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La abismal diferencia entre dolor y sufrimiento

Mujer triste - dolor y sufrimiento

Cuando te pasa algo que no te gusta o que no esperabas, ¿sientes que te duele? ¿O más bien sientes que sufres con ello?

Esto es como la playa y la montaña, que puedes ser más de una o más de la otra… Algo así, pero con el dolor y el sufrimiento, ¿de cuál dirías que eres más tú?

Pues, aunque a priori te pueda parecer que es lo mismo, en realidad son dos formas de sentir muy, muy, muuuuuy diferentes.

El dolor es lo que sientes de forma natural cuando pasa algo que te duele, ya sea un dolor físico, emocional o de otro tipo. Es lo que corresponde sentir cuando te haces una herida en la mano, cuando alguien te daña, cuando pierdes algo o a alguien, cuando algo que deseabas se ve frustrado… El dolor es sano, es puro, es genuino y forma parte de la vida… Pertenece a ella, con el mismo derecho que lo hacen las alegrías y los momentos de calma.

En cambio, el sufrimiento es lo que viene cuando, con nuestra mente y nuestros pensamientos, nos resistimos a ese dolor y a ese cambio. Es decir, el sufrimiento ya no es un proceso natural de la vida, sino que lo añade nuestro ego cuando no quiere aceptar, cuando no quiere soltar, cuando no quiere que eso le afecte, cuando quiere que sea diferente…

Lo que te pasa simplemente te duele, pero lo que te hace sufrir no es lo que te pasa, sino la historia que tú te cuentas sobre lo que te pasa.

El dolor, como cualquier proceso natural de la vida, tiene un comienzo y un final. Viene y se va. Igual que el proceso de la digestión o las fases de la luna, el dolor evoluciona, no es permanente.

Por eso cuando el dolor se mantiene en el tiempo, es que eso ya no es dolor, sino que es sufrimiento.

Por ejemplo, una cosa es sentir dolor al recordar algo que me pasó hace tiempo y otra cosa es seguir dándole vueltas y sufriendo por ello. Si te pasa esto es que en algún lado te has quedado enganchada, que a algo te estás resistiendo, que en alguna parte hay algún bloqueo, algún miedo, alguna creencia o algún patrón que se repite en ti. Y que, seguro, tiene que ver con la no aceptación del dolor.

Querer evitar el dolor, vivir con un constante miedo a la pérdida, agarrarte fuerte a cómo crees que tienen que ser las cosas… eso es lo que da luz al sufrimiento.

En realidad tiene mucho que ver con creer que sólo avanzas cuando todo se mantiene intacto, cuando nada cambia y cuando nada te afecta. Con pensar que cuando algo te duele es que estás siendo débil, o retrocediendo o haciéndote más pequeña. Y no, en la vida lo que hace que avancemos no es que algo nos duela o no nos duela, sino que nos demos permiso para sentirlo y vivirlo, en las alegrías y en las tristezas, y sigamos caminando.

Cuando sufrimos nos marchitamos, porque nos estamos resistiendo a sentir y a vivir. En cambio, cuando nos abrimos a la pérdida, al dolor y a la vida, nos liberamos, soltamos lastre, y podemos seguir floreciendo.

Ejemplos reales de lo que es dolor y lo que es sufrimiento

Así que volviendo a la pregunta con la que empecé el post, ahora que te he contado un poquito más de las diferencias, ¿dirías que eres más de sentir el dolor o más de quedarte enganchada al sufrimiento?

Fíjate que lo más curioso es que quien se engancha al sufrimiento lo suele hacer para evitar pasarlo mal. “No me gusta el dolor y no quiero sentirlo”, podrías pensar. ¡Y es justo todo lo contrario! ¡Sufres mucho más por resistirte a él! Porque el dolor es como una corriente de aire que entra por una ventana y sale por la otra. Viene y se va, pero no se queda ni un instante más de lo necesario.

Es el sufrimiento, el no aceptar y resistirnos, lo que nos hace pasarlo mal y lo que se puede quedar por tiempo indefinido, pero no el dolor.

Nada de lo que es natural en la Vida y forma parte indisoluble de ella dura para siempre. NADA.

O acaso cuando estas tranquila y a gusto en tu bendita rutina, ¿crees que eso va a durar para siempre? No, claro que no. Pues con el dolor pasa lo mismo, que es algo natural que tampoco dura para siempre, que si lo dejas seguir su curso se va por donde vino. En cambio, el sufrimiento se puede quedar contigo por un tiempo indefinido, porque lo estás alimentando tú. Como si empujaras la puerta con todas tus fuerzas para impedir que entre esa ráfaga de viento que tanto miedo te da, pero que simplemente quiere cruzar la estancia y salir por el otro lado…

Y te voy a poner ejemplos prácticos y reales para que lo veas más claro.

Dolor es lo que sientes cuando alguien a quien quieres opina sobre tu vida sin que se lo hayas pedido. Sufrimiento es engancharte a eso, machacarte, justificarte o querer convencer al otro de que está equivocado y de que tú tienes la razón.

Dolor es lo que sientes cuando conoces a alguien y te ilusionas, pero después vas viendo que esa persona tiene comportamientos que no te hacen sentir bien, que incluso te hacen daño, y aceptas que esa persona no puede darte lo que tú quieres y que en ese lugar no vas a encontrarlo, y te vas. Sientes el dolor, lo acoges, y te vas. Sufrimiento es quedarte ahí, volver, esforzarte, preguntarte si será cosa tuya, seguir intentándolo, querer entenderle, empeñarte en que funcione, querer que cambie… Y que te vuelva a hacer daño, y seguir permitiéndolo una y otra vez, eso es el sufrimiento.

Dolor es lo que sientes cuando alguien en quien confiabas te decepciona, sufrimiento es darle vueltas a todo lo que tú has hecho por esa persona, o a que siempre te pasa lo mismo, o a que cómo puede haber hecho eso, que fíjate cómo es…

Dolor es lo que sientes cuando es super tarde y tu hijo de dos años no se duerme y ya no sabes qué hacer, pero en vez de aceptar que estás cansada, que la situación es la que es y que no eres capaz de acompañar a tu hijo como te gustaría, te enfadas, le gritas, te perturbas pensando en que esto no puede ser, que qué mal se porta, que qué cansada estás, que mañana va a ser horrible, que es culpa tuya porque tal… Esto, ya huele a sufrimiento.

Dolor es lo que sientes cuando echas de menos a alguien que se ha ido o te sientes triste por la familia que tienes, y sufrimiento es estar compadeciéndote, dándole vueltas a lo que es y amargándote la vida con ello.

Y, como te decía, el dolor se pasa. No porque hagas nada en especial, simplemente porque aceptas que eso te duele, te lo dejas sentir y eliges cómo responder ante ello.

Que claro que alguien puede ser una víctima real, porque haya vivido una determinada situación en su vida, pero eso es muy diferente a recrearse en ello, en “mi mala suerte, en que todo me pasa a mí o en que vaya desgraciada que soy”.

Por ejemplo, si alguien me rechaza, aceptarlo es sentir el dolor, la tristeza, la rabia, la frustración o lo que sea que ese rechazo me traiga. En cambio, sufrir es resistirme a ese rechazo, hacer como que no me afecta, contarme que el problema soy yo o hacer todo lo posible para cambiarlo.

O si me doy cuenta de que, en algo que me pasó, me gustaría haber respondido de otra manera, haber contestado diferente o no haber dicho lo que dije, sentir el dolor es aceptarlo, comprenderme y dejarlo estar. En cambio, sufrir sería seguir dándole vueltas infinitas a que tendría que haber dicho esto y no lo otro, y entonces habría pasado esto y no aquello…

Y, lo mismo que el dolor siempre requiere aceptación, el sufrimiento siempre tiene que ver con la falta de ésta. Y no te hablo solo de sufrir por grandes desgracias, sino de cosas cotidianas como llegar tarde a un sitio, que unos amigos se olviden de avisarte de un plan que están organizando o tener que cancelar unas vacaciones.

O el típico ejemplo de cuando pagas un dinero por algo que después no da buenos resultados y te lo tienes que comer porque ya no lo puedes devolver. Esto también duele, claro que sí, pero tú eliges hasta dónde y a partir de dónde se convierte es sufrimiento.

En realidad, nuestros días están plagados de pequeños duelos cotidianos, de pequeñas pérdidas que, por tontas que parezcan, requieren que las sintamos y hagamos ese pequeño duelo.

Que, en vez de darle cuerda a esos pensamientos de resistencia, sintamos lo que estamos sintiendo y nos abracemos en ello.

Lo único que sí depende de ti

Nadie puede elegir lo que le va a pasar en la vida, es ella quien decide si un día nos trae alegrías o al otro día nos trae tormentas. Claro que a nadie le gusta pasar por circunstancias dolorosas, pero es que la vida también es eso. Es lo uno con lo otro. Experiencias de todos los colores, unas grises, otras blancas, otras negras, rojas, amarillas, verdes y azules… Nosotros tenemos muy poco que decir ahí, pero sí que elegimos cómo respondemos ante ello.

Igual que en nuestra manera de sentirnos cada mañana también influyen procesos y dinámicas muy complejas que hacen que un día me levante con ganas de comerme el mundo y otro sintiéndome una mierda. Y tampoco puedo controlar eso, porque no siempre puedo elegir cómo me siento, pero sigo pudiendo elegir cómo responder ante ello. Si acepto que hoy me siento así, sin juzgarme ni querer cambiarlo, y me lo dejo sentir y me cuido y me apoyo y me animo a hacer lo que pueda, libremente estaré eligiendo trascender ese dolor.

Es decir, lo que decido hacer con lo que la Vida me trae, siempre depende de mí. Si me victimizo, me amargo, culpo al otro, me comprendo o confío en que todo es para algo, en cualquier caso, mi actitud está dependiendo de mí.

Todos tenemos derecho a sentir dolor, por supuesto que sí. Simplemente sentirlo, sentir la tristeza, la rabia, el miedo, la frustración, la pena… el dolor, en todas sus formas. Incluso aunque otra persona esté peor que yo y a ella no le duela, yo sigo teniendo derecho a sentir este dolor, y soy la primera que ha de legitimarse en ello. Pero, lo mismo que tengo ese derecho, también tengo una responsabilidad sobre él y sobre mí. Responsabilidad en el sentido de elegir cómo respondo a él.

Y cuando legitimo mi dolor y me dejo sentirlo, el proceso se cierra, porque esa emoción está al servicio de la salud y ya ha cumplido su función. Me abro al dolor y me abro a la Vida, y cuanto más me abro a que algo me duela, más me abro también a recibir todo lo bueno de la Vida.

No hay una fórmula mágica para que el dolor se vaya, ni es esa la intención de aceptar el dolor… Por más que aceptes, que respires profundo, que te dejes sentir, que te abraces, te seguirá doliendo el tiempo que te tenga que doler. Y está bien, esto no va de que no duela, va de que te permitas que te duela sin dejarte la piel en ello.

Pero cuando no me dejo sentirlo, cuando quiero controlarlo, cuando por evitar que a alguien no le parezca bien lo que yo quiero, o que me diga que no a lo que necesito, me callo, me anulo y me acomodo a las necesidades del otro, soy yo quien me genero ese sufrimiento a mí misma.

Cuando no quieres que duela, tampoco puedes sentir la vida en su plenitud. Y eso también es parte del sufrimiento. Tener miedo a que te hagan daño es legítimo, pero relacionarte desde ese miedo es opcional. Si no te abres a una relación, ni te muestras auténtica, tierna, vulnerable o herida, eres tú quien está eligiendo no abrirse a las ganancias por miedo a las pérdidas.

Y no es que de repente, ni por haber leído este post o haber hecho un curso o una terapia, como por arte de magia ya nunca más vueltas a sufrir ni a resistirte ni a engancharte a tus pensamientos. No, claro que no.

Todo proceso de transformación es lineal, y se trata de que vayas caminando y te des cuenta de que cada vez eres un poco más capaz de sentir el dolor tal y como viene, sin resistirte tanto a él y sin perturbarte con tus pensamientos. Que, aunque no duela menos, sí que te resulta más fácil atravesar esos momentos. Y que cada vez van siendo menos intensos y menos duraderos. Y que tú cada vez eres más capaz de mantenerte en tu centro, incluso en medio de una tormenta, sin que lo de fuera te desestabilice como lo hacía antes.

Te sigue doliendo lo que te pasa, por supuesto, pero ya no sufres con ello. Porque recuerdas que el sufrimiento es una elección de cada uno, que es algo que depende de ti, y que ya no lo quieres elegir.

Y puede que alguna vez te vuelvas a perder, pero rápidamente retomas el camino.

Recuerdas la paz interior que sientes cuando dices sí a lo que está siendo, y te permites volver a sentir ese dolor. Porque sabes que no depende de ti, sino que es parte de la Vida, y le dejas que pase a través de ti, y siga su curso…

¿Qué me dices? ¿Te das cuenta de que a veces sufres de más, en vez de simplemente dejarte sentir lo que te duele? Si te apetece, me encantará que me lo cuentes en los comentarios aquí debajo.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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7 comentarios

7 comentarios
  1. Susana 13/01/2022

    Maravilloso! Lo cuentas tan clarito, que queda clarísimo 😉 Qué lujo leerte. Millón de gracias, preciosa.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 17/01/2022

      Qué bien, Susana. Intento ser muy clara en los post, aunque eso los alargue. Para mí es importante que sean prácticos y se entiendan bien. Así que muchas gracias por tu feedback.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  2. María 14/01/2022

    Me ha encantado, todas las palabras tal cual las explicas, ayudan a entenderlo.
    Solo falta ponerlo en práctica y lograr que la “tormenta no te desestabilice como lo hacía antes” que en mi caso es lo que aún me queda por resolver.

    Gracias y feliz 2022!

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 17/01/2022

      Muchas gracias, María. Espero que este 2022 sientas que llegas a ese punto en que la tormenta ya no te desestabiliza y puedes mantenerte en tu centro y sentir el dolor desde ahí, sin perderte.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  3. Elisa 14/01/2022

    Yo voy a poner una queja en mi centro de estudios, porque hay una persona que todos los días intenta anularme, y ya no puedo más. Me siento como si me hubiera picado una serpiente por esta situación. No lo he hecho antes por miedo a las consecuencias para mí, sólo a mí me trata así y con los demás es encantadora… Ha intentado excluirme varias veces. Muchas gracias por tus post, Vanessa, un fuerte abrazo.

    Responder
  4. Elisa 15/01/2022

    Lo que quiero decir es que, por mucho que gestione mis emociones, y sea asertiva deteniendo a esta persona, se comporta así todo el rato, y a mí esto me roba la energía. De ahí el poner finalmente una queja.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 17/01/2022

      Hola Elisa,
      Muy bien, haz lo que sientas que necesitas hacer para cuidar de ti y protegerte. A veces ser asertiva no es suficiente, pero siempre hay alguna manera de gestionar la situación. Y la que ha de escucharse y darse lo que necesita eres tú.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder

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