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SÍ, ¡LA NECESITO!

Cuando has aprendido a esforzarte para que te quieran

Mujer - esforzarte para que te quieran

¿Crees que tienes que esforzarte para que te quieran?

¿Eres de las de “darlo todo por el otro”?

¿Te has tragado eso de que en el amor hay que sufrir, que tiene que costar y que tienes que molestar lo mínimo para que el otro se acabe enamorando de ti?

Es algo inconsciente, pero hay muchas personas que piensan que en las relaciones, de pareja o de lo que sea, hay que esforzarse y estar siempre dando para gustarle al otro.

Por ejemplo, “no pido lo que quiero, ni digo lo que no me apetece. Cuando siento que no hay un equilibrio lo que hago es hacer más cosas para que el otro me dé más”.

O “si a mí me apetece hacer algo diferente, cedo por lo que quieren hacer los demás”.

“Tengo tendencia a ejercer de ayudadora y si mi pareja está haciendo algo me levanto a ayudarle. Como si tuviera que ser vista a toda costa”.

Es decir, hago cosas que no me apetecen, digo cosas que no pienso, doy lo que no quiero dar, estoy cuando no quiero estar y pienso en el otro antes que en mí.

Porque para recibir amor y que te quieran, tienes que esforzarte en ser lo que el otro espera de ti.

Nada de ser tú misma y que te quieran por ser tú. No, no, no.

Para que el amor triunfe, tiene que ser difícil.

Como me decía una coachee, “cuando conozco a un hombre, o me obsesiono con él, o se me pasa rápido”.

¡Claro! Porque te obsesionas con los que hacen que tengas que esforzarte y se te pasa rápido con los que te lo ponen fácil…

Porque igual que aprendió tu niña a esforzarse para que la quisieran, ¡lo estás haciendo tú!

Porque si de pequeña no recibías un amor sano y tenías que hacer muchos esfuerzos, ser de una determinada manera e ir siempre detrás para que te quisieran, pues eso será lo que hagas de adulta. Y te quedarás con alguien que encaje en eso, porque alguien que te quiera de forma incondicional no te va a enganchar.

Y así es como terminamos dando muuucho más de lo que recibimos y creyendo que si dejamos de dar, nos dejarán de querer.

Así comenzó todo

Si esto te suena, quiero que pienses en cuando eras niña… ¿Cómo aprendiste a recibir amor? ¿Qué tenías que hacer para que te vieran? ¿Qué tenías que hacer para que te premiaran? ¿Cuándo te sentías querida?

Porque eso va a condicionar la manera en la que tú has aprendido a dar y a recibir amor. Y de adulta seguirás creyendo que si haces lo suficiente “de eso”, esa persona se quedará contigo.

Por ejemplo, si me felicitaban cuando era buena y lo hacía todo muy bien, en plan “ay, qué bien, cuánto se esfuerza esta niña”, habré aprendido que tengo que ser buena y hacerlo muy bien para que me quieran. Porque el gustarle al otro estaba condicionado a lo que yo hacía.

O “cuando sentía que estaban más contentos conmigo era cuando no molestaba y sacaba buenas notas. Me esforzaba por eso, pero no llegaba a sentir que fuera suficiente para ellos, nunca me decían cosas bonitas”.

Claro, si una niña no recibe un amor incondicional, que es el que debería recibir, automáticamente pensará que es culpa suya y que tiene que esforzarse para que la quieran o para que no la dejen de querer.

Así que, si estás luchando en alguna relación de este tipo, ¿con quién luchó tu niña para que la relación funcionara? Cuanto entras en esa obsesión de estar pendiente de si el otro te quiere, de sus gestos y de sus detalles, ¿con quién hiciste eso antes?

Si estás en una relación en la que no te sientes segura, en la que no sabes si el otro va a estar o no, si se va a ir o no… ¿Cuándo sintió eso mismo tu niña?

Por ejemplo, si mi padre era muy distante emocionalmente y yo aprendí a esforzarme para que me viera…

O si mi madre me decía que quién me iba a aguantar a mí…

Pues habré aprendido que tengo que hacer algo para que me quieran, que no es fácil y que no me vale con simplemente ser yo misma.

O, como me decía una coachee, “mi padre no trataba bien a mi madre y ella estaba ahí, y para mí es normal hablar o arreglar los conflictos. No me gustan los malos rollos”.

¿Ves como las experiencias de tu niña van a hacer que creas que tienes que esforzarte y estar calladita para que te quieran?

O si me he sentido rechazada en mi vida, y como nos pasa a las personas con herida de rechazo asumo que la culpa es mía por no ser suficiente, pues también, venga a esforzarme para que me quieran.

Y así es como una niña que, como es lógico en una niña, necesita que los demás la vean, se convierte en una adulta que vive esforzándose porque siente que solo existe cuando los demás la ven :-(.

Cuando te esfuerzas para que el otro cambie

¿Y qué pasa cuando has sentido que tenías que esforzarte para recibir amor? Pues que habrás aprendido a luchar para que te quieran. Y así es como te quedarás enganchada a quien no te da. Porque si consigues que esa persona cambie por ti y que te dé, eso significará que eres valiosa. Exactamente lo mismo que sentía tu niña.

Cuando una niña no ha sido querida por lo que es, sino por lo que hace, aprenderá a hacer y a esforzarse para que el otro le dé una migajita de amor. Así que de adulta se quedará con personas que igual no son lo que ella quiere, pero no importa, porque ya cambiará, porque “a mí lo que me pone es que el otro cambie por mí”.

“Me gustaría que nos viéramos más y que hiciéramos más planes juntos. Ahora va más a su bola, pero es que estamos empezando. Ya cambiará”.

O “no quiere tener hijos, pero ya cambiará”.

Yo voy a esforzarme para que me vea, para que me valide, para que me dé… Y si él cambia por mí, es que yo lo valgo.

Y llega uno que te dice “es que a mí me cuesta mucho enamorarme”, “es que hay un punto de las relaciones en el que me aburro”, y tu niña interior se frota las manos, porque eso es lo que le va a ella… Cuanto más difícil, mejor (inconsciente, por supuesto, todo esto es inconsciente…).

Incluso con personas que te dicen que no buscan una relación seria, pero tu piensas “va, si está a gusto conmigo, cambiará”. Y venga a esforzarme para que todo sea perfecto.

Y estás pendiente de sus planes, de adaptarte, de lo que quiere hacer, de si te propone algo, de si te llama o no te llama, siempre disponible para que lo vaya surgiendo…

Pendiente de como está, de su estado de ánimo, de que esté bien, de que si hoy esta triste le mimo mucho, de que si está enfadado le dejo porque no quiere que le moleste… Todo para que esté cómodo.

Sin importar cómo te sientes tú, caso omiso a tus necesidades. Solo importa cómo se siente el otro, si le gustará eso que haces, si no le gustará, si preferirá que seas más así o más asá.

Por ejemplo, que me decía una coachee, “él puede juzgarme y decirme lo que quiera, y yo me esfuerzo por no decirle nada porque se enfada”.

¿Lo ves? Si tu niña aprendió que no era suficiente para que la quisieran sin que tuviera que hacer nada, entrarás en esforzarte y en hacerlo lo mejor que puedas para que el otro te demuestre que sí que eres suficiente. Para que se quede contigo y tú puedas sentir que mereces la pena.

Y si no te da, pensarás que la que lo hace mal eres tú, y que tienes que esforzarte por hacerlo mejor (exactamente igual que tu niña). Así que, en vez de irte, aceptarás cosas que no te gustan y pondrás todo de tu parte. Y seguirás y seguirás, esforzándote para que eso funcione. Ignorando cómo te sientes y que, de tanto esfuerzo, estás agotada.

“Igual es por mi carencia de que me valoren, pero yo siento que me estoy esforzando un montón. Después de una discusión le pongo todo el empeño que puedo a que lo arreglemos”, que me decía otra coachee.

Me empeño y me empeño. Erre que erre y venga a aguantar, que el amor es esto y si aguanto habrá final feliz.

Y mejor cedo siempre y no pido demasiado, para no molestar. Que si me sacrifico llegará mi momento.

Y estoy ahí, y tengo paciencia, espero, invierto, le cuido, me esfuerzo. Poco a poco irá viendo que nadie le va a querer como yo.

Que esto tiene que funcionar si o si, que tengo que ser más flexible y ceder en esto, en esto, en esto y en lo otro.

Sin darte cuenta de que estás entrando en un bucle de esfuerzo continuo y de estar siempre esperando que el otro cambie y dé un paso que, siento decirte, no va a dar. Tú puedes aguantar, esforzarte y darlo todo, pero que sepas que seguirás así hasta el fin de los tiempos.

Porque el amor no implica esfuerzo ni tiene nada que ver con eso de que el que la sigue la consigue (el amor es más bien como un zapato, que si te tienes que esforzar para metértelo, da por hecho que te va a acabar haciendo heridas).

Porque si crees que para que te quieran necesitas sacrificarte mucho y darlo todo por el otro, lo que va a pasar es que te acabes quedando con personas que quieren recibir mucho y dar poco. Y tú venga a esforzarte, y el otro ahí, a gustito en el desequilibrio.

Porque alguien que quiera una relación recíproca no va a encajar con alguien que haya aprendido a querer desde el esfuerzo y el darlo todo (con el otro sí, con el otro encajas guay porque te necesita para llenar sus carencias).

¿Para qué te esfuerzas tanto?

Vale, si has llegado hasta aquí debe ser porque este post tiene algo que ver contigo… Así que quiero preguntarte algo, ¿para qué te esfuerzas tanto?

Si me vas a decir que te esfuerzas para que el otro te de algo que no te está dando, ¿para qué sigues ahí si no te lo está dando?

¿Crees que te mereces esforzarte y esperar para que alguien te quiera como tú quieres que te quiera? O tú, ¿qué crees que te mereces?

Pues ya te digo yo que si de verdad creyeras que alguien te puede querer siendo tú misma, tal cual eres, no te quedarías en un lugar donde tienes que esforzarte.

Si te sintieras valiosa, especial, importante, merecedora, suficiente y maravillosa tal y como eres, ¿para qué te ibas a esforzar?

Si sintieras que te mereces un amor recíproco y genuino, ¿para qué te ibas a esforzar?

Y puede que ahora escuches a tu niña diciendo algo como “es como que si no me esfuerzo, no me van a querer”.

Y ahí es donde necesitas trabajar, en lo que tú crees de ti misma y de lo que te mereces y en lo que tu niña ha aprendido sobre el amor (por favor, lee de principio a fin la guía “Lo Que Necesitas Saber cuando No Estás Bien con tu Pareja”, te la puedes descargar gratis aquí).

Para que se entere de una vez de que el amor no es algo que tenga que ganarse, ni por lo que tenga que esforzarse o luchar. El amor es algo que se da y se recibe. Punto.

Cuando en una relación sientes que te estás esforzando por sostenerla y que si soltaras el esfuerzo la relación se rompería, malo.

Cuando sientes que el otro no se esfuerza ni la mitad que tú, muy malo.

Ese momento en el que te das cuenta de que la relación se sostiene por ti, que es gracias a tus conductas y a tus comportamientos y a lo que tú haces por el otro… Como que si tú soltaras, esto se caería, debería ser señal suficiente para salir corriendo.

Y si te da miedo soltar porque a ver si después cambia, o a ver cómo es quedarme sola, o a ver cómo es no vivir desde el esfuerzo… ¡trabaja esos miedos! Mira lo que me decía una coachee que ya se quitó de tanto esfuerzo:

“Antes, si una relación no funcionaba, pensaba que igual podía haber hecho más. Y ahora pienso que lo he hecho perfecto, porque si le gusto quiero que sea por cómo soy yo”.

Olé. Eso es. Y claro que si dejas de esforzarte puede haber personas que se vayan. Y, ¿sabes qué? Que lo celebres. Que lo celebres mucho, porque ahora están donde tienen que estar. Lejitos.

De verdad, no tengas miedo ninguno de soltar, porque lo que es para ti, ni aunque te quites. Y lo que no es para ti, ni aunque te pongas.

Una relación que funciona lo sabes porque es fácil, fluye y no supone ningún esfuerzo.

Así que vale ya del “por mí que no sea” y del “voy a esforzarme una vez más”.

Vale ya de sentirte en deuda con el mundo, de ser la que más da, la que más se esfuerza, la más buena y la que nunca abandona.

No le debes nada a nadie y te mereces que te quieran sin necesidad de hacer nada.

Así que sonríe, porque ya no necesitas volver a esforzarte para que alguien te quiera…

¿Qué me dices? Si te has sentido identificada con esto de esforzarte para que te quieran, me encantará que lo compartas conmigo en los comentarios aquí debajo.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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18 comentarios

18 comentarios
  1. Mar 03/06/2021

    Muy bueno el artículo Vanessa!
    Después de varias relaciones fallidas precisamente por esa creencia que tenía de que el amor es esfuerzo, paciencia y hasta cierto masoquismo emocional, ahora me ocupo de mi misma antes que de nadie, aún sin perder la ilusión de que un día aparezca alguien más equilibrado en mi vida, con quien todo fluya de manera fácil y sin sobreesfuerzos. Un amor sano como el que comentas.

    Saludos y gracias por compartir tu conocimiento con nosotr@s 😉

    Responder
    • Mafer 03/06/2021

      Muchas gracias Vanessa… me llega en el momento preciso… me ayudas mucho en tener claridad en qué puntos tengo que trabajar, conectar con mi niña interior, cuando a veces estoy en el automatismo. Sobre todo para soltar… Que a veces no es fácil.

      Un abrazote.
      Mil Gracias por compartir 🤗

      Responder
      • Vanessa Carreño Andrés 07/06/2021

        Gracias a ti, me alegro de que te haya llegado en el momento preciso. Claro que a veces no es fácil, pero siempre es posible. Quédate con eso :-).
        Un abrazo,
        Vanessa

        Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 07/06/2021

      Muchas gracias, Mar. Trabaja entonces esa ilusión y la confianza en que por supuesto que aparecerá ;-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  2. Rebeca 03/06/2021

    Me has descrito totalmente.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 07/06/2021

      Muchas gracias, espero entonces que te haya servido.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  3. Fina Sánchez Moreno 03/06/2021

    Hola Vanesa, buenísimo tu post… no es mi caso pero tengo una amiga que sí lo es, y la verdad que la pobre no lo suelta por la economía, muy importante para vivir ya que está enferma de los huesos y no puede trabajar, y tiene que seguir viviendo así. Deberías hacer otro post con este problema ya que es muy frecuente, y no sé pueden soltar aunque quieran, es una pena y una realidad… Muchas gracias por existir. Besos.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 07/06/2021

      Me alegro de que te haya gustado. Compártelo con tu amiga si aún no lo has hecho. Creo que cuando buscamos la manera y creemos que la habrá, al final aparece, y que lo importante es no rendirse ni resignarse.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  4. Sonja 03/06/2021

    Totalmente identificada.
    Vanessa, tu blog es una escuela para mí. Nos educaron en la falsa creencia de que nuestra felicidad está en manos de la pareja y muchas veces perdemos nuestra esencia haciendo esfuerzos para sentirnos queridas.
    Después de varias relaciones fallidas he decidido buscar paz y bienestar en mí misma, sanar mi autoestima y aprender a estar sola de forma feliz y no como resignación. ¿Tienes algún consejo para esto?

    Cariños! 🌼

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 07/06/2021

      Hola Sonja,
      Me alegro de que estés aprendiendo aquí :-). En realidad todo el blog es sobre sanar la autoestima y buscar el bienestar en ti misma, pero te dejo dos post sobre el tema de estar sola, aquí y aquí. Espero que te gusten.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
      • Nagore 08/06/2021

        Una vez más me has puesto los pelos de punta…soy así tal cual lo has descrito. Tengo la herida del abandono y soy muy dependiente emocionalmente en mis relaciones. Estoy en terapia desde hace 3 años y ahora mismo me toca sostenerme porque acabo de salir de un relación en la cual, al final, la mala soy yo… Me alegro de haber salido y me alegro de que paso a paso con más confianza y seguridad, pueda curar esa herida que tanto dolor me causa!
        Gracias!!

        Responder
        • Vanessa Carreño Andrés 17/06/2021

          Muchas gracias, Nagore. Me alegro de que el post te haya servido. Recuerda que no puedes ser la mala para nadie si no lo eres para ti.
          Un abrazo,
          Vanessa

          Responder
  5. Carmen 03/06/2021

    Hola, Vanesa y chicas.. yo tengo miedo, miedo a fracasar, en el trabajo , y después de darme cuenta gracias a Vanesa de otras cosas que voy practicando, esta es la que más me afecta ahora, el miedo..
    Y claro veo otras, otros que no tienen y viven como quieren y yo no sé cómo c. hacerlo, tendré que pensar y reflexionar. Y ni un paso atrás.
    Otro punto es lo del padre emocionalmente distante, vamos esforzarse para que te quieran eso lo pasé yo… Y hasta ahí leo.
    Un saludo y decir que gracias a Vanesa mi vida va cambiando y lograré vivir como quiero.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 07/06/2021

      Hola Carmen,
      Muchas gracias por tus palabras. Todos tenemos algún miedo, más grande o más pequeño, a unas cosas o a otras… No te sientas rara porque no lo eres. Acéptate con ese miedo y después ponte en marcha para trabajarlo. Si así lo decides, por supuesto que lo lograrás.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  6. María 04/06/2021

    Hola Vanessa,

    Muchísimas gracias por todos tus posts. Me identifico con todos y han servido también para descubrir mecanismos o formas de funcionar que desconocía. En este caso me reconozco en todo lo que cuentas. De hecho suelo acabar agotada, pero no sólo en las relaciones de pareja sino en todas las relaciones, las de amistad, las familiares y las laborales… Creo que cuando somos tendentes a algo funcionamos igual en todos los ámbitos: nos esforzamos por mantener amistades que no nos quieren y valoran o nos empeñamos en gustar y encajar con los compañeros del trabajo a toda costa, renunciando u ocultando nuestra forma de ser. Ya de jovencita descubrí que había amigas a las que veía sólo porque yo las llamaba, pero ellas nunca tomaban la iniciativa y me llamaban a mí. Una vez descubierto esto pasaba a dejar de llamar durante un tiempo, pasaban los meses y nada , ni una llamada por su parte. Esa prueba me valía para soltar y dejar ir, cosa que sucedía fácilmente porque como puedes imaginarte ya no volvían a llamar jamás. Esto que siempre he practicado con las amistades sin embargo nunca he sido capaz de hacerlo con mis parejas. Ahí he seguido esforzándome y esforzándome, dándolo todo, hasta que acabo seca y reconozco que ya no puedo más. En este momento estoy en una fase de aceptarme y gustarme y amarme y cuidarme en soledad, sabiendo que el amor no es esfuerzo.

    Gracias de nuevo por tu maravilloso artículo

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 07/06/2021

      Hola María,
      Sí, es cierto que a veces nuestras creencias y nuestras heridas se reflejan en varios ámbitos de la vida. La pareja suele ser uno de los que más, pero también puede pasar en otros. Y más motivo todavía para trabajarlo, porque tú no eres esa que ha aprendido a esforzarse, eso es solo un síntoma. Así que me alegro de que estés en esa fase de aceptarte, gustarte y amarte en soledad. Sólo una cosa: recuerda que las heridas no se sanan sólo por alejarnos de lo que las activaba, que también hace falta mirarlas y andar el camino para sanarlas :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  7. María 10/06/2021

    Hola Vanessa!
    Estoy totalmente de acuerdo contigo y la verdad que me has hecho pensar en aquella persona que me ha hecho sentir así y ha sido por carencias que he tenido cuando era niña. Y es que yo opino que con otras parejas ha sido más fácil porque tampoco había hijos (por parte de mi pareja) de mochila, donde luchas porque te hagan caso cuando no están los niños o incluso cuando si aunque sean 10 minutos y entonces piensas, ¿de verdad quiero esto?
    En fin, muchas cosas a pensar cada vez que leo tu post, y que cada vez me dejas más claro qué debería hacer.
    Gracias

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 17/06/2021

      Muchas gracias, María. Me alegro de hacerte pensar. Es una muy buena pregunta esa que te has hecho ;-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder

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