Los demás te van a intentar manipular en algún momento y de alguna forma.
Esto es inevitable y pasa en las mejores familias.
Y no te estoy hablando de que alguien se encierre en un sótano y urda un maléfico plan para manipularte y aprovecharse de ti, como si esto fuera una serie de intriga de Netflix.
Simplemente te hablo de cuando alguien, sin darse cuenta, le da la vuelta a la tortilla para conseguir lo que quiere o necesita de ti.
Y tú terminas sintiéndote culpable, o responsable, o dudando de ti.
Y lo grave no es que eso pase.
Lo grave es que pase, y no te des cuenta.
Porque, si a esa persona le funciona su estrategia contigo, lo seguirá haciendo.
Y si le funciona es porque, de alguna forma, tú estás permitiendo esa manipulación.
En cambio, si tú lo ves y lo paras, el juego se termina ahí.
Y tú dejas de sentirte mal.
Dicho esto, aquí tienes tres juegos muy habituales con los que los demás te manipulan (y de los que nadie habla):
Estoy para ti, pero solo cuando yo quiero
Este es el juego de alguien que parece que te da mucho y que se entrega mucho, pero, en realidad, te está dando solo lo que a él le viene bien darte.
Y, hasta ahí, parece que todo va bien. Pero, cuando tú le pides algo, te dice que no.
Y su argumento es “yo siempre te doy mucho, tengo derecho a decirte que no a esto”.
¿Dónde está la manipulación? En que en realidad no es que te dé mucho, porque solo te está dando lo que él quiere dar.
Es decir, hace todo lo que le resulta fácil o agradable y te dice que no cuando algo le incomoda o no le apetece
(¿Hace falta aclarar que estar para alguien NO es estar solo cuando a mí me apetece, sino también poder estar cuando a mí no me apetece, pero el otro me necesita? 😏).
Y ojo, que con eso de “dar mucho” no me refiero solo a que te haga muchos favores, o regalos, o a que te ayude en todo.
También puede ser alguien muy adulador, que te ensalza mucho, que te hace sentir muy vista, que está muy pendiente de ti, que te da mucho cariño, que hace lo que tú quieres…
La cosa es que te da lo que le va bien darte, pero, cuando tú necesitas algo de esa persona, no está.
Y se defiende diciéndote que “yo siempre te doy mucho, ¡a ver si ahora te vas a enfadar porque te diga que no a esto!”.
¿Cómo puedes caer tú en ese juego? Pues, por ejemplo, sintiéndote culpable por enfadarte cuando esa persona no está para lo que tú le pides o necesitas.
O dudando de ti y pensando que tal vez esperas demasiado, o que no sabes aceptar un “no”, o que deberías valorar más lo que recibes.
Te digo que sí, pero después me enfado
Hay personas que tienen la necesidad de quedar bien siempre.
Así que son super amables y simpáticas y siempre están disponibles para todo el mundo.
Pero, entonces, llega un momento en el que, de tanto decir que sí a todos, se sobrecargan y terminan haciendo algo que no quieren y que les fastidia especialmente.
Y ahí es cuando tú pagas el pato.
Porque ese resentimiento acumulado por haber dicho que sí más de la cuenta termina saliendo con la última persona que les pidió algo que en realidad no querían hacer.
Por ejemplo, una amiga que acepta ir a una comida en tu casa a pesar de que eso le descoloca el fin de semana. Y va, pero después está de morros, o te pega una mala contestación, o, si algo sale mal, te lo echa en cara.
¿Dónde está la manipulación? En que esa persona, en vez de ser clara y honesta con sus deseos, como necesita quedar bien contigo, te dice que sí.
Pero después, de alguna forma más directa o indirecta (normalmente indirecta, recuerda que su prioridad sigue siendo quedar bien), te culpa a ti de su frustración.
¿Cómo puedes caer tú en ese juego? Pues si te tomas lo que hace esa persona como algo personal, en vez de darte cuenta de que tiene que ver con ella y con su necesidad de quedar bien.
O si te culpas, si crees que has hecho algo mal, si te haces responsable de que no haya estado cómoda en la comida…
Como te doy mucho, tú no puedes quejarte
Lo de dar mucho, cuando es “mucho mucho”, suele tener su lado oscuro detrás…
Ya sea en alguien que siempre te quiere invitar, o que “ya me encargo yo de esto”, o que “no te preocupes que yo te llevo”, o que “fíjate lo buena que soy y todo lo que hago por ti”…
Pero después, como te da tanto, no acepta que tú te quejes de algo o que le digas que no a algo.
¿Dónde está la manipulación? En que, por el hecho de darte mucho, esa persona espera que tú quedes “sometida” y ya no puedas ponerle un límite.
Ni expresarle una queja o un “me molesta esto”, ni decirle que no a algo, ni priorizarte.
Porque, si lo haces, eres mala persona, no te das cuenta de todo lo que hace por ti, no la valoras, etc., etc.
Por ejemplo, puede ser alguien que siempre se adapta a tus planes y te dice que sí a todo.
Pero, entonces, un día organiza algo y te incluye sin preguntarte antes. Y, cuando tú le expresas que eso no te ha gustado, te culpa de egoísta y se victimiza, basándose en que ella siempre está disponible para ti.
¿Cómo puedes caer tú en ese juego? Pues cayendo en la trampa de que estás en deuda con esa persona, como si el hecho de que te diera mucho fuera responsabilidad tuya.
Y no lo es. Esa persona te da mucho porque quiere hacerlo. Y eso no te resta a ti tu libertad y tu derecho para decir que no o quejarte si con algo no te sientes cómoda.
…
Y te he estado hablando de los demás, pero en realidad esto va de ti.
De que tú te sepas proteger y cuidar en tus relaciones (esto no es responsabilidad del otro, es tuya).
De que no tragues cuando alguien te intente hacer sentir culpable, de que no te hagas cargo de lo que es del otro, de que dejes de necesitar quedar bien, de que sepas poner límites cuando algo te daña…
Y todo esto no tiene nada que ver con los demás.
Tiene que ver contigo y con la relación que tienes contigo misma.
Es decir, ¿cómo te llevas tú contigo? Porque eso es la base de tu bienestar.
Así que deja de apuntar hacia fuera y empieza a mirar donde SÍ es.
Y si quieres llevarte de maravilla contigo y tener una relación de amor propio a prueba de bombas y manipulaciones, rellena ESTO.
PD: ¿Quieres saber cómo se sienten otras mujeres que ya dejaron de mirar hacia fuera y empezaron a ocuparse de sí mismas? Lee aquí.



¡puf, la tercera define una relación que tengo de plano! ¿O la definía siquiera? Porque era una persona que veía una vez al mes en un evento. Pero dejé de ir al evento, donde me sentía mal e invalidada, y ya no la veo. Y la verdad es que eso me sienta mejor que ir al evento. Ojalá no hubiese gente que te hiciera sentir especial hablándote pero en realidad es mala para ti. Muchas gracias por poner estas situaciones en palabras, Vanessa.
Qué bien, Ana. Me alegro de que te haya servido para identificar cómo funcionaba esa relación. No siempre es tan fácil de ver, y cuándo no sabemos escuchar cómo nos sentimos con alguien la cosa se complica aun más… Gracias a ti por compartirlo.
Un abrazo,
Vanessa