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SÍ, ¡LA NECESITO!

¿Está bien necesitar que alguien cuide de ti?

Hombre besando a mujer - necesitar que alguien cuide de ti

Cuando tienes un problema o tienes que tomar una decisión importante, ¿eres incapaz de hacerlo sin pedirle consejo a alguien?

¿Sientes que dependes mucho de los demás y que no te vales por ti misma?

Si esto te suena, veamos qué puede estar pasando ahí…

Hay personas que tienen puesta su necesidad de protección en una, o varias, figuras externas.

Que necesitan tener a alguien que las cuide y las proteja, ya sea una pareja, un padre, un amigo o un amante…

Personas a las que les resulta más fácil buscar esa protección fuera que dentro de sí mismas.

Pero claro, necesitar sentirte querida, en sí, no es algo malo…

Entonces, esto de necesitar que alguien desde fuera cuide de ti, ¿en qué medida es insano?

¿Hasta dónde está bien y cuándo deja de estarlo?

Pues, depende.

Necesitar una figura externa que te proteja se convierte en una trampa cuando te cuentas que para sentirte segura dependes del otro.

Que para tomar una decisión o para atreverte a hacer algo, necesitas el apoyo o el beneplácito de esa persona.

Se convierte en una trampa cuando ensalzas al otro y le colocas como una figura que sabe más que tú, que es más inteligente que tú, que lo hace mejor que tú…

Y le necesitas para que te diga lo que tienes que hacer y para que te oriente en tus decisiones.

Es decir, es una trampa cuando sientes que necesitas contar con “alguien más grande que tú” para sentirte segura, vivir tu vida y tomar tus propias decisiones.

Por ejemplo, que esto les pasa a muchas coachees, cuando te cuentas que necesitas tener pareja para sentirte X, para hacer X, para ser feliz o para aprovechar la vida.

O si, como me decía una coachee, te sientes desvalida estando sola. “Me he dado cuenta de que, si no tengo pareja, es como que me falta protección. En cambio, cuando tengo una relación estable, me siento segura y me da tranquilidad para hacer mis cosas y relacionarme con los demás”.

Aquí es donde esa necesidad de protección deja de estar bien.

Cuando, para estar bien, necesitas a alguien que te cuide, que se haga cargo de ti, que te proteja, que te mime, que te preste atención, que te diga qué hacer y cómo resolver tus problemas…

Porque cuando buscas esa figura de protección desde ahí, te colocas en el lugar de esa niña desvalida que necesita a un padre que cuide de ella.

Y esto te puede pasar con una pareja, con un amigo o con tu propio padre, si con él te sigues colocando desde la niña, en vez de hacerlo desde la adulta.

Cuando esa protección que tal vez no recibiste de niña (y, entonces, sí que era legítimo que lo necesitaras), o que tal vez fue demasiada porque te sobreprotegieron, ahora no la has integrado como parte de ti, como algo que tú te das. Y la sigues buscando fuera.

Esperando que siempre haya alguien que te salve.

Volviendo a ser una niña que necesita que la cuiden.

Recuerdo a una coachee a la que le pasaba esto, y que siempre estaba rodeada de figuras masculinas en las que buscaba protección. Ya fuera un amigo, un compañero de trabajo o una pareja, se esforzaba por destacar, por gustarles, por que la eligieran, por sentirse reconocida por ellos… Y todo eso era una manera de garantizarse esa necesidad de protección que ella misma no se sabía dar.

Y, claro, si tú estás en la niña que necesita que la salven, y colocas al otro como tu salvador, pero el otro no parece estar dispuesto a salvarte, ¿qué va a pasar?

¿Qué pasa cuando tú te colocas en una postura de necesidad y el otro no satisface esas necesidades?

Pues que te empeñarás en que el otro cambie y sí que esté dispuesto a salvarte.

Como tú le has dado a él esa figura de poder y protección, como te sientes segura a su lado y sientes que tu seguridad depende de que esa persona esté, te engancharás con todas tus fuerzas a esa relación.

Algo así como “por nada del mundo nos podemos separar, porque, si nos separamos, yo me quedo desprotegida”.

Incluso con personas que en realidad no te cuidan, ni te apoyan, ni te comprenden, si tú les otorgas ese papel, preferirás mantener ese vínculo tóxico o luchar para que el otro cambie, a perder tu figura de protección.

Por ejemplo, después de morir mi madre me quedé muy vulnerable y me apoyé mucho en quien entonces era mi pareja. Y cuando, un tiempo después, empezamos a estar mal, me agarré con todas mis fuerzas a que él cambiara y volviera a ser el que era antes. Porque me contaba que, si él no cambiaba y teníamos que dejarlo, yo me quedaría desprotegida.

Y esto no tiene por qué pasar solo con una pareja…

Cuando querer sentirte protegida está bien

Entonces, ¿cuándo sí es sano que, desde tu adulta, necesites a alguien a tu lado?

Pues es sano cuando necesitas sentir que hay alguien con quien puedes contar, alguien que te apoya y está ahí cuando te hace falta, pero sin que tenga que ser una persona en concreto.

Claro que está bien que quieras sentirte comprendida y cuidada por alguien, pero cuando sientes que tú también te comprendes y te cuidas, y que sentirte así eso no depende de alguien externo a ti.

Claro que está bien querer sentirte protegida por tu pareja, pero cuando eso ocurre de igual a igual. Cuando es una relación horizontal en la que yo puedo cuidar de mí y tú puedes cuidar de ti. Y, además de eso, yo siento que me cuidas y tú sientes que te cuido.

Es decir, sin que ninguno se ponga por debajo del otro y necesite que el otro le cuide.

Sin que ninguno le de el poder al otro desde una postura inmadura de “sálvame” o “cuida de mí”.

Sin que ninguno haga el papel de cuidador y el otro de cuidado, sino que ambos hacemos los dos papeles.

Y, desde luego, es sano cuando sabes que el necesitar sentirte protegida por alguien, además de por ti misma, no significa que esa persona tenga que ser una pareja, y mucho menos que por narices tenga que ser Pepe (o Luis, o Jose, o como se llame tu pareja).

Lo que necesitas preguntarte

Así que, si te sientes identificada con esto, quiero invitarte a reflexionar:

Primera pregunta: ¿Qué es lo que esperas del otro?

Por ejemplo, espero que me proteja y cuide de mí.

Segunda pregunta: ¿Para qué? ¿Para sentirte cómo?

Por ejemplo, para sentirme a salvo, para sentirme segura.

Vale, pues aquí tienes la clave. La respuesta a la segunda pregunta, la que sea que hayas dado tú, es donde necesitas trabajar (encantada de acompañarte, si quieres trabajar esto conmigo, puedes rellenar este formulario para tener una sesión de valoración). En poder sentirte así sin que eso depende de fuera. En poder dártelo tú, por ejemplo, hacerte sentir a ti misma a salvo y segura.

Tú, en primer lugar.

Porque, insisto, no es que no pueda venir también de fuera. ¡No es eso!

No es que no puedas querer sentirte apoyada o protegida por alguien. Es problema es cuando dependes de lo de fuera para sentirte así. Y, más todavía, cuando dependes de una persona en concreto para sentirte así.

¿Qué me dices? ¿Te sientes identificada con eso de buscar que alguien externo a ti te cuide y te proteja? Me encantará que me lo cuentes en los comentarios aquí debajo.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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2 comentarios

2 comentarios
  1. Silvia 19/01/2023

    Hola Vanessa
    Este artículo me vino muy bien con lo que estoy viviendo por ahora. Mi esposo y yo ya somos mayores (68 y 71 años) y ambos trabajamos desde muy jóvenes (yo desde los 20 y el desde los 22).
    Trabajábamos y estudiábamos al mismo tiempo (ambos tenemos maestría). Yo me jubilé a los 58 años y él, aunque ya recibe una pensión del gobierno continúa trabajando más de 8 horas diarias dirigiendo su empresa. A mí me gustaría que ya pudiésemos llevar una vida más “desorganizada”, que saliéramos más a museos, teatro, pueblear, etc. Pero él tiene muchas exigencias que tiene que atender aún en su trabajo y esto me hace sentir defraudada y “abandonada” de su parte. Yo estoy tratando de salir por mi cuenta, pero siento que nos estamos alejando mucho, ya que como no me agrada salir sola y de alguna forma se lo “cobro” mostrándome indiferente con él. Él siempre trabajó muchas horas, como 16 hrs. diarias incluyendo sábados y yo siempre anduve sola con mis hijos y, aunque yo me quería separar, por esta razón permanecimos casados.
    Nuestra economía es buena, pero nuestra convivencia no. ¿Tengo que ser más independiente?

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 27/01/2023

      Hola Silvia,
      No creo que la solución sea que tengas que ser nada en concreto, o nada que no quieras ser. Lo que necesitas es una respuesta que has de encontrar dentro de ti, desde el conocerte, desde el amor a ti misma, desde el comprender tus miedos, legitimar tus necesidades, expresarlas y hacerte cargo de ti… Castigar al otro cuando no te sientes vista o no sientes que recibes lo que te gustaría no va a resolver la situación, en todo caso la agravará más, porque os alejará más. Te animo a trabajar en ti, que por mi parte encantada de acompañarte si quieres, para que puedas encontrar dentro de ti eso que te falta, y desde ahí saber cómo quieres resolver la relación con tu esposo.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder

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