Sí, bendita rutina.
Benditos esos momentos en los que parece que no pasa nada, o que pasa lo de todos los días, y no hay nada súper emocionante que celebrar, pero tampoco que lamentar.
Benditos esos momentos en los que todo está tranquilo y no hay nada que te robe la paz.
Lo que viene a ser un día normal, en que vas haciendo lo que toca, subes y bajas, vas y vienes, haces algo que te apetece, dejas para mañana algo que no, y te duermes en calma, sin ninguna preocupación.
Eso es lo que les pido a los reyes magos este año. Ni que me toque la lotería, ni una historia de amor apasionada, ni jubilarme a los cuarenta.
No, ¡¡¡lo que yo quiero es un montonazo bien grande de bendita rutina!!!
Esa bendita rutina en la que, al menos a mí, me encantan mis días y me gusto yo en ellos. Días del montón, sin sorpresas desagradables ni malos rollos de esos que te quitan el sueño.
Lo hablo a menudo con una amiga, a raíz de haber tenido ella a un familiar enfermo durante varios meses, con el consiguiente desgaste que eso genera… Fue hace un par de años, y siempre que hablábamos me decía lo de “bendita rutina”. Y ese concepto se quedó tan presente en nuestras conversaciones que le dije que algún día le dedicaría este post.
Y cada día que pasa tengo más claro lo valiosa que es la bendita rutina y lo maravilloso que es que no pase nada.
En septiembre yo vivía en esa bendita rutina, después de un verano agradable y con muchos proyectos que me apetecían para el nuevo curso. Pero entonces llegaron un par de meses convulsos por un conflicto con una persona cercana, y se me paró un poco todo. Cuando eso se solucionó, empezó a asomar la Navidad, que a mí al menos me remueve un montón porque me conecta con la soledad y con esa incertidumbre de no saber con quién voy a comer o a cenar en las fechas especiales.
Y, ¿sabes ese momento en que estás triste por lo que está pasando y entonces pasa algo peor y lo de antes te parece una tontería? Pues justo eso fue lo que vino después: que si los amigos con los que vas a cenar en Nochebuena están confinados, que si perdí un objeto de mi madre con mucho valor sentimental para mí, que si la perrita que acabo de adoptar se puso bastante enferma… Aquí ya pensé que qué bien estaba yo en mi bendita rutina de hace una semana, pero todavía estaban por venir un par de cosas malas más, antes de acabar el año… Y yo, deseando rebobinar y empezar otra vez el otoño.
A esto es a lo que me refiero. Al tópico típico, pero tan real, de que no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos. Y sólo entonces es cuando de verdad lo valoramos.
Cuando todo está tranquilo y todo marcha bien, no nos damos cuenta de la suerte que tenemos, de lo afortunados que somos, de lo mucho que hay ahí para agradecer, porque en cualquier momento se puede esfumar esa bendita rutina.
Nos quejamos por tonterías: que si qué disgusto que no me han quitado esta mancha en la tintorería, que si qué mal que tengo al niño malo en casa, que si fíjate que no me han dado el día que pedí en el trabajo, que si vaya faena que la chica de la limpieza está enferma, que si qué horror que dan mal tiempo y no podemos hacer esa excursión…
Y dejamos que cosas así de superfluas nos amarguen la existencia. Sin darnos cuenta de que forman parte de la bendita, y qué bendita, rutina.
Como una señora en la piscina, que estaba enfadadísima porque los vestuarios estaban cerrados y durante unos días tendríamos que usar otros diferentes y peor acondicionados.
O como cuando parece que se acaba el mundo porque alguien a quien ni conoces te ha dado una mala contestación. Y ya ni comes, ni duermes, ni respiras :-(.
O como un día que estaba agobiada por la cantidad de cosas que tenía pendientes y de repente se fue la luz (asunto bastante relevante en un pueblo de montaña, donde la calefacción, el wifi, el teléfono, la cocina y casi todo dependen de eso) y me di cuenta de lo perfecto que era tooodo cinco minutos antes.
Pues eso, que nos hace mucha falta relativizar un poco más y ahogarnos en vasos de agua un poco menos.
Y que uno no sabe lo bien que está hasta que está mal de verdad. Hasta que pasa algo peor que borra todas esas pequeñas preocupaciones de un plumazo.
Hasta que pasa una de esas cosas realmente importantes que ponen tu mundo boca abajo: que alguien a quien quieres enferma, que te quedas sin trabajo o que descubres que tu pareja lleva cinco años engañándote. Y entonces, como por arte de magia, matarías por volver a cómo estabas hace un rato. A cuando te quejabas por nimiedades. A la bendita rutina.
Recuerdo haber vivido algo así en los últimos meses de vida de mi madre, que me dolía mucho verla tan enferma y de repente empeoró muchísimo y me di cuenta de lo bien que estábamos antes, cuando dentro de su enfermedad estaba estable, y de que mataría por que volviera a estar como hace un mes.
Eso es la bendita rutina. Valorar lo pequeño y agradecer como estás en este momento, porque somos idiotas si sólo le damos valor cuando lo perdemos.
Porque si siempre estamos echando de menos algo que fue o algo que tal vez será, nunca tendremos alegría en el presente.
Porque vivimos minusvalorando lo que es y ansiando que llegue eso que nos hará felices, y nos olvidamos de que podríamos ser felices con lo que tenemos, y de que otros ya lo son con mucho menos.
Como si lo que está siendo nunca fuera tan ideal como debería ser, como si no fuera suficiente, y tuviéramos que forzar la máquina, hasta que nos explota en la cara.
Así es cómo nos perdemos lo valioso de la cotidianeidad, y no nos damos cuenta hasta que salimos de ella.
Así es como, cuando no valoramos la calma, la vida nos da tormentas para que conectemos con lo verdaderamente importante, y deseemos con todas nuestras fuerzas volver a ella.
A la bendita rutina.
Me recuerda un poco a cuando con veinte años quería vivir en Nueva York, y ahora lo que más me apetece es estar en el pueblo de mi madre, rodeada de vacas y de paisanos con boina y aislada por la nieve, como ahora mismo.
O cuando alguien hace poco me dijo que para él lo más importante en una pareja es que fuera buena persona. Así de simple, así de sabio.
Como volver a lo esencial, a lo sencillo, a lo básico.
De eso va la bendita rutina.
Y eso es lo que les pido yo a mis Reyes Magos este año.
…
¿Y tú? ¿Cuánto valoras la bendita rutina cuando estás en ella? Si te apetece, me encantará que lo compartas conmigo en los comentarios aquí debajo.
Vanessa, primero de todo desearte no solo un FELIZ ANYO sino una FELICISIMA VIDA.
Como me he identificado con este post…que lastima que tengamos que aprender esto de -La bendita rutina- a base de tortazos. Lo bueno de la historia es que, cuando llevas un par de tortacitos en la cara realmente aprendes a relativizar y te digo, ¡una es mas feliz! Yo (y muchas gracias a ti) practico esto de ser feliz con cada cosita que vivo durante el día, ¡por muy insignificante que sea! Fíjate hasta que punto, que el otro día corte un aguacate y me dio satisfacción ver que estaba listo para comer!!!! 🙂
Muchas gracias por tus posts Vanessa, ¡espero que llegues a saber lo mucho que nos ayudas con ellos!
Te abrazo desde Suiza
Realmente es importante poder valorar los detalles pequeños y disfrutarlos. Es una tendencia del ser humano querer complicarse, querer salir de la rutina, porque no aguanta tantos días iguales a otros. Estos años han sido muy atareados y extraños. En lo personal me aburre la rutina, pero comenzar a amar los momentos de paz también es muy valioso e importante. Vivir, vivir cada día como si fuera el último.
Muchas gracias por compartir, Marbelyn. Eso es, amar los momentos de paz :-).
Un abrazo,
Vanessa
Hola Miriam,
Qué alegría saber de ti y leer lo conectada que estás contigo misma y con la Vida. ¡Olé ese aguacate! Me ha encantado el ejemplo. Y está bien aprenderlo a base de tortazos. Esa manera de recordarlo es la que lo convierte en un aprendizaje auténtico, porque lo integras con el corazón. De otra forma no calaría igual, así que está bien. Siempre está bien como es ;-).
Un abrazo enorme,
Vanessa
Qué bonita Reflexión, Vanessa!! Muchísimas gracias por compartir tanta sabiduría!!
BENDITA RUTINA, sí señora!
Un fuerte abrazo con mi DESEO de FELIZ AÑO de Bendita rutina para ti, preciosa!
Feliz año y bendita rutina. Está poco valorada.
Un saludo.
Sí, Oscar, muy poco valorada para lo maravillosa que es :-).
Un abrazo,
Vanessa
Mil gracias, Susana. ¡Preciosa tú! Gracias por comentar y compartir tu sentir.
Un abrazo,
Vanessa
Deseo que los Reyes te hayan traído mucho más de la Bendita Rutina!!
Muy buena reflexión y la comparto 100%, yo voy a tratar de disfrutar mucho mas cuando tenga una Bendita rutina y la voy a pedir también no solo para Reyes, también como regalo de cumpleaños, día de la madre y de todos los días.
Feliz año nuevo para ti.
Hola Vanessa, tu post me ha hecho reflexionar, creo que no valoro los momentos más sencillos de la vida, como cuando mi hijo de 2 años me tiene tan absorbida que no me deja hacer nada más, y me quejo, en lugar de disfrutar de él y lo a gusto que estoy sin hacer nada más que estando juntos. Bendita rutina, yo también voy a pedir lo mismo. Gracias
Qué bonito, Lorena. Me ha encantado tu comentario, ¡cómo me alegro de que te haya servido para valorar esos momentos con tu hijo! Tenlo muy presente y disfrútalos mucho.
Un abrazo,
Vanessa
Muchas gracias, me alegro mucho de que te haya gustado y de que te sumes a mi petición. Espero que también venga mucha bendita rutina para ti :-).
Un abrazo,
Vanessa
Me gustó el concepto de vivir en paz y valorar lo que se tiene aquí y ahora y dejar de quejarse
El contentamiento
El apreciar las pequeñas cosas que son bendición.
Aunque en general no me gusta la rutina sino lo nuevo, lo que nos sorprende, lo que nos reta, pero definitivamente no lo que sea un problema o nos ponga tristes, sino lo que nos trae gozo, felicidad y novedad.
Me jubilé a los 40 por decisión y al leerlo en tu post me trajo una sonrisa, porque es una de las cosas más lindas que he hecho.
Muchas gracias, Erika. Me alegro de que te haya gustado el post y de que te haya conectado con esa decisión tan linda. Sí, yo también valoro esos momentos de reto, sorpresa y crecimiento, pero por encima de todo el vivir en paz y ser conscientes de lo mucho que eso vale :-).
Un abrazo,
Vanessa
Hola Vanessa, gracias, excelente reflexión!! También me pasa que cuando ocurren cosas que me tambalean la vida extraño mi bendita rutina y valoro esos momentos de tranquilidad, ¡definitivamente amo mi rutina!
Desde Venezuela con mucho cariño.
Muchas gracias por unirte a esa oda a la bendita rutina :-).
Un abrazo grande de vuelta hacia Venezuela,
Vanessa
¡BRUTAL! ¡Bendita Rutina! :))
¡Gracias, Emma! Mil gracias :-).
Un abrazo,
Vanessa