te sientes segura (aunque sea una falsa seguridad, porque no está dependiendo de ti, ni dejándote ser tú misma).

El segundo beneficio, aunque muy relacionado con el primero, es que la rigidez esconde la creencia de que no eres suficiente. Y para no conectar con esa sensación de insuficiencia necesitas tenerlo todo controlado.

Necesitas hacerlo perfecto, porque si no es que no eres suficiente. Pero claro, la exigencia es tan grande que nunca lo haces lo suficientemente perfecto y nunca te sientes orgullosa de ti misma. Por eso eres rígida y exigente contigo y con los demás, como si siéndolo aliviaras el dolor de sentir que no eres suficiente.

El problema es que esa máscara de perfeccionismo no te deja fluir con la vida. No te permite mostrarme como eres (porque rechazas lo que eres) y no puedes ser auténtica y espontánea, porque es como que todo el rato tienes que estar en tu papel.

Y, tercer beneficio, la rigidez esconde el miedo al rechazo y a la crítica. Por eso las personas rígidas no soportan las críticas, porque les conectan con la sensación de no estar haciéndolo bien y de no ser perfectas (justo lo que ellas, en el fondo, piensan de sí mismas).

Y por eso mismo cuando reciben una crítica sacan su furia contra el otro, unas veces expresándola claramente y otras callándose pero haciéndole ver de alguna forma la ira y la injusticia que están sintiendo.

Cómo empezar a ser más flexible

Depende del nivel de rigidez, a veces hace falta hacer un trabajo más profundo para comprender cuál es el miedo que se esconde debajo de esa máscara y sanar las heridas que estén ahí abiertas, e ir poco a poco valorándote y abriéndote a ti misma y a los demás.

Pero al menos quiero decirte unos pasos sencillos para ir soltándote y siendo más flexible.

1.Acepta esa mascara de rigidez que llevas puesta. Comprende que de alguna manera te ha servido y que la has necesitado para algo. Acéptate cuando te pilles juzgándote, juzgando a otro o siendo rígida con la vida. Acepta que eres humana y que lo has hecho y lo haces lo mejor que sabes y que puedes en cada momento.

2.Aprende a escuchar mas lo que sientes y lo que te apetece. Y esto solo lo puedes hacer en el momento, porque hoy no puedes saber lo que vas a sentir o lo que te va a apetecer mañana. Que no quiero decir que no puedas planificar nada, pero sí que seas más flexible contigo y con la vida, que dejes un margen a la improvisación y que te guíes más por lo que necesitas ahora que por lo que deberías.

3.Cuanto te pilles siendo rígida, hazte preguntas que te ayuden a salir de ese patrón.

¿Realmente esto es tan grave? ¿Es tan importante? ¿Puedo seguir siendo feliz sin esto? ¿Puedo estar en paz sin que pase esto?

¿A que estoy teniendo miedo en este momento? ¿En que necesito confiar? ¿Para qué necesito darme permiso? ¿Dónde podría fluir un pelín más? ¿Con quién?

Si es rigidez contigo, pregúntate para qué te estás exigiendo eso. ¿Cuál es el “deberías”? ¿Qué pretendes demostrar o demostrarte?

Empieza a mimarte, a ser más compasiva y cariñosa contigo. Haz pausas, descansa, ten detalles contigo, date permiso para sentir, para emocionarte, para dejarte llevar por los momentos, para hacer cosas que te entusiasmen, para hacerte fácil la vida… Sólo desde ahí podrás ser más compasiva con el otro…

Y si es rigidez con los demás, ¿para qué necesitas que el otro sea o haga las cosas como tú consideras que debe ser o hacerlas? ¿Qué crees que vas a ganar con eso? Y, ¿cómo podrías darte tú eso mismo sin que dependa del otro?

Empieza a dejarte convencer, a ceder de vez en cuando y a legitimar el derecho del otro a actuar o pensar diferente a como lo harías tu. A dejar al otro ser quien es y a entender que eso es suyo, y no tiene nada que ver contigo.

4.Empieza a actuar diferente en pequeñas cosas, en cosas sencillas sin importancia. Algo que siempre haces igual, hazlo de una forma diferente. Suelta el apego a cómo te contaste que tenía que ser, ábrete al cambio con curiosidad y, simplemente, prueba a hacerlo diferente. No pasa nada, eso no te cambia a ti como persona, y si no te funciona siempre puedes volver a como lo hacías antes.

Recuerda que todo es relativo y que no hay blancos o negros, más que en nuestras mentes. Que hay muchos caminos, muchos lugares, muchas maneras, muchos aprendizajes diferentes…

Permítete sentir y escuchar tu verdad, desenterrarla debajo de ese miedo y de esa máscara.

Y permite también la verdad del otro, entendiendo que su verdad no tiene que ser la tuya, igual que la tuya tampoco es la suya.

Que no hay nada seguro y que no hay nada que puedas controlar, por más que tu ego te quiera hacer creer lo contrario.

Y que tu paz interior no depende, ni ha dependido nunca, de que las cosas sean como tú crees que deberían ser.

Como siempre, me gustará mucho saber si te has sentido identificada con el post, si te has dado cuenta de que te pasas de rígida, y en qué pequeñas cosas te pillas siéndolo. Puedes compartirlo conmigo en los comentarios aquí debajo.

Compártelo en tus redes

Compartir en facebook
Facebook
Compartir en twitter
Twitter
Compartir en linkedin
LinkedIn
Compartir en pinterest
Pinterest

¿Quieres más consejos?

Apúntate GRATIS y recibe cada semana herramientas y recursos para tener Más Seguridad, Más Felicidad y Más Bienestar.

Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

¿Quieres que te ayude a ti también? Solicita una sesión de valoración gratuita conmigo rellenando este formulario.

12 comentarios

12 comentarios
  1. Susana 11/11/2021

    Simplemente MAGNIFICA REFLEXIÓN! Gran lección, Gran ayuda… ha llegado a mi en el día ideal, ¿¿coincidiencia?? Nooo 😉
    GRACIAS preciosa por tan valiosisima aportación! 🌹

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 18/11/2021

      Qué linda :-). Gracias a ti por tu lealtad, me alegro mucho de que te haya llegado cuando lo necesitabas.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  2. Alba María Sánchez Sánchez 11/11/2021

    ¿Cómo diferenciar de una forma correcta y práctica la rigidez de la organización? Porque está claro que para llevar adelante nuestros objetivos necesitamos organización, y eso exige cierta rigidez, ¿dónde poner el límite?

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 18/11/2021

      Hola Alba María,
      La diferencia está en cómo tú te sientes. Cuando eres organizada desde la flexibilidad y el respeto a ti misma, te sientes bien. Cuando eres rígida e inflexible, no te sientes bien, ni contigo con los demás. Así reconoces la diferencia :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  3. Beatriz Berenguer Sánchez 11/11/2021

    Hola, me siento totalmente identificada con este post y la rigidez, así me va!🤦‍♀️
    Gracias, gracias, gracias.
    Me encante leerte!!!
    Bea

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 18/11/2021

      Muchas gracias, Bea. Feliz de que te haya servido el post y de que te guste leerme :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  4. Mcher 11/11/2021

    Hola Vanessa,
    Me ha encantado el post!!! Y sí me ha visto identificada en algunas cosas… y eso que lo leí fundamentalmente porque mi madre es 100% rígida. De hecho tiene fibromialgia desde hace más de 30 años y, en mi opinión, es precisamente por esa rigidez perpetua en la que vive (yo soy su versión mejorada, 2.0 jeje pero me he dado cuenta de que hay cosas que debo mejorar sobre todo en lo relativo a las críticas internas y a las de los demás).

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 18/11/2021

      Tiene sentido, porque aprendemos de lo que vemos. Lo de tu madre es suyo, y es ella quien ha de hacerse responsable. Tú sólo puedes ocuparte de sanar lo que haya de eso en ti :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  5. Mónica 14/11/2021

    Gracias!!

    Tus artículos a lo largo de estos años de grandes retos, han sido muy atinados con lo que estoy viviendo. Me ha costado dejar el pasado y partes del presente por muchas cosas que no me han salido como esperaba, caí en frustración, desesperación y decepciones. Pero es cierto, no me permito fluir y equivocarme, y cada vez que me criticaban era como reabrir la herida de que no lo estoy haciendo bien a pesar de estar “esforzándome” en hacerlo perfecto, ser una persona correcta, con valores, etc. Necesito fluir más y relajarme, pero siempre me preocupa que entonces al hacerlo no avanzaré y me quedaré en el lugar donde estoy, como si preocuparme significara que me importa.

    Gracias cada consejo tuyo me resuena en el alma, y me recuerda que hay posibilidad de dejar atrás esa máscara y ser más yo.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 18/11/2021

      Muchas gracias, Mónica. Entonces ahí tienes una creencia que necesitas cambiar, eso de que si me preocupo por algo es que me importa. No hace falta que te preocupes, puedes ocuparte, fluir y relajarte, y que también signifique que te importa :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  6. Magali 16/11/2021

    Increíble gran post.

    Soy yo, jajaja.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 18/11/2021

      Me alegro de que te haya gustado. Entonces a dejar de ser esa :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicado. Los campos obligatorios están marcados como *



Únete a los más de 20.000 suscriptores, ¡con regalo incluido!

Apúntate GRATIS y descárgate ahora la guía “Los diez pasos clave para mejorar tu autoestima”.

No te enviaré nada de spam y puedes darte de baja cuando te apetezca

Los post más leídos

¿Quieres trabajar conmigo?

Rellena este formulario para tener una sesión de valoración gratuita”.

¡Hey!

no te vayas sin tu regalo

¿Quieres empezar a confiar en ti, sentirte segura y disfrutar de tu vida y de tus relaciones?
Apúntate gratis y llévate la guía “Los diez pasos clave para mejorar tu autoestima” de regalo.

¡SÍ, QUIERO!