Las doce claves para acabar con el perfeccionismo

Chica en la ventana - perfeccionismo

Creo que en el post anterior ya quedó claro que la felicidad no está hecha para los perfeccionistas (si aún no lo has leído puedes hacerlo pinchando aquí) y que ser demasiado exigente contigo mismo es una de las peores cosas que te puede pasar.

Sí, el perfeccionismo es una tortura para quien lo padece y, en vez de conducir a la excelencia, te lleva cuesta abajo y sin frenos hacia la infelicidad.

Así que, si tú también pecas de eso, te cuento doce claves para empezar a quitarte de encima semejante lastre:

1. Date cuenta de nadie es perfecto. NADIE.  El que te lo parece seguramente esconda una gran carga de autoexigencia detrás y sea tan imperfecto como tú y como yo. Y menos mal, porque es imposible mantener ese nivelazo todo el tiempo. ¡Nadie puede controlarlo todo! ¿Es eso lo que tú estás intentando hacer?

2. Cambia tus creencias. Especialmente la de que “tengo que hacerlo todo bien o muy bien y si no soy un desastre”, la de que “los demás van a despreciarme o a dejar de quererme si no soy perfecta” y la de que  “no puedo mostrar mi vulnerabilidad ante los demás”. Nada de eso es cierto y sólo está en tu mente.

3. Reconoce la voz de Doña Perfecta en tu cabeza, lo que suele decirte (por ejemplo, “no puedes bajar la guardia” o “tienes que hacerlo muy bien”) y cómo te hace sentir. Date cuenta de que es uno de tus personajes, no tú, quién habla así. Y ríete de ella. Ya no vas a ser más su rehén. Búscate una aliada interior que te diga cosas como “vas a hacerlo lo mejor que puedas”, “lo primero es disfrutarlo”, “si fallas no pasa nada”.

4. Establece prioridades y tenlas siempre muy presentes. Por ejemplo, si para ti lo primero es pasar tiempo con tus hijos no es muy coherente que sigas mejorando ese informe media hora más. Y cuando te des cuenta de que estás siendo incoherente con tus prioridades, a otra cosa mariposa.

5. Encuentra tu justa medida. El que es perfeccionista y tiende a exigirse demasiado no se va a relajar en todo lo contrario, así que quítate ese miedo. Cuanto más disfrutes de lo que haces sin exigirte, mejor lo harás. Es decir, encuentra tu equilibrio. Y que esté lo más alejado posible de la autoexigencia ;-).

6. Hazle caso a lo que te pide el cuerpo. Esto es fundamental. En mi caso antes también era mi mente la que dominaba. Ahora le pregunto a mi cuerpo lo que siente, si le apetece, si tiene ganas, si quiere hacer el esfuerzo o esta vez prefiere relajarse y disfrutar sin exigirse tanto… Y el noventa por ciento de las veces hago lo que él me dice.  ¡No sabes lo bien que sienta! Si al principio te cuesta vete paso a paso. Hazle caso a tu cuerpo una vez a la semana, después dos, después un día entero… ¡Aprende a relajarte!

7. Pregúntate para qué. Te aseguro que nunca he encontrado un “para qué” en todo lo que me exigía. Y que ahora no hago las cosas peor, para nada. Las hago mucho mejor porque estoy más pendiente de hacerlas bien y de disfrutarlas que de tener que hacerlas perfectas. Si acaso dejo alguna por hacer, pero es porque también he aprendido a priorizar y a no querer hacerlo todo.

8. Hazlo lo suficientemente bien. Si decides que vas a hacer algo, porque es realista y de verdad te apetece, estupendo. Hazlo y hazlo lo suficientemente bien. Ya está. Cuando esté lo suficientemente bien dalo por bueno y no sigas detrás del espejismo de la perfección.

9. Valora cada paso. Muchas veces esperamos a conseguir algo para darnos la enhorabuena. Y eso es agotador, porque el ser humano necesita el reconocimiento para mantener la motivación. Así que no esperes al final para felicitarte. Cuídate, mímate, reconoce cada día lo que has hecho bien y, sobre todo, valora tu esfuerzo y tu perseverancia.

10. Y valora también el presente, lo que eres hoy, lo que tienes ahora, lo que haces, las personas que te rodean, cada momento, los instantes que ya no vuelven… Juega a asombrarte, a escuchar a quien tienes delante y a escucharte tú. El presente se hace perfecto cuando aprendes a estar en él, y no en el pasado o en el futuro.

11. Presume de imperfecciones. En vez de necesitar mostrar tus logros o lo fuerte que eres, deja ver tu vulnerabilidad. ¡Airea a los cuatro vientos tus meteduras de pata! Cuantas más personas lo hagamos antes se nos quitará la neura de que esas cosas hay que taparlas para que no las vea nadie.

12. Baja tu nivel de exigencia también con los demás. Porque cuando los demás nunca son lo suficientemente buenos para ti terminas acumulando rencor y resentimiento. Y eso a quien más le pesa es a ti. Así que deja de exigirles tanto como te exiges a ti o de esperar que ellos hagan las cosas igual que las haces tú. Recuerda que ellos tampoco son perfectos, ni falta que hace.

Y nunca jamás olvides que la perfección ya está dentro de ti. Que ya eres perfecto o perfecta. Sólo necesitas aprender a verlo, a valorar lo que haces, a disfrutarlo, a reconocerte tus méritos y a aceptarte cómo eres sin pretender ser siempre diferente. A ser feliz, en definitiva. Venga, permítetelo :-).

¿Qué piensas? Ya sabes que puedes dejarme un comentario aquí debajo. Estaré encantada de responderte.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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13 comentarios

13 comentarios
  1. Desirée 26/07/2015

    Hola! Dices que ya somos perfectos y que sólo tengo que aprender a verlo…¿cómo lo puedo aprender? se que soy perfeccionista pero al leer los 12 consejos para dejar de serlo… no se como hacerlo… cómo dejar de pensar que no lo estoy haciendo lo suficientemente bien y todas esas cosas…

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 27/07/2015

      Hola Desirée,
      Pues no hay una fórmula perfecta, depende de cada persona. Los pasos que describo en el post son todos importantes y puedes empezar por cualquiera de ellos. Valorar cada día lo que has hecho bien, ser autocomplaciente y tratarte con cariño, dejar de creer que hay que hacer las cosas perfectas o que tienes que ser perfecta para ser feliz… Si quieres que te invite a una sesión por skype para que me hablemos de ello escríbeme a través del apartado de contacto, ahí tienes mi email.
      Un abrazo

      Responder
  2. Eva 06/04/2018

    Hola, soy una chica de 15 años,acabo de descubrir este blog. La verdad esque no se por donde empezar, antes hacia todos los deberes y estudiaba mucho, ahora dejo todo para luego y luego no lo hago. Me siento mal, luego quiero hacerlo todo de una y al final lo dejo. No sé cómo cambiar eso, dices que tengo que hacer lo que me pida el cuerpo, pero realmente es que no sé que hacer, no sé si tengo esa energía. No salgo mucho con la gente por no poder decir lo que pienso, creo que aún estoy terminando de conocerme y aceptarme y pienso en cumplir ciertas expectativas que tiene el resto porque sé que antes era muy diferente a como soy ahora y quiero encajar en lo que piensan de mí, aunque sé que no debo, y me exijo no hacerlo y me cabreo. me frustro y me encierro en mí. Ante esta situación, delante del resto prefiero estar distante por miedo y aunque me gustaría hacer ciertas cosas, siento que no puedo, tengo pesadillas y sueño que quiero hacer algo y que nunca lo consigo. Me da miedo apuntarme a cualquier cosa, la mayoría de mis conversaciones con la gente son forzadas e incómodas. Entonces ya he hablado, o intentado no ser distante, pero sueno forzada, aunque eso esconde mi inseguridad. Llevo casi 1 año así, aunque me he dado cuenta de que antes no me conocía, de alguna forma quiero cumplir lo que se piensa de mí en todo momento. Y no salgo, no me gusta la gente de mi colegio y la que me gusta no creo ser capaz de acercarme a ella. El problema es que yo me considero sociable, porque en casa es otro mundo porque estoy a gusto, por lo visto tu has pasado por este problema también. Me gustaría mucho saber por dónde puedo empezar, ahora que estoy sin hacer nada al 100%, quiero dejar de darme pena y demostrarme que puedo hacer ciertas cosas que creía que no podía, pero no sé por dónde empezar, necesito cosas específicas y siento que esto sea tan largo pero si lo hago así es porque he leído bastante de tu blog y me parece que tú me puedes ayudar, por ejemplo, ahora mismo, leyendo ésta me he dado cuenta de que nadie es perfecto y aunque hay cosas que me gusten de mí más o menos, el primer paso es aceptarlas, y después cambiarlas, o eso creo. Espero que me puedas ayudar con esto, no me gusta nada estar así. Muchas gracias.

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    • Vanessa Carreño Andrés 09/04/2018

      Hola Eva,
      Muchas gracias por compartir lo que te pasa. Creo que lo primero es que te aceptes y aceptes lo que estás sintiendo. Que dejes de juzgarte o de machacarte por ello, porque no es tan raro y hay muchas personas que se sienten como tú. Que te comprendas, que te recuerdes lo que vales y que te sientas orgullosa de ti misma.
      De todas formas si te das cuenta de que llevas un tiempo así y no te sientes mejor, háblalo con tus padres para que te ayuden a buscar un profesional que pueda acompañarte en ese camino.
      Un abrazo grande,
      Vanessa

      Responder
  3. Gonzalo 07/05/2018

    ¿Qué tal?
    Soy un chico de 14 años que apenas está conociendo bien la vida. Bueno, algo, jaja…
    Verás, la mayoría de mi tiempo me la paso pensando en ser perfecto y siempre mejorar. Nunca quiero fallar y eso me altera mucho. Ahora que veo esta página me doy cuenta que me he presionado de más…
    Aunque realmente no sé como dejarlo. Verás, me hago el propósito de lavar todos los días platos, y si no lo hago me siento miserable. El propósito de lavarme los dientes y usar enjuague bucal, y no lo hago al final, y siento que fue el final de mi “persona perfecta”. Aún no sé cómo salir de ello, ¿algún consejo?

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 07/05/2018

      Hola Gonzalo,
      Como explico en el post, la exigencia y el perfeccionismo no son buenos aliados del bienestar y la paz interior. Elige con lo que de verdad quieres comprometerte y hazlo, sabiendo para qué lo haces y por qué es importante para ti. Y reduce la exigencia en aquello que no tenga tanto que ver contigo como con lo que has escuchado que deberías ser. Es decir, más compromiso en lo que vale la pena para ti y menos exigencia en general. Disfrutando, siempre, se consigue mucho más.
      Un abrazo grande,
      Vanessa

      Responder
  4. Johanny 09/05/2018

    Hola, actualmente estoy pasando por una situación muy desagradable. Mi pareja de tres años y medio terminó nuestra relación porque se cansó de esperar que mejorara mi conducta. Me la pasaba buscando discusiones por cosas pequeñas, tengo el mal hábito de molestarme por todo, no sé controlar los impulsos y digo las cosas sin pensarlas. Los celos me cegaban y veia fantasmas donde no los hay. Muchas veces me dio oportunidades y me decía «cambia, mejora ese mal carácter, pero no encontré cómo hacerlo sola». Cada vez que decía «sí, voy a cambiar», volvía a cometer los mismos errores, y era un círculo vicioso. Los malos hábitos y las conductas aprendidas no sé cómo entrarles sola para dejar de hacerlas.
    Y llegó ese día no esperado, mi pareja me terminó. Me dijo «me cansé, estoy saturado, se acabó el amor, lo mataste, ya no siento amor por ti, hiciste que se me endureciera el corazón con tanto problema injustificado».
    Me siento debastada porque ya no me ama, se fue y ya no quiere saber de mí. Siento toda la culpa, perdí a un buen hombre que me amó sinceramente y que estuvo conmigo en muchos momentos.
    Ya no me aguanto más. Mi mundo se derrumbó, ahora ando deprimida, no encuentro paz ni tranquilidad.

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    • Vanessa Carreño Andrés 11/05/2018

      Hola,
      Muchas gracias por compartir. Siento mucho por lo que estás pasando. Lo que cuentas es muy común, a veces el cambio sólo nos llega cuando pasa algo muy doloroso… Creo que es una lección maravillosa, ese maestro que la vida te trajo para que le amaras con todo tu corazón y gracias a esto pudieras cambiar… Entiendo perfectamente que ahora está siendo muy duro, pero confío en que con el tiempo comprenderás para qué pasó… Ahora es momento de abrazarte y cuidarte mucho. Y prepárate, por si el Universo queire que él regrese y vea que has cambiado…
      Un abrazo grande,
      Vanessa

      Responder
  5. Gema 03/01/2019

    Hola
    ¿Por qué primero dices que nadie es perfecto y luego que la perfección está dentro de nosotros? Pues a mí hay personas que me parecen perfectas: yo tenía una amiga que siempre sacaba sobresalientes en los exámenes (y estudiaba poco), tiene un tipo muy mono, es súper educada y come de todo. ¿Por qué no va a ser perfecta? Y los meteorólogos del tiempo no se equivocan: son perfectos, y el Papa también me parece perfecto.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 04/01/2019

      Muchas gracias por compartir, Gema. Quiero decir que nadie es perfecto desde esas exigencias de perfección que nos dicen por ahí que hemos de cumplir. Que todos tenemos miedos, inseguridades y debilidades, esas personas que nombras estoy segura de que también. Pero a la vez, que todos llevamos un Ser puro y perfecto en nuestro interior. Que nuestra esencia ya es perfecta, sólo necesitamos desenterrarla de tantas creencias y tantos prejuicios :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  6. Yoly 11/07/2019

    Es tan cierto lo que dices. La mente muchas veces sigue siendo nuestra aliada. Yo trato de controlarlo todo y no tengo la menor duda de que esto no es felicidad, esto es una tortura. Muchas veces parece que es heredado de nuestros progenitores. El disfrute y vivir ya debe ser agradecido. Siempre hacerlo con positividad. Todo cambio supone un esfuerzo y todo esfuerzo supone un objetivo a cumplir. Felicidades por estos post. Gracias.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 15/07/2019

      Gracias a ti por compartir, Yoly. Así es, disfrutar y vivir nuestra vida con una actitud positiva, y sentirnos agradecidos por ello. El control va en dirección opuesta a la felicidad.
      Un cariñoso abrazo,
      Vanessa

      Responder

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