Cómo cambiar tu diálogo interno (y que deje de fastidiarte)

Es culpa mía.
Soy un desastre.
Todo lo hago mal.

¿Te suena? ¿A menudo piensas cosas como esas? Son ejemplos de pensamientos que podemos tener cada día y que nos hacen sentir fatal.

Porque sí, para bien o para mal, tu bienestar y tu felicidad dependen de tus pensamientos.

No dependen de lo que te pasa, como creen algunas personas.

Dependen de tu diálogo interno. Eso es lo primero que deberías cambiar si quieres sentirte bien (segura, tranquila, relajada, confiada, feliz o lo que sea).

El proceso funciona así: pasa algo, que nos lleva a pensar algo, que a su vez nos lleva a sentirnos de una determinada manera y a actuar en respuesta a ese sentimiento.

Así que la clave, lo que lo condiciona todo, no es lo que pasa, sino lo que tú te dices sobre eso que ha pasado. Por eso es tan importante que sepas cómo cambiar tu diálogo interno.

 

Por ejemplo, imagínate que hay cuatro personas en una habitación y una sale dando un portazo. De las tres que se han quedado dentro, tal vez la persona A piense: “Seguro que le pasa algo conmigo, le debe haber molestado algo que he hecho”. Tal vez la persona B piense: “pobre, debe tener un mal día”. Y tal vez la persona C piense: “debe haber alguna ventana abierta y la corriente ha provocado un portazo”.

Y así es como la persona A se sentirá triste, debido a lo que ha pensado.
La persona B puede que sienta empatía y la persona C no sentirá nada en especial.

 

¿Te das cuenta? Dependiendo de lo que cada persona ha pensado, se ha sentido mejor o peor.

Y eso se aplica a todas las personas en todas las situaciones.

Dependiendo de lo que pienses en cada situación te sentirás tranquila, ansiosa, triste, rabiosa o contenta.

Esto es lo primero que necesitas entender sobre tu diálogo interno para conseguir que funcione a tu favor.

Una centrifugadora por cabeza

Por eso algunas personas viven presas de su diálogo interno. Porque evalúan negativamente todo lo que pasa a su alrededor. Se observan, se juzgan, se critican y le ponen “peros” a todo lo que hacen.

 

Todo lo que me pasa es horrible.
La gente se aburre conmigo.
Seguro que vuelvo a meter la pata.
Lo mío no es normal, ¡estoy tonta!
Se quieren aprovechar de mí y encima yo les dejo.
Esto no tiene solución.
Seguro que encuentra a alguien mejor y me deja.

 

Esa voz crítica es como una realidad paralela en tu cabeza. Aparece continuamente y lo cuestiona todo. Te hace sentir insegura y muy poco valiosa. Hace que no pares de pensar y que le des vueltas y más vueltas a la cabeza. Como si fuera una centrifugadora, un taladro o una olla a presión. Un run run permanente a punto de explotar y que además hace que te sientas muy mal.

Por ejemplo, yo antes me consideraba única, pero única en lo negativo. Pensaba que no había nadie tan torpe, tan incapaz, tan insegura, tan tonta, tan débil o tan cobarde como yo. Me veía como lo peor. ¿Cómo me hacía sentir pensar así? Pues te lo puedes imaginar…

Entonces, si con nuestro diálogo interno podemos hacernos tanto daño, ¿por qué pensamos así? La mayoría de las veces, porque no hemos aprendido a pensar de otra forma.

Tal vez porque de pequeños, para ayudarnos a ser mejores personas y a llegar lejos, nuestros padres y cuidadores nos exigieron y nos señalaron cada error que cometíamos, en vez de reforzar nuestros aspectos positivos y con ello nuestra autoestima. La intención era buena, ojo. Pero el resultado puede haber sido que nos hayamos convertido en nuestro peor enemigo.

Que ahora, como adultos, nos exijamos mucho más de lo que lo hizo nunca nadie. Que seamos despiadados con nosotros mismos. Que tengamos el don de convertir un problema insignificante en algo horrible, en lo peor que nos puede pasar. Y todo simplemente por nuestros pensamientos, por lo que nos decimos, por las gafas con las que vemos lo que nos está pasando.

No ves las cosas como son, sino como tú eres

La realidad es la realidad, sí. Si te han despedido del trabajo, si tu pareja te ha dicho que no sabe si sigue enamorada o si ese momento que tanto deseas no termina de llegar. Todo eso puede ser cierto. Lo que no es cierto son tus pensamientos. Son sólo eso, pensamientos. No es cierto que no vayas a encontrar trabajo nunca más, no es cierto que te vayas a quedar sola para siempre y no es cierto que todo lo malo te pase a ti… Todo eso te lo dices tú. Por eso, cuando cambies lo que te dices, cambiará tu realidad.

Es decir, aunque suene duro, cada uno de nosotros somos responsables de nuestro sufrimiento o de nuestra alegría. Porque siempre somos libres para elegir lo que queremos decirnos en cada momento. ¡Siempre! Tú eres quien le envía una señal de pensamiento a tu cerebro. Y ese es el instante en el que eliges cómo te vas a sentir.

Así de claro. Sin excepciones. Yo misma, antes era la única responsable de mi tristeza y de mi infelicidad. Lo mismo que ahora lo soy de mi alegría, de mi tranquilidad y de mi bienestar.

Y tú también lo eres de lo que sea que sientas.

 

Por ejemplo, imagínate que tu pareja está viendo la tele mientras tú le cuentas algo y tú piensas que no te está haciendo caso. ¿Cómo te vas a sentir?

Y ahora imagínate que tu pareja está viendo la tele mientras tú le cuentas algo y tú piensas que seguro que está viendo algo importante, así que esperas a que termine o le preguntas cuando puedes contarle una cosa. ¿Cómo te vas a sentir en este caso?

 

Pues eso :-).

Cambia tus rutas neuronales

Todos, con nuestra forma de pensar, hemos ido creando unas determinadas rutas neuronales. Como una especie de caminos que de tanto andarlos se han ido marcando más y más. Así que, cada vez que pienso algo, tiendo a coger los mismos caminos de siempre. Por ejemplo, si me he acostumbrado a pensar de una forma negativa y victimista, una y otra vez volveré a pensar así, porque para mí es lo fácil.

¿Y eso cómo se cambia? Pues empezando a crear nuevas rutas neuronales. Igual que uno de esos senderos que, de tanto pisarlo la gente, termina haciéndose camino. Poco a poco, insistiendo, con foco, paciencia y perseverancia. Es cierto que al principio una y otra vez tendrás que volver a reconducirte desde el camino de siempre al nuevo.

Lo importante es que sepas que puedes cambiar y que merece la pena, porque te cambiará la vida. Lo veo continuamente en las personas con las que trabajo y antes que en ellas lo vi en mi misma.

Puedes convertirte en la única persona que decide cómo quiere sentirse en cada momento, si cambias tu diálogo interno.

Y aquí tienes siete claves para saber cómo cambiar tu diálogo interno:

1. Date cuenta de qué es lo que te dices. Observa tus pensamientos y hazlos palpables. ¿Cómo? Escribiéndolos. Puedes hacerlo tres veces al día o puedes hacerlo cuando sientas algo que no quieres sentir. ¿Qué acabo de pensar? ¿Qué me acabo de decir a mí misma?

2. Lee lo que has escrito en voz alta. ¿Cómo te sientes? Imagínate que eso mismo se lo estás diciendo a alguien a quien quieres. ¿Te gusta hablarle así a esa persona? ¿Crees que decirle eso le va a hacer sentir bien? Pues esto es una regla de tres: si a esa persona no le ayuda que le digas eso, a ti tampoco.

3. Razónalo. Ahí van alguno ejemplos:

 

¿De verdad soy una inútil por no haberme dado cuenta de este detalle?

¿De verdad la vida me trata fatal? Si voy a un hospital, a un centro de acogida o pongo la tele para ver como una mujer pierde a su hijo, ¿seguiré pensando lo mismo?

¿Es tan horrible que no me haya salido bien esto? A ver, puede que lo quisiera, pero no lo necesito para vivir. Puedo ser feliz sin ello.

¿Qué pruebas tengo yo de que vaya a pasar eso que tanto temo? ¿Podría acabar pasando otra cosa? Y, aunque al final eso pasara, ¿podría superarlo? (en mi opinión, una señal inequívoca de una buena autoestima es que te sientas capaz de superar cualquier desgracia o situación que la vida te traiga).

Muy bien, no soy perfecta, y no lo necesito para ser feliz. ¿Quién lo es? Nadie. Ni siquiera esa persona con la que siempre te comparas (y, si no me crees, te reto a que pienses en alguien a quien consideres perfecto y te atrevas a preguntarle si también se ve así. Verás como te dice que no… Todos somos perfectos a ojos de los demás, pero no a los nuestros).

¿Realmente esto es tan importante? ¿Es un asunto de vida o muerte? ¿Merece que me amargue los días y las semanas?

 

Busca tus propios razonamientos y, al menos durante tres semanas, escríbelos.

4. Encuentra otra interpretación. ¿De qué otra manera podría ver esto que me está pasando para sentirme mejor?

Pensar de una forma proactiva suele ser una buena opción. ¿Qué puedo hacer para solucionarlo? Y si no puedo hacer nada, ¿qué puedo hacer para aceptarlo y sentirme bien?

También puedes imaginarte que eso te lo está diciendo tu mejor amigo (que no vale para nada, que no hace nada bien o que es imposible que consiga lo que se propone). ¿Qué le dirías? ¿Le recordarías todo lo que ha hecho bien o todo lo que ha conseguido antes? ¿Le perdonarías por haber cometido un error? Entonces háblate a ti misma como le hablarías a él. Piénsalo y dilo en voz alta.

Se resistirán muchos de tus Yoes, es normal. Creerás que eso para ti esto es imposible, también es normal. Tu mente irá a lo fácil, a lo que conoce, a lo de siempre… también es normal. Y serás tú quien tenga que mostrarle el camino correcto una y otra vez (como casi todo en la vida, la clave es insistir donde otros se rinden…).

Poco a poco irás notando progresos. Entonces serán especialmente importantes los siguientes puntos:

5. Acepta tus pensamientos. No te resistas a ellos ni los rechaces. Vuelven porque son pensamientos automáticos, no pasa nada… Déjalos pasar, sin envolverte ni engancharte a ellos. Responde con un razonamiento rápido y poco más. Nada de entrarles al trapo, no quieres que se vuelva a poner en marcha la centrifugadora ;-).

6. Haz algo que te cambie la emoción. Cuando aparezca uno de esos pensamientos recurrentes utiliza tu cuerpo para cambiar tu estado emocional. Muévete, da saltos, camina, canta, recita el abecedario… ¡Rápido y muy efectivo!

7. Practica visualizaciones una vez al día. Imagínate a ti misma sintiéndote bien en esas situaciones en las que antes se disparaba tu diálogo interno. Estás tranquila, optimista, disfrutando, relajada, siendo como quieres ser y sintiéndote como te quieres sentir…

Y hazlo utilizando la respiración abdominal, porque se sabe que tiene el poder de producir cambios en el cerebro y de cambiar cómo te sientes. No es magia, pero te aseguro que funciona :-).

Y, mientras consigues todo esto, fake it till you make it. Es decir, que hagas como que te sale hasta que te salga… Vamos, que te conviertas en una actriz interpretando un papel de seguridad, de fuerza o de tranquilidad. ¿Cómo lo harías? ¿Cómo te moverías? ¿Qué pensarías? ¿Cómo estaría tu cuerpo?

Sin centrifugadoras. Ni taladros. Ni ollas a presión.

Por un mar en calma ;-).

Y si quieres seguir aprendiendo a cambiar tu diálogo interno y ser una persona mucho más positiva, te invito a que te suscribas a Coaching to Be y te descargues de regalo la guía «Los diez pasos clave para mejorar tu autoestima». Puedes hacerlo pinchando aquí.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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20 comentarios

20 comentarios
  1. Augusto 14/04/2016

    Me encanta como siempre todo lo que cuentas Vanessa. Muy buenas sugerencias. La clave además de insistir donde otros se rinden, creo que también pasa por darnos cuenta de que casi nada tiene la importancia que le damos. No pasa nada por fallar. Creo que lo importante son las lecciones aprendidas y con lo que sabes en cada momento, a seguir intentándolo de todas las maneras que se te ocurra. Sin duda es la fórmula para tener más opciones de conseguir lo que quieras. Ojo, que no quiere decir que lo vayas a conseguir siempre, si al final no es posible, tienes por lo menos la tranquilidad de saber que lo has luchado como es debido. Llegado un momento, pues a otra cosa. Lo bueno es que sea lo que sea que nos pasa, nunca sabemos cuando será para bien y lo que hoy te puede parecer un drama, mañana puede resultar una grata sorpresa.

    Un abrazo,
    Augusto

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 15/04/2016

      Sí, es muy importante saber que casi nada tiene la importancia que le damos… Para mí lo único verdaderamente importante es la salud y el Amor (no de pareja, si no en un sentido mucho más amplio… amor a la vida, a ti misma, a los que te rodean…). Lo primero, curiosamente, creo que está muy relacionado con nuestros pensamientos y nuestras emociones. Y lo segundo lo construímos cada uno de nosotros cada día.
      Y eso de «seguir intentándolo de todas las maneras que se te ocurra» que dices… Me recuerda que la felicidad está ahí para todos, pero que no todos nos movemos hacia ella. Hay quien espera a que le venga. Y no, esto hay que currárselo. Pico y pala, que dirían en mi pueblo :-). En cada instante, con cada acción, con cada intención, con cada pensamiento…
      Muchas gracias por tus palabras y por traerme nuevas reflexiones, Augusto.
      Un abrazo

      Responder
  2. Benjamin 14/04/2016

    Gracias!! gracias!!
    Yo soy de los que me autocritico..pero estoy aprendiendo a cambiar estos pensamientos.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 15/04/2016

      Enhorabuena, Benjamín. Espero que pronto me escribas y me digas «yo era de los que se autocriticaba»… Bueno, que pensándolo bien, puedes decirlo ya ahora. Recuerda el fake it till you make it. Aparéntalo hasta que lo consigas. Y eso también incluye el lenguaje y hablar en pasado, mucho mejor que en presente ;-).
      Un abrazo

      Responder
  3. Esther 15/04/2016

    Imposible haberlo descrito mejor. Esa insana costumbre de boicotearnos a nosotros mismos. ¡Me ha encantado!
    un abrazo.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 18/04/2016

      Muchas gracias, Esther. Tú lo has dicho, lo hemos convertido es una costumbre. Y sí, muy insana… :-).
      Un abrazo

      Responder
  4. Paty G 25/07/2016

    Como siempre, escribes desde el corazón y el sentimiento, Vanessa leo aquí y allá y algo se me queda pero esta mente es demasiado inquieta, creo que voy a iniciar el ejercicio de escribir como tu dices, tal vez pueda conseguir transformar los pensamientos negativos y claro las películas también, para lograr mi paz interior. Me gustaría verte en YouTube con ayudas como estas y miniconferencías, tienes tanto para enseñar, genial que exista gente como tu Vanessa, gracias por tus letras.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 27/07/2016

      Muchas gracias, Paty. Escribir es una terapia maravillosa. Te animo a que la apliques, a la vez que usas consejos de post como éste, para cambiar tu diálogo interno y lograr la paz interior.
      Estate atenta a mi newsletter, de vez en cuando hago alguna videoconferencia a la que puedes asistir donde quiera que estés.
      Besos y sonrisas,
      Vanessa

      Responder
  5. Noemi 01/07/2017

    Vanessa!!… pero que bonita eres, qué gran corazón, y cuánta razón en todo lo que escribes… Yo siempre supe que había algo muy grande y especial en ti, y ahora que veo que tú también lo sabes, qué suerte la de todos el que puedas escribir así y contargiarnos de la magia y energía positiva que hay en ti… Quiero verte ya compañera, enhorabuena por tus publicaciones y un abrazo enorme!!

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 03/07/2017

      Qué lindo, Noemí. Mil gracias por tus palabras. Yo también supe siempre que había algo muy grande y especial en ti y me ha encantado leerte y saber de ti. Espero que nos veamos pronto y poder darte un abrazo grande como te mereces.
      Muchos besos, preciosa :-),
      Vanessa

      Responder
  6. María 04/04/2018

    Hola Vanessa, gracias por tus post. Tienes un blog realmente bueno, tanto los temas como la forma de redactar tan clara y cercana. Visualmente también me gusta mucho. Cuánto mas leo, mas me gusta. Y con ejemplos sencillos sin complicaciones. La autoestima es uno de mis puntos débiles, aunque me considero una persona muy valiosa. Así que aprendo muchisimo. Me pasa últimamente que no creo mucho en mí, y puede ser porque me ilusiono con cosas, pero luego desisto o no las consigo, y no sigo esforzandome porque recuerdo experiencias previas dónde me esforcé bastante y luego no fue bien. Sé que seguir siempre es el camino, pero me cuesta ilusionarme. ¿Qué post de los escritos me recomendarías? Muchos besos!

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 04/04/2018

      Hola María,
      Al leerte me ha venido a la mente éste, pero necesitaría hablar más contigo para saber qué es lo que hace que te ilusiones con algo y después desistas y dejes de esforzarte. Sería importante que tomaras conciencia de las creencias que te están limitando, respecto a ti y respecto al éxito a la hora de alcanzar tus objetivos.
      La ilusión y la confianza se recuperan a través de los pequeños compromisos y los pequeños retos de cada día, no de los grandes ;-).
      Un abrazo grande,
      Vanessa

      Responder
  7. La Hoja de Cortesía 20/04/2018

    Me encanta lo que escribes, ¡tienes tanta razón! Gracias por aportarnos sabiduría.
    Un abrazo.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 23/04/2018

      Muchas gracias por tu comentario, me alegro de que te guste.
      Un fuerte abrazo,
      Vanessa

      Responder
  8. Matias 25/06/2018

    Hola Vanesa! Soy Matias, estudiante de Psicología del último año. Me parecen super acertadas e interesantes las publicaciones que escribes. En ésta, me gustó sobre todo lo de identificar el pensamiento cuando nos sentimos mal por algo y lo de qué le dirias a tu mejor amigo si es que él te lo dice a vos. Son formas bien pragmáticas para lograr cosas que de teoría sabemos todos. ¡Seguí asi!

    Y sólo decirte que también varones leemos tus publicaciones! Porque siempre escribes como hablándole a una mujer jaja. Pero es un detalle, muy bueno leerte!!

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 25/06/2018

      Muchas gracias, Matías. Me alegro mucho de que te guste lo que escribo, es un halago aun mayor para mí viniendo de un (casi) Psicólogo.
      Sé que muchos de mis lectores son hombres y también muchos de mis clientes lo son. Simplemente escribo para un perfil de persona que suele ser mujer, pero sé que también hay muchos hombres así. Te agradezco que me lo hayas recordado y te pido disculpas si en algún momento te has sentido apartado por ello.
      Un abrazo grande,
      Vanessa

      Responder

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