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Cómo responder cuando alguien te ataca

Mujeres reunidas - cómo responder cuando alguien te ataca

Imagínate que alguien se pone a gritarte, a atacarte y a reprocharte o recriminarte algo.

O que te juzga o critica algo que solo tiene que ver contigo y sobre lo que no le has pedido opinión.

Y que intentas decir algo, pero el otro te ignora o te corta y no te deja hablar.

Incluso que la situación se pone tensa porque la persona contraataca. Y tú sientes que no te escucha, que se opone a todo lo que tú dices y que lo único que le importa es quedar por encima, imponer su punto de vista y tener razón.

Y, claro, te sientes frustrada, rabiosa, atacada, incomprendida, impotente, desesperada y sin saber cómo responder.

¿Te lo imaginas? ¿Has vivido alguna situación así?

A veces es porque esa persona está estresada y no está sabiendo gestionar lo que le pasa, y otras veces porque se trata de alguien dañino con quien es difícil entenderse.

Es cualquier caso, y porque son momentos complicados, quiero contarte algunas claves que te ayudarán a responder y a quedarte a gusto con tu respuesta.

Tres ideas que necesitas grabarte a fuego

1.Acepta que te afecte.

Algo que escucho mucho a mis coachees cuando me cuentan una situación como ésta es que no quieren que les afecte. Pero, ¿¿¿cómo no te va a afectar que alguien te ataque o no respete tu opinión??? ¿¿¿Cómo te vas a sentir indiferente en una situación así???

A veces es como que quisiéramos ser robots que ni sienten ni padecen, ¡y eso es imposible!

Las cosas que nos pasan nos generan sentimientos, no podemos quedarnos indiferentes con lo que hace alguien o con cómo nos trata. ¡Necesitamos sentir lo que estamos sintiendo para poder dar una respuesta acorde a eso que sentimos!

En cuanto se produce un encuentro con alguien, por muy fortuito que sea, ya se genera una relación entre esas dos personas y ya es imposible que esa persona sea indiferente para ti. Te puede generar inseguridad, alegría, rabia o cualquier otro sentimiento, pero es imposible que te sea indiferente.

Así que acepta que te remueva, porque eso significa que estás viva y que tienes sangre en las venas. Ni más, ni menos.

2.Lo que sea que respondas, que lo hagas por ti.

No tienes que justificarte ni convencer al otro de nada. ¡No tienes que demostrarle nada a nadie!

Así que tu respuesta no tiene que ir enfocada a quedar por encima o a que el otro vea que no puede torearte o que a ti no te toman el pelo.

El único objetivo de tu respuesta tendría que ser que tú te quedes a gusto contigo misma. Que sientas que cuidas de ti, que te proteges y te defiendes de lo que te hace daño.

Porque cuando entras en la discusión o quieres que el otro se dé cuenta de algo o que entienda tu punto de vista, estás poniendo el foco en el otro. Y te estás olvidando de ti.

Pero que el otro te escuche o te respete no depende de ti. Si acaso tú puedes decir lo que sea respetando su opinión, pero que él también lo haga no depende de ti.

Quien quiere entenderte va a escucharte y a respetarte, y no va a atacarte. Pero es que hay personas que jamás te van a escuchar ni a entender, y con esas es con las que tienes que soltar la necesidad de que eso pase.

Por eso el preguntarte para qué quieres responder, y que la respuesta siempre sea para ti.

3.Se fiel a ti misma, no al otro.

No lo eres cuando algo te duele y te lo callas, cuando no dices lo que piensas, cuando no expresas lo que te molesta, cuando asientes sin estar de acuerdo, cuando haces como que te da lo mismo…

No eres fiel a ti misma cuando permites que el otro ponga en ti maneras de ver las cosas, exigencias o expectativas que son suyas.

Todo esto daña tu autoestima, y ser fiel a ti misma implica cuidar de ella por encima de cualquiera.

Como escuché decir una vez, “si alguien te llama coja, ¿tú eres coja?”.

Pues no, los demás no son quienes te definen, ¡eres tú!

Y cuando tú no te respetas, el otro tampoco va a hacerlo. Porque los demás tan solo son un espejo de lo que tú haces contigo misma.

Dos claves para responder en el momento

1.Confía en lo que estás sintiendo.

Pregúntate cómo te estás sintiendo en ese momento, con ese trato que estás recibiendo. Escúchalo dentro de ti como lo más sagrado que tienes y legitímalo sin dudar de ello ni cuestionarte a ti misma diciéndote que no deberías sentirte así.

Desde ahí, desde escuchar cómo te estás sintiendo, podrás saber qué necesitas hacer en ese momento.

Lo importante no es tanto cuál sea la intención del otro, si de verdad quiere atacarte o si no se está dando cuenta de lo que está haciendo, porque todo esto no lo puedes saber con total seguridad. Lo importante es cómo te sientes tú con ello, y eso es lo que debe guiar tu respuesta.

2.Expresa cómo te estás sintiendo.

Sin alterarte y manteniendo la calma todo lo que puedas, incluso aunque sea la persona más tóxica y agresiva que te has encontrado.

Porque si la intención del otro no era mala, no habrás necesito atacarle o perder los nervios, ni añadir más tensión a la situación.

Y porque, aunque su intención sea mala, tampoco necesitas atacarle para defenderte.

De hecho, cuanto más nos alteramos en una situación de este tipo, más señal de miedo e inseguridad es.

Entonces siempre es mucho más útil respirar profundo, mantener la calma y no dejarte contagiar por el otro (si el otro esta alterado es cosa suya, no tiene nada que ver contigo).

Y simplemente decir cómo te estás sintiendo con eso que está haciendo. Por ejemplo, “me siento poco respetada cuando me hablas así, y eso me molesta” o “me siento dolida cuando me tratas así”.

Nada de decirle al otro lo que está haciendo mal o lo que tiene que hacer, tipo “no me hables así”, porque con eso puede sentirse juzgado y contraatacar. Sino hablar de ti y de cómo tú te sientes, que es lo que nadie puede poner en duda.

Piensa que cuando alguien te ataca o te menosprecia y tú te callas lo que sientes, es como si te echara mierda encima y tú dejaras que esa mierda se quedara contigo. Por eso, para que vuelva al otro y tú te liberes, necesitas decirle cómo te estás sintiendo.

Por ejemplo, “cuando me hablas así me siento atacada, y me gustaría que respetes mi decisión”.

Y sí, para esto hace falta que te atrevas a mostrarte vulnerable y a dejar ver que algo te hace daño. El problema es que para algunas personas esto es como quedarse desnudas ante el otro o como si se pusieran por debajo, y por eso prefieren contratacar y defenderse. Pero de esa forma es imposible que el otro conecte con cómo se están sintiendo.

De verdad, me parece imposible que si le dices a alguien que algo te está doliendo, y es una persona empática y respetuosa, no vaya a conectar con cómo te sientes.

Y con el resto, con los que no son así, te va a dar igual hagas lo que hagas, pero al menos sentirás que te estás expresando y protegiendo, por ti y para ti.

(¡Ah! Si te das cuenta de que el otro está demasiado alterado y no te deja hablar ni decirle cómo te sientes, pídele algo que le saque de la explosión emocional y le traiga al momento presente, por ejemplo que hable más despacio).

Piensa en esto cuando haya pasado la tormenta

A veces, cuando no sabemos responder a un ataque, tiene que ver con que no tenemos herramientas para hacerlo. Otras veces tiene que ver con nuestras creencias y nuestros roles aprendidos. Y otras con la persona a la que tenemos delante. Por eso es importante que reflexiones sobre estos tres puntos, pero no en el momento, sino cuando ya haya pasado la tormenta.

1.Conócete y reconoce cuánto de eso que se te está moviendo es tuyo.

Por ejemplo, puede ser que en tu historia te hayas sentido muy juzgada y atacada, y que cuando alguien te habla así eso te conecte con aquella herida, sientas que esta persona te está rechazando y te bloquees.

O puede ser que, si de niña te cuestionaron mucho y no te sentiste entendida, conectes con aquella misma impotencia, con aquel miedo y aquella rabia, pero te lo sigas guardando para dentro y no seas capaz de expresarlo.

O puede ser que aprendieras que la única manera de que te vieran era explotar y enfadarte mucho, y lo sigas haciendo a día de hoy.

O, como me decía una coachee, “de pequeña me mandaban callar diciéndome que lo que yo decía no era válido. Era algo que me enfadaba y me frustraba mucho. Todavía hoy cuando me pasa me siento impotente y me pongo a la defensiva”.

El miedo a que el otro no te quiera, a no gustarle, a que le parezca mal, a no tener la respuesta perfecta… ¿con qué conectas cuando alguien te ataca y no sabes cómo responder?

Por ejemplo, en mi caso, de pequeña no aprendí a defenderme. Más bien me enseñaron a callarme y a ser sumisa. Así que, al no haberme legitimado el enfado, aprendí a llorar como una manera de liberar la sensación de impotencia cuando me sentía atacada (cuando lo que en realidad necesitaba era protestar y soltar la rabia que estaba sintiendo).

O, como me decía otra coachee, “cuando esta persona me trata así me quedo callada para no sentirme culpable después, porque así es como me siento cuando marco un límite y lo cumplo, como si no tuviera derecho a ponerlo”.

Y, en tu caso, ¿para qué te callas cuando te atacan? ¿Para qué no te defiendes?

2.Entiende, en la medida de lo posible, y sobre todo cuando ya conoces a esa persona, cuánto de eso que hace tiene que ver con cómo es, cómo piensa y cómo se expresa.

Una persona segura de sí misma no va a atacarte ni a imponerte su opinión, esto que te quede claro.

Pero también es cierto que cuando una persona se siente en peligro en una situación, y esto vale para ti y para el otro, y si además no tiene una buena gestión emocional, responderá atacándote o huyendo. Esto es fácil verlo desde fuera, y más cuando te dedicas a ello, pero tú también puedes aprender a reconocerlo.

Por eso, pasada la tormenta, pregúntate si es que esa persona se estaba sintiendo juzgada, si tiene miedo a lo que pienses de ella, si necesita tener la razón para sentirse válida, si necesita controlar a los demás, si no se da cuenta de que sus comentarios hacen daño, si tiene una carga emocional muy grande que no está sabiendo gestionar, si tiene miedo a no hacerlo bien…

O si es que es una persona tóxica de esas que no saben escuchar, que solo quieren tener razón, que les da igual lo que pienses o como te estés sintiendo, que no tienen empatía, que están cerradas a otros puntos de vista, que son inmaduras, egoístas e incapaces de conectar con tus necesidades, que tienen mucho ego, que solo valoran su opinión y que quieren ganar cueste lo que cueste…

Personas que quieren dominarte y controlar lo que haces, porque así es como se sienten valiosas. Y que, cuando no lo consiguen, intentan manipularte dándole la vuelta a la tortilla y diciéndote algo para hacerte sentir culpable.

Personas que no quieren buscar un entendimiento ni un acercamiento. Que, por su forma de ser, por sus creencias limitantes o por sus miedos, lo que buscan es el enfrentamiento y obligarte a que les des la razón.

Si la persona que tienes delante es así, lo mejor es que pases. Que no discutas ni intentes que esa persona entienda tu punto de vista, porque no va a hacerlo. No está en ese punto y no lo va a estar por más que tú te empeñes.

Puedes darle la razón como a los tontos, cambiar de tema o marcharte y dejarle con la palabra en la boca, lo que sea que sientas que quieres hacer en ese momento, pero no intentes dialogar con alguien así ni te lo tomes como algo personal, porque no tiene nada que ver contigo.

Por eso es muy distinto que te des cuenta de que esa persona se sintió herida por algo y desde ahí necesitó defenderse, a que te des cuenta de que es alguien que te ataca para sentirse superior (al primero sí le ayudará que le digas cómo te estás sintiendo, pero al segundo le va a dar lo mismo).

Y, ojo, que tú te pongas en el lugar del otro para comprender por qué se comporta así o con qué herida conectó, no significa que lo permitas o lo justifiques.

Por ejemplo, tú puedes entender que si esa persona es tan dura y exigente contigo seguramente también lo sea consigo mismo, pero eso no significa que tengas que permitir que alguien te exija o te trate mal, ni justifica de ninguna manera que te trate así.

Así que cuidado con llevar el deseo de ponerte en el lugar de los demás a un punto en el que lo justifiques todo.

3.Piensa cómo habría respondido en esa situación alguien que se valore a sí mismo.

¿Qué diría alguien que sabe que no tiene que demostrar nada ni convencer de nada al otro?

Pues seguramente daría una respuesta corta y sencilla, sin pensarlo demasiado ni darle demasiada importancia.

Porque cuando necesitas explicar mucho y hay mucha verborrea en tu respuesta, sin duda es porque necesitas que el otro te valide en algo.

¿Cómo lo haría alguien que no busca su valoración fuera?

Y te pongo varios ejemplos:

Imagínate que preguntas algo y el otro te ignora. ¿Cómo pones un límite ahí? Pues tan sencillo como “disculpa, te estaba preguntando esto”.

O si explicas por qué no has terminado una tarea y el otro te responde “oye, pues a mí no me parece que tengas tanto trabajo”. ¿Qué le dirías? ¿Y si simplemente dijeras “pues sí que lo tengo”?

O si tu suegra te dice “yo a mis hijos jamás les dejé hacer eso”, ¿qué le responderías? ¿Qué tal algo como “y está muy bien si pensabas que eso era lo mejor para ellos”?

O si mientras estás haciendo algo el otro te dice “las he visto más espabiladas”. ¿Cómo responderías a este ataque? ¿Qué te parece algo como “sí, es posible”?

O si alguien te dice “tú lo que tienes que hacer es dejarte de tanta tontería y ponerte a hacer algo serio”. ¿Y si te quedaras tan ancha con un “muy bien”?

O si esa persona tiene una opinión diferente y quiere convencerte, tal vez solo le digas “yo no lo veo así, pero respeto tu opinión”.

O, si alguien te acusa de algo con un “fíjate lo que ha pasado, la culpa de esto es tuya”, puede ser que le digas “sí, me he equivocado. Tengo derecho a equivocarme”. Sin más.

Y así puedes pensarlo a posteriori con cualquier situación tensa que hayas vivido. Porque en el momento es posible que no se te ocurra nada, y decir cómo te sientes puede ser una buena salida. Pero después es más fácil que encuentres una respuesta sencilla con la que sientas que te valoras y que te quedas a gusto. Como si le tienes que decir “si en algún momento quiero saber tu opinión, yo misma te la pediré” o “no te consiento que me hables así”.

A más practiques y pienses lo que habrías dicho, más fácil será que para la próxima te salga en el momento.

Que te quede claro que si alguien te ataca y tú lo permites, si ni siquiera le dices cómo te estás sintiendo y te lo callas, es muy posible que ese ataque se termine repitiendo.

Y si quieres profundizar en este tema, aquí tienes mi guía gratuita más solicitada: Como Defenderte cuando Alguien Traspasa Tus Límites.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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8 comentarios

8 comentarios
  1. Maria Eugenia 28/04/2022

    Hola Vanessa. Parece que siempre llegas en el momento preciso.
    Mi duda es cuándo estás criada con la idea no molestes, no des problemas y no sabes responder con rapidez, y mí tiempo ya pasó.
    Es como si te dirán una bofetada y quedo en blanco.
    Al rato me causa mucha frustración y rabia. ¿Cómo puedo aprender a contestar en el instante?
    El miedo es no medir y ser como un elefante en una cacharreria.
    Como siempre es revelador todo lo que escribes. Mil gracias.
    Eugenia

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 13/05/2022

      Hola Eugenia,
      Creo que la clave para poder contestar en el instante es que te sientas tan valiosa si contestas como si no.
      Y también sanar esas heridas, sacar esa rabia y esa frustración ante los ataques externos que has recibido, legitimarte en lo que sientes y en que está bien como eres… Y todo lo demás que te esté impidiendo conectar contigo misma y con tu respeto y tu merecimiento. Desde ahí, desde esa calma interior, es mucho fácil contestar y quedarte a gusto :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  2. Teresa 28/04/2022

    Hola Vanessa, tengo 65 años y en mi época de juventud y niñez me criaron con temor, represión. Lo que me ha hecho siempre ser una persona que no preguntaba en el colegio nada que no entendiera por miedo al rídiculo. Aún hoy en día, no lo hago, me da miedo preguntar cosas que no entiendo para tener que explicarme, me pone muy nerviosa y he tenido que dejar un curso de inglés por ese motivo, bueno y porque no me daba la cabeza para más. En fin! Que es muy complicado responder a ciertas personas con acierto, encontrar las palabras justas para defenderte, aunque ya con mi edad me importa muy poco o nada lo que piensen de mi, es más soy de las mujeres que tienen pocas amigas y prefiero estar sola que con personas que no entiendo ni me entienden. Gracias por tus consejos, son buenísimos!

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 13/05/2022

      Hola Teresa,
      Muchas gracias por compartir, comprendo lo que dices, el dolor de aquello y las consecuencias que nombras. Cuando has recibido mucho juicio y mucho cuestionamiento no hay una base en la que se pueda asentar tu autovaloración. No puedes pensar bien de ti si nadie te enseñó a hacerlo, sino más bien todo lo contrario.
      Creo que es algo que se puede cambiar a cualquier edad. Que si tú estás bien sola, estupendo. Pero a veces lo que nos pasa es que nos da tanto miedo el rechazo o nos han hecho tanto daño que nos aislamos en nuestra burbuja, para no volver a pasar por aquello (hablé de eso en este post). Y, si fuera eso, creo que te mereces sentirte libre y disfrutar de la vida :-).
      Por mi parte encantada de ayudarte si quieres que trabajemos juntas, éste es el formulario para tener una sesión de valoración.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  3. Laura 28/04/2022

    Hola Vanessa,

    Maravilloso tu post, como siempre. Al final lo mas sencillo es lo mas efectivo, pero a veces lo que mas nos cuesta a los que pensamos que tenemos que justificar cada uno de nuestros actos.
    A trabajar en ello!!
    Saludos,

    Laura

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 13/05/2022

      Muchas gracias, Laura. ¿Quién ha dicho que tienes que justificar cada uno de tus actos? Suena a un mandato externo, a un aprendizaje o a algo que tú te exiges. Suena más hacia afuera que hacia dentro, para los demás que para ti, y lo importante es lo que tú decides sobre ti :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  4. Anai 29/04/2022

    Cada post que escribes llega directo al corazón, ¡eres fabulosa! Leí este con mucha atención, solo que no logro encontrar cómo aplicarlo con mis vecinos que están día y noche peleando, ocasionando mucho ruido y molestia por escucharlos. A final de cuentas que están en su casa y el edificio tiene paredes muy delgadas pero por más que intento ocuparme en otra cosa, siempre termino escuchándolos y sintiéndome muy a disgusto. ¿Algún tip? Mil gracias y besos Vanessa

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 13/05/2022

      Hola Anai,
      Mil gracias por tus palabras.
      Pues ellos están en su casa, pero entiendo que eso no les da derecho a cualquier cosa. Y tú también estás en la tuya.
      Creo que no es tanto si lo están haciendo bien o mal, sino cómo tú te estás sintiendo y que puedas expresarlo ante ellos. Que ellos te respeten no depende de ti, que tú te respetes sí.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder

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