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El monstruo de la dependencia emocional

Pareja bajo la lluvia - el monstruo de la dependencia emocional

¿Alguna vez te ha visitado el monstruo de la dependencia emocional?

Me refiero a ese monstruo que hace que tu estado de ánimo dependa de cómo estás con alguien.

Si la relación está bien, tú te sientes bien. Pero, si la relación está mal, tú estás fatal.

Claro, al monstruo de la dependencia emocional le da igual lo que pase en el resto de tu vida. Para él, lo único importante es el vínculo con esa persona y que tu pareja esté bien contigo.

Por eso, aunque esa persona te esté haciendo daño, el monstruo se encargará de que le idealices y te dé un pánico horrible perderle.

Precisamente ese pánico es lo que hace que estés a merced de las necesidades del otro, y jamás de las tuyas. Así, si el otro quiere más cercanía y más contacto, genial, tú te entregas. Pero, si está distante y quiere espacio, a ti no te queda otra que aguantarte.

Porque al monstruo tú le das lo mismo, solo le importa que esa relación se mantenga.

Por eso se empeña en que ignores el daño que te hace y que maximices las migajas que recibes de esa persona.

Todo con tal de que la relación no se rompa.

Para ello, para evitar que rompas esa relación, el monstruo de la dependencia está dispuesto a decirte de todo:

“Lo más importante es que estéis bien”.

“Tu vida no tendría sentido sin esta persona”.

“Sería horrible si te deja de querer”.

“Tienes que hacer lo que sea para que no haya un conflicto”.

“Él es así, pero en el fondo te quiere”.

“Si se termina, lo vas a pasar muy mal”.

Y, claro, en cuanto percibes alguna señal de falta de interés o de cariño por parte de tu pareja, el monstruo de la dependencia se pone en alerta y sale en busca de pruebas, para asegurarse de que todo sigue bien entre vosotros.

Te dice que releas un mensaje analizando cada palabra para ver si el otro te sigue queriendo. O que le pidas un abrazo o un beso para ver cómo responde…

Si el resultado de la prueba es satisfactorio y el monstruo encuentra señales de que todo sigue bien, entonces se calma. Pero, si no las encuentra, su ansiedad es cada vez mayor (si esto te suena, en esta página puedes descargarte gratis el ebook “Lo Que Necesitas Saber cuando No Estás Bien con tu Pareja”).

Te hace creer que la culpa es tuya

Y así es como el monstruo te tiene siempre pendiente del otro. Siempre luchando, porque “lo importante es que estemos bien”.

Callándote, adaptándote, sacrificándote, aguantándote, esperando…

Y, cada vez que el otro vuelve a hacerte daño de alguna forma, tú te empeñas en que te entienda, en convencerle de que eso que ha hecho no está bien, en que vea las cosas como tú… Porque, para el monstruo de la dependencia, tu seguridad depende de eso, de tenerte engañada en esa fantasía de que el otro va a cambiar.

Claro, el monstruo tiene que justificar todo lo que haga el otro y confundirte las veces que haga falta para que la relación no peligre. Por eso te dirá cosas como:

“No es para tanto. Ponte en su lugar, es comprensible que reaccionara así”.

“Bueno, no ha estado bien que te haya gritado, pero es que está muy estresado”.

“Claro, se le olvidó eso que era tan importante para ti. Es un detalle feo, pero a ti también se te pasan las cosas”.

“Si no fueras tan controladora, no se agobiaría así”.

“Lo bueno compensa lo malo, el amor no es perfecto”.

“Eres una exagerada, tú también tienes tus cosas”.

“Tienes que aguantar por tus hijos”.

“Esto depende de ti. Lo importante es que consigas que no te afecte tanto lo que él haga”.

“La culpa es tuya, no lo estás haciendo bien”.

Y claro, como el monstruo te dice que la culpa es tuya, tú cada vez te esfuerzas más e intentas hacerlo mejor.

Mientras que al otro cada vez le pides menos… Sí, porque el monstruo te ha convencido de que reduzcas todas tus expectativas hacia el otro. Es casi como que te invitara a firmarle un cheque en blanco. Ya sabes, lo que sea para que la relación se mantenga.

Por ejemplo, recuerdo a una coachee cuya pareja acababa de dejarla por una discusión sin importancia en la que ella le había dicho que no a algo y él se había enfadado y le había dicho que su relación terminaba ahí. Y ella se sentía taaan culpable.

“No debí reaccionar así. Ahora le escribo y no me contesta a nada… Si no le hubiera dicho que no, él no se habría enfadado y todavía seguiríamos juntos”, me decía llorando.

Claro, ahí estaba el monstruo, engañándola y haciéndole creer que la culpa era suya. Todo con tal de que ella hiciera algo para evitar esa ruptura (cuando la realidad es que, si alguien te quiere, te cuida, te trata bien y no se enfada, ni te deja, ni desaparece así solo porque le digas que no a algo).

El alimento del monstruo

Con todo lo que te he contado, ¿cuál crees que es el alimento del monstruo de la dependencia?

Te lo digo yo: la valoración externa.

Es decir, para que el monstruo de la dependencia tenga todo ese poder sobre ti es necesario que tu fuente de amor y valoración interna esté seca, y que, por lo tanto, necesites buscar eso fuera.

Entonces pueden ocurrir dos cosas: o bien, que veas al otro como a alguien superior a ti, alguien muy seguro de sí mismo, más fuerte y que te hace sentir protegida

O bien, que veas al otro como a alguien que te necesita, alguien que sin ti estaría perdido, alguien a quien tienes que cuidar

De cualquier forma, y en ambos casos, el monstruo te mantiene atada a él, ya sea porque te ha convencido de que le necesitas o porque te ha convencido de que él te necesita a ti.

Así es como actúa el monstruo de la dependencia emocional.

Pero lo peor, su gran momento de pánico, el momento en el que saca todas sus armas, es cuando hay una ruptura o un distanciamiento y te separas de esa persona. Entonces es cuando el monstruo te hace sentir toda esa angustia, toda esa desesperación y esa necesidad de saber del otro.

Entonces es cuando el monstruo empieza a buscar cualquier excusa para que le contactes.

Por ejemplo, te echa la culpa a ti de que la relación se haya terminado. Te recuerda todo lo que podrías haber hecho y no hiciste. O todo lo que hiciste y no deberías haber hecho.

O te dice que pobrecito de él, que te necesita, que qué va a ser de él sin ti, que seguro que lo está pasando fatal…

Y, solo con que le contactes una vez, el monstruo se calma.

Claro, esto ocurre porque se ha activado toda la necesidad de afecto y de aprobación externa de la que el monstruo se alimenta. Porque, como no puede soportar que alguien le rechace o le abandone, se han despertado sus peores temores y pesadillas…

Obvio: cuando no te quieres bien, buscas que te quieran fuera, de cualquier forma y a cualquier precio… Y entonces es cuando eres un blanco fácil para el monstruo.

Que, una vez más, empezará a decirte que la relación tiene que seguir sea como sea…

Que tienes que arreglarlo.

Que te vas a morir si no vuelves con esa persona.

Que, sin alguien a tu lado, tu vida no tiene sentido.

Que lo que tenías es mejor que estar sola.

Que seguro que todavía podéis estar bien.

Que los momentos de buen rollo compensan los malos y que no se puede estar bien siempre.

Que esto tan horrible que estas sintiendo solo se puede arreglar si vuelves con esa persona.

Que cualquier cosa es mejor que este vacío que sientes.

Bla, bla, bla…

Además, el monstruo te hace creer que no eres capaz de resistir la tentación de llamarle o de cogerlo si te llama.

Porque su objetivo es hacer lo que sea necesario para que vuelva la calma.

Lo que sea, con tal de que vuelvas allí

Donde alguien a quien el monstruo no tenga engañado sentiría el dolor de la perdida, pero lo viviría como algo pasajero y necesario para hacer el duelo de una relación que, si no ha funcionado hasta ahora, está claro que no va a funcionar, la persona a la que el monstruo le ha comido la cabeza entra en un sufrimiento bestial.

Donde, para otra persona, esa ruptura es lo mejor que le podría pasar (aunque sea muy dolorosa), para el monstruo es lo peor del mundo. Claro, porque su valor como persona depende de que el otro le quiera y ahora esa fuente de amor se ha agotado.

Por eso, ante tanto miedo, el monstruo hará lo que sea para que vuelvas allí:

“Es culpa tuya, tienes que hacer algo para arreglar esto”.

“Pídele perdón por lo que le dijiste, no deberías haberte puesto así”.

“Llámale para que sepa que todavía le quieres”.

“Lo único que te va a calmar esta angustia es hablar con él”.

“Te vas a quedar sola para siempre”.

“Si te esfuerzas, acabará funcionando”.

“Si en realidad no estabais tan mal, ¿te acuerdas de ese momento tan bonito? ¿Y aquel día que…? ¡Cuánto os queréis! Esto no lo vas a vivir con nadie más”.

“Ahora no estas tan convencida, piénsatelo bien. No ha pasado nada tan gordo”.

“Si, total ya sabes cómo es, pero después tiene muchas cosas buenas. No hay nadie perfecto”.

“Bueno, por lo menos llámale para saber cómo está. Podéis ser amigos”.

“Lo importante es que estéis bien, con lo que os queréis lo conseguiréis”.

Mentiras. Mentiras. Y más mentiras. Porque el monstruo de la dependencia emocional solo va a contarte mentiras.

Por eso, si este monstruo ya está contigo o te visita alguna vez, ten claro que tu única salida será luchar contra él con todas tus fuerzas.

He estado ahí, y acompaño a muchas mujeres que también lo están, y sé que se puede salir victoriosa de la batalla con el monstruo.

Si alguna vez te ha visitado este monstruo y quieres contarme lo que te decía, puedes hacerlo en los comentarios aquí debajo. Me encantará leerte :-).

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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6 comentarios

6 comentarios
  1. Joaquin 16/11/2023

    ¿Qué pasa con los hombres cuando somos los que tenemos que defendernos de mujeres malas personas?

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 16/11/2023

      Hola Joaquín,
      Es lo mismo, el monstruo visita por igual a hombres y a mujeres. Y no es necesario que tu pareja sea una mala persona para que esto ocurra. También sentimos dependencia emocional hacia las buenas personas, porque el problema está en uno mismo, en tus propias carencias, no solo en el otro.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
      • Anamar 16/11/2023

        Un post de los que te hacen espabilar! Yo aún sigo escuchando a ese monstruo, pero cada vez lo estoy complicando más…una hija en común, ella es un encanto… pero con él cada vez tengo más distancia emocional, nos entendemos en lo laboral, pero no me veo con él en los momentos de bajón, ni de viejecita cuándo sea más vulnerable…mi problema es que no me siento lo suficientemente fuerte para dejarle.

        Responder
        • Vanessa Carreño Andrés 20/11/2023

          Hola Anamar,
          Muchas gracias por compartir. Sí, entonces parece que el monstruo está contigo. Así que toca trabajar esa fuerza interna, que sé que la tienes, para que puedas irte de ahí segura y en paz contigo misma.
          Un abrazo,
          Vanessa

          Responder
  2. Maria 17/11/2023

    Y lo peor es que no estás enamorada de esa persona, puedes tenerle cariño, te puede atraer algo de él y haber cosas suyas que te gusten, pero sabes perfectamente que no es la persona de la que estás enamorada ni te enamorarás, no sois compatibles, no tiene tus mismos valores, te hace sentir más veces mal que bien, si estuvieras enamorada sería diferente porque cada vez que quieres llamarlo o escribirle lo harías porque te hace ilusión y te nace de dentro, te hace feliz hacerlo pese a los obstáculos y que no todo sea perfecto, en lugar de sentir que es una angustia interna lo que te lleva, como el drogadicto que necesita calmar su estado de ansiedad buscando la droga, pero no le hace realmente ilusión ni le motiva buscarla. Yo lucho contra eso, lo que más deseo es enamorarme y amar, no engancharme, pero por otro lado siento que eso es muy difícil, que pido mucho, que nunca voy a vivir nada si no me arriesgo cuando conozco a un chico aunque ya se vea desde el principio venir mal y es todo un mar de dudas y confusión, porque al final me alejo y no vivo nada, pero en el intento lo paso fatal pienso que estoy sola por ser tan exigente y porque hay algo en mi que me impide transmitir en el otro lo que quiero y que las cosas fluyan de forma correcta. Tal vez tendría que lanzarme aunque sepa que no es lo que busco en mi vida pero sea necesario antes de conocer al hombre de mi vida, ahora no sé si el monstruo trata de engañarme de nuevo.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 20/11/2023

      Hola María,
      Cuando tú te sientes segura de ti misma sabes distinguir quién es un SÍ de quién es un NO. Y no tienes miedo a escuchar ese no y actuar en consecuencia, porque no dudas de ti ni de lo que estás sintiendo. Simplemente lo escuchas y lo validas. O incluso puede ser que dudes y observes, pero si en algún momento sientes que te hace daño, te vas. Cuando esto no pasa, cuando te quedas donde sientes que no es o dudas de si el problema está en ti, cuando los miedos tienen más espacio que tu voz interior, siempre es el monstruo el que te está hablando.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder

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