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Si respondes mal a un ataque, ¿pierdes tu parte de razón?

Mujer enfadada - si respondes mal a un ataque pierdes tu parte de razón

Si alguien te insulta y tú reaccionas gritando, ¿sientes como que perdieras tu parte de razón? ¿Te culpas por haber respondido mal y es como si ya no pudieras quejarte de que el otro te había insultado?

Te pongo este ejemplo porque me encuentro a muchas mujeres que justifican lo que hace el otro y cómo las trata, porque “es que yo también me enfado y le digo de todo”.

Como si el hecho de que su respuesta no sea calmada y asertiva, las convirtiera a ellas en absolutas culpables de la escena y le eximiera a él (digo él, porque suele ser su pareja) de toda responsabilidad.

¿Te ha pasado esto alguna vez?

Si es así, mucho ojo, porque estamos hablando de cómo respondes a una agresión y, por muy mal que tú respondas, la agresión sigue estando ahí. No desaparece ni se borra porque te pongas hecha una furia.

Por ejemplo, supongamos que tu pareja se enfada por algo que has dicho y que a él le parece mal. Y te grita y te dice que eres imbécil o que eres tonta, y que vaya ideas tan estúpidas que tienes.

A ti te molestan sus palabras, te hacen daño. Te sientes humillada y tratada injustamente, pierdes el control y le insultas o dices algo que no piensas.

Y él te echa la culpa de la discusión a ti porque has gritado y te has puesto hecha una furia.

Y te dice que era una broma, que eres demasiado sensible, o que lo todo lo sacas de quicio.

Y tú te sientes avergonzada y culpable por haber reaccionado así.

Es decir, el otro te culpa y tú te culpas.

Y te empiezas a contar que el problema lo tienes tú porque saltas muy fácil, que tienes poca paciencia y que te afecta todo demasiado.

Si no me hubiera enfadado, si no me hubiera alterado, si me hubiera quedado callada, si me parara a pensar antes de explotar de mala manera…

¿Te suena esto?

Te lo digo como me lo contaba una coachee: “cuando grito me quedo con la sensación de que la que lo ha hecho mal soy yo, que pierdo la razón por gritar”.

Pues no. No pierdes la razón por gritar. ¡El abuso del otro no se borra porque tú grites!
Vale que puede haber mejores maneras de responder a un abuso, ¡pero lo importante y en lo que tienes que poner el foco es en que eso es un abuso!

¡Que el otro te agreda y tú respondas mal no hace que la agresión desaparezca!

Puede que necesites cambiar tu manera de responder, pero no necesitas cambiar cómo te sientes ante esa agresión (dolida, frustrada, rabiosa o lo que sea).

Y no es que porque tú te hayas puesto como una loca la culpa de la agresión ya sea de los dos. ¡Nooo!

Que tú te pongas como te pongas no cambia en nada lo que hace el otro. ¡Eso sigue estando ahí por mucho que tú quieras justificarlo, engañarte o culparte a ti misma!

Y tienes todo el derecho a sentir rabia cuando alguien te critica, te menosprecia o te trata mal. ¡Está perfecto y es justo lo que necesitas sentir!.

¡¡¡En cualquier situación de abuso necesitas sentir rabia!!! Si sientes que alguien te ataca donde más te duele, ¡¡¡necesitas sentir rabia!!!

Por supuesto que se puede responder de muchas formas, pero hay situaciones y personas que nos llevan al límite, porque además sentimos que con sus palabras nos intentan hacer daño. Y que en ese momento no tengas la capacidad de gestionar lo que te está pasando y responder desde la calma no dice nada malo de ti. Que tienes áreas de mejora en tu comunicación, seguro. Como todos, pero tú no has sido quien ha criticado, menospreciado o tratado mal al otro.

¿Te enteras? Por favor grábate esto, ¡tú no has sido quien ha criticado, menospreciado o tratado mal al otro!

Es como si alguien me roba en la calle y yo para defenderme le doy un golpe en el estómago. ¿Acaso me dirías que mi respuesta libera al otro de haber intentado robarme?

Pues no, por supuesto que no.

O te culpa el otro, o directamente culpas tú

Y eso de culparte puede ser que lo haga el otro y que tú te tragues esa culpa, o puede ser que directamente seas tú quien se culpa por haber respondido así.

1. Pongamos que lo hace el otro, que con sus palabras o con sus gestos te castiga por tu reacción.

Por ejemplo, le dices a tu pareja algo que ha hecho y que te ha molestado. Y te dice que a él también le molestan otras cosas.

¿Te das cuenta de qué manera tan estupenda se quita el marrón y te carga a ti con la responsabilidad? ¿Es que acaso que al otro le molesten otras cosas hace que a ti ya no te pueda molestar eso que le estás diciendo?

Pues no, nada puede borrar eso que a ti te está molestando en ese momento. Y por supuesto que no te tienes que aguantar porque al otro le molesten otras cosas. “Ahora estamos hablando de esto, y en otro momento podemos hablar de lo que te molesta a ti”. Punto.

Otro ejemplo, real como todos los que te estoy poniendo. Resulta que tu pareja te critica por cómo has hecho algo y te dice que tendrías que haberlo hecho de otra forma. Tú te sientes atacada y cuestionada, pierdes los papeles y le dices que lo hubiera hecho él.

Él te dice que la culpa es tuya por haber reaccionado así, y tú piensas que tal vez tiene razón, que tendrías que ser más flexible y no tomártelo tan a pecho.

¿Perdonaaaa? ¿O sea que me criticas y me humillas y después resulta que lo importante no es lo que tú me has dicho sino como me he puesto yo? ¿Que tú no lo decías con esa intención y que el problema lo tengo yo por cómo me tomo las cosas?

Por favor, ojo con esas personas que te sueltan una barbaridad, te enfadas y después te ridiculizan diciendo que eres una exagerada, que todo te lo tomas a mal y que no se te puede decir nada.

En ningún caso, entérate bien, en ningún caso tu respuesta borra lo que sea que haya hecho o dicho el otro. ¡¡No lo borra!! Tú eres responsable de lo tuyo, pero nunca puedes serlo de lo del otro.

Por más que tú hagas algo bien, mal o regular, él elige su respuesta. Igual que por más que el haga o diga, tú puedes elegir tu respuesta.

2. Vale, segunda opción. Pongamos que el otro no te dice nada y que la que se culpa y se critica eres tú.

Por ejemplo, “mi pareja me habla mal a menudo, yo termino desquiciada, y su manera de solucionarlo es que se va. Y después yo me siento culpable por haber respondido así y que se haya ido”.

Vale, pues si el otro se va, también es una manera de hacerte sentir culpable. Pero eres tú quien asume esa culpa y no distingue que sigue siendo responsabilidad suya el haberte hablado mal.

O si tu pareja te dice que ooootra vez que has vuelto a hacer algo mal, tú resoplas y él se enfada por tu gesto y te grita y se va dando un portazo… Y empiezas a pensar que no tendrías que haberte puesto así, que no tendría que afectarte tanto lo que te dice el otro. Y otra vez que vuelves la culpa hacia ti y te cuentas que el problema lo tienes tú, ignorando que tu respuesta, más o menos asertiva, ha sido a un ataque que el otro ha hecho.

¿Para qué te sirve culparte?

Si te sientes identificada con lo que cuento quiero preguntarte algo: ¿Para qué te echas la culpa? ¿De qué te sirve sentirte culpable?

En cualquier caso, culparte y criticarte a ti misma tiene sus beneficios, aunque sean inconscientes.

Por ejemplo, puede ser que te sirva para no tener que hacer responsable al otro de lo suyo, para justificarle y para seguir sosteniendo una situación que no quieres soltar. Claro, intento cambiarme yo en vez de ver lo que hace el otro y cómo me hace sentir (o, que también puede ser, intento que cambie el otro en vez de aceptar lo que hace y escuchar como eso me hace sentir). Y así, al menos, sigo enganchada.

O puede que tenga que ver con haber recibido mucha culpa y mucho castigo en tu historia de vida, hasta el punto de que crees que te mereces ese trato y que no puedes defenderte.

Incluso puede ser que te enfades para equilibrar la balanza, tener algo de lo que acusarte y así poder perdonar al otro. “Claro, si no me reaccionara mal no tendría excusa para volverle a perdonar, así que reaccionar mal me sirve para seguir sosteniendo la toxicidad de la relación“.

Sea lo que sea, no dudes de que culparte y criticarte a ti misma te está sirviendo para algo, porque si no, si no te sirviera para nada y conectaras con la compasión a ti misma, dejarías de hacerlo.

Te desgasta porque cargas con lo que no es tuyo

Cualquier situación de este tipo, en la que quieres controlar lo que sientes para responder de otra forma “que no te dé tantos problemas”, y justificas al otro y te cargas tú con toda la responsabilidad, desgasta, y mucho.

Te desgasta por muchos motivos, pero sobre todo porque te genera mucho ruido mental y mucha inseguridad (ya no sabes si es el otro o eres tú) y porque hace que te cargues con una responsabilidad que no es tuya.

Es decir, cada uno es responsable de lo suyo, pero tú te cargas con lo de los dos.

Por ejemplo, si tu pareja te castiga por algo que no le ha gustado ignorándote, y tú te llenas de rabia y le hablas mal y termináis discutiendo, la responsable de hablarle mal eres tú.

Pero el responsable de ignorarte, de haber querido castigarte con el silencio, es él. ¡Y eso es una forma de maltrato y menosprecio de la que en ningún caso serás responsable por muy gritona o irascible que seas!

En cualquier relación hay una parte de uno y otra de otro. Cada uno tiene su parte de responsabilidad, y el problema empieza cuando te cuentas que todo es tuyo y no reconoces lo que es del otro. Ahí es cuando caemos en relaciones manipuladoras, porque nos tragamos que el problema solo es nuestro.

Y no. Tu responsabilidad es hacerte cargo de lo tuyo, pero no de lo del otro.

Así que si el otro, para desviar la atención del tema, te acusa de haber perdido la calma, eres tú quien ha de separar lo de cada uno.

“Pues sí, he perdido la calma. Y después si quieres hablamos de eso, pero ahora estamos hablando de lo que me dijiste, de que me sentí juzgada y de que no quiero que me hables así”.

Recuerda que tienes todo el derecho del mundo a sentirte como te has sentido, pero no lo tienes a escupirlo sobre el otro. Que eres tú quien ha de aprender a gestionar esas emociones y a escuchar lo que está pasando ahí debajo.

Ya sea que en ese momento conectas con una rabia, con una sensación de indefensión o de injusticia que tienen que ver con tu historia… Ya sea que te está tocando una herida que no has sanado… Ya sea que estás tragando mucho, que cedes y aguantas mucho, y de vez en cuando explotas… Ya sea que no has aprendido a responder y expresarte desde la calma…

De lo que sea, has de encargarte tú, pero en ningún caso has de encargarte o responsabilizarte de lo que es del otro (si quieres entender un poco mejor lo que te pasa, en esta página puedes descargarte la guía gratuita Lo Que Necesitas Saber Cuando No Estás Bien Con Tu Pareja).

Recuerda, tu manera de responder a un ataque en ningún caso cambia lo que sea que te ha molestado. Ni lo borra, ni lo elimina, ni hace que sea menos grave.

Y no tienes que culparte por lo tuyo, tan solo hacerte responsable. Igual que el otro ha de hacerse responsable de lo suyo y no echarte la culpas a ti.

¿Qué me dices? Si te has sentido identificada con lo que he contado me encantará que me cuentes tu experiencia en los comentarios aquí debajo.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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16 comentarios

16 comentarios
  1. Ana 04/11/2021

    Me ha encantado el post. Es muy bueno y útil. Hay una cosa aún que decir desde mi punto de vista: las emociones son saludables, buenas, sagradas, y se merecen salir y expresarse en su plenitud.
    Esto no lo entiende la sociedad actual, en la que, en realidad y en la práctica se enseña a “gestionarlas”, lo cual significa tragártelas y dejarlas en tus tuberías interiores, y hablar y actuar con una supuesta “serenidad” que es “asertividad”.
    Primero, la asertividad es racional, implica usar las palabras adecuadas para expresar con claridad lo que siento y cómo me siento, nada que ver con la emoción. Segundo, si yo obligo, que es lo que se hace en la ética, educación o moral social, a que la persona que esté enfadada actúe como si no tuviera esa emoción sino con una serenidad igual al que pasa por allí y no se ha enterado de nada, lo que hago no es gestionar sino CASTRAR, ANULAR, IMPOSIBILITAR, AMORDAZAR Y DESTRUIR las emociones, no canalizarlas.
    Si yo me cabreo me cabreo, y alzó la voz y hablo rápidamente y lloro y me muevo con ímpetu. Eso es la emoción, y tiene todo el derecho a salir. No es condenable. No es un pecado ni un defecto ni una falta de decoro ni una falta de educación. Eso es lo que esta sociedad a la que le interesa crear autómatas que ni sientan ni padezcan nos ha inculcado, porque la emoción es fuente de la voluntad de las personas, de su propia individualidad, de su capacidad para defenderse, proteger su autonomía y desarrollarse como persona crítica en su individualidad.
    Si tú me robas o me agredes… ¡¡¡Cómo no voy a tener derecho a soltar la ira si la siento, si necesito gritar o indignarme contigo!!. ¿Qué se supone que debo hacer? ¿Callar y actuar con serenidad e ir a la policía como el que va a comprar tabaco y denunciarlo con cara de póquer?. Eso es lo que en la práctica nos dice esta sociedad racionalista y materialista, para la que todo es contable y medible y nosotros somos cosas como las demás. Pues NO. NO PORQUE HACER ESO NO ES GESTIONAR LA EMOCIÓN, ES ANIQUILARLA, NEGARLA Y ANULARLA. Y ESA ES UNA GRAVISIMA LACRA DE ESTA SOCIEDAD que se dice CIVILIZADA cuando en realidad es PSICOPATICA.
    Cuántas veces hemos oído eso de que “al perder las formas, pierdes la razón”. Y cuanta gente lo considera así.
    Esto hace mucho daño a las personas que como yo hemos sufrido maltrato y nos sentimos culpables por todo. La culpa te mata porque al haber culpa tiene que haber castigo, y por tanto tú no te permites ser feliz ni disfrutar de la vida porque crees que debes pagar por lo que has hecho.
    Todos

    Responder
    • Ana 04/11/2021

      Pues yo no puedo estar más en desacuerdo con este post. Mi ex pareja cuando se enfadaba gritaba, gritaba muchísimo y golpeaba cosas para exteriorizar su rabia.
      En una discusión ante cosas en las que podíamos discrepar, él acababa las discusiones por los gritos. Ante su actitud yo me llenaba de indefensión y de miedo, claro, y acababa callada, esperando a que se le pasara la rabia y así intentar poder hablar desde la calma más tarde. Pero eso no era posible nunca porque al mínimo intento de volver a hablar del tema o aclarar la situación volvía a adoptar la misma actitud con gritos y sintiéndose ofendido. Me culpaba a mí de que su reacción era consecuencia de mis actos o mis maneras o mis formas o de lo que fuera. Al final lo que yo hacía en esos casos era ponerme a salvo y huir de ahí.
      Así que no creo que todo valga, no creo que expresar la ira y el enfado a toda costa y como te salga en cada momento sea bueno para nadie y lo más recomendable.

      Responder
      • Vanessa Carreño Andrés 05/11/2021

        Hola Ana,
        Siento que hayas recibido así el post. Tal y como lo cuentas yo diría que el post es para ti y que el agresor era tu ex pareja. Me refiero a que el post es para quien se siente impotente ante los ataques del otro y no sabe cómo gestionar la situación, y lo hace lo mejor que puede o que sabe en ese momento. Tu ex pareja era quien te culpaba y con quien no se podía hablar y tú eras la que se sentía indefensa. El post es para que si en algún momento respondiste a sus ataques con un grito o con un insulto, te des cuenta de que eso no borra lo que ha hecho el otro y que tu respuesta no hace que pierdas la razón. Pero en ningún momento he pretendido justificar el expresar la ira y el enfado a toda costa y sin ningún límite.
        Un abrazo,
        Vanessa

        Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 05/11/2021

      Hola Ana,
      Muchas gracias por compartir tu experiencia y tu opinión. Creo que sí se puede expresar cómo nos sentimos sin dejarnos llevar por la emoción. Mi intención con el post era que las personas que se sienten culpables por explotar cuando reciben un ataque, y desde ahí se olvidan de lo que las ha hecho sentir así, se dieran cuenta de que su manera de reaccionar no borra lo que ha hecho el otro. Pero desde luego que creo que podemos aprender a expresar el dolor desde el respeto y la asertividad. Habrá personas con las que eso no funcione, por supuesto, pero ese es un indicador muy claro de la persona que tenemos delante.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  2. Laura 04/11/2021

    A mí eso me ha pasado muchas veces, acabar dándole la vuelta a la tortilla y sentirme indefensa por “no saber gestionar la situación”. También porque en mi familia es algo habitual poner el foco en “no contestar mal”. Pero me parece muy interesante reflexionar sobre qué beneficio inconsciente buscamos. Me lo preguntaré. Muchas gracias Vanessa ❤

    Responder
    • Mila 04/11/2021

      Vanessa, totalmente identificada.
      Llevo así sufriendo 20 años y pensaba que la culpa es mía, y después hace pagar con la indiferencia durante días y días, incluido a sus propios hijos.
      Muchas gracias por este maravilloso post, un abrazo.

      Responder
      • Vanessa Carreño Andrés 05/11/2021

        Muchas gracias, Mila. Me alegro de que el post te haya servido, espero que lo tengas muy presente en tu camino.
        Un abrazo,
        Vanessa

        Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 05/11/2021

      Gracias a ti, bonita. Me alegro de que el post te haya servido.
      Un beso grande,
      Vanessa

      Responder
  3. María 04/11/2021

    Buenos días,
    Me ha gustado mucho este post y la verdad me hace sentir muy identificada.
    En mi caso se me transmitió que expresar enfado o rabia no era bueno, que era una exagerada, que vaya carácter tenía, que le daba muchas vueltas a todo…nunca se me enseñó a gestionar mis emociones ni se validaba mi manera de sentir.
    Esto me llevó a tragar y tragar, no mostrar nunca mala cara, dar todo a los demás, anularme a mi y a explotar en el momento menos adecuado. Esto me sigue pasando y cuando respondo a algo que no me gusta la respuesta sigue siendo que entro al trapo por todo, que me lo tomo a mal, que son bromas… y al final me acabo sintiendo culpable, como relatas.
    Ahora me doy cuenta de que no era sano para mi ni para mis relaciones, y estoy trabajando en ello. Un saludo.

    Responder
    • Isabella 04/11/2021

      Wow! Tu post me ha recordado muchas cosas de mi relacion pasada.

      Estuve con una persona que siempre me criticaba, me juzgaba y hasta me ignoraba para “castigarme”, y cuando yo llegaba a mi limite y explotaba y el decidía terminar la relacion para hacerme sentir aún mas culpable. Sentía tanta impotencia que hasta el dia de hoy agradezco haber salido de ahi, tengo que aceptar que aún recuerdo muchos episodios como ese y me da rabia de momento. Pero la verdad es que la paz que siento ahora no la comparo con nada!

      Responder
      • Vanessa Carreño Andrés 05/11/2021

        Hola Isabella,
        Si ha pasado el tiempo y aún recuerdas episodios y conectas con la rabia, tal vez necesites hacer un proceso de perdón. A ti en primer lugar, a la Isabella, que eras en ese momento, pero también al otro, por todo lo que te enseñó y lo que creciste con esa experiencia, aunque fuera muy dolorosa.
        Un abrazo,
        Vanessa

        Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 05/11/2021

      Hola María,
      Sí, esa culpa viene muchas veces de aprendizajes como los que cuentas, de que nos hayan enseñado a tragar y no nos hayan legitimado el derecho a enfadarnos. Así que me alegro de que estés en ese camino de permitirte sentir lo que sientes y expresarlo, que no tiene por que ser agrediendo al otro.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  4. Alicia 04/11/2021

    Lo mejor es que, normalmente, la otra parte (la parte agresora, no se nos olvide) pretende que te disculpes. El caso es darle la vuelta a la situación para que la víctima parezca verdugo, y el verdugo, víctima. Así me rebajé yo durante años, hasta que logré cambiar el chip y ponerme en mi sitio.

    Magnífica publicación, como siempre. 🙂

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 05/11/2021

      Qué bien, Alicia. Me alegro mucho de que ya hayas salido de ahí y te hayas puesto en tu sitio. Felicidades, muchas gracias por compartirlo.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  5. María 05/11/2021

    Describe a la perfección la relación que mantengo con un familar en la convivencia, y además cada vez que intento aclarar una situación o decirle que no me gusta cómo me trata alude a que yo tampoco le trato bién refiriendose a cuando termino explotando y discutiendo precisamente por sus malas formas cuando consigue sacarme de quicio. No acepta otros puntos de vista ni opinión, siento que él puede protestar por todo y decir lo que quiera y a la mínima que yo digo ya se ofende y tengo que medir mucho pero no puedo hacer las cosas a su manera. Ya estoy buscando forma de alejarme y de momento puede que tarde porque la situación en la que me encuentro es algo complicada pero es la mejor solución que encuentro, es lo mejor para mí.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 05/11/2021

      Hola María,
      Sí, esto también puede pasar con un familiar, y muchas veces cuesta romper el vínculo. Pero si esa persona te está maltratando y haciendo daño, la primera que ha de cuidarse eres tú. Da igual quien sea, nadie tiene derecho a tratarte así.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder

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