¿Por qué tengo que ser yo como digan los demás?

Campo de tulipanes amarillos y uno rojo

Escucho, veo, observo… Miro al mundo y me pregunto qué nos hace iguales y qué nos hace diferentes. ¿Y sabes una cosa que creo que nos hace iguales? Los demás.

Todos necesitamos que los demás nos acepten.

Todos deseamos gustar a los demás.

Todos tenemos miedo de decepcionar a alguien.

Todos sentimos que tenemos que demostrarle algo a alguien.

Todos perseguimos encajar en algún molde ajeno.

Hasta que no nos liberamos, somos para otros, somos lo que otros quieren que seamos. He escuchado tantas veces, en tantos entornos distintos y a tantas personas diferentes eso de que estaban empezando “a quitarse” de los demás, a dejar atrás ese vivir para satisfacer las expectativas y los deseos de alguien, que empiezo a pensar que es algo que de algún modo nos pasa o nos ha pasado a todos. ¿Y quién es ese alguien a quien todos rendimos culto? Pues unas veces, muchas, serán nuestros padres. Ellos han sido nuestros maestros en lo bueno y en lo malo, considerando maestro a todo el que te disturba, te remueve y te hace aprender algo, como muy bien lo cuenta Borja Vilaseca. Nuestros padres nos han enseñado y de una forma más o menos consciente nos han exigido ser el hijo “tal”, el hijo “cual”, el listo, el bueno, el guapo, el estudioso, el trabajador, el que ayuda a todo el mundo, el que siempre ríe las gracias, el que no dice que no a nada… Son etiquetas que nos ponen los demás y que nosotros asumimos como propias sin darnos cuenta. Y también mandatos subliminales como “tienes que tener una vida así o asá”, “tienes que llegar a esto”, “tienes que ser más tal o más cuál”, “mira, mira que bien te iría si hicieras lo que fulanito”, “hijo, tú por lo menos, esto”, “¿dónde vas a ir así?”, “no, no, para ti eso no»… Total que al final salimos todos cortados por el mismo patrón de miedos, creencias y deseos insatisfechos. Y así hasta que un día algunos tienen, tenemos, la suerte de darse cuenta de que han estado viviendo la vida que otros dibujaron para ellos. Y por fin cogen el pincel y empiezan a pintar su propia vida, su propio camino, su propio horizonte… Como le escuché decir una vez a un Sol de compañera 😉 “cuán más bello es el horizonte que dibujas con tus manos que el brillo prometido del horizonte pintado por otros”.

 Y he dicho los padres porque suelen ser el modelo que casi todos tomamos, pero cuando no son ellos son otros, en tu familia, o tus amigos, o un poco todos en general. Es decir, que a veces intentamos dar una imagen y cumplir con unas expectativas ante todo nuestro entorno, ante todos los que creemos que nos miran y nos juzgan, y a los que queremos agradar. Convertimos la exigencia de los demás en nuestra propia exigencia. Y aunque algunas veces esa exigencia externa sea real, somos nosotros quienes la aceptamos, quienes la tomamos o la dejamos. Nos autoexigimos, nos fustigamos y nos empeñamos en ser para otros a pesar de que eso pueda estar lastrándonos la vida. Nos perdemos a nosotros mismos luchando por conseguir algo sin ni siquiera preguntarnos si de verdad queremos eso. Si lo quiero yo, o lo quieren otros.

 Me recuerda un poco a ese cuento en el que varias ranitas intentaban subir de una en una a la copa de un árbol. Cada vez que una empezaba a subir, las que observaban desde abajo le gritaban que no podría, que era imposible, que se iba a caer. Y, efectivamente, ninguna llegaba arriba, todas se caían por el camino. Así una tras otra, hasta que una, sin pararse ni hacer caso de los gritos de las demás, subió y llegó a lo alto del árbol. Las demás estaban perplejas, ¿¿¿cómo lo había conseguido??? ¿Sabes cómo? Era sorda.

 ¡Qué bien nos vendría a todos ser sordos a veces! Y ciegos, e impermeables, y olvidarnos de las exigencias, y de papá y mamá, y de pepito grillo, y del primo que lo hace todo tan bien, y del amigo tan perfecto, y de lo que dice no sé quien, y de lo que opina no sé cuál, y hasta del vecino del quinto… Y fluir y ser con total libertad, y tomar el control de nuestra vida, aún con el vértigo que eso supone, porque mientras tu vida la controlen otros, tu felicidad también va a estar en sus manos, eso no lo dudes.

 Pregúntate si eres tú quien conduce tu vida, si eres tú quien la pinta, si eliges los colores, si decides lo que la compone, si marcas el trazo, si es tuyo el encuadre…

 ¿Por qué tienes que ser tú como los demás? Se quien quieras ser. No te etiquetes. Que no te etiqueten. No seas quien los demás esperan que seas. No seas para otros. Se para ti y los demás te querrán por quien eres. Porque ERES.

 

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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9 comentarios

9 comentarios
  1. Pilar 03/11/2016

    Hola,soy Pilar. Muchas gracias por estos post. Sí, los dos post me hacen mucha falta. Te lo agradezco de todo corazón. Los leeré todos y aprenderé tus pautas. Besos y sonrisas.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 04/11/2016

      Yo también te agradezco a ti de todo corazón tus palabras, Pilar.
      Besos y sonrisas a tutiplén :-),
      Vanessa

      Responder
  2. Maria 19/07/2018

    Muchas gracias Vanesa por este post, ¡me ha encantado! Un fuerte abrazo.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 20/07/2018

      Muchas gracias a ti también, María.
      Un abrazo grande,
      Vanessa

      Responder
  3. Ana 30/08/2019

    Muchas gracias Vanessa.
    Lo difícil muchas veces es saber quién ERES realmente, al menos yo muchas veces siento que no me conozco, y si no sabes quién eres, ¿cómo puedes desmarcarte de los pensamientos de los demás?
    En mi caso la opinión de mi misma está conformada por lo que creo que los demás pueden pensar de mí, quizás influida porque en mi casa siempre se habló y se juzgó mucho el comportamiento ajeno. No critico a mis padres por ello porque sé que lo hicieron lo mejor que podían y sabían, y de hecho mis herman@s no son como yo, y tienen una personalidad definida.
    Ganas de empezar contigo para poder conocerme y permitirme SER.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 31/08/2019

      Así es, Ana. Para poder desmarcarte de lo que piensen los demás necesitas saber quién eres realmente, debajo de todo eso que te contaron que tenías que ser para que los demás te quisieran. Lo bueno es que no hay una fecha límite para esto, podemos emprender ese camino en cualquier momento de nuestras vidas. Reconocernos, aceptarnos y aprender a ser nosotros mismos, a la vez que dejamos ser a los demás.
      Tal vez tus hermanos también piensen que tú tienes una personalidad definida, aunque tú no lo sientas así… Las personas muchas veces nos sentimos muy diferentes a como nos ven los demás.
      Un fuerte abrazo,
      Vanessa

      Responder

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