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SÍ, ¡LA NECESITO!

Cuando no te quieren como quieres que te quieran

Pareja - cuando no te quieren como tú quieres

¿Alguna vez has sentido que alguien no te quería como tú querías que te quisiera?

En plan “sí que me quiere, y me lo demuestra de muchas formas, pero también echo muchas cosas en falta”.

¿O de conocer a alguien y sentir que sí que estaba interesado, pero no lo interesado que a ti te gustaría?

Por ejemplo, que sí que te escribe y te contesta a los mensajes, pero tarda mucho tiempo o no te pregunta demasiado sobre ti.

¿Te suena? Es muy común, me lo encuentro mucho en mis coachees cuando están conociendo a alguien o con una pareja con la que se sienten queridas, pero no lo queridas que a ellas les gustaría.

Y creo que nos liamos un poco con esto, porque empezamos a pensar que “bueno, es que él es así, tengo que aceptarle como es”.

O “es que es mi herida y mi necesidad de que me quieran y me valoren”.

O es que “cada uno tiene una forma de querer, y ésta es la suya y está bien”.

Creo que en muchos casos confundimos nuestra necesidad de que nos quieran con no estar recibiendo lo que nos gustaría.

Que sí, que tu necesidad de sentirte importante para esa persona es tuya, pero eso no quita que no puedas sentir que no le importas a esa persona como tú le quieres importar.

Eso es lo que necesitas preguntarte: si sientes que esa persona te quiere como tú quieres que te quieran.

Porque si no te das permiso para escucharte y sentir cómo te sientes con alguien, es cuando te vas de un extremo al otro y empiezas a justificarle y a ponerle peros a lo que tú sientes.

Véase…

Me gustaría que me preguntara más por mí, que se interesara más por mis cosas, por conocerme. Pero igual es que él es así, es su forma de ser. No pasa nada…

Me gustaría que fuera más comunicativo, que se pudiera hablar con él, que me dijera cómo se siente… Se lo guarda todo y no quiere hablar de las cosas que nos pasan. Pero yo sé que me quiere mucho.

Me gustaría que me propusiera más de quedar o de hacer algo juntos, pero sé que esto va poco a poco y que tengo que esperar y adaptarme, que no existen las personas perfectas y que si no estuviera interesado en mí no seguiría escribiéndome.

Me gustaría que diera tanto como yo, que se implicara tanto como yo en la relación, pero igual es que yo doy demasiado y, claro, eso es mío y no tengo derecho a pedirle que dé lo mismo… En el fondo yo sé que me quiere.

Me gustaría que fuera más detallista y más cariñoso, como soy yo, pero entiendo que no todo el mundo tiene que hacer las cosas como las hago yo. Que porque él tenga un comportamiento que yo no tendría con alguien a quien quiero, eso no significa que no me quiera.

Sí, vale, todo esto está muy bien para que tú te lo cuentes y te quedes tranquila. Pero te estás olvidando de lo importante. Y lo importante es como te sientes tú con esa persona.

Si te sientes querida o no. Si sientes que recibes lo que a ti te gustaría o no. Si cuando le dices al otro cómo te sientes con algo, hace un cambio que te hace sentir importante para él, o no lo hace.

¿Ves el patrón en el que caes cuando, en vez de escuchar lo que sientes, justificas al otro o le restas importancia a lo que tú sientes?

Es algo como que “me gustaría que xxxx, pero, como sí que me hace caso / sí que me quiere / él es así / no existen las personas perfectas, pues lo que a mí me gustaría o cómo yo me siento ya no es importante.

Y esto no va de razonar ni de contarte que “esto es importante para mí y no lo recibo”, pero “esto otro me compensa”. Porque sí que está pendiente, porque sí que me responde, porque se nota que está interesado, porque sí que le importo, porque sí que me quiere y me lo demuestra en otras cosas…

Ya, ya, pero, insisto, lo que importa es si te quiere como tú quieres que te quieran.

Si el conjunto de lo que esa persona te da en este momento es lo que tú quieres recibir en este momento, no si un trozo sí te lo da, pero el otro no.

Es decir, se trata de preguntarte cómo te sientes con lo que hace esa persona y de darte permiso para sentir si eso que recibes es lo que tú quieres, no de justificar algunas ausencias con otras presencias.

Diferenciar qué es tuyo y qué es del otro

Por supuesto que es importante que aprendas a separar lo que es tuyo de lo que es del otro, lo que puede ser tu necesidad insaciable de lo que puede ser un “no estar recibiendo lo que yo quiero recibir”.

Porque si yo me relaciono siempre desde la inseguridad de que me van a dejar de querer, si estoy siempre pendiente del otro y de cómo está, de si me dice menos cosas bonitas que ayer, no voy a saber diferenciar cuándo de verdad no me está dando lo que yo querría.

Porque como no me paro a sentir lo que siento, como estoy todo el rato mirando para el otro y pendiente de que no se aleje, pues me olvido de mí y de preguntarme cómo me siento con eso que hace y que no hace.

Y claro que puede haber una parte que sea tuya, si crees que no mereces que te quieran, que a ti siempre te dejan, que no eres suficiente…, pero también puede haber otra parte que tenga que ver con el comportamiento del otro, por ejemplo si va y viene y si un día es de una forma y otro de otra. Esto, con heridas o sin ellas, te va a generar malestar y desconfianza y es lógico que sientas que no te quieren como quieres que te quieran.

Te voy a poner algunos ejemplos para que lo entiendas mejor:

Puede ser que yo conozca a alguien y note que esa persona está interesada por mí porque me llama, me escribe y me pregunta cosas. Pero tal vez no termine de decirme para quedar, y cuando yo se lo digo como que lo evita y me da largas. Entonces, ¿qué hago? ¿Sigo esperando porque sí que siento que está interesado? ¿O acepto que está interesado pero que no lo está como yo quiero que lo esté?

Pues si de verdad confío en lo que yo siento, seguramente elija la segunda opción. Sin culpar al otro, sin dudar de mí y sin pensar que igual es porque yo no lo estoy haciendo bien. Tan solo es que no es como yo querría que fuera, y punto.

Y esto has de sentirlo tú, porque si le preguntas a alguien tal vez te diga que se nota que está interesado, que le des tiempo, que igual es que esto o lo otro. Y tú volverás a dudar de ti y de lo que estás sintiendo, y a sentirte insegura. Cuando la clave vuelve a ser escuchar lo que sientes y confiar en ello siempre, porque el simple hecho de que lo estés sintiendo así ya es suficiente.

Quiero decir que poner el foco en el otro es lo que te lleva a pensar que igual tendrías que ser más tal o que tendrías que haber hecho aquello diferente… A la culpa, a justificar al otro, a aguantar y a esforzarte para que esa persona te quiera como tú quieres.

“Si no me quiere como yo quiero empiezo a pensar si es que yo no valgo la pena, y cada vez me adapto más a él”, que me decía una coachee hace poco.

¿Lo ves?

En cambio, cuando tú estás segura de ti, de lo que sientes y de lo que piensas, conectas con el “vale, no tengo que adaptarme, es que si le gusto tiene que ser por cómo yo soy, así que todo está bien. Simplemente es que esta persona no me da lo que yo quiero”. Y punto.

Es decir, si alguien no te sigue o no responde a lo que tú le vas dando o proponiendo como a ti te gustaría, puede haber una parte de tu necesidad de que te quieran. Pero, igualmente, ¿tú cómo te sientes con el comportamiento de esta persona?

Por ejemplo, recuerdo a una coachee que quería hacer más cosas con su pareja durante el fin de semana, pero él siempre se levantaba tarde y al final no hacían nada.

“Me enfado porque no tenemos esa vida activa que yo quiero, pero sí que me quiere y me lo demuestra con otras cosas. No puede ser que le esté siempre exigiendo ni diciéndole qué hacer o cómo me tiene que querer”.

No, tú no tienes que decirle al otro como te tiene que querer, por supuesto, pero si sentirte a gusto y contenta con cómo te quiere. Porque si tú no te valoras o no crees que te merezcas que te quieran como tú quieres, te conformarás y te quedarás con cualquiera que te quiera, sea de la forma que sea, y aunque no tenga nada que ver con la tuya ni con tus valores.

Otro ejemplo muy habitual: mi pareja me dice algo que me hace daño y le contesto mal. Y después, aunque sigo dolida por lo que me ha dicho, como yo le he contestado mal y me siento culpable por eso, pues ya no valido cómo me sentí con sus palabras ni mi derecho a haberme sentido así.

¿Qué pasa aquí? Pues que sí, que contesté con rabia y podría haberlo dicho de una forma más tranquila o menos impulsiva. Vale, pero esto no quita que no me haya sentido bien con las palabras del otro o que ese tipo de comentarios no me hagan sentir valorada y que no encajen en cómo yo quiero que me quieran. ¡Y está perfecto que lo sienta así! Tengo derecho, independientemente de que mi respuesta fuera más o menos asertiva.

¿Ves la diferencia?

Ultimo ejemplo, de una coachee que se quejaba de que su pareja siempre veía todo lo malo.

“Siempre está señalándome lo que tendría que haber hecho de otra forma. Nunca me dice las cosas buenas. Y yo sé que también es cosa mía que me lo tomo a mal, aun sabiendo que él es así y que me quiere”.

Sí, bien, que te quiere, vale. Pero otra vez es lo mismo, ¿te quiere como tú quieres que te quieran? ¿Tú quieres que te quieran señalándote lo malo y callándose lo bueno? Porque si es así, todo perfecto. Pero si no es así, ¿de qué te sirve que te quiera?

No, no vale con que te quieran

Resumiendo: el hecho de que tú tengas heridas o que necesites esto o lo otro, no significa que tengas que conformarte o que todo lo que no recibes sea por ti.

Da igual si es por ti o por el otro, lo importante es si tú te sientes bien con cómo te están queriendo.

Que en una relación no vale con que te quieran, como me pensaba yo cuando era pequeña…

¡También hace falta que te sientas a gusto con cómo te quieren, que sea una manera de querer parecida a la tuya y desde unos valores que encajen con lo que tú quieres!

Y sí, para distinguir eso lo ideal es que ya te hayas trabajado tu parte, tu autoestima y tus inseguridades, para que no las proyectes en el otro.

Por ejemplo, para diferenciar si eso que quieres del otro lo quieres desde una carencia y una necesidad de que te den algo que tú no te estás dando, o si es desde un lugar auténtico, porque lo quieres y tienes derecho a quererlo, y punto.

Así, trabajándote tú, es como serás capaz de validar y legitimar lo que tú quieres recibir, de pedirlo (una vez, no veinticinco) y de sentirte merecedora de que te quieran como tú quieres.

Como pasarás del “que me quieran como quieran, que yo ya me conformo” al “me merezco que me quieran como yo quiero que me quieran”.

Es que es de cajón que si alguien no te quiere como tú quieres, pero tú si te quieres y te valoras y no dependes de lo que haga el otro para sentir que mereces la pena, te irás.

En cambio, si no te quiere como tú quieres, pero tú tampoco te quieres y sientes que necesitas al otro para sobrevivir, aguantarás y te quedarás ahí.

El primer caso, si te vas, es un triunfo contigo misma, porque te haces responsable de darte lo que mereces. Y, en todo caso, el fracaso es el segundo, el quedarte donde no te sientes querida como te gustaría.

Y, en cambio, lo vemos al revés, que el fracaso es que no haya funcionado, que si siempre me pasa lo mismo, que si me voy a quedar sola toda la vida…

Mira, claro que lo vas a pasar mal y claro que igual te quedas un tiempo sola… Pero si en ese tiempo te trabajas el valorarte tú y el estar bien contigo misma, irte de donde no recibes lo que quieres ya no volverá a ser un esfuerzo ni un acto de valentía, sino algo súper coherente que haces con total naturalidad y desde el amor a ti misma.

¿Qué me dices? ¿Estás en un lugar donde no te quieren como tú quieres que te quieran? Si te apetece, puedes compartirlo conmigo en los comentarios aquí debajo.

Y si quieres que te acompañe a distinguir lo que es tuyo de lo que es del otro y a valorarte tanto como para irte tranquilamente cuando sientes que no recibes lo que te gustaría, puedes rellenar este formulario para tener una sesión de valoración conmigo.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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14 comentarios

14 comentarios
  1. Jose Romero 25/03/2021

    ¡Hola Vanessa!
    Todo este post está muy bién, pero también puede ser que si no te quieren como tú quieres que te quieran en realidad es que no te quieren.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 26/03/2021

      Hola Jose,
      Puede ser, pero si llevas el foco ahí vuelve a ir al otro, en vez de estar en ti y en cómo tú te sientes en esa relación. En realidad creo que si tú no te sientes querido por esa persona, no importa tanto si te quiere o no te quiere. Incluso en los casos de maltrato quien maltrata puede decir que quiere a su pareja, pero lo importante es si su pareja se siente querida con el comportamiento de esa persona. A esto es a lo que me refiero en el post, que se trata de sentir lo que tú sientes y decidir desde ahí.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  2. Ximena 25/03/2021

    Salía con un chico, nos gustamos, pero él dijo que no se sentía preparado para estar en una relación y que le diera tiempo. Los primeros días su trato x WhatsApp era lindo, y cuando salimos juntos nos divertimos mucho. Pero de un día para otro empezó a responder los mensajes de manera cortante, he estado tratando de ponerme en su lugar. Pero ayer me hizo sentir muy mal, como si le cansara que le escriba. Ya no le voy a escribir, voy a tomar mi distancia, no merezco ese tipo de trato. Gracias x tus consejos, me está ayudando mucho.

    Responder
    • Sara 25/03/2021

      Gracias por este consejo, ya dí el paso porque no me reconocía, no era yo, vivía para hacer feliz a la persona con la que decidí vivir y me olvidé de mi.
      Me he dado cuenta de que no tenía amigos, eran los suyos, yo era su sombra, pero ahora voy a brillar como el sol que me ilumina, créeme. El ha tardado poco en rehacer su vida junto a otra persona y créeme que duele, pero me he encontrado a mi y merece la pena ese dolor, porque se sale. Y lo mejor está por venir.

      Responder
      • Vanessa Carreño Andrés 26/03/2021

        Hola Sara,
        Qué bien, muchas gracias por compartir tu experiencia de luz y de reencuentro contigo misma. Claro que se sale, y cuando tú te quieres y te valoras es cuando sí que lo mejor está por venir. Felicidades.
        Un abrazo,
        Vanessa

        Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 26/03/2021

      Qué bien, Ximena. Felicidades por ese valorarte y ponerte en tu sitio, desde ahí sí llegarán personas que te quieran como tú quieres.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  3. Mila 25/03/2021

    Hola Vanessa, me has descrito perfectamente, he aguantado y aguanto que no me quisiera e incluso que me despreciara, intentando ver siempre su lado bueno, pero es cierto, el problema es mío, que no me quiero nada y me he conformado al sentirme siempre inferior que los demás.
    Gracias, gracias y gracias por ser tan fenomenal y abrirme los ojos.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 26/03/2021

      Me alegro mucho de que le estés poniendo luz, Mila. Entonces ahora se trata de hacerte responsable de ti y aprender a quererte y valorarte para dejar de aguantar.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  4. Isabel 25/03/2021

    Hola Vanessa:
    Me encantan tus posts, los leo siempre con suma atención y siempre me hacen pensar, sobre todo los de pareja porque me toca esa fibra.
    Me planteo una pregunta: recuerdo otro post tuyo anterior en el que hablabas de la generosidad como un ingrediente clave en una relación sana, entendiendo por generosidad el aceptar la forma de querernos del otro y no cerrarnos en banda y en el egoísmo de “no es como yo quiero”. ¿Entra en contradicción esto último con validar lo que siento y, si no me quieren como necesito, dejarlo? ¿Cómo discernir el egoísmo y falta de aceptación hacia el otro y su forma de expresar afecto de la necesidad genuina de irnos porque la relación no funciona o no es sana?
    Sé que es una pregunta complicada pero me la planteo con frecuencia porque lo vivo en mi relación de 1 año y medio y por cómo soy en general, siempre tratando de justificar y entender al otro.
    Gracias por tu maravilloso trabajo 🙂

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 26/03/2021

      Hola Isabel,
      Muchas gracias por tus palabras y por tus preguntas, muy buena reflexión. Sí creo que la generosidad es un componente de una relación sana, pero no por encima de la generosidad contigo misma. Aceptar la forma de querer del otro sirve si tú te sientes querida, pero si tú no te sientes querida faltas en generosidad contigo misma. En una relación sana la generosidad es igual por ambas partes, sientes que recibes tanto como das, que el otro es generoso contigo y que te sientes querida con su forma de quererte, que suele ser parecida a la tuya para que la relación funcione. Por eso, para ser generosa contigo necesitas escucharte y validar lo que sientes, para no entrar en el “no me siento querida con su forma de querer, pero sé que me quiere”, que es parte del autoengaño en las relaciones tóxicas, porque nos quedamos con lo que el otro nos dice más que con lo que nos hace sentir.
      Y te diría que para distinguir lo que es del otro de lo que es tuyo, lo más importante es que te conozcas y seas lo más consciente posible de tus heridas, para que no se manifiesten en la relación, y por supuesto que trabajes tu autoestima, para que tú seas lo primero para ti y no busques en el otro algo que no te estas dando tú. Desde ahí, desde esa seguridad en ti misma que te da el conocerte y el quererte, es mucho más fácil reconocer lo que está pasando.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  5. Marisa 05/04/2021

    Esto me hace pensar en cómo nos han enseñado nuestros padres por regla general. Nos decían: hay que aguantar, en las relaciones se trata de aguantar, en todos los sitios aguantar, y venga con el aguantar… No sabían otra cosa. Y claro, hemos aguantado todo, malos tratos, manipulaciones, silencios, abusos, etc. etc., porque eso es lo que había que hacer (según ellos) para que pudieran quererte por ser buena. ¡¡Esa ha sido la enseñanza que nos han inculcado!! No te han enseñado en ningún sitio, tampoco en la escuela, a valorarte, quererte, defenderte, respetarte, etc. a ti misma. En todo caso a los demás, pero nunca a ti.
    Hablo de hace años, claro. No sé si actualmente ocurre lo mismo.

    Gracias Vanessa por tu aclaración sobre este tema, aunque para algunas mujeres ya es un poco tarde.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 11/04/2021

      Así es, Marisa. Uno de los aprendizajes más tóxicos es ese de aguantar, que muchas veces hemos escuchado o hemos visto en nuestros padres. De niños no somos responsables de lo que recibimos, pero de adultos sí. Si tienes hijos, eres responsable de lo que les enseñas. Y aunque no les hables de “aguantar”, lo importante es el ejemplo que les das, lo que ven que tú haces. De adultos cada uno es responsable de sí mismo y de lo que elige, y eso sigue siendo así hasta el último día de tu vida. Da igual que tengas treinta años, cuarenta, sesenta u ochenta… Nunca es tarde si tú decides que no lo sea.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  6. MARIANA 06/04/2021

    Esto me pasa hace años con una amiga que me llama para quedar y nos pasamos la tarde mirando ropa, que se prueba y reprueba durante horas y al final no hablamos de nada, solo busca mi aprobación de cómo le quedan las prendas que se compra. Luego me siento mal porque he perdido la tarde haciendo lo que a ella le gusta o distrae y a mi me gustaría más conversar. Creo que esta relación se mantiene porque yo, a pesar de que no me gusta lo que hacemos, no sé decirle que no, por miedo a perder esta “amistad”. Está claro que no me quiero a mi misma, gracias por hacerme reflexionar.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 11/04/2021

      Hola Mariana,
      Gracias a ti por compartir. Es un buen ejemplo de cómo nuestras relaciones con los demás son un reflejo de la relación que tenemos con nosotros mismos. Si tú no te quieres, si no te valoras, no pondrás límites y te quedarás con quien te de migajitas de atención. Sólo cuando tú te haces valer puedes tener relaciones en las que te sientas valorada y recibas lo que necesitas. ¿Que en ese tiempo intermedio tal vez tengas que quedarte más sola? Pues sí, seguramente, pero para eso tal vez te sirva sentirte acompañada de ti misma, para ser tu primera elección y no estar donde no te sientas bien. Piensa a quién le estás diciendo que no cada vez que le dices a tu amiga que sí. Ahí encontrarás la clave.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder

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