Treinta cosas que tienen en común las personas infelices

Personas infelices - chica sobre globos

¿Qué dirías tú que tienen en común las personas infelices?

Tal vez pienses que lo que las caracteriza es que se sienten solas, o que no se sienten queridas, o que nunca se han enamorado…

O igual crees que uno es infeliz cuando no se siente realizado o cuando tiene problemas económicos.

En mi opinión, por mi propia experiencia y por lo que observo a mi alrededor y en las personas con las que trabajo, la infelicidad no tiene nada que ver con no tener pareja, con que no te guste tu trabajo o con que no seas millonario.

La infelicidad, y también la felicidad, es algo mucho más sutil, y que depende de uno mismo bastante más de lo que pensamos.

¿Te gustaría saber qué tienen en común las personas infelices? Pues, por lo menos, estas treinta cosas:

1. Esperan que su felicidad llegue de fuera. Cuando tengan un trabajo mejor, cuando su pareja cambie, cuando aprueben la oposición… No se dan cuenta de que el cambio empieza dentro de sí mismas, en su manera de ver, de interpretar y de vivir la vida. Y que lo de fuera viene como consecuencia de lo de dentro, y no al revés.

2. Se fijan más en lo que no funciona que en lo que sí. Son capaces de ver lo malo de cada situación, de cada persona y de cada momento. Pesimismo en estado puro.

3. Se comparan mucho con los demás y siempre salen perdiendo en la comparación. Incluso sienten envidia de que a otros les vaya bien y se alegran secretamente cuando alguien no consigue lo que quiere… Esto, por cierto, es una señal bastante clara de que en su vida algo no va bien.

4. No valoran las pequeñas cosas: una buena comida, la sonrisa de un niño, un paseo de domingo, un café con un buen amigo… Todo eso que, al final, te das cuenta de que es lo que hace que la vida valga la pena.

5. Viven desde el “pero”. “Es verano y hace bueno, pero es que hace demasiado calooor…”. Y unas semanas después “menos mal que ya se ha pasado el calor, pero es que ahora hace demasiado fríoooo”. ¿Te suena? :-).

6. Se lo toman todo demasiado en serio. Si pierden el autobús, es horrible. Si alguien les anula una cita, es horrible. Si un coche les adelanta de malas maneras, también es horrible… Les hace falta ser un poco más pasotas.

7. Les encantan los cotilleos, las críticas y las quejas, y disfrutan hablando de lo que no va bien a su alrededor. Sí, sí, ese tipo de persona que lo juzga todo y a todos…

8. Desconfían de las personas y creen que el mundo está lleno de gente mala con una doble intención. Y claro, desde la desconfianza solo pueden generar desconfianza. Y ya está servida la profecía autocumplida.

9. Lo achacan todo a la suerte, o a su mala suerte. Se olvidan de que hay una gran parte de suerte que depende de uno mismo y le cargan toda la responsabilidad a los demás… Es como que se colocan en el papel de víctimas, recordando todo lo que no ha funcionado en su vida y sin atreverse a coger las riendas y a ser protagonistas de la misma.

10. Tienen mucho miedo a equivocarse. Sí, mucho miedo. Y por eso mismo no se atreven a tomar decisiones. ¿El problema? Que no se dan cuenta de que cualquier decisión, por errónea que sea, es mejor que no tomar ninguna.

11. Se machacan por cada uno de sus errores. Ya sea algo tonto, como haberse olvidado de comprar algo en el supermercado, o algo más relevante, como esa infidelidad que les hizo perder al amor de su vida. La cosa es echarse la culpa.

12. No se ponen objetivos. Viven en la pasividad, como quien se deja llevar por la marea, sin enfrentarse a sus miedos y sin hacer nada para superarse y alcanzar sus metas… O, si no, las pocas veces que se proponen algo, al momento se dispersan y lo abandonan.

13. Quieren gustarle a todo el mundo. Se preocupan mucho por lo que los demás esperan de ellas y por agradar a los que les rodean. Y, en ese afán por que las quieran, es como que todo el rato se traicionan a sí mismas. Por supuesto, no se sienten bien con ello.

14. Viven en un constante “tengo que” y “debería”. Se exigen mucho y se sienten mal cuando hacen algo simplemente porque les apetece. Vamos, que muy pocas veces se dan gusto y placer porque sí.

15. Piensan en el pasado y en el futuro mucho más que en el presente. Se regodean en lo horrible que fue aquello que pasó o en todo lo que temen que pueda pasar. No se dan cuenta de que cualquiera puede recordar momentos duros si echa la vista atrás, pero ¿para qué? Lo mismo que cualquiera puede adelantarse a un millón de desgracias, no hace falta ser un erudito para ello. Pero, nuevamente, ¿para qué? Si lo único que permanece y que se puede disfrutar es el presente, aquí y ahora.

16. No buscan ni crean oportunidades para mejorar lo que no les satisface. Huyen de los problemas, no se involucran y no se arriesgan. Viven en la fantasía de que algo cambie, pero no hacen nada para que así sea.

17. Se quedan ancladas en algo que les sucedió. Ya sea una desgracia, un abandono o una pérdida muy dolorosa, se niegan a pasar página y a perdonar. Se resignan y se convencen de que después de “algo así” ya nunca podrán ser felices.

18. No se cuidan ni hacen cosas que les generen endorfinas y les hagan sentir bien, como bailar, comer sano, reír o leer… En esto cada uno debería tener su lista de endorfinas particular.

19. Creen que la felicidad es sentirse bien las veinticuatro horas del día. Que si se sienten tristes, si tienen miedo, si se enfadan o si les pasa algo malo, su felicidad se esfuma. Y no, ser feliz es una sensación de paz interior que no tiene nada que ver con lo que esté pasando en ese momento en tu vida. Y lo sé porque lo he vivido.

20. Tienen miedo a ser ellas mismas. Se hacen las fuertes, esconden su vulnerabilidad y no se muestran como son por miedo a que otros las rechacen. Máscaras, máscaras y más máscaras, en el teatro del absurdo…

21. Se preocupan mucho por todo. No ven que darle vueltas a la cabeza, querer controlarlo todo y estar en mil sitios a la vez es una fuente de estrés inagotable. Y que si algo tiene solución, lo mejor es ponerse con ello. Y si no la tiene, dejarlo estar. Sin más.

22. Miran siempre a lo que les falta, en vez de valorar todo lo que tienen. Que mi familia no es perfecta, que no estudié lo que me gustaba, que no vivo donde quiero, que no me quieren como yo quiero que me quieran… Siempre les falta algo y nunca llegan a sentirse satisfechos del todo… No ven que en la vida de cualquiera siempre hay algo que podría ir mejor, pero que también hay muchas cosas que van bien, y esas son las que tenemos que aprender a ver.

23. Se machacan con sus pensamientos, tienen un diálogo interno muy negativo y se exigen un montón. Con urgencia, necesitan aprender a darse permiso, a dejar de fustigarse por no ser perfectos y a tener un pensamiento más complaciente y positivo.

24. Se enfocan en el Hacer mucho más que en el Ser. Claro que en la vida también hay que hacer, que esto no es una oda a la vaguería. Pero nuestro valor como personas está en lo que somos, no en lo que hacemos ni en lo que tenemos. Está dentro de cada uno de nosotros, en el amor que damos y que nos damos, y eso es lo único que nadie nos va a poder arrebatar nunca.

25. Esperan a recibir antes de dar, o dan esperando recibir lo mismo. Por ejemplo, “si me saluda, le saludo”; “si yo te hago un favor, esperaré que tú me lo hagas a mí después”; “si yo te trato de esta forma, doy por hecho que tú me vas a tratar igual”.

26. No priorizan. Todos tenemos una escala de valores y un orden de lo que es más importante en nuestra vida, pero las personas infelices se olvidan del suyo y viven de acuerdo a lo que les marca el azar o a lo que los demás esperan de ellos.

27. No expresan sus sentimientos. No dicen “te quiero”, ni “me importas”, ni “gracias por formar parte de mi vida”, ni «me ha dolido que hicieras aquello». O, dicho de otra forma, no le ponen sal a la vida.

28. Se engañan. Hacen como que todo está bien, rechazan lo que sienten y no son honestas consigo mismas. Por ejemplo, cuando se centran en su éxito profesional creyendo que eso es lo que les dará la felicidad, sin darse cuenta de que se están perdiendo a sí mismas en el camino…

29 Tienen miedo a ser felices. Sí, es curioso pero hay personas que parece que se niegan a que las cosas les salgan bien, que huyen de sentirse satisfechas y que espantan su propia felicidad. Como una especie de autoboicot encubierto en el que todos a su alrededor se dan cuenta menos él…

30. Eligen no ser felices. Eligen no cambiar lo que podrían cambiar en su vida, eligen que todo siga como está y eligen no comprometerse con su propia felicidad.

Y este último punto, sin duda, es el más limitante, porque ser feliz es una decisión que sólo puede llegar a partir del día en que la tomas.

Como ves este post está escrito en tercera persona, cuando la mayoría te los dirijo a ti, en segunda persona. ¿Por qué? Porque esta vez eres tú quien se ha de responder si es feliz o infeliz. Ni más, ni menos.

Eso sí, cualquier reflexión que quieras compartir puedes hacerlo en los comentarios aquí debajo. Estaré encantada de responderte :-).

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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8 comentarios

8 comentarios
  1. María 02/03/2017

    Guauuuuu Vanessaaaaa no has dejado tecla sin tocar!!! Y qué razón tienes, amiga! Como son 30 creo que una buena cosa para ponerlas en práctica es fijarte en una al día o una cada dos días, y entonces en dos meses las prácticas!
    Me han mandado por wap 15 cosas que propone el Papa Francisco para la Cuaresma y me han recordado a este post: sonreír, dar las gracias aunque «no debas», escuchar con calma al otro, animar a alguien, decir a los demás cuánto los amas, alabar a alguien cuando hace algo bien, dar algo que no usas…. y así hasta 15. Realmente si yo hiciera esto sería más feliz y haría felices a los demás. Besos

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 03/03/2017

      Muchas gracias, María. Qué buenas también las propuestas del Papa Francisco, muchas gracias por compartirlas.
      Si sabes que serías más feliz, ¿por qué no hacerlo? Una al día es una buena medida. Y cuando termines vuelta a empezar :-).
      Besos,
      Vanessa

      Responder
  2. Mary 07/03/2017

    Hola! ? Vanesa espero que este bien. Está super interesante el post y, por lo que he leído, la verdad varios puntos van conmigo. Me cuesta mucho cambiar mi zona de confort, se me pone la piel chinita cuando quiero hacer algo distinto y termino haciendo nada, se me hace muy difícil, pero trabajaré muy duro para obtener buenos resultados. Hasta pronto ?

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 07/03/2017

      Muchas gracias, Mary. Recuerda dar pequeños pasos, muy pequeñas salidas de tu zona de confort. Tan pequeñas que te parezcan insignificantes… ese es el secreto ;-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  3. Tania 09/03/2017

    Puff… Me siento identificada en demasiados puntos, no en todos por suerte. ¿Eso quiere decir que soy una infeliz pero no al 100%?

    Llevo mucho intentando superar barreras que me pongo yo misma… Mi última relación importante ha creado un gran socavón en mi interior que por mucho que intento llenar, termina teniendo siempre algún escape… Y ya no duele ni siento nada por esa persona, aunque la inseguridad se ha apoderado de mi.

    Y no quiero, quiero volver a ser feliz, y serlo por mi.

    Qué difíciles somos a veces…

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 10/03/2017

      Hola Tania,
      Sí, la vida a veces es un camino llano y a veces se llena de cuestas y montañas… Cuando esos obstáculos nos los ponemos nosotros la parte buena es que también está en nosotros superarlos… Hay momentos para llenarse de seguridad y otros para sentirse insegura. Y no pasa nada. Date permiso para descubrir lo que sea que en estos momentos necesitas para, poco a poco, salir de ahí y volver a ser feliz, por ti.
      Un fuerte abrazo,
      Vanessa

      Responder
  4. Mujer desesperanzada 10/12/2018

    ¿Has pensado que muchos de estos comportamientos que mencionas (completamente de acuerdo contigo, con los que me siento identificada) son el fruto de una niñez muy jodida que deja marca imborrable y cuyas heridas no han sido curadas ya que por circunstancias la persona ha tenido que seguir soportando maltrados y vejaciones… Y no ha sido posible que aprenda herramientas para gestionar toda su mierda?
    Algunas personas puede que estén ya tan dañadas que quizá la recuperación no sea posible; hay casos y casos.. No todo es tan bonito y tan fácil como ir a una óptica y cambiar de gafas… Es mucho más complejo que eso…
    Gracias por leerme.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 12/12/2018

      En mi opinión, casi todo tiene que ver con nuestra infancia… Y sí, sé que no es tan fácil como ir a una óptica y cambiar de gafas, lo mismo que sé que a casi nadie le vienen a traer las gafas a casa. Todo implica un trabajo personal profundo, y para eso también hay que tener la confianza y las posibilidades… Lo que pasó no lo puedes cambiar, nadie puede… Sólo puedes cambiar tu manera de interpretarlo y de mirar hacia adelante, o de seguir mirando hacia atrás… Sólo una de esas dos miradas tiene el poder de construír, la otra destruye.
      Un abrazo grande,
      Vanessa

      Responder

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