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Cuando has aprendido a ser buena y no molestar

Cuando has aprendido a ser buena y no molestar

¿Te suena eso de que tienes que ser buena y no molestar?

Es muy común, personas que han aprendido que lo importante es no dar problemas y que el otro no se enfade.

Así que siempre están pensando en lo que el otro quiere y lo que el otro necesita…

Nunca piden ayuda, para no molestar…

Sacrifican lo suyo por hacerle un favor a alguien…

No dan su opinión ni llevan la contraria. Más bien, suelen dar la razón a los demás, “porque yo tengo que ser buena y no ofender a nadie”…

Están siempre pendientes de que los demás las aprueben y les confirmen que lo están haciendo bien…

Dicen que sí a todo, porque se sienten obligadas a hacer lo que los demás esperan de ellas. “Me piden ayuda y voy, aunque esté haciendo algo importante”, que me decía una coachee hace pocos días (por cierto, si quieres trabajar conmigo puedes rellenar este formulario para tener una sesión de valoración).

Se adaptan a los demás como un camaleón, todo para que las quieran.

La felicidad de todo el mundo antes que la suya, “porque los demás son más importantes que yo”.

Y, claro, de tanto ayudar a los demás, terminan sintiéndose tontas y ninguneadas.

¿Te suena? Si encajas en este perfil, seguro que te cargas tú con todo, y te haces responsable de todo, y a ti nunca te pasa nada, y a ti ni te molesta nada, y tus problemas no importan, y lo que tú quieres da lo mismo, y siempre escuchando a todo el mundo menos a ti.

Porque seguramente hayas aprendido que para “pertenecer al clan” y que los demás te quisieran, tenías que ser buena y no molestar.

Por ejemplo, si de niña sentiste que te censuraban por enfadarte o por decir lo que pensabas, si en algún momento en que lo hiciste te riñeron mucho. Y para no volver a sentir esa rabia y ese miedo a que te dejaran de querer, aprendiste a reprimir lo que sentías y a anularte a ti.

Es como que “si siendo tal y como soy me rechazan, mejor me callo, soy buena y no hago un ruido”, que me decía una coachee.

O si te enseñaron que tenías que ser generosa y educada, estar siempre dispuesta a ayudar y hacer lo que los demás esperaban de ti. Porque, según te dijeron, pensar en uno mismo es egoísta.

O si, por ponerte otro ejemplo, naciste años después de tus hermanos y siempre te han contado que lo tuyo fue un desliz, que tus padres no querían tener más hijos, pero llegaste tú. Si es así puedes sentir que no fuiste deseada y que tienes que ganarte el derecho a pertenecer. ¿Cómo? Siendo muy buena, ayudando en todo lo que puedas y no dando problemas.

De muchas maneras podemos haber aprendido a ser buenas y no molestar…

Y así es como de adultas nos convertimos en la buena, la que siempre está disponible, a la que le puedes pedir lo que sea, siempre tan detallista, siempre tan pendiente de los demás, siempre tan dispuesta… Porque ese es el papel que has aprendido a interpretar en tu vida.

Te culpas a ti o culpas a los demás

¿Y qué pasa cuando has aprendido a ser buena y no molestar?

Pues que, como no tienes las riendas de ti misma y continuamente haces cosas que no quieres hacer, terminas sintiéndote mal. Y acumulas rabia y más rabia, cada vez más rabia, y esa rabia tiene que salir por algún lado.

Aunque creas que no, la rabia siempre está y siempre sale. O sale hacia ti misma, o sale hacia los demás, pero estar, está, y salir, sale.

1.Cuando la rabia va hacia ti misma, te sientes culpable si piensas en ti. Te cuentas que vas a perjudicar al otro, que “a ver si se ha molestado por esto”, que “a ver si me va a dejar de hablar”

Te sientes mal por pedir algo, te dices que no deberías pedir tanto, que deberías aceptar más al otro como es y que te dé lo que te quiere dar, que “soy mala persona”, que “vaya mierda de cariño si estoy esperando que me devuelva lo que yo le doy”…

Te entran las dudas y te pones mil excusas para sabotearte y que te sigan viendo como la buena. Porque para eso te sirve volver la rabia hacia ti y no llevarla hacia los demás: para que te sigan queriendo.

Claro, cuando has aprendido a estar pendiente de lo de fuera y a (mal)satisfacer así tus necesidades de amor y de pertenencia, es normal que te sientas culpable si dejas de estar pendiente de los demás y piensas en ti. Así es cómo te haces a ti misma lo que no quieres hacer a los demás.

Incluso puede ser que esa rabia se somatice en tu cuerpo, por ejemplo que te duela la tripa o que te generes una enfermedad a ti misma.

2.Cuando la rabia va hacia los demás, les culpas a ellos si no te devuelven todo lo que tú les das.

Por ejemplo, como tú siempre dices que sí cuando te piden un favor, te parece fatal que el otro te diga que no cuando le pides algo.

O te quejas de que tú das y das y das, y cuando tú necesitas algo a ti nadie te escucha.

O como tú dejas lo que sea por contestar un mensaje, te enfadas si alguien no te contesta en el momento y se da permiso para dejarlo para después.

O te quejas de que los demás siempre acuden a ti para que soluciones las cosas (sin ver que la que ha cogido el papel de solucionadora eres tú).

Es decir, si algo te sienta mal, como traes una sobrecarga por ser tan buena y no estar satisfaciendo tus necesidades, reaccionas con toda esa carga, que en realidad no tiene que ver con lo que está pasando ahora, sino con todo lo que tú llevas en tu mochila.

Sueltas ahí toda la tensión acumulada porque no te estás ocupando de ti y porque esperas que los demás te den lo que tú no te estás dando.

Y pasas de no decir nada a que cuando lo dices caen truenos y relámpagos.

Cuando “me enfado no tengo filtro, soy demasiado impulsiva y respondo mal”, que me decía una coachee.

Y te pones borde, pero después te arrepientes, porque has dejado de ser buena y de no molestar.

Y, ¿cuál es el problema? Que te estás colocando como la víctima de una situación que has creado tú.

Por ejemplo, que me decía otra coachee: “Siempre he sido lo que los demás han querido y cuando ya nos les he servido me han dado una patada. ¡¡No sé para qué doy tanto si luego no recibo!!”.

Pero es que el problema no es haber dado tanto, sino haber dado más de lo que querías dar y haber pretendido ser lo que no eres, para agradar a los demás.

Es decir, si alguien quiere dar 5 y da 5, se sentirá bien.

Si alguien quiere dar 9 y da 9, se sentirá bien.

Pero si alguien quiere dar 5 y da 9, es imposible que se sienta bien.

Así que, en cualquier caso, la rabia será consecuencia de haber dado más de lo que querías dar…

Cómo cambiar ese patrón tan tóxico

Y, ¿cómo se deja de ser buena y de no molestar?

Pues soltando la máscara y empezando a desempolvar lo que de verdad eres, para que puedas empezar a valorarte desde otro lugar.

Dejando de ser la buena, la responsable, la que nunca se queja, la fuerte, la que puede con todo, etc., etc., y empezando a ser tú. A creerte que vales tanto como los demás y a legitimar tu derecho a ser auténtica.

Claro que eso va a implicar asumir el riesgo de que alguien no te quiera. Pero, ¿acaso te está queriendo ahora? Si tienes que dejar de ser tú para que te quieran, ¿de verdad crees que te están queriendo? Ni siquiera les estás dando la oportunidad, porque no te conocen como eres.

Si piensas en alguien a quien quieres mucho, ¿le quieres por ser quien es o le quieres porque siempre te dice que sí a todo? Si es lo segundo, mal vamos :-(.

Sintiendo la rabia sana, la que te invita a ocuparte de ti, a hacerte responsable de ti y a darte el lugar que te mereces, ese que antes les dabas a los demás. Darle la vuelta para que, en vez de ir en contra de ti o en contra de los demás, vaya a tu favor.

Empezando a ocuparte de satisfacer tus necesidades, porque si tú no lo haces, va a dar igual que el otro haga malabares, que nunca te sentirás bien del todo.

Si tus necesidades no están siendo satisfechas, la primera responsable de ello eres tú, igual que el otro es responsable de satisfacer las suyas. De lo que no te das, de lo que no pides y de lo que no comunicas.

Cuando tú aprendes a cubrir esas necesidades, cuando vuelves la mirada hacia ti y te escuchas, escuchas lo que sientes, les das valor a tus prioridades y te permites ser quien eres, dejas de estar pendiente de los demás.

Y así, como tú te ocupas de ti, ya no te enfada que los demás satisfagan sus necesidades. Y entonces puedes tener empatía de la buena, la de alguien que en primer lugar es empática consigo misma.

Sabiendo que está bien pensar en ti.

Dejando de contarte esa mentira de que no hay que ser egoísta y reconociendo que todos de alguna manera lo somos. ¿O para qué haces eso de ser buena y no molestar? Pues claro que lo haces por ti, para que los demás te den lo que tú no sabes darte.

En realidad, todos hacemos todo lo que hacemos por nosotros mismos, y está bien, no pasa nada. Ese egoísmo es sano siempre que sea ecológico con uno mismo y con los demás, que es donde a veces nos perdemos, cuando para satisfacer nuestras necesidades dañamos a otros o nos dañamos a nosotros mismos.

Pidiendo, pidiendo y pidiendo.

Una vez que validas lo que tú sientes, lo que tú quieres y lo que tú necesitas, atreviéndote a comunicarlo y a pedirlo.

Dejando de esperar que los demás adivinen lo que te pasa y lo que necesitas.

Y dejando de pensar que si tú das mucho, vas a recibir mucho. No, las relaciones sanas no funcionan así, porque el auténtico dar del otro viene de que te dé lo que quiere darte, no de que tú estés generando una deuda que consideras que el otro tiene que saldar. La deuda es tuya, la generas tú, y no tiene nada que ver con el otro.

Expresando lo que te gusta y lo que no te gusta, lo que te molesta y lo que no te molesta, lo que te hace sentir cómoda y lo que te hace sentir incómoda, lo que quieres y lo que no quieres…

Aprendiendo a escucharte y a sentir, desde tu parte más autentica, cuándo quieres decir que sí y cuándo quieres decir que no, cuándo quieres dar algo y cuándo no quieres darlo, cuándo quieres poner un límite aquí y cuándo allí… Y entendiendo que decir que sí a todo no es señal de amor, igual que decir que no, no es señal de que no quieras a alguien.

Y reconociendo también el derecho del otro a decirte que no, porque él también tiene derecho a decirse sí a sí mismo.

Y, por último, aceptando que si tú cambias tu forma de relacionarte, tus relaciones también van a cambiar. Pero siempre será para bien, porque te sentirás más auténtica y más libre en ellas y porque serán relaciones más recíprocas.

Claro, cuando quitas todos los patrones tóxicos que has aprendido para relacionarte, cuando sueltas el “ser buena y no molestar para que así me quieran”, cuando dejas de comprar amor a base de sacrificarte a ti misma, tus relaciones se recolocan.

Unos lo aceptarán, porque te respetan y entienden que estás en un camino de amor a ti misma, y se alegran por ello (sin duda, serán los que mejor autoestima tengan).

Otros al principio se resistirán un poco, pero después se acabarán acomodando.

Y otros se irán. Sí, los que han aprendido a recibir, se irán. Porque igual que tú has aprendido a dar, otros han aprendido a recibir, y ese es el tipo de personas de las que se suele terminar rodeando el perfil del que estamos hablando.

Lo bueno es que ahora, siendo tú quien se ocupa de satisfacer tus necesidades, que alguien te dé la patada ya no va a hacer que te quedes al descubierto. Te puede doler, claro que sí, pero sentirás el dolor y seguirás adelante. Porque tú estás bien contigo y ya no necesitas a los demás para valorarte ni para que satisfagan tus necesidades.

Y como tú ya no has dado de más ni has generado una deuda con esa persona, si el otro se va, te quedarás en paz, porque no hay nada que te ate a él… Y si no te da lo mismo, serás tú quien se vaya… Porque ahora tú te das lo tuyo, y ya no necesitas ser buena y no molestar para que los demás te lo den.

Cómo siempre, me encantará que me cuentes de qué te has dado cuenta al leer este post, en los comentarios aquí debajo.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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16 comentarios

16 comentarios
  1. Monica 21/10/2021

    Me ha encantado este artículo, como siempre, ¡muy bueno! ¡Todos son geniales!

    Pero éste en especial, me ha hecho sentir muy identificada. Yo era ese tipo de personas que daba esperando que le den lo mismo a cambio. Y si no me lo daban, lo reprochaba, como si el otro estuviera obligado a darme lo que yo le daba “de forma voluntaria”.

    Vengo de una cultura muy poco cuidada en cuanto a la autoestima. Que en vez de cuidar sus propias necesidades, una mira de cuidar las necesidades de los demás (lo que ella entiende que el otro necesita sin que se lo pida) y esperando que con eso, le devuelva amor.

    Por suerte, llevo varios años trabajando en mi autoestima y he acabando entendiendo que no pasa nada por decir que no a alguien, que es importante cuidar tus propias necesidades, que tienes el deber de hacerte feliz tu mism@ y, si puedes y quieres, también a los de tu alrededor.

    Me encanta encontrar a mi yo del pasado en tus artículos, y ver que he podido hacer una evolución. La más mínima, ¡ya es un orgullo para mí!

    Animo a las que están en mi postura del pasado, que miren por cuidar sus propias necesidades, que eso no es egoísmo, y no es dejar de banda a nadie.

    Al final he entendido que si yo no estoy bien conmigo misma, tampoco puede ayudar a los demás.

    Un abrazo Vanessa!
    Gracias por tus artículos!

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 28/10/2021

      Mil gracias a ti, Mónica. Qué chulo leer el testimonio de alguien que ya ha hecho ese camino, me alegro mucho de que veas a tu yo del pasado cuando me lees y de que te sientas orgullosa. Felicidades :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  2. Emilia 22/10/2021

    Me encantó, yo soy esa niña buena, rebelde pero al final muy buena, demasiado con gente que me odia literalmente, pero de a poco me voy a ir soltando, no se puede jugar con las personas así. Gracias!!

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 28/10/2021

      Gracias a ti, Emilia. Disfruta mucho de ese soltarte y agarrarte fuerte a ti misma :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  3. Marisa 22/10/2021

    Es verdad lo que dices Vanessa. Yo siempre he escuchado que de pequeña era muy buena, que no lloraba y que no daba guerra. Quizás he querido seguir siendo así, para no defraudar a nadie. Lo que pasa, es que cuando yo he necesitado un poco de atención, de cariño, de que me escuchen, no lo he tenido, no me han apoyado nunca, siempre me he tenido que “arreglar” sola, sin molestar. Y claro, ya de mayor, eso ves que sigue igual, y tú ves que ya no puedes sola con esa mochila, que quieres que te ayuden a llevarla, y no hay quien. Pero yo quiero seguir ayudando a mis seres queridos con todo el gusto, de verdad, me siento bien si quieren algo de mí, si necesitan algo. Incondicionalmente en principio. Lo que me da rabia, me cabrea, me entristece, me indigna, etc. es que luego ellos mismos no me den esa atención si en algún momento la necesito, para ellos no cuenta nada mío, son tonterías me dicen, que no pueden hacer nada, me dicen, que haberlo pensado antes, que ellos ya tienen su familia, etc. etc.
    Muy triste para mi. No he sabido gestionar las cosas mejor. No obstante, me conozco y necesito ayudarles yo a ellos, les odio y les quiero al mismo tiempo. No sé hacerlo mejor, pienso que hay que querer incondicionalmente. Un lío.
    Gracias Vanessa.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 28/10/2021

      Hola Marisa,
      El amor no es algo incondicional, si acaso solo el de padres a hijos. El amor ha de ser algo recíproco, un te doy y me das. Te doy sin quitarme a mí y me das sin quitarte a ti. Desde ahí nos respetamos y no generamos deudas ni relaciones tóxicas.
      Si te valoraron por ser buena con los demás tal vez sea algo que has aprendido que tienes que ser, y es posible que ahora te esté limitando.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
    • Yris 09/11/2021

      Me identifico muchísimo con esto, ser una niña buena no me ha ayudado mucho. ¡¡¡Quiero cambiar!!!

      Responder
      • Vanessa Carreño Andrés 18/11/2021

        Me alegro de que te haya servido, ahora a cambiar y ser tú misma ;-).
        Un abrazo,
        Vanessa

        Responder
  4. Sonja 22/10/2021

    En este post has retratado una buena parte de mi vida. Siempre fui la niña obediente, educada, hacendosa, ayudadora. Me enseñaron a no pedir, a no molestar, a ser austera, a aceptar, a ser callada. Mis padres fueron muy amorosos, no fue imposición, es que esa era el patrón familiar. Sin darme cuenta me convertí en una persona reprimida, con miedo a expresar mis necesidades y siempre dispuesta para los otros. Luego la frustación al ver q los demás no eran recíprocos conmigo. Por supuesto q ese patrón se fue reflejando en mis fallidas relaciones de pareja.

    La buena noticia es que ya soy consciente del problema y estoy trabajando en mí e incorporando esta nueva visión en la educación de mis hijos.
    Está bien ser buena persona, es algo que tengo incorporado y no me pesa, me hace feliz. Se trata de darme a mí misma el cariño y el trato que merezco, expresar asertivamente lo que siento y deseo, no anularme.

    Muchas gracias Vanessa!

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 28/10/2021

      Gracias a ti, Sonja. Me alegro de que el post te haya servido y de que estés siendo consciente de esos patrones y educando a tus hijos de otra forma. Siempre digo que la mejor manera de educar a los hijos con una buena autoestima no es leer sobre ello, sino trabajarse la propia.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  5. Esmeralda 23/10/2021

    Hola Vanesa!
    Tengo poco de leerte pero es para mi lo mejor, lo mas claro, concreto y preciso lo que escribes, con ello logras entrar en lo vivido de cada persona, gracias por la ayuda porque es mucha… Yo he vivido pensando que se debe ser agradecido y corresponder a lo que de igual forma cuando se da. Reaccionó con lo que escribes y me doy cuenta que estoy mal, que lo que doy ha sido porque lo he querido yo, no me lo han pedido, sin embargo me entristece no recibir lo mismo, y como bien lo escribes una crea una deuda que se incrementa más y más.
    Gracias por todo Vanesa y que sigas brindando más sabiduría a todo quien te rodea.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 28/10/2021

      Muchas gracias, Esmeralda. Eso es, se trata de dar desde un lugar auténtico que no te deje en deuda contigo ni con el otro. Y para poder dar desde ahí es necesario trabajar esas creencias y esos patrones que hacen que hayamos aprendido a dar para llenar nuestras carencias.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  6. María 25/10/2021

    Tengo (o tenía) un amigo muy importante para mí. Empezamos a hablar y a salir y todo iba de fábula. Me mandaba whatssaps de ¿Cómo estás? y hablábamos mucho. Me buscaba él siempre. De repente su madre se puso mala y se volvió muy callado. A penas decía sí o no cuando le preguntaba.
    Se lo comenté a una amiga en común y siempre me decía que está muy ocupado. Cuando le veo le digo de salir y dice que está ocupado, le llamo y no contesta. Se lo comenté a mi amiga y dice que está muy ocupado, pero yo sé que a ella si le coge el teléfono.
    Este sábado quedaron a mis espaldas y luego me dieron una mala excusa para justificarme que él estaba en la quedada, pero no cuela. Parece que molesto y eso me hace enfurecer porque precisamente era lo que no quería provocar.
    No sé dónde la estoy cagando siempre con las personas que más me importan, parece que moleste ¿Sabes tú cual es mi problema? Gracias

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 28/10/2021

      Hola María,
      Puedo leer en lo que cuentas la superficie de lo que te pasa, pero no puedo saber cuál es el problema de fondo. Tal vez das más para que el otro te quiera, tal vez tienes miedo al rechazo, tal vez no te sientes suficiente… No puedo saberlo porque no te conozco, pero si profundizas en ti para conocerte estoy segura de que podrás comprenderlo :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  7. Gloria 26/10/2021

    Me encontré por casualidad con este artículo. Al principio parecía que no iba conmigo la cosa pero, a medida que iba leyendo, empecé a identificarme al 100% en todo lo que decía. Tengo que decir que me ha dolido aceptar que la única culpable soy yo. Hace un tiempo empecé el camino para evitar dar más de lo que quiero dar, también tengo que contar que la que supuestamente era mi mejor amiga, se marchó de mi lado. Tuve un arrebato de ira y un día sin más, la di una contestación del porque estaba más distante. La comente sin tapujos cosas que no me gustaban de cómo me ha tratado o gestionado una situación relacionada conmigo. He intentado un acercamiento pero ya no la veía como alguien importante en mi vida, como si tuviera que actuar para complacerla, así que decidí distanciarme del todo y por supuesto, ella no ha hecho el mínimo esfuerzo. Me dolió mucho! Pero, ahora estoy mejor, intento hacer lo mejor para mi. Estoy intentando dejar de ser tan complaciente y centrarme en mis necesidades.

    Muchas gracias por el artículo, me ha servido para comprender más mi situación.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 28/10/2021

      Hola Gloria,
      Gracias a ti por comentar. Explicas muy bien de qué manera generamos esas deudas con los demás y cómo nos llenamos de ira y después les culpamos por no darnos lo mismo. Está bien, no hay culpables, lo has hecho lo mejor que has sabido, y ahora se trata de aprender a hacerlo mejor, desde el amor y el respeto a ti misma :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder

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