Diez puertas a tu felicidad

Puertas a tu felicidad

Vivir en la resignación de pensar que tu vida no va mal, que podría ir peor, que tal vez vivir es eso, que quizás más adelante… No, así no. Lo mismo que el que sale a buscar trabajo llama a puertas hasta que le abren, el que quiere ser más feliz también tiene que moverse y llamar a puertas. Pero son puertas interiores, porque solo dependen de uno mismo.

Estas son las diez puertas que necesitas abrir para ser feliz:  

  1. Toma el poder de tu felicidad. Este punto es clave. Si no pasas éste, no pasarás ninguno. De hecho a partir de aquí el orden da igual, pero éste tiene que ser el primero sí o sí. Porque desde la posición de víctima, esperando a que algo cambie, es imposible ser feliz. Porque el poder de tu felicidad lo tienes tú y está en tu actitud. En decidir si quieres ser una de esas personas que esperan a que las cosas pasen o una de las que hacen que las cosas pasen. En elegir entre creer que todo lo que te pasa está controlado por influencias externas o creer que se debe más bien a lo que piensas y a lo que haces.
    Si eres de las segundas, felicidades, porque tendrás una mejor autoestima y conseguirás tus objetivos gracias a que sabes que depende de ti conseguirlos. Y, si eres de las primeras, reconócelo y cámbialo. No pasa nada, otros también lo hemos hecho. Y es realmente liberador dejar atrás a tu víctima interior.
  2. Conócete. No sé si algún día llegas a conocerte del todo. No lo creo. Más bien diría que, incluso para nosotros mismos, siempre seremos como una caja de sorpresas. Pero que empezar a conocerte, entenderte, saber cómo eres, cómo no eres, lo que crees, lo que creías creer, lo que te importa, lo que te hace fuerte, lo que te limita, lo que te apasiona… es imprescindible para poder avanzar en la vida. En definitiva, eso que llaman crecimiento personal, que no es otra cosa que dirigirte a la persona que quieres ser. Puede que te dé miedo, que te digas “ay, ay, mejor no miro, a saber con lo que me encuentro”. Hay personas a las que les pasa eso. Pero de verdad que es un miedo absurdo, porque conocerte es la única manera de empezar a corregirte, a superarte y a encontrar respuestas.
  3. Empieza a creer en ti. Me resulta muy curioso como a veces confundimos esto con la falta de humildad. Es decir, si digo que voy a poder, que voy a ser capaz, que me lo merezco, que yo lo valgo, es como que soy poco humilde. Estas cosas de abuelas nos machacan la autoestima. De verdad, como no empieces a decirte tú las cosas buenas, a creértelas y a sentirlas, te servirá de poco que te las griten los demás. Aceptarte, dejar de compararte, respetarte, valorarte, descubrir todo lo bueno que hay en ti, lo que te hace único, lo que te hace grande y, por qué no, lo que te hace frágil, porque en ello también reside una sana autoestima.
  4. Vive y disfruta. ¿Sientes que vivir es eso? ¿O anhelas que sea algo más? Que no hablo de respirar. Hablo de vivir, de disfrutar, de relativizar, de reír, de dar importancia a lo que la tiene, de dejar de exigirte, de aprender a ser flexible y de saber percibir las cosas del tamaño que tienen, sobre todo los problemas. Porque muchas veces el tamaño que percibes no es el real, es el que tú ves… Si te pasa algo que te estropea el día, si algo no sale bien, y te enfadas o te pones triste y no paras de darle vueltas y de preguntarte el porqué, y te quedas estancado ahí, sin darte cuenta de que es absurdo estropear un día porque alguien no te saludó o porque no te dio tiempo a hacer eso que habías planeado…
  5. Elige tus pensamientos. Pensar y pensar y pensar. Muchos de nosotros somos expertos pensadores. Dejamos que los pensamientos entren en nuestra mente y se agolpen unos tras otros. Pensando en lo que pasó, pensando en lo que va a pasar, pensando en esto que me dijeron, pensando en esto que no tenía que haber dicho… ¡Basta! Tanto pensar es agotador. Necesitamos empezar a cultivar el silencio interior, primero, y a elegir nuestros pensamientos, después. Si quieres ponerte música, ¿dejas que suene cualquier cosa o eliges lo que quieres escuchar? Si no tendría sentido elegir una canción que no nos gusta, ¿por qué en cambio dejamos que nuestros pensamientos nos elijan a nosotros?
  6. Gestiona tus emociones. Las emociones sí que no se eligen. Lo que eliges es cómo respondes ante ellas para que te sienten bien. ¿Cómo te comportas cuando te sientes triste? ¿Qué haces cuando sientes rabia por algo que ha pasado? ¿O como respondes cuando te enfadas con alguien? ¿O cuando algo te da miedo, o cuando alguien te hace daño, o cuando tienes estrés…  Sea la emoción que sea, ¿cómo la gestionas? ¿Te dejas llevar por tus pensamientos e invadir cada vez más por esa emoción que no te gusta? ¿O aprendes a escucharla, a ver de dónde viene, y haces algo con ella? A la mayoría no nos enseñaron gestión emocional en el colegio, gran error, pero siempre estamos a tiempo de aprender.
  7. Aprende a motivarte. La desmotivación es sumamente contagiosa. Cada día conozco a alguien que está esperando a que pase algo que le devuelva la ilusión. Que llegue el fin de semana, las vacaciones, que pierda unos kilos, que me case, que termine esa mala racha en el trabajo… Cuando estás esperando algo suele ser porque lo que tienes no te llena. Y no pasa nada, porque se puede solucionar. Haciendo cosas que te ilusionen, dándote cuenta de lo que te motiva a ser feliz hoy en vez de esperar a mañana, sabiendo para qué haces lo que haces. Y, sobre todo, buscando la respuesta a esta pregunta: ¿Para qué te levantas por las mañanas?
  8. Ponte objetivos. Plantéate qué quieres en tu vida dentro de un mes, de seis, de un año, de cinco… Y, una vez que sepas lo que quieres, sal de tu zona de confort y muévete hacia ello. Porque quedándote ahí no te va a pasar nada, te lo aseguro. Así que echa cuentas, define un plan y empieza a ejecutarlo. Con pequeños pasos, con premios que te animen a seguir, buscando apoyos y cumpliendo el compromiso más importante: el que tienes contigo.
  9. Mejora tus relaciones. Lo más curioso de las relaciones es que, cuando algo no funciona, casi siempre pensamos que el que lo hace mal es el otro. Y esta es una asignatura en la que todos tenemos mucho que aprender. Porque siempre podemos ser mejores personas con los demás: con más empatía, más amables, más cariñosas, más altruistas, más agradecidas, más sinceras, menos criticonas… Y porque todos actuamos de la mejor forma que sabemos y creemos en cada momento, aunque desde el otro lado no siempre se vea así.
  10. Atrévete a decir que no y a poner límites. Esto, que ya es para nota, tiene dos caras. Una es ser capaz de ponerle límites a quien se los merece y de decir que no si no quieres hacer algo. Y la otra es aceptar a los que te ponen límites y te dicen que no a ti. Expresando lo que piensas, lo que sientes y lo que necesitas en cada momento, haciéndolo con respeto, sabiendo que tienes derecho, quitándote el miedo al rechazo y entendiendo que no, no puedes gustarle a todo el mundo. Pero sí puedes gustarte a ti.

Puede que algunas de estas puertas ya las conozcas. Puede que mucho de esto ya lo sepas. Pero, si todavía no eres feliz, recuerda que lo importante en la vida no es lo que sabes, sino lo que haces.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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