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SÍ, ¡LA NECESITO!

Cómo dejar de pensar en alguien

Cómo dejar de pensar en alguien - mujer mirando por la ventana

¿Has terminado una relación y quieres dejar de pensar en esa persona?

¿Tus pensamientos son tipo a estos?:

Quiero dejar de darle vueltas a lo que pasó, a lo que hizo, a lo que tendría que haber hecho yo…

Ya no quiero pensar más en eso.

¡¡¿Por qué no me lo puedo sacar de la cabeza?!! ¿¿¿Cómo se hace para dejar de pensar en alguien???

O se lo cuentas al alguien y te dice “ya está, no pienses más en él. ¡Pasa página!”.

Sí, muy bonito de decir, pero ¿eso cómo se hace?

¿Te suena? Muy bien, pues vamos a ver cómo dejar de pensar en alguien.

Lo primero que quiero decirte, y es muuuuy importante, es que las personas no tenemos un botón para dejar de pensar en alguien (o en algo que nos ha pasado).

Dicho de otra forma: a ti si te pinchan con una aguja, sangras, ¿no? Me imagino que sí, y que te parece lo más normal del mundo.

Vale, pues si alguien te hace daño o si algo te duele, te tiene que doler y tienes que pasar por eso. No hay otra, no hay un botón, no hay un atajo para que no duela o para dejar de pensar.

Así que, como no eres un robot, no puedes pretender que al día siguiente de terminar una relación, ni a los dos días, ni una semana después, ya no pienses en esa persona. Ahí el borrón y cuenta nueva ni funciona, ni tampoco sería sano.

Por eso al principio necesitas pensar en ello, darte tiempo, reflexionar sobre lo que sea, resolver dentro de ti lo que haya quedado por resolver, aprender de lo que pasó para que no te vuelva a pasar…

Y así hasta que llegue un día en que de verdad sientas y decidas que ya no vas a pensar más, que se acabó. Y, entonces sí, puede ser momento de hacer borrón y cuenta nueva.

Lo que no funciona es pasar por la vida de puntillas y que nos pasen cosas y pretender que no nos duelan ni volver a acordarnos de ellas. Así, no.

Dicho esto, aquí tienes diez pasos para dejar de pensar en alguien:

1. No te prohíbas pensar ni rechaces esos pensamientos.

La prohibición genera deseo. Por eso, cuanto más te prohíbes pensar en algo, cuanto más quieres evitarlo, cuanto más rechazas esos pensamientos, más terminas pensando en ello.

Porque una parte de ti tiene el foco puesto en “no pensar en X”, y como la mente no entiende el No, ¿en qué crees que vas a acabar pensando? Pues justo en lo que no quieres pensar.

Es como lo de “no pienses en un caballo blanco”. ¿A que no eres capaz? Bueno, pues esto es lo mismo.

Y da igual que sea una persona, algo que te pasó, algo que no quieres que te pase o el tabaco si estás dejando de fumar… Cuanto más te resistes a algo, más persiste.

Por ejemplo, yo soy una chocolatera brutal, me encanta el chocolate y durante años estuve obsesionada con no pensar en chocolate para no comerlo. ¿Qué conseguía? Pues fortalecer esa obsesión, estar mucho más pendiente de eso y terminar comiéndome una tableta entera de una sentada cuando ya no podía más de tanta represión y tanta contención.

Y con una relación es lo mismo, que lo que acaba pasando, de tanto no querer pensar, es que te obsesionas con eso y hasta terminas escribiendo a esa persona a ver qué tal está ☹.

Te cuento lo que me contaba una coachee hace poco: “Cada vez que abro el correo me acuerdo de él, porque las últimas veces me escribió por ahí. Y ahora es como que cada vez que abro el email le recuerdo y pienso “noooo, ¡otra vez no! ¡No quiero acordarme de él”.

¿Mi respuesta? “Vale, pues entonces deja de resistirte y de saltar cada vez que te viene el recuerdo. Esa relación entre el correo y esa persona la has creado tú. Ahora simplemente déjalo estar y ya se irá por dónde ha venido”.

Cuando generas ese vínculo tan fuerte, desde la rabia y la desesperación hacia esos pensamientos que quieres que desaparezcan, terminan volviendo una y otra vez.

Cuanto más te dicen que no piensen en alguien, más piensas en esa persona.

Cuanto más te dices que no quieres escribirle, más terminas escribiendo.

Porque cuanto más te empeñas en rechazar esos pensamientos, más vuelven y más se enganchan a ti.

¿La solución? Pues que no te obligues a dejar de darle vueltas.

No quiero decir que te des permiso para todo, simplemente que no te prohíbas.

2. Acepta que necesitas hacer un duelo.

Pequeño, grande o mediano, según el vínculo que tuvieras con esa persona. Pero sí o sí vas a pasar un tiempo pensando en ella. Por lo que te decía al principio, porque no hay una pastillita mágica para dejar de pensar en alguien ni para dejar de echarle de menos en tus rutinas y en tus hábitos.

Así que se comprensiva contigo y acepta cuando pienses en esa persona. Date permiso y aprovecha para reflexionar sobre lo que necesites colocar dentro de ti respecto a esa historia terminada… Más adelante, cuando sea el momento, ya vendrá el soltar y cerrar el tema.

¿Qué no quieres estar pensando en eso a todas horas? Pues elige cuando te vas a dar permiso para pensar en ello. Es como que no lo rechazas, pero tampoco dejas que te asalte en cualquier momento, sino que tú lo programas, igual que eliges cuando vas a poner la lavadora o a leer un libro.

“Vale, ahora no quiero pensar en esto. Hoy a las 7 pensaré en ello un rato”, y listo.

3. Permítete sentir lo que estas sintiendo.

Esto es clave, porque sólo podemos gestionar las emociones que nos damos permiso para sentir.

Así que déjate sentir eso que sientes, reconócelo, escúchalo, ponle un nombre…

Me siento triste, me siento perdida, me siento agotada, estoy nerviosa, siento rabia…

Lo que sea, está bien y tienes derecho a sentirlo. Y sólo cuando lo transites podrá seguir su camino, como el agua de un río…

4. Deja de idealizar.

Deja de recordar esa historia como algo ideal. Si no te sentías bien en ella, si se ha terminado, por algo habrá sido. ¡Así que no era ideal!

Cuando terminamos una relación tendemos a idealizar, por el síndrome de abstinencia. Por eso es tan importante que cuando todavía estás en ella vayas escribiendo cómo te sientes y todos los motivos que tienes para querer irte. Para que después, cuando lo necesites, recuerdes que no fue que tuvieras dudas un día o dos, ¡es que fueron muchos!

Nadie termina una relación de pareja porque sí, porque hoy me levanto con el pie cruzado y lo dejo. No, si te vas es porque de verdad lo has pensado y lo has sentido el tiempo suficiente. Así que, si ahora no recuerdas los motivos, pregúntale a alguien a quien siempre le contabas lo que te pasaba para que te recuerde por qué te querías ir y todo lo que te angustiaba cuando estabas allí.

Y, sobre todo, que esto no va tanto de que pienses o no pienses en alguien, sino de que pienses en ti, en lo que quieres para ti y en lo que te mereces. Si eso se ha terminado ha sido por algo, y seguro que, aunque todavía no seas consciente, es porque quieres y te mereces otra cosa.

5. Pregúntate qué se ha llevado esa persona de ti.

¿Qué hace que pienses tanto en él? Puede ser la película que te habías montado de cómo sería vuestra vida juntos.

Puede ser que se haya llevado el amor a ti misma. Que aprendieras a valorarte desde el sentir que esa persona te quería. Y, como ya no está, pues sientes que no vales lo mismo.

Puede ser que se haya llevado la confianza en ti. Que estés dudando de ti a base de darle vueltas a pensamientos como “tal vez si hubiera hecho esto”, “igual es que he sido demasiado tal”, “claro, fíjate su expareja era tan así y yo tan asa”, “¡cómo se me ocurre! No puedo volver a hacer esto con nadie”… Claro, si empiezas a buscar culpables y a señalarte a ti misma, dejarás de confiar en ti sí o sí.

Puede ser que se haya llevado tu fuerza interior. Como que te sientes pequeñita, dependiente y vulnerable desde que se ha ido…

Como me decía una coachee hace unos días: “Es que si por lo menos lo hubiéramos hablado bien, si le hubiera explicado, si me hubiera explicado, si lo hubiésemos cerrado de otra forma…”.

Esto también es muy común: la necesidad de tener una última conversación con esa persona, en el fondo, muchas veces, deseando que esa conversación le dé la vuelta a la tortilla y se arreglen las cosas.

¿Te suena? Si es así, pregúntate, con honestidad, para qué quieres tener esa conversación.

¿Qué estás buscando que esa persona te diga? ¿Qué poder sobre ti le estas dando a esa persona? Por ejemplo, “quiero que me diga que yo lo hice bien, que no fue mi culpa, que he sido muy importante para él”.

Vale, pues justo eso, con esas mismas palabras, es lo que necesitas decirte tú (en vez de buscarlo en el otro).

6. Distingue qué pensamientos te ayudan y cuáles no.

Cuando te digo que te des permiso para pensar, no me refiero a cualquier pensamiento, ¡ojo!

Porque, por ejemplo, después de una relación tóxica está muy bien recordar todo lo malo para mantenerte en la rabia y en la decisión que has tomado, para seguir comprometida contigo misma y no dar ni medio paso atrás. Así, sí.

Lo que no vale es el autoengaño de empezar a recordar los momentos buenos (que hasta en la relación más tóxica los hay) y empezar a generarte a ti misma culpa, confusión y añoranza. Así, no.

7. ¿Que sigues pensando en esa persona? Vale, déjalo pasar.

La aceptación, recuerda. Es decir, en vez de engancharte a pensar en ello o a no querer pensar en ello, acepta el pensamiento y déjalo ir por donde vino.

Como si pasa una corriente de aire, que entra por una puerta y sale por otra.

No lo rechazas ni te juzgas por haberte vuelto a acordar, pero tampoco lo retienes ni te aferras al pensamiento.

8. Ocupa tu mente con otra cosa.

Imagínate a dos personas que quieren dejar de pensar en alguien. Supongamos que la primera busca planes, hace cosas, se mueve, se divierte y se entretiene. Y la segunda se queda en casa, de bajón, envuelta en una manta y dejando divagar su mente…

¿Quién crees que va a pensar más en esa persona? Claro, la segunda, es que es de cajón.

Por eso, una vez que te has dado permiso para reflexionar y pensar lo que necesitaras pensar, es momento de que te hagas responsable y empieces a elegir a qué prestarle atención. Porque para sacar un pensamiento tienes que poner otro en su lugar, y eso has de elegirlo tú de forma consciente, sin esperar a que llegue el día en que, magia potagia, ya no te acuerdes de él.

Así que empieza a hacer cosas que te hagan sentir bien, a prestar atención a tu niña interior y a pasártelo bien con ella, a cuidarla y a darle cosas que le generen ilusión, cosas que de verdad te motiven y te apetezca hacer, cosas que hacías hace mucho, que te encantaban y que tienes olvidadas en el último cajón de ti misma…

Sin forzar, sí. Sin obligarte a ello, sí. Pero animándote y empezando a ser tú quien tire de ti y te invite a poner el foco en algo nuevo.

9. Por favor, ¡no contactes para nada con esa persona!

Mira, no puedes dejar de pensar en alguien de quien sigues sabiendo algo, con quien tienes cualquier tipo de contacto, aunque sólo sea que ves su foto de perfil en el whatsapp.

Es como querer dejar el tabaco con un cigarrillo en una mano y un mechero en la otra. Imposible.

De verdad, lo del contacto cero es mano de santo. Y, si lo pruebas, verás que hay un antes y un después.

Y puede ser que tengas hijos con esa persona y, por lo tanto, no puedas hacer contacto cero. Vale, entonces minimiza vuestra relación todo lo que puedas. Sin excusas y sin medias tintas.

10. Acepta la realidad tal cual está siendo en este momento.

Si esa persona se ha ido, se te ha dejado, si esa relación no ha funcionado… Lo que sea, al principio cuesta, pero cuando pasa un tiempo es momento de empezar a aceptar lo que está siendo.

Ahora no importa tanto lo que fue, si fue maravilloso o no, si se terminó de un día para otro o era una muerte anunciada, si lo entiendes o no lo entiendes, si con lo bien que estábamos o con lo mal que estábamos…

Ahora lo que importa es que aceptes el punto en el que estás y que, desde ahí, te hagas responsable de ti misma y de salir adelante. Porque cuando pasa un tiempo y sigues sin aceptar, ese aferrarte no te permite avanzar.

Lo sé, se dice más fácil que se hace, pero con los pasos adecuados lo terminarás haciendo. Ya lo verás.

¿De qué te has dado cuenta al leer el post? Si quieres, puedes compartirlo conmigo en los comentarios aquí debajo.

Y si estás en una relación tóxica de la que eres incapaz de salir o no consigues dejar de pensar en alguien, me encantará ayudarte. Puedes rellenar este formulario para tener una sesión de valoración conmigo.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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16 comentarios

16 comentarios
  1. Esther 18/03/2021

    Hola Vanessa, leo tus post desde hace unos meses y en varias ocasiones llega uno de ellos en el momento apropiado, como éste.
    No quiero dejar pasar más tiempo sin agradecerte todo lo que escribes, cómo lo haces y lo que ayudas.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 22/03/2021

      Muchas gracias por tus palabras, Esther. Me alegro mucho de que te esté sirviendo lo que comparto, para eso lo hago :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  2. Eva 18/03/2021

    Eres genial, de verdad. Me pregunto cómo te salen tantos pensamientos positivos. Y tienes tan grande el corazón de compartirlo con los demás y ayudar así con la mente que te haga reflexionar.

    Responder
    • Ivon 20/03/2021

      Hola Vanessa, siempre recibo tus post. Me encantaría que me ayudes… terminé una relación muy tóxica y todavía me cuesta salir de ella, sigo llamándolo, escribiéndome y preguntando el porqué dejo todo después de tantos años. La verdad, me ayudarás mucho, bendiciones.

      Responder
      • Vanessa Carreño Andrés 22/03/2021

        Hola Ivon,
        La aceptación es una parte muy importante e imprescindible en el proceso de duelo… Pero para llegar a eso primero hay que pasar por la negación, la rabia, la impotencia, la tristeza… En una relación tóxica (casi) siempre hay dependencia emocional, y eso estanca el duelo porque nos cuesta mucho soltar, por miedos y creencias limitantes. Pero llega un momento en que decimos “¡hasta aquí!”, se terminó. Y a partir de ahí ya puedes empezar a avanzar… En el blog, en el apartado de dependencia emocional, encontrarás muchos post para comprender este proceso mejor.
        Un abrazo,
        Vanessa

        Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 22/03/2021

      Muchas gracias, Eva. De corazón a corazón :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  3. OLGA 18/03/2021

    “¿Te suena? Si es así, pregúntate, con honestidad, para qué quieres tener esa conversación.
    ¿Qué estás buscando que esa persona te diga? ¿Qué poder sobre ti le estas dando a esa persona? Por ejemplo, “quiero que me diga que yo lo hice bien, que no fue mi culpa, que he sido muy importante para él”.
    Vale, pues justo eso, con esas mismas palabras, es lo que necesitas decirte tú (en vez de buscarlo en el otro).”

    Esto me ha resonado muchísimo, y me ha hecho pensar, igual eso es lo que me hace seguir “enganchada” en el pensamiento desde hace años, sí, años.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 22/03/2021

      Muy bien, entonces ya has encontrado un hilo del que tirar para poder romper esas cadenas… ¡Síguelo!
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  4. Lola 18/03/2021

    Gracias por el post de hoy… salté al verlo, porque esto precisamente me preguntaba hoy al salir de la cama, ¿por qué no dejo de pensar en esa persona? Se fue hace mucho tiempo de mi vida, pero regreso cuando falleció hace casi 2 años y ahí sigo… y uno de los párrafos de tu post me caló: “tal vez si hubiera hecho esto”, “igual es que he sido demasiado tal”, “claro, fíjate su expareja era tan así y yo tan asa”, “¡cómo se me ocurre! No puedo volver a hacer esto con nadie”… Como él ya no está pues más me rondan ideas en la cabeza y me digo ¡ya para! pero creo que como bien dices aquí, lo dejare pasar y le daré el tiempo al duelo que no he querido hacer… ¡gracias!

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 22/03/2021

      Un duelo, del tipo que sea, siempre ha de hacerse. Si no se hace, si se rechaza, eso que no quieres sentir se estanca y/o sale por otro lado. Por eso es tan importante darnos permiso para sentir, porque lo que no sentimos tarde o temprano nos ahoga.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  5. Ana 18/03/2021

    Este post me ha ayudado muchísimo, como leí en el primer comentario, justo en el momento adecuado. Al leer me has calmado el alma y es que hace unos días tuve un conflicto con una familia con la que hicimos amistad y que conocí hace poco tiempo y no dejaba de darle vueltas a lo ocurrido, has descrito a la perfección lo que siento, ¡qué bueno saber que no soy la única y entender lo que nos pasa! ¡¡Mil gracias!!

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 22/03/2021

      ¡Uy! Por supuesto que no eres la única, ¡para nada! Las cosas que nos pasan nos pasan a todos por igual, ojalá fuéramos más conscientes de ello para sentirnos menos bichos raros :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  6. Anónimo 19/03/2021

    Hola Vanessa, hace años que te leo, y siempre genial, aportas mucho a la sociedad.
    Me pasa esto que comentas con un compañero de trabajo, siento que no me respeta por varios motivos, hasta ha llegado a hablarme con muy malas formas, gritando.
    Es una persona q no tiene nada que ver conmigo profesionalmente hablando, no pone ningún interés en el trabajo, no se ha apuntado nada de la formación que nos dieron, hace lo mínimo, se ausenta horas de su puesto, no respeta mis vacaciones, le gustan los rumores de pasillo, pasa horas de charla con compañeros habiendo mucho trabajo por hacer, pone música en su ordenador en alto (le he pedido que la bajase y me dijo gritando que no le da la gana), le comento de buena fe errores que comete y se pone a la defensiva con malos modos, me exige que le resuelva dudas en el momento (sin aceptar que yo no pueda en ese momento, ni coger la ayuda q le he ofrecido de sentarnos cada día a cierta hora para dudas, aparte de que esas dudas que tiene son consecuencia de su dejadez en la formación inicial), habla mal de mi a compañeros, no acepta el reparto q hago del trabajo ni propone uno alternativo, se esconde trabajo que llega en papel. Digamos que nada le parece bien, e intenta aprovecharse de mí frenando mi trabajo, y claro no puedo atenderle a él para desatender mi tarea. Lo malo de todo esto es que compartimos trabajo. Las discusiones son diarias ya sólo por el mero reparto, porque me intenta imponer que hable con él cuando yo todo lo hago por email, y es como que él no quiere dejar rastro, y se enfurece y me ataca verbalmente por el simple hecho de mandarle email.

    Es una de estas personas a las que parece que sólo le interesa el dinero y las vacaciones, y que van a trabajar sin ganas y sin vocación alguna por aportar algo a la sociedad. Y lo triste, es que no va a cambiar con la edad q tiene.

    He intentado varias veces hablar con él, pero no hay manera, miente, discute, se pone a la defensiva, intenta robarme ideas ante los jefes.

    Creo que he tenido demasiada paciencia, debería haberle puesto límites antes o más firmes.

    Su comportamiento y sus faltas de respeto hacia mí, me han hecho perder el sueño, estando días seguidos sin dormir pensando en cómo salir de esta situación.

    Me considero una persona muy positiva, muy trabajadora, con vocación de ayuda a los demás, con ganas de mejorar el mundo con mi granito de arena, y es lo que me motiva cada día. Ah, y con una paciencia infinita.

    Estoy segura, Vanessa, que me puedes dar algo de luz, para que esta persona no me afecte como lo está haciendo, pues su actitud y trato me está afectando a la salud y a mi rendimiento, a pesar de que intento no perder el foco en mi tarea diaria.

    Un super abrazo, y besos!

    Feliz fin de semana

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 22/03/2021

      Hola,
      Muchas gracias por compartir. Que al otro no le puedes cambiar ya lo sabes. Entonces habría que ver si hay algo en tu actitud que puedas cambiar para mejorar cómo estás viviendo esta situación. Siempre hay algo, por pequeño que sea, que podemos hacer. Porque repitiendo lo mismo no avanzamos, y cuando tropezamos una y otra vez con la misma piedra es porque no estamos haciendo el cambio que necesitamos.
      Pero ten en cuenta que la situación no va a llegar a ser ideal si la sientes tan enquistada. Así que si haces ese trabajo y te das cuenta de que no puedes llegar a aceptar a esa persona como es y sentirte en paz contigo misma, tal vez llegue un momento en que necesites alejarte de alguna forma, pidiendo un cambio de puesto o algo así. Lo importante es que te cuides a ti misma dándote lo que necesitas.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
      • Anónimo 02/04/2021

        Muchas gracias Vanessa por tu ayuda.

        Me costó mucho dar el paso, pero reporté la situación. Como consecuencia, me han cambiado de puesto físico y me han dado funciones de más responsabilidad. Estoy contenta porque me han dado funciones que me gustan, aunque es todo tan nuevo que aún estoy ubicándome 🙂

        Feliz Semana Santa

        Responder
        • Vanessa Carreño Andrés 07/04/2021

          Muchas gracias por compartir. Date tiempo, cualquier cambio implica un periodo de inestabilidad mientras te adaptas a la nueva situación y desarrollas nuevos recursos. Ya estás creciendo, ¡y crecerás mucho más por haberlo conseguido!
          Un abrazo,
          Vanessa

          Responder

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