Dos de empatía, por favor

Empatía sobre naranja

¿Sabes lo que es estar triste de impotencia? A mi a veces me pasa. Cuando no entiendo por qué algunas personas actúan así, como si estuvieran solas en el mundo, como si solo se importaran a sí mismas, como si no supieran que el resto tenemos sentimientos y emociones, como si no comprendieran nada.

Sí. Lo reconozco. Todavía me siento mal cuando me encuentro a personas que:

  • No expresan, no sonríen, no gesticulan, no se muestran, casi ni hablan. No tienes ni idea de lo que está pasando por su cabeza mientras tú estás ahí. Porque les estás comentando algo y su cara tiene la misma expresión que si estuvieran solos. Nula. Como que les importa un pimiento lo que sientas o lo que digas. Están en su mundo y parece que solo quieren que les dejes allí, tranquilos.
  • No se interesan lo más mínimo por ti, ni te preguntan, ni te dicen, ni te animan ni te nada. Saben que pasas por un momento importante, o que te sucedió algo, o que se acerca una fecha significativa, y como si nada. Ni la más mínima alusión al asunto, ni el más mínimo interés, ni la más mínima preocupación.
  • O el que le cuentas algo que te preocupa y te dice “anda, mujer, eso seguro que se arregla”, o “bah, no es para tanto”, o “al menos esto otro te va bien”, o “por lo menos a ti no te pasa esto que me pasa a mí”.

Igual piensas que estoy hablando de empatía, de no saber ponerse en el lugar de los demás, de no ser capaz de entender sus puntos de vista, sus necesidades, sus sentimientos y sus preocupaciones. Yo no sé cómo se llama. Porque la “empatía” al final no es más que un palabro que puede significar algo diferente para cada uno. Y yo lo único que sé es lo que siento.

Y hay personas con las que me siento de maravilla.

Y hay otras con las que no.

Y para mí la empatía, o cómo se llame, es ser capaz de sentir lo que esa persona está sintiendo. Y, si no lo soy, de preguntárselo.

Y es ponerme en el lugar del otro, de cómo está razonando, de lo que está viviendo, de lo que le está preocupando, de lo que necesita.

Que no quiere decir que tengas que sentirlo o pensarlo de la misma forma, sino que eres capaz de reconocer lo que esa persona siente y piensa. Como si fueras ella, pero sin serlo. Complicado, pero sencillo.

Y es estar ahí, preguntar, querer saber qué le preocupa, qué marcha bien en su vida, que tiene que celebrar hoy, por qué lloro ayer, qué sueña con alcanzar mañana…

Y es que cuando te cuente algo le digas que le entiendes, sin más. Sin consejos, sin “a mí me pasó lo mismo” y sin “no pienses en ello» . Solo “te entiendo”. Que muchas veces es lo más poderoso que le puedes decir a alguien. Te entiendo.

Y también es atreverte a decir “no sé qué decirte, pero gracias por compartirlo conmigo”. Eso, además de empatía, es honestidad. Porque, en el fondo, no buscamos que el otro nos solucione nuestro problema, sino que nos escuche y nos comprenda.

Y es decir “lo siento” con facilidad, porque no pasa nada, porque significa mucho, porque lo dice todo. Que todos metemos la pata, yo la primera, pero nos disculpamos muy de vez en cuando. Y, hablando de disculpas, empatía también es agradecer unas disculpas a la primera y no necesitar que te las repitan una y otra vez. Que si todos cometemos errores, pues resulta que tú también (indirecta para el panadero de mi barrio ;-).

Y es respetar, porque yo soy yo, y tú eres tú, y pensamos y sentimos diferente. Y eso que a mí me puede parecer una tontería, tú tienes todo el derecho del mundo a que te importe. Y yo lo respeto.

Y es aceptar lo que el otro hace, piensa y siente sin juzgarle, ni criticarle, ni ponerle en ridículo porque tú lo hubieras hecho, pensado o sentido diferente.

Porque para mí la empatía, o como se llame, más que saber mirar lo que pasa a mi alrededor, es aprender a mirar lo que necesitan los que me rodean.

Habrá quien lo llame amabilidad, porque la empatía también es levantarte en el autobús cuando sube una persona mayor o una embarazada.

O habrá quien lo llame altruismo, porque la empatía también es poner tu granito de arena para ayudar a personas que lo necesitan… A ser posible con tiempo y con cariño, mejor que con dinero. Y sí, ya sé que es un acto egoísta, porque tú te sientes aún mejor que los otros. Pero qué egoísmo tan bonito el de ayudar a los demás, ¿no? Ya llenaba yo el mundo de ese y no del de “me da lo mismo lo que te pase a ti mientras que yo esté bien”.

En definitiva, hay muchas formas de aprender a ser más empático, pero se me ocurren tres que están al alcance de todos, sin excepción:

  •  Escuchar, de verdad, con la mente y el corazón. Sin interrumpir, sin necesidad de contarte yo lo mío, sin opinar, sin narrarte mi batalla, sin adelantarme ni adivinar lo que me vas a decir… Solo aquí, todo presente, escuchando, con atención e interés, porque me importa lo que cuentas más que lo que tengo que contarte. Y sí, eso implica arriesgarme a quedar en un segundo plano. Pero no me importa, no pasa nada. Hoy será así y otro día de otra manera.
  • Interesarme por los demás. Siempre. No solo cuando sé que pasas un mal momento -aunque entonces con mayor motivo- sino hoy, o ayer, o mañana, sin causa aparente.  Te llamaba para ver qué tal estabas, te llamaba para saber de ti, te llamaba porque te echo de menos, te llamaba porque tengo ganas de verte, te llamaba porque me apetecía escucharte, te llamaba porque me importas, te llamaba porque sí… ¿Qué tal te va? ¿Cómo va esto? ¿Cómo marcha lo otro? ¿Cómo estás tú? ¿Qué tal te sientes? ¿Eres feliz? ¿Qué te falta? ¿Qué te sobra? ¿Estás a gusto ahí? ¿De qué te sientes orgulloso hoy? ¿Cómo quieres sentirte mañana?
  • Mostrar cariño sincero: consolar a alguien, aceptarle, comprenderle, acompañarle en lo bueno (que a veces se nos olvida, y el cariño no solo se demuestra en las duras) y en lo menos bueno, decirle todo lo maravilloso que ves en él, darle un abrazo, un beso, ven que te achucho, ay cómo te quiero, qué bien me haces, cuánto te agradezco… Hay muchas formas, y todas sirven… Porque a todos nos gustan las muestras de cariño. Que, aunque yo digo que nunca se puede generalizar, hoy me lo permito y generalizo. ¡A todos nos gusta que nos muestren cariño! Y el que nunca lo muestra o dice que no le gusta, será porque no sabe darlo, o no sabe recibirlo, o siente miedo, o teme que le juzguen, o que le llamen blando, o que le hagan daño, o lo que sea…

Y así es cómo veo yo la empatía.
Y así es como unas personas me conectan al mundo y otras me desconectan.
Y así es cómo dejé de pensar que el problema estaba en mí.

Que a mí lo que me pasa es que soy un poco sensible y quiero un mundo lleno de empáticos felices.

O como cada uno quiera llamarse.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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2 comentarios

2 comentarios
  1. Luis Jaque 11/12/2014

    Muchas gracias, creo que normalmente confundimos el ser simpático con empatico, y hoy con tu publicación tengo más clara la diferencia, una vez más gracias.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 11/12/2014

      Muchas gracias, Luis. Efectivamente, simpatía y empatía son dos cosas distintas. Y, en mi opinión, hay muchos más simpáticos que empáticos. Pero ambas cosas se pueden entrenar. Eso es lo bueno :-).
      Un abrazo

      Responder

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