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Los personajes que nos habitan

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Doña Comodona, la Aguafiestas, Charada, la Bocazas, Torbellino… No son las protas de una peli de Almodóvar, aunque podrían :-). Son algunos de mis personajes, es decir, de los Yoes que forman (o formaban) parte de mí.

Todos tenemos muchos personajes que se van turnando el micrófono en nuestros pensamientos y, por lo tanto, en nuestros actos y nuestros sentimientos. Son como el ángel y el demonio que aparecían a cada lado de la cabeza de los dibujos animados, ¿te acuerdas? Pues así, sólo que en vez de dos tenemos muchos más. Y unos son más ángeles y otros más demonios.

Descubrir a los míos, a mis Yoes, fue uno de los trabajos personales que en su momento más me sirvió para avanzar y quitarme miedos e inseguridades que me limitaban en mi vida. Que muchas veces nos pensamos que el mundo es malo, que está lleno de peligros y que tenemos que protegernos. Y resulta que el ejército más temible lo llevamos en nuestro interior.

Y eso que todos esos personajes, incluso los que nos limitan, tienen su intención positiva. Porque todos surgieron para algo: para protegernos, para cuidarnos, para que los demás nos quisieran, para que no nos hicieran daño, para permitirnos disfrutar… Lo que pasa que muchos han adoptado maneras que, aunque un día tal vez sí, hoy ya no nos resultan beneficiosas.

Por ejemplo mi Aguafiestas era la que aparecía para decirme que no dijera o que no hiciera algo por miedo a lo que fueran a pensar los demás de mí. Su intención positiva era protegerme de la crítica ajena. Se cuando y para qué apareció, lo mismo que sé que hoy ya no la necesito porque puedo protegerme sóla.

También hay otros personajes magníficos que sacan lo mejor de nosotros mismos. Como mi Vane Brockovich, que es la rebelde, soñadora e inconformista que me dice que luche por mis sueños y que no me deja rendirme. A esa sí que la he dejado quedarse :-).

Es fácil reconocer a tus personajes porque suelen decirte lo mismo cada vez que aparecen y suelen hacerlo en las mismas situaciones. Algunos sólo de vez en cuando, como los actores secundarios o los extras de una película. Otros tienen un papel más protagonista en tu vida y estás tan acostumbrado a recibir su visita, de tantos años que llevan contigo, que a veces hasta te identificas con ellos y ni te das cuenta de su presencia.

Y ahí está uno de los grandes errores: identificarte con tu personaje. Porque tú eres mucho más que eso, lo mismo que yo era más que mi Aguafiestas o mi Torbellino. Porque hay una voz por encima de todas esas que es la de tu Yo auténtico, y a esa es a la que debes darle el micrófono para que las otras se callen.

Como ves los hay de todos los colores y sabores. Lo importante es entender que todos están ahí para algo, incluso los limitantes, y que no se trata de rechazarles, porque lo que rechazas se hace más fuerte, sino de reconocer su propósito para poder obtener eso mismo de una forma más beneficiosa para tu salud, tu bienestar y felicidad.

Por eso te voy a hablar de los personajes más habituales a ver si entre ellos identificas a alguno de los tuyos ;-):

El Yo inseguro. El que dice “no puedo”, “no soy capaz”, “todo me sale mal”, “soy un desastre con patas”. Cada vez que aparece te sientes pequeño e inútil, inferior a todos los demás e incapaz de conseguir nada de lo que te propones.

La victima. Es la que dice “fíjate, todo lo malo me pasa a mí”, “no depende de mí, yo no puedo hacer nada”, “ay pobrecita, qué va a ser de mí”, “nadie me entiende”, “todo es culpa suya”. Es la que te hace dejar tu felicidad en manos de los demás y de las circunstancias. Este ha sido uno de los grandes personajes de mi vida.

El perfeccionista. El que te dice que tienes que hacerlo todo mejor que bien, y que no puedes equivocarte ni una vez, ni cometer un error, ni relajarte, porque si lo haces te irá fatal. Siempre exigiéndote más y más con su látigo en mano. Nada le parece suficiente.

El Yo buenecito. El que no dice nada por no molestar, el que se calla lo que le parece mal para que le sigan queriendo, el que está siempre pendiente de que todos estén bien, el que se adelanta a las peticiones de los demás, el que hace lo que esperan de él, el que se sacrifica por todos para sentirse aceptado…

El negativo. Es el típico que lo ve todo negro y, los días de sol, gris oscuro. Pesimista hasta la médula, siempre pensando en lo peor que podría pasar y viendo el lado malo de todo lo que le sucede.

El Yo miedoso. Tiene miedo a todo. Miedo a perder, miedo a sufrir, miedo a ser feliz, miedo a arriesgar, miedo a vivir, miedo a no vivir, miedo a tener miedo… Todo lo vive como una amenaza.

El Yo bienqueda. El que no se atreve a decir que no por lo que piensen los demás, el que mantiene las composturas, el que es quien piensa que tiene que ser para que los demás le acepten y nunca se permite ser quien quiera ser.

El Yo resentido. Cuando te han hecho daño y no quieres que te lo vuelvan a hacer, tal vez te pongas una coraza o decidas que si el mundo es malo lo mejor que puedes hacer es protegerte de él. No te deja perdonar ni olvidar, así que tampoco avanzas.

La fiera. La que reacciona con ira y con rabia, la que se enfrenta a los demás y se cataloga de justiciera. No se permite que le tomen el pelo, ni perder una batalla. Juzga a los demás y les condena. En plan “cómo han podido hacerme esto a mi, ¡se van a enterar!”. Es prima hermana de la víctima.

Yo duditis. El que nunca se decide. Le da mil vueltas a todo buscando la mejor opción, elegir lo perfecto, no arrepentirse, pros y contras y vueltas y más vueltas… Y cuando por fin toma una decisión, venga a pensar si se ha equivocado, si habría sido mejor lo otro, si la ha pifiado… Nunca se queda a gusto.

El Yo Controlador. Obsesionado con que nada se salga de lo previsto, con que todo esté planificado, atado y bien atado, nada fuera del margen… Se cree que es el único que hace las cosas bien y hace que estés siempre en tensión. Amigo íntimo del perfeccionista.

La procrastinadora. es la que siempre tiene alguna excusa para no hacer lo que tiene que hacer y distraerse con algo que le apetece más. Después se siente fatal, pero sigue haciendo lo mismo una y otra vez.

Los he exagerado un poco para que fueran más fáciles de identificar… Y hay muchos más: el Yotengorazón, el Quejica, el Chantajista emocional, el Milcosasporhacer, el Criticón, el Yo findelmundo…

¿Te suena alguno? ¿Cuáles son tus personajes más habituales?

  1. Una vez que los tengas identificados, reflexiona sobre lo que te dicen, cuándo aparecen y cómo te hacen sentir.
  2. Después elige a uno y busca su intención positiva, su para qué. Te aseguro que todos tuvieron una intención positiva en su origen.
  3. Acéptale y agradécele que te haya acompañado todo este tiempo. Luchar no sirve porque a lo que te resistes, persiste. Así que mírale con cariño y comprensión porque seguro que quería hacer algo bueno por ti.
  4. Déjale estar cuando de verdad sea necesario y, cuando no, envíale un mensaje cariñoso y acogedor y dile que hoy puede cogerse el día libre ;-). Y si vuelve ríete un poco de su empeño por presentarse cuando nadie le ha invitado y dile de corazón que hoy no le necesitas. Ten paciencia, lleva mucho tiempo contigo y no se irá así porque sí.

Desde luego que llegar al silencio mental puede ser algo que requiera mucho trabajo interior y a lo que sólo aspiran unos pocos. Pero vivir en armonía y paz con tus personajes, siendo y avanzando todos en la misma dirección, sin duda es algo que se puede conseguir.

Por cierto, otro día hablaré de los personajes buenos, que también serán muchos si aprendes a darles cancha :-).

Ahora me gustaría invitarte a que compartas alguno de tus personajes en los comentarios. ¿Cuál es el Yo que más te limita en tu vida?

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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6 comentarios

6 comentarios
  1. Isabel 26/09/2017

    Qué útil me ha sido conocer la existencia de los personajes que me quitan mi paz interior. Me gustaría lograr el silencio mental sin necesidad de tener que distraerme con algo para no pensar. Supongo que eso es cuestión de un proceso y se consigue con constancia. Gracias

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 27/09/2017

      Exacto, Isabel. Forma parte de un proceso que comienza por tomar conciencia de nuestro diálogo interno y de lo que nos distrae… Y después, practicando y con constancia, ir dando pasos hacia ese silencio mental del que hablas. Aunque yo, más que de silencio, te hablaría de elegir nuestros pensamientos.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  2. Camila 25/03/2018

    Te amo, gracias. Qué linda que puedas ayudar de esa forma, saludos desde México.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 26/03/2018

      Muchas gracias por tus palabras, Camila.
      Un abrazo cariñoso,
      Vanessa

      Responder
  3. Beatriz 28/12/2018

    Leyendo tu post “Y tú, ¿quieres o no quieres?” ya se me hizo un nudo en el estómago, viéndome reflejada en él. Pero, leyendo éste, me he sentido identificada con todos los personajes. Qué largo camino me queda para estar en paz conmigo misma y llevar la vida que quiero. Gracias Vanessa por hacer tan fáciles de entender nuestros propios obstáculos.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 02/01/2019

      Qué bien, Beatriz. Recuerda que todo aquello de lo que tomas consciencia ya es dar un gran paso para resolverlo. Y que sólo puedes resolver aquello a lo que pones luz. Siénte orgullosa de eso de lo que has tomado conciencia, porque el haberlo hecho significa que estás preparada para cambiarlo.
      Un cariñoso abrazo,
      Vanessa

      Responder

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