Así le puse límites a la persona más tóxica de mi vida (contado paso a paso)

Cuando alguien te hace sentir culpable por ponerle un límite

Mujer sentada en el suelo - los demás te hacen sentir culpable por ponerles límites

La semana pasada llegó una coachee contándome que le había puesto un límite a su pareja y él la había acusado de quitarle su libertad.

Resulta que ella le había pedido que no cenara viendo cosas en el móvil, porque era el único momento del día que compartían todos juntos y porque no le parecía un buen ejemplo para sus hijos.

Y él le respondió esto: “Yo acepto tus limites mientras que no coarten mi libertad. Y esto que me dices a mí me quita libertad”.

Así que ella estaba confundida y no sabía si haberle puesto ese límite estaba bien o no.

¿Qué opinas tú?

Mira, se habla mucho de la importancia de poner límites.

Y la mayoría de las mujeres con las que trabajo tienen dificultad para hacerlo porque han aprendido a ignorar sus necesidades, porque se sienten culpables y porque quieren evitar el conflicto. Y para cambiar eso acuden a mí.

Entonces, ¿qué pasa cuando por fin empiezas a ponerlos y te encuentras con una respuesta como la que recibió esta coachee?

Si alguien te dice “si me pides esto, me quitas libertad”.

O “si me pones este límite, es que no me quieres”.

Pues que tú vuelves a dudar de ti y de si tienes derecho a pedir eso o tal vez estás siendo demasiado exigente o exagerada

Así que, por si acaso, te vuelves a encoger, a tragar a y ser más sensible con lo que necesita el otro que con lo que necesitas tú.

¿Qué es lo que, en realidad, está pasando aquí?

Pues que claro que los límites coartan la libertad del otro, y precisamente de aceptar eso van las relaciones sanas.

Claro que mis limites van a restringir tu libertad.

Y claro que tus limites van a restringir mi libertad.

Y no es malo que eso pase. Lo malo es que una de las dos partes no esté dispuesta a aceptarlo porque quiere seguir siendo libre para hacer lo que le dé la gana.

Por ejemplo, si yo siempre llamo a una amiga a las 10 de la noche y ella me dice que por favor no la llame a esas horas porque se desvela hablando, ese es su límite. Y por supuesto que eso va a coartar mi libertad de llamarla a la hora que yo lo estaba haciendo.

Pero es que de esto van las relaciones y la convivencia. De que yo no puedo hacer lo que me dé la gana porque también he de tenerte en cuenta a ti y tus límites (al menos, si quiero que nuestra relación funcione).

Y cuando no estoy dispuesta a hacer eso y te digo que “si me dices que no a que te llame cuando a mí me va bien es que no te importo”, lo que estoy haciendo es manipularte para que no puedas ponerme un límite  (y, encima, pretendo quedar bien).

¿Te imaginas que yo le dijera eso a mi amiga?

Si mi argumento es del tipo “cuando me pones un límite no me siento querida por ti”, lo que le estoy diciendo a mi amiga es que su amor hacia mí ha de ser incondicional y que no puede tener en cuenta sus límites.

Y si resulta que mi amiga es una de estas mujeres que se sienten culpables si no satisfacen las necesidades del otro, pues terminará creyendo que el problema lo tiene ella.

¿Adivinas quién pierde entonces su libertad en el vínculo? Exacto, mi amiga.

O mi coachee (la del móvil mientras cenan).

O tú, si te identificas con esto que estoy contando.

Otra cosa sería que, volviendo al ejemplo de esta coachee, su pareja le hubiera dicho “no quiero hacer lo que me pides. Quiero seguir mirando el móvil mientras cenamos”.

Vale, pues en este caso significaría que él no está aceptando su límite. Pero, por lo menos, se está haciendo responsable de ello, de que no quiere.

En vez de volver la pelota al tejado de ella haciéndole sentir culpable porque coarta su libertad.

¿Ves la diferencia entre cuando alguien te manipula para que no le pongas límites o cuando, simplemente, te dice que no quiere aceptar ese límite?

En el primer caso, tú concluyes que tus límites no están bien y quedas entre la espada y la pared.

En el segundo, sigues siendo libre de cómo responder a esa negativa de tu pareja.

El problema es que hay personas a las que no se les pueden poner límites sin que te culpen, se victimicen o intenten manipularte de alguna forma.

Y, claro, tú aprendes que lo que tienes que hacer es callarte y tragar.

Por ejemplo, recuerdo a una coachee que me contaba que le había dicho a su madre que estaba mal y que se sentía dolida porque ella (la madre) no buscara pasar más tiempo con sus nietos.

A lo que su madre le había respondido “yo sí que estoy mal”.

Esta es otra forma de manipular: cuando dices algo y el otro no es capaz de escuchar lo que te pasa y lo lleva a él, a como está, a lo que le pasa a él, a lo que a él le falta…

Y cuando te encuentras a alguien así, que cuando le dices algo no sientes que te vea, que te entienda o que te escuche porque se va al “peor estoy yo”, también puedes terminar tragándote tus límites para tener la fiesta en paz.

Sin darte cuenta de que es el otro quien está abusando de ti.

Muy bien. Si quieres aprender a expresar tus necesidades y a poner límites sin caer en la culpa, la manipulación o el miedo al rechazo, me encantará acompañarte a ti también. Me lo puedes contar AQUÍ.

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Soy Vanessa Carreño, fundadora de Coaching to Be. Desde 2012 acompaño a mujeres que se sienten inseguras y culpables a menudo y que están demasiado pendientes de agradar a los demás, olvidándose de sí mismas.

Unas eligen trabajar conmigo de forma individual. Otras prefieren hacerlo a su ritmo a través de mis cursos online.

El cómo da igual. Lo importante es que empiezan a valorarse, a pensar en ellas sin sentirse egoístas y a hacerse valer sin sentirse culpables.

4 comentarios

4 comentarios
  1. Carmen 08/01/2026

    Buenas Vanessa,

    y supongo que tambien está quien te “ataca” diciendo que tu tambien lo haces.

    Me refiero a cuando pones limites y pides por ejemplo (siguiendo tu ejemplo) que no cojan el movil si estais viendo una pelicula juntos y te dicen que tu tambien lo haces y siempre estas con el móvil.

    Para mi eso, tambien es no respetar tus limites… es “girar la tortilla”… y hacerte sentir culpable en lugar de responsabilizarse de lo suyo.

    gracias por estos mails…. son muy valiosos.

    un abrazo,

    Carmen

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 09/01/2026

      Sí, Carmen, exacto. También hay un esquivar la responsabilidad y una dificultad para hacerme cargo de lo mío o para recibir una crítica. Porque tú puedes decirme algo y que yo lo escuche, independientemente de que tú también puedas estar haciendo algo que me moleste y en otro momento o más tarde te lo comente.
      Esto que dices es como la típica justificación del que no tiene nada que decir hasta que se lo dices tú y entonces te saca lo tuyo para defenderse y quedar bien.
      Si en ese momento te das cuenta de que a veces sí haces eso, que por ejemplo él coge el móvil 9 de cada 10 veces que cenáis y tú lo coges 1 o 2 de cada 10, pues puedes decir “sí, es cierto, yo también lo hago a veces. ¿Te parece que acordemos que ninguno de los dos lo vuelva a hacer?”. Y listo ;-).
      En realidad es una habilidad que cuando la trabajas ya sale fácil y en cualquier situación, sin necesidad de estar pensando “qué digo si me dicen esto” o “cómo respondo cuando pasa esto”.
      Un abrazo y gracias por comentar,
      Vanessa

      Responder
  2. Gloria 08/01/2026

    Hola Vanessa, pues a mi me dice que de acuerdo, que va a hacer lo posible por cumplirlo y lo hace 1 o 2 días y después de nuevo a las andadas. Y encima, si lo vuelvo a repetir tengo que escuchar “Qué pesada, con una vez basta o no hagas como si fueras mi madre…” y yo contesto que si bastara no sería pesada, pero se enfada aún más y vuelve a repetir que ya me ha escuchado… Y cuando ya exploto entonces de nuevo uno o dos días bien y vuelta a empezar. Así llevo 41 años jajaja con el mismo.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 09/01/2026

      Hola Gloria,
      Sí, otra forma de no asumir la responsabilidad. Te digo que sí, que sí pero después hago lo que me da la gana. Y si me lo vuelves a decir eres una pesada.
      Si te fijas, es la misma actitud que la de un adolescente con su madre. “Sí, sí, pero después ya hago lo que yo quiero, que eres muy pesada”.
      Mira, el poner un límite no se termina cuando lo pones y el otro dice que sí. Porque ese compromiso de palabra ha de llevarse a la práctica real. Y, si no se lleva, entonces lo más lógico es que tú pierdas la confianza en la otra parte en cuanto esto pasa más de dos veces. En cambio, con quien sabes que cumple con sus compromisos, en cuanto te dice que lo va a hacer tú ya te quedas tranquila, ¿a que sí?
      El mérito es que tú seas capaz de sostener esto durante 41 años sin agotarte ni explotar.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder

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