“¡Estoy cansada de tirar del carro!”, me dijo una coachee hace poco.
“¡Me canso de encontrarme a hombres de los que tengo que ir tirando yo! Para hacer un plan, para reservar en un sitio, para que la relación avance, para solucionar lo de las vacaciones, para hablar de algo que ha pasado… Estoy por ponerme un cartel de `por favor, ¡solo tíos que anden solos!´”.
(Y, ojo, que a ella le pasaba con relaciones que estaban comenzando, pero hay parejas que llevan juntas diez años y en las que ocurre lo mismo: que hay uno que siempre está tirando del otro).
Y, ¿sabes por qué muchas veces seguimos tirando?
Porque, si dejas de tirar, cric cric.
Sonido de grillos. Nadie responde. Te has quedado sola.
Ya. Pero es que, si es alguien de quien tienes que tirar, con quien terminas agotada y que, cuando tú dejas de tirar, el otro no hace nada, perdona que te lo diga, es que estás saliendo con una persona un pelín inmadura.
Con un niño, y no con un adulto.
(Apunta bien esto, porque es una de las diferencias más claras entre los niños y los adultos: un niño necesita que le hagan y le recuerden las cosas, pero un adulto las hace él mismo sin que nadie le diga nada).
Y esto, si es que tú también tienes tendencia a encontrarte personas inmaduras, tiene que ver con la manera en la que has aprendido a colocarte en tus relaciones.
Con cuidar del otro, con recordarle, con ser paciente, con esperar a que haga, con comprenderle, con sobrecargarte, con que “bueno pobre, es que es muy tímido”, “bueno, que es que su madre murió cuando era un niño”, “bueno que es que le cuesta hablar las cosas”, “bueno, es que… “.
Las justificaciones que quieras.
Pero eso es ser la madre del otro, no es ser su pareja.
Porque, en una pareja, los dos están colocados en el mismo nivel, y se relacionan de igual a igual.
Yo misma, hace años, tuve una relación en la que tenía que explicarle a mi pareja cómo quería que me tratara, que por favor cumpliera lo que decía, que no me gritara, que no se pusiera como un loco por una tontería, que no me echara la culpa de sus explosiones… En definitiva, que fuera adulto y supiera gestionar sus emociones y hacerse cargo de lo suyo.
Igual que otras tienen que tirar de su pareja para que las cosas de casa funcionen, porque si no le van detrás regañando, como a un niño, el otro no hace nada…
O la que cada vez que quiere tener una conversación sobre algo importante, su pareja sale por patas o le dice “ya estás siempre con tus cosas”, en plan evitativo total y echando balones fuera…
Y, claro, si una se coloca como la madre de su pareja, es lógico que se acabe topando con niños en cuerpos de adulto.
Como le pasaba a esta coachee.
Y como, tal vez, te esté pasando a ti.
Pero el problema NO es que tires del carro. Eso es solo el síntoma.
El verdadero problema es lo que hace que siempre termines tirando del carro en tus relaciones.
Cuánto de eso que está pasando tiene que ver contigo.
Y qué parte de la solución depende de ti.
Porque el error más habitual en este tipo de situaciones es pensar que esto solo tiene que ver con el otro y que el único que tiene que cambiar es él.
Y no, ya te digo yo que no.
Que esto no se resuelve señalando mil veces a tu pareja lo que debería hacer diferente.
(O, acaso, ¿eso te ha funcionado?).
Que esto va de empezar a mirar el conjunto.
Así que, si tú eres una de estas mujeres y ya no quieres seguir tirando del carro en tu relación, ya sea que lleves diez años o diez días en ella, tengo un curso para que salgas de dudas y sepas si eso tiene solución y qué puedes hacer tú que de verdad sea efectivo.
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