En el parque de atracciones de tus sentimientos

Sentimientos en el parque de atracciones

¿Qué hace un niño cuando quiere conseguir algo? Pedirlo, pedirlo y pedirlo hasta que se lo dan. Pues tus emociones son como tu niño interior pidiéndote algo… Si las ignoras o les tapas la boca seguirán ahí. Necesitan que las escuches, que les prestes atención. Porque, como te decía en el post anterior, tus sentimientos están para avisarte de algo importante. Son como tu alarma de incendios. «Vale, ya entiendo su importancia. Y ahora, ¿cómo se hace para gestionarlas?», te estarás preguntando. Pues así:

1. Lo primero es permitirte sentir esa emoción. Cuando te des cuenta de que tienes una determinada emoción, obsérvate, como si estuvieras mirando al alguien por la ventana. ¿Cómo te sientes? Es muy importante que no te juzgues ni te digas si eso que sientes está bien o está mal (siempre estará bien porque es lo que tú sientes en este momento y punto). Solo obsérvalo para poder ponerle nombre. Y no hace falta que sea un nombre que todos entiendan. Es tu emoción y puedes llamarla como tú quieras. Por ejemplo, en vez de decir que te sientes triste igual te sale más decir «estoy plof» o «estoy de nubarrones». Muy bien, tú eliges. Y una vez puesto el nombre, mírala desde fuera recordando que eso que sientes no eres tú, es solo lo que sientes en este momento.

2. Después se trata de aceptarla y reconocer para qué está ahí, qué es lo que te quiere mostrar, cuál es su intención positiva. Porque sí, la intención de una emoción siempre es positiva. Por ejemplo, un sentimiento de culpa que quiere avisarte de que has hecho daño a alguien o uno de envidia que te recuerda algo que deseas y que aún no tienes. Hasta es posible que en este momento veas que debajo de tu emoción hay otra oculta. Por ejemplo, si pensabas que lo que sentías era vergüenza a hablar en público y reconoces que debajo de esa vergüenza lo que hay es miedo a la crítica.

3. El tercer paso sería entender qué la ha producido. Es algo que se adquiere con la práctica. A base de observarte y conocerte cada día, de preguntarte qué está pasando ahí, qué sientes, qué te estás diciendo en ese momento, llegarás incluso a anticiparte a tus emociones. A saber que determinada causa provocará determinada emoción en ti.
Así pues, cuando notes que te ha asaltado una emoción, para y pregúntate: ¿qué ha pasado? Hace un minuto estaba bien. ¿Qué he visto? ¿Qué he escuchado? ¿Qué he pensado? Casi siempre las emociones son producto de un pensamiento que invade tu mente. De ahí que cada uno sea responsable de sus emociones, porque lo es de sus pensamientos. Por ejemplo, si yo me doy cuenta de que mi tristeza viene de ese mensaje de mi pareja que me ha hecho pensar que no me quiere como yo a él, podré decidir si quiero seguir pensando eso, en qué me baso para pensarlo, de qué me sirve… Puede ser que vea que lo que hay debajo de mi tristeza es sencillamente miedo al abandono. O que me dé cuenta de que esa tristeza es una respuesta a algo del pasado, porque una vez alguien me abandonó y aún no lo he superado. Y vivo con miedo a que vuelva a pasar… Fíjate qué importante darte cuenta de algo así para poder elegir cómo te gustaría responder a partir de ahora, dejar atrás el pasado y poder ser feliz.

Y siempre recuerda lo importante que es aceptarte, confiar en ti y recordar que no eres un bicho raro por eso que sientes. Todos nos sentimos tristes, rabiosos, pequeñitos, dejados de lado, miedosos o frustrados en algún momento… ¡Todos! ¿No ves cuando alguien se derrumba y los demás comentan «con lo fuerte que parecía»? Pues es que no hay nadie invencible, no hay personas de hierro, aunque algunas lo parezcan. Todos somos frágiles y vulnerables (yo me confieso poderosamente frágil). Y en esa vulnerabilidad reside precisamente nuestra fortaleza. No reconocerlo no nos hace más fuertes, solo más infelices, por tener que estar todo el día aparentando que somos lo que no somos.

4. Y, por último, actuar en consecuencia, decidiendo qué quieres hacer con esa emoción para canalizarla de una forma más eficaz. Por ejemplo, con la envidia que te recuerda que hay algo que no tienes, preguntarte qué es y qué puedes hacer para conseguirlo. Con la culpa, pedir perdón y reparar el daño. Con el enfado, darte cuenta de qué límites se han traspasado y decírselo a esa persona, recordando que el cómo se lo dices es tan importante como lo que le dices y que él único responsable de tu emoción eres tú, nunca la otra persona. Por ejemplo, puedes decir algo como «cuando tú haces esto, yo me siento así» o «yo me siento así porque necesito…». Y es que, muchas veces, al no gestionar nuestras emociones, tampoco gestionamos lo que hacemos como consecuencia de ellas, y por eso a menudo nos arrepentimos. Ahora, si te sucede, podrás observar lo que hiciste después de sentir eso que, por ejemplo, identificaste como rabia. Si te gustó, si te hizo sentir bien, si era solo producto de esa rabia, si habrías hecho lo mismo de haber esperado a que la rabia se fuera… Información de primera para que la próxima vez seas tú, y no tu rabia, quien decida lo que quiere hacer.

En definitiva, hay miles de beneficios en tener una buena gestión emocional, como que aprenderás a entenderte y ya no volverás a sentirte incómoda en tus emociones. O que, si las dejas fluir en vez de intentar controlarlas, se apagarán tus diálogos internos y dejarás de darle vueltas a todo. O que te permitirá reconocer y comprender mucho mejor las emociones de los demás. O que, al dejar de pensar que eso que sientes es malo y que tienes que esconderlo, te sentirás liberada. Lo que antes ejercía presión, ahora será como esa brisa suave cuando estás en la noria.

Pero sobre todo, el mayor beneficio, será ser quien quieres ser y ser feliz.

Todo esto no es difícil, pero requiere tiempo y esfuerzo. No se logra en un día ni hay una pócima mágica, más allá que tu sincera intención de aprender a quererte, comprenderte y aceptarte. Pero además hay muchas cosas que puedes hacer en tu día a día para que el camino hacia tu sabiduría emocional sea más sencillo y agradable. Te dejo diez para que vayas picando según te apetezca 🙂

  • Escoge tu momento preferido del día y apunta cómo te sentiste. ¡Aprenderás a ponerle nombre a tus emociones!
  • Apunta las emociones no políticamente correctas para ti o para alguno de tus entornos, para empezar a respetarlas y a aceptarlas igual que a las demás. Además así sabrás cuáles son las que más difícil te lo van a poner 😉
  • Si te gusta escribir, empieza un diario emocional en el que cada día, las veces al día que quieras, pongas cómo te sientes y qué te hizo sentir así. Se trata de permitirte identificar, reconocer, dar espacio y poner nombre a tus emociones y sentimientos.
  • Dale la vuelta a la tortilla. ¿Qué te has dicho para sentirte así? ¿Como te gustaría sentirte? ¿Qué podrías decirte para sentirte de esta otra manera? Escríbelo.
  • Haz lo que necesites: llorar, gritar o simplemente contárselo a un amigo.
  • Lo mismo que cuando te despiertas eliges qué ropa ponerte, elige también qué emoción. ¿Cómo te quieres sentir hoy? Tranquila, disfrutona, esperanzada, capaz… Pues repítelo varias veces mientras te vistes y desayunas. “Hoy voy a estar tranquila y relajada”, “hoy voy a disfrutar como una niña”, “hoy me voy a salir”. Puedes escribirlo en un papel que vayas a ver varias veces a lo largo del día.
  • Usa tu cuerpo para gestionar tus emociones. ¿Te has fijado que las personas tristes caminan mirando al suelo y encorvadas? Así es como el sistema propioceptivo le informa al cerebro de que esa persona está triste. ¿Y si pruebas a engañar a tu cerebro levantando la mirada y estirando el cuerpo? Verás como ahora no te resulta tan fácil seguir triste.
  • Visualiza cómo quieres sentirte. Es tan fácil como cerrar los ojos y durante cinco minutos imaginarte así, o verte haciendo algo que te hace sentir así. Por ejemplo, si es relajada y tranquila, paseando por la montaña, nadando… Y repítelo todos los días durante al menos un mes.
  • Protégete de la toxicidad emocional que emanan otras personas. No es ser egoísta, es quererte y permitirte ser feliz. Y puede que a esa persona también le sirva para darse cuenta de algo.
  • Ahora que conoces mejor tus emociones, pregúntate, ¿cuál es mi emoción preferida? Y piensa al menos tres cosas que te hagan sentir así. Incluso puedes coger una cajita e ir metiendo dentro todo lo que se te ocurra que te hace sentir eso: una canción, una foto, una película, correr por el parque, etc. Y después sacar algo de la cajita cada día.

Y diviértete. Diviértete mucho todo a cada paso: mientras observas, pones nombre, encuentras su «para qué»… Disfruta, como lo harías en un parque de atracciones… De ahí el título 🙂 Y relacionado con eso quiero dejarte un supervídeo de un superhombre cargado de humor e ironía… No es Daniel Goleman, el maestro de las emociones, porque de él puedes encontrar mil cosas por todas partes. Por eso he preferido recomendarte a Fidel Delgado, en Cómo reciclar la basura emocional.

Y, al final, de lo que se trata es de que te quedes con las emociones que te gustan y de que al resto las escuches y después les invites a irse. Porque no podemos no tener emociones, pero sí podemos tener otras. Y ¿para qué sufrir con algo que se puede cambiar?

¿Cómo lo ves? ¡Cuéntamelo en los comentarios!

 

 

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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8 comentarios

8 comentarios
  1. ana 17/04/2014

    Gracias Vanessa, ha sido como un plan de entrenaniento de emociones, reconocer primero los puntos debiles y luego ponerlos en forma para nuestro beneficio, gracias!

    Responder
    • Vanessa 21/04/2014

      Gracias a ti por tu comentario, Ana. Me alegro mucho de que lo hayas encontrado útil.
      ¡Un abrazo!

      Responder
  2. olivia 06/04/2016

    Me ha encantado todas y cada una de las publicaciones, en especial esta porque aunque reconozco mi necesidad de ser amada, reconocida, valorada…..entiendo como se gestó ese vació; la respiro, escribo ¿no se que hacer con ella para hacerme una con ella y que no me corte la respiración? ¿escucharme? ya me escucho hasta donde puedo y se ¿amarme y amar a mi niña, atenderla, abrazarla? lo hago lo mejor que puedo….aún así ahí está ese vació esperando sin resultados que los otros me reconozcan y me amen QUE más puedo hacer????

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 07/04/2016

      Olivia, muchas gracias por tu comentario. A veces ese proceso es largo y a veces hace falta ayuda externa. No sé cómo es exactamente lo que a ti te está pasando, lo que tengo claro es que puedes conseguirlo, como he podido yo y tantas otras personas :-).
      Lo que dices que estás haciendo tiene mucho sentido, y tal vez te falte enfocarte en llenar ese vacío tú misma. Hacer cosas que te nutran por dentro, buscar a la Olivia auténtica, dedicarte tiempo, cuidarte, mimarte, quererte y buscar la manera de ser más tú misma cada día… Echa un vistazo a los post de autoestima y a éste en concreto.
      Un fuerte abrazo,
      Vanessa

      Responder
      • Olivia 08/04/2016

        GRACIAS Vanessa!!!!!
        Me encanta tu blog, es decir TÚ

        Responder
        • Vanessa Carreño Andrés 08/04/2016

          ¡Ja,ja,ja! Muchas gracias de corazón, Olivia. Te gusta Coaching to Be, a mí no me conoces, pero gracias :-).
          Besos

          Responder
  3. Alex 27/12/2018

    ¿Cómo puedes identificar una emoción? Es decir, saber si procede de un sentimiento de culpa, o de un miedo irracional. Buscarle un para qué a emociones como la tristeza me cuesta mucho la verdad 😅.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 02/01/2019

      Hola Alex,
      Una emoción es pura, limpia… Cuando hay pensamientos, de culpa o de miedo, las emociones pasan a ser sentimientos. Es decir, si una emoción más un pensamiento es igual a un sentimiento, el sentimiento se cambia cambiando el pensamiento. Así es como se trabaja en Inteligencia Emocional.
      Así como los sentimientos no son sanos, las emociones sí lo son. Son sanas y adaptativas, llegan para algo. En el caso de la tristeza para ayudarte a sanar un dolor por la pérdida de algo. Por eso es necesaria, para que puedas hacer el duelo y recuperarte.
      En este post hablaba más sobre emociones y en éste sobre la tristeza.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder

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