A ver qué opinas tú de esto:
“Tenía unos amigos que eran como hermanos. Pero hicieron algo que me afectó mucho. Y yo soy muy tajante si algo me hace daño. Así que no he vuelto a hablar con ellos”.
Puede que te resulte radical, pero espera…
Porque hay muchas personas que funcionan así.
Que, cuando algo les duele, ponen la cruz y rompen esa relación.
Ya sea por algo que sientan como una gran traición y haya roto su confianza…
O ya sea por la acumulación de cosas más pequeñas que les han molestado: un mensaje sin responder, un tono que no gusta, un plantón, un comentario ambiguo…
La cosa es que ponen la cruz y se distancian.
Incluso aunque ese amigo les importara o le tuvieran mucho cariño o le conocieran de hace años…
¿Te ha pasado alguna vez?
Entonces, sigue leyendo…
Mira, que en una relación alguien no cumpla con nuestras expectativas es lo lógico y normal.
Lo raro sería que los demás hicieran siempre lo que esperamos o que jamás nos doliera nada de nadie.
Pero, cuando condenamos y crucificamos al otro sin decir nada, se nos olvida que nosotros también tenemos un papel en esa relación.
Aunque pueda ser comprensible que lo hagamos así…
Porque a veces nos da miedo afrontar una conversación y evitamos las situaciones incomodas.
O porque creemos que lo estamos haciendo bien, que tenemos la razón, y que quien lo hace mal es el otro.
O porque no queremos que esa persona vea que eso nos ha dolido.
O porque tenemos miedo a que nos tomen el pelo.
El problema es que dejamos que esa relación se pierda sin saber si se podría haber salvado.
Fíjate en lo que me contaba una coachee hace unos meses:
“En las relaciones intento pasar sin que haya discusiones y casi prefiero dejar perder la relación que enfrentar momentos desagradables”.
Me decía que, a veces, cuando algo la había enfadado y no lo había expresado, se veía a sí misma estando a la defensiva con esa persona.
Y así, poco a poco y viendo que cada vez se sentía más incómoda, se iba alejando.
Pero en la última sesión, esa misma mujer, me contó dos situaciones en las que algo le había dolido, lo había hablado con esas dos personas, y en ambos casos habían acabado dándose un abrazo.
¿Qué ha cambiado? Que ella ya se siente capaz de afrontar esas conversaciones que antes evitaba.
Y, gracias a eso, no tiene que perder relaciones que no estaban para perderse.
Vas pillando por dónde voy, ¿verdad?
Que claro que habrá veces que hablar con alguien no cambie nada, porque no te sirva lo que esa persona te diga.
Yo misma recuerdo una vez que me dolió algo de una amiga, lo hablé con ella y seguí sin entender lo que había hecho. Así que terminé esa relación.
Pero han sido muchas más las que, gracias a haber tenido una conversación a tiempo, me he quedado tranquila y a gusto y la relación se ha restaurado.
(Si un día me paso de pesada con esto de que lo que hace que nuestras relaciones vayan bien y nos sintamos cómodas en ellas es saber comunicar lo que nos pasa, avísame).
Y esto es lo que hace que las relaciones funcionen.
No que no haya dificultades o expectativas incumplidas o cosas que nos molestan.
Sino que sepamos gestionarlas.
(Y si te hartas de escucharme que para que una relación sea auténtica el otro ha de verte y tú has de dejarte ver en lo que te duele y en lo que te molesta, también, me avisas.
Con amor).
…
Bien, si no quieres dejar ir a más personas que, tal vez, podrían seguir ahí, y sí que quieres aprender a expresar lo que te pasa y lo que te duele sin atacar a nadie, te leo aquí.


