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SÍ, ¡LA NECESITO!

Cómo decir que no sin sentirte culpable

Mujer diciendo que no y sonriendo

¿Sabes que tienes derecho a decir que no, pero a pesar de eso te cuesta mucho hacerlo porque después te sientes culpable?

Te lo pregunto porque hace unos días, en una sesión, una coachee me decía esto: “prefiero callarme y decir que sí, pero no es porque no me atreva a decir que no, sino porque después no soporto sentirme culpable pensando en si le habrá parecido mal”.

Si esto te suena quiero contarte algo importante: pensamos que para decir que no sólo hay que atreverse, saber cómo decirlo y hacerlo. Pero no, porque en la mayoría de los casos el problema no está en el propio acto de decir que no, sino en lo que necesitas sentir y creer para poder decirlo tranquila y con cero culpa.

Cuando no te sientes cómoda con algo que hace alguien, cuando no te gusta cómo te trata, cuando sabes que no quieres eso para ti, cuando quieres decir que no a algo que te han pedido…, tener mil técnicas asertivas no te va a servir de nada si antes no te has trabajado el desde dónde tú te valoras (desde ti o desde los demás) y lo que crees de ti misma.

Si no sientes de verdad y con total seguridad que estás en todo tu derecho y que eres igual de valiosa y de maravillosa tanto si esa persona te aprueba como si no…

Si no sientes que ya eres suficiente y que lo que vales depende de ti, no de lo que el otro piense de ti, ni de te quiera, ni de que hable bien de ti, ni de que hagas lo que te pide o de que le parezca bien, mal o regular que le digas que no…

Si no tienes claro como el agua que no tienes que demostrarle nada a nadie y que te mereces darte lo que quieres en cada momento, y a quien le guste bien, y a quien no, a tomar vientos…

Esto sí es la base para que seas capaz de poner un límite o decir que no sin sentir culpable, mucho más que tener cuatrocientas técnicas asertivas y doscientas fórmulas para decir que no.

Porque si tú no te estás dando ese amor a ti misma y lo vas buscando en los demás, es imposible que te sientas bien poniendo un límite o diciéndole que no a alguien.

Porque si tú has aprendido a sentirte valiosa complaciendo a los demás y diciendo a todo que sí (falsa autoestima), va a dar igual que razones y que comprendas con la mente que tienes derecho a decir que no. Al revés, te sentirás todavía peor porque debajo de ti se despertará esa niña abandonada con mucho miedo a que no la quieran.

Por eso, mientras que no cambies cómo te valoras a ti misma y esa creencia de que “necesito que los demás me quieran” o que “dependo de ellos para sentirme valiosa”, todo lo demás va a dar igual.

Así que la culpa en ese caso sólo está intentando proteger el lugar desde el que hasta ahora has aprendido a sentirte segura de ti misma (asegurándote de ser como los demás esperan que seas para que te sigan queriendo).

Vaya, que no voy a decir que eso que sientes es una culpa sana, porque ninguna lo es, pero sí es una culpa protectora del status quo y que vela por que los demás no te dejen de querer. ¡Porque eso es en lo que se ha apoyado hasta ahora tu falsa autoestima!

Así que, insisto, lo que necesitas trabajar no es el atreverte a decir que no ni el saber cómo hacerlo. ¡Lo que necesitas es trabajarte el amor a ti misma y que te valga contigo misma para sentirte valiosa!

Por qué te sientes culpable cuando dices que no

Te voy a contar todos los motivos por los que puede ser que te sientas culpable cuando dices que no (aunque ya te adelanto que se resumen en uno solo).

Puede ser, como te decía unos párrafos más arriba, que hayas aprendido a nutrirte y a sentirte valiosa siendo lo que los demás esperaban de ti.

Por ejemplo, que me contaba una coachee, “si me dan más trabajo del que soy capaz de hacer me cuesta mucho quejarme. Prefiero quedarme más horas antes que decir algo, porque cuando he hecho eso me he sentido todavía peor pensando que iban a pensar que era una vaga”.

Pues eso, la necesidad de complacer a los demás, el querer gustar a todo el mundo, el miedo a qué pensarán, a que me rechacen, a que no me aprueben, a que me excluyan, a que me critiquen…

De todo esto es de lo que te protege la culpa. Te avisa cuando estás poniendo en riesgo ese tinglado que has montado para que los demás te quieran.

También el creer que en las relaciones hay que esforzarse y aguantar cosas que no te gustan o hacer cosas por el otro que no quieres hacer. Es decir, si no has recibido un amor incondicional sino que aprendiste a dar mucho para que te quisieran, te costará mucho decir que no y te sentirás culpable si lo haces, porque eso va en contra de la manera en la que habías aprendido a recibir amor y porque surgirá el miedo a que te dejen si tú dejas de dar.

Y seguimos en lo mismo, que como lo esperas de los demás y te has vuelto esclava de eso, la culpa sólo intenta protegerte de que te dejen de querer.

Tus heridas, por supuesto, también impedirán que digas que no tranquila y harán que te sientas culpable si un día se te ocurre decirle que a alguien lo que te ha molestado. Por ejemplo, si tienes una herida de abandono y dependes mucho de los demás, te sentirás culpable por priorizarte, por pensar en ti y por valorarte…

“A veces sí que digo que no, pero si mi pareja insiste y me dice que es mejor lo otro ya no insisto más y termino haciendo lo que él quiere por miedo a que se enfade”, que me contaba una coachee.

Pues eso, que si necesitas que el otro te quiera sí o sí, te sentirás culpable si piensas en lo que quieres tú.

El estar pensando en cómo se va a sentir el otro también hará que te sientas culpable si dices que no.

“Es que no quiero hacerle daño”, que me decía una coachee que lo pasaba muy mal con algo que hacía una compañera de trabajo y no se atrevía a decirle nada.

Y no, ¡tú no eres responsable de cómo se sienten los demás! Si tú me pones un límite o me dices que no a algo, seré yo quien elija cómo me siento, y eso no tiene nada que ver contigo. Si me molesta es cosa mía, ¡no depende de ti!

Tus creencias y todo lo que has aprendido que tiene que ser así, también harán que te sientas culpable si te las intentas saltar. Te nombro algunas:

Si alguien me pide ayuda, se la tengo que dar.

Si no me siento bien con algo, el problema es mío.

Si pienso en mí, soy mala persona.

Si al otro le molesta algo de mí, es culpa mía.

Si me dejan de lado va a ser horrible y no voy a soportarlo.

Si le digo que no, dejaré de gustarle.

Es decir, como yo no soy suficiente por mí misma, necesito que me quieran a cualquier precio. ¿Y cuál es el precio? Anularme a mí misma y decir que sí a todo.

¿Lo veeeees?

Así es como terminas rodeándote de personas que en realidad no te conocen, ¡¡¡porque no te muestras como eres!!!

Y así es como, y esto es lo grave, terminas rodeada de personas que traspasan tus límites y abusan de ti…

¡Claro! Es de cajón. Si yo no soy capaz de decir que no cuando no quiero algo, tengo todas las papeletas para encontrarme a personas que traspasen mis límites, porque verán que yo no los pongo y se sentirán cómodas ahí.

Y me enfadaré conmigo misma porque no me sentiré bien con lo que tú haces o porque siempre termino haciendo algo que no quiero…

Así que acabaré a dos aguas entre sentirme mal conmigo misma (con razón, ¡porque me tengo abandonada!) o sentir esa culpa que me hace de señal de alarma de que si digo que no puedo perder la aprobación de los demás (y con razón también, ¡porque estoy basando mi autoestima en su aprobación y no en la mía!).

En resumen, el único motivo por el que te sientes culpable cuando dices que no a algo o a alguien es que estás buscando en esa persona el amor que tú no te das a ti misma. Y la culpa te previene del riesgo que corres si dices que no: perder tu fuente de amor. Punto. No le des más vueltas que no hay otra.

Diez pasos para decir que no y sentirte bien

Si hay dos temas sobre los que he escrito muuucho en este blog, uno es la culpa y el otro es el depender de los demás para sentirte bien. Aun así, quiero darte alguna pauta más para que seas capaz de decir que no tranquilamente:

1.Colócate al mismo nivel que el otro. Sentirte culpable te coloca en un lugar de inferioridad respecto a la otra persona, ¿te das cuenta? Porque si tú y yo somos iguales y yo me hago responsable de mí y tú de ti, ambos tendremos el mismo derecho a decir que no. Por eso, si me siento culpable, es porque me estoy poniendo por debajo.

Y claro, el otro no tendrá más remedio que colocarse por encima. No le he dejado otro lugar. Por eso, si yo no me respeto, tendré muchas más probabilidades de encontrarme a personas que no me respeten.

Así que cada vez que te relaciones con alguien o que quieras decir que no a algo, siente que estás al mismo nivel que el otro y que vales lo mismo.

2.Siente tus derechos. No vale con que sepas que tienes derecho a priorizarte, a satisfacer tus necesidades y a hacer lo que tú quieres. ¡Necesitas sentirlo!

Los derechos son algo implícito en las personas, todos tenemos los mismos por el simple hecho de existir (por eso, cuando no respetas los tuyos, no te das permiso para existir).

Así que esto que viene ahora te voy a pedir que lo leas en voz alta y sintiéndolo, para que te enteres bien (va en serio):

Tengo derecho a comunicar lo que quiero, lo que necesito y lo que me interesa… Tú no tienes derecho a someterme a lo que quieres tú.

Tengo derecho a decidir qué es importante para mí, a ser dueña y señora de mi vida.

Tengo derecho a pedirte que me respetes o a no sentirme respetada por ti (porque lo que siento siempreeee está bien).

Tengo derecho a que mis deseos sean los más importantes para mí.

Tengo derecho a tomar mis propias decisiones de la manera que yo quiera y en el tiempo que necesite para tomarlas.

Tengo derecho a cambiar de opinión y a no pensar lo mismo que pensaba ayer.

Tengo derecho a decirte lo que no me gusta o cómo me siento con lo que tú haces.

Tengo derecho a pedirte lo que quiero o necesito de ti.

Por lo tanto, estoy ejerciendo mi derecho cuando te digo que no a lo que sea.

Y me hago responsable de ello.

(Vale, ya puedes seguir leyendo en silencio :-).

3.Hazte responsable de ti y de hacer uso de tus derechos.

Nadie puede hacerse responsable por ti, la única que lo puede hacer eres tú. Lo que tú no te des nadie te lo va a poder dar. Así que si tú no te quieres, adivina… Si tú no te respetas, adivina… Si tú no te priorizas, adivina…

4.Deja de hacerte responsable de cómo se sienten los demás. No depende de ti hacer daño o dejar de hacerlo, eso depende de cómo se lo tome el otro y no está en tu mano controlarlo. Todos alguna vez vamos a hacer algo que a otro le duela, o vamos a decepcionar a alguien, o alguien se va a incomodar con nosotros… Eso forma parte de la vida y de las relaciones humanas.

Así que deja de hacerte responsable de cómo se sienten los demás, porque sólo lo eres de cómo te sientes tú. Deja de escudarte en un exceso de empatía mal entendido que en realidad esconde un miedo a que te dejen de querer. Deja de preocuparte por cómo se sienten los demás, y ¡empieza a ocuparte de cómo te sientes tú!

Nadie tiene derecho a hacerte sentir culpable porque le digas que no a algo, ¡porque estás en tu derecho a decirlo! Y el otro elegirá si respeta ese derecho o no, pero ahí seguirás pudiendo elegir hacerte responsable de ti misma y de ponerle un límite.

5.No necesitas tener una explicación o una excusa para decir que no. El derecho a hacerlo es incondicional y no depende de que ya tengas algo que hacer. Si no quieres algo, no necesitas explicarte, ni justificarte, ni tener un motivo.

6.Ten muy claro lo que quieres. Porque si no sabes lo que quieres terminarás haciendo algo que no te apetecía (por no haberte parado a pensar antes en lo que querías).

7.Siente dónde están tus límites. Primero necesitas reconocerlos por cómo te sientes en tus relaciones, por lo que tú no le harías a otra persona y por lo que no quieres permitir para ti. Eso, sentir tus límites, es lo que hará que después los razones y sepas dónde necesitas decir “esto no”.

8.Pon esos límites, ¡y no los muevas de ahí! Claro, no vale que hoy te diga que esto me parece bien y mañana te deje que lo hagas, que hoy me voy porque me he enfadado pero mañana vuelvo porque te echo de menos…

Tus límites tienen que estar claros, fijos e inamovibles. Porque en el momento en que los muevas les estarás dando a los traspasadores de límites el mensaje de que tú, tus límites, te los pasas por el forro. Así que adivina lo que van a hacer ellos…

9.Tolera la frustración de lo que pueda pasar. En cuanto empieces a colocarte, a darte tu lugar y a valorarte, el que antes se aprovechaba, ahora se resistirá a que le digas que no. Claro, le iba mejor con la de antes que decía que sí a todo… Bien, en parte es responsabilidad tuya por haber mal acostumbrado a los demás. No pasa nada, más vale tarde que nunca. Ahora te estás haciendo responsable de ti y de darte lo que necesitas, así que acepta que puede haber conflictos y momentos de tensión.

“Es que le va a parecer mal…”. Ya, ¿y qué? Si a ti no te gusta algo, ¿tienes que aguantarte por que al otro le va a parecer mal? ¿Ves como te estás colocando por debajo?

Cómo responda el otro, si insiste, si se enfada, si te manipula, si te culpa, si te reprocha, si te dice que eres una egoísta o que cómo estás últimamente, si te deja de lado, si te echa en cara lo que sea…, es su tema. Lo bueno es que su respuesta te sirve para hacer filtro y darte cuenta de quién te respeta y quién no.

Piénsalo, si alguien te dice que no, ¿lo respetas o le echas la culpa? Puede dolerte, sí, pero si respetas al otro, respetas sus límites. Y lo mismo van a hacer los demás contigo. Si son personas respetuosas que validan los derechos de los demás, te respetarán. Y si no lo hacen es su problema, no el tuyo. Y de buena te habrás librado, por cierto.

Porque, ojo, cuando pones limites no es tanto para que el otro cambie o para que empiece a respetarte, sino para que tú te respetes a ti misma mostrándole donde están tus limites.

Es decir, alguien puede traspasar mis límites una vez y sin saberlo, pero a partir de ahí será responsabilidad mía comunicárselo y no permitirle que lo vuelva a hacer. Porque donde hay alguien que está traspasando unos límites es porque hay alguien que no los está poniendo.

10.Aprende a poner límites. Ahora sí, ahora es cuando ya puedes empezar a trabajar el cómo decir que “por aquí no”. Respetándote a ti misma y también respetando al otro, para que no sea esto último lo que te haga sentir culpable.

¿Qué has pensado al leer el post? ¿Sientes de verdad y en el fondo de ti misma que lo que tú vales depende de ti y que tienes todo el derecho del mundo a decir que no y sentirte bien cuando lo haces? Si no es así y quieres que te ayude a sentirte valiosa por ti misma y dejar de depender de los demás, puedes rellenar este formulario para tener una sesión de valoración conmigo.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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1 comentarios

1 comentario
  1. Esther 22/02/2021

    Increíble post, la purita verdad! Desgraciadamente he vivido circcunstancias de este tipo, pero al menos las reconozco, ahora estoy en el trabajo de poner limites y decir que no. Sobre todo, respetarme. Gracias, muy bueno!

    Responder

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