Hay cosas de la amistad de las que no se habla.
Como si fueran tabú… Como si no estuviera bien que te pasara eso…
Y una de ellas es cuando tienes una amiga (o amigo) con quien ya no te sientes como antes.
Que quedáis y ya no te aporta o no te nutre el tiempo juntos.
Que incluso te aburres o vuelves a casa con sensación de malestar…
Y te preguntas si está bien que te sientas así o si estarás siendo egoísta.
Es curioso que tengamos normalizado que una relación de pareja pueda pasar por una crisis, o incluso se pueda terminar…
Pero nos siga pareciendo raro que una amistad cambie de forma, se distancie, o se acabe, si no ha pasado nada grave.
¿Qué crees que cambiaría si lo aceptáramos como algo normal?
Que con una amiga ya no tengas la misma conexión que antes…
Que haya cosas suyas que ahora te rechinan…
O que no te apetezca tanto quedar con esa persona…
Y esa relación se pueda terminar sin que haya habido un conflicto.
Tan solo porque sientes que ya no…
Tal vez porque hubo un roce o un desencuentro que no se habló cuando era necesario y se ha quedado enquistado.
O porque habéis optado por caminos diferentes, en plan que una tiene familia y otra no, y parece que estuvierais a años luz de distancia.
O porque ahora vuestros intereses, vuestros valores o vuestros temas de conversación ya no son los mismos.
¿Eso siempre quiere decir que esa amistad ya no tiene remedio?
No. Eso quiere decir que está pasando algo a lo que necesitas prestar atención.
Porque a veces puedes tener una vida muy diferente a la de una amiga y, aun así, sentir que en el fondo sigue habiendo un vínculo que os une.
Que os valoráis, os entendéis y os respetáis en vuestras diferencias.
Pero, para que eso pase, en mi opinión ha de haber intimidad.
¿Qué es eso de la intimidad? Pues lo que ocurre cuando, después de estar con alguien, vuelves a casa con la sensación de que te has mostrado, te has compartido y has podido ser tú.
Que te sientes más llena que antes de ver a esa persona.
Y que, a pesar de tener vidas cotidianas opuestas, vuestra amistad es algo más profundo.
Lo mismo que también puede ser que en un vínculo no haya intimidad, pero que se apoye en gustos y prioridades comunes.
Será una amistad diferente, pero claro que también puede darse.
Lo que no se da es una amistad en la que no haya inquietudes comunes ni tampoco intimidad…
Y aun así te sientas bien compartiendo con esa persona…
Eso es raro, raro, raro.
¿Qué te quiero decir con esto? Que cuando una amistad te genera dolor o ya no te aporta cosas buenas, el problema no es que te sientas así.
El problema suele ser más bien que no identifiques lo que está pasando, que no lo quieras escuchar o que no te permitas sentir eso.
Que te eches la culpa, que te pueda el miedo a quedarte sola y que ignores el mar cuerpo que te deja…
Que te digas que eres egoísta o que tal vez esperas demasiado…
Que te agarres a lo que fue o a lo que te gustaría que fuera… Pero no aceptes lo que está siendo.
Y sigas manteniendo esa relación y esforzándote por tirar de ella.
Sin plantearte que tal vez sea momento de recolocar a esa amiga en un lugar diferente.
Que tal vez tú has cambiado y ese vínculo ya no se puede sostener como antes…
O que, si le das muchas vueltas en tu cabeza pero no lo hablas con ella, es probable que estés evitando una conversación necesaria.
(Nunca me cansaré de repetir que este tipo de conversaciones, cuando se tienen a tiempo y se saben tener, unen mucho más que cien tardes de cañas y bailoteo).
La cosa es que, si tú cambias y yo cambio…
Y más vale que sea así, porque somos personas vivas y no estatuas inertes…
Tiene todo el sentido del mundo que una amistad también cambie.
Todo cambia… Y es lo que hay.
Aunque a veces nos asuste y queramos tenerlo todo bajo control, la vida es cambio.
Y, cuanto más nos resistimos a que lo sea, peor vida para nosotras.
(Si esto te ha resonado, es probable que también te interese esto).


