Cómo relativizar lo que te pasa (y no rayarte por chorradas)

Como relativizar - chica sentada en el banco

¿Eres capaz de relativizar lo que te pasa?

¿Sabes distinguir lo importante de lo que no lo es?

¿Cuántas veces al día le das demasiada importancia a algo que no la tiene?

Te aseguro que, al menos, una vez cada día sí.

Casi todos lo hacemos, casi todos dejamos escapar nuestro bienestar emocional en cuestión de segundos y por verdaderas tonterías.

¡Y hay quien lo hace una vez tras otra!

Fíjate, lo que más deberíamos valorar, que es el sentirnos bien en el momento presente, aquí y ahora, lo mandamos a freír espárragos por chorradas cotidianas que son inevitables y que nos pasan y nos seguirán pasando a todos cada día.

Cosas como estar esperando a que te atiendan en algún sitio y ver que alguien que ha llegado después pasa primero.

O recibir un email que te enciende y te saca de tus casillas en cuestión de segundos.

O el que se enfada porque tiene la pista de paddle reservada y la pareja anterior sale un minuto más tarde de lo que debería.

O, como me contaba una Coachee hace poco en su primera sesión, “muchas veces se me juntan varias tonterías y exploto, tipo levantarte por la mañana después de una noche en que no has dormido porque la niña no paraba de llorar, que no funcione la cafetera, el bolso que se te cae al suelo y se sale todo justo cuando ya te ibas, el coche que le cuesta arrancar, tú que llegas tarde, los semáforos que hoy los pillas todos en rojo…”.

¿Cómo llegas al trabajo? Encendida, ya te lo digo yo, muy encendida. Has entrado en un círculo vicioso en el que, por no pararte un segundo a relativizar y darle la importancia justa a las cosas, te has cargado tu bienestar emocional y el día entero. Porque, por supuesto, a partir de ahí todo te sale mal. ¿Casualidad o causalidad?

O que habías quedado para ir al cine con alguien y te avisa de que no puede ir. Así que te quedas sin plan y enfurruñada (como si no pudieras ir al cine sola 😉

O que discutes con tu pareja y parece que se va a acabar el mundo. Y venga a darle vueltas. Y venga a pensar que qué horror. Y venga a rayarte.

Relativizamos poco, muy poco.

Este precisamente es uno de los objetivos que más quieren trabajar las personas que empiezan un proceso de Coaching conmigo.

El “dejar de rayarme por chorradas” o “no darle importancia a cosas que no la tienen” lo escucho casi a diario.

Todos queremos ser capaces de relativizar, de dejar pasar lo que no tiene importancia y de seguir sintiéndonos bien, tranquilos, en equilibrio, “en nuestro centro”.

Darnos cuenta de que eso que ahora nos parece gravísimo, casi lo peor que nos podía pasar, en realidad es una bobada de la que dentro de cuatro días ni nos acordaremos.

Y ser nosotros quienes controlemos las situaciones, y no que ellas nos controlen a nosotros.

Que no nos vuelva a pasar eso de que el día va bien y de repente hay una cosa que no funciona y ya está todo mal, tú mal, lo que te pasa mal y los demás mal.

Ahora me estoy acordando de otro Coachee que quería trabajar su susceptibilidad, porque solía tomarse muy mal lo que le decían otras personas. Por ejemplo, si alguien se metía con su equipo de fútbol, se ponía rojo de ira y tenía que saltar y defenderlo a capa y espada. “Si no lo hago es como que me traicionara a mí mismo”, me decía.

Ay, otro clásico, identificar nuestras reacciones de ira con nuestra identidad, porque llevamos toda la vida reaccionando así y creemos que eso nos define.

Pues no, no te define. Lo mismo que a mí tampoco me definía aquella ira que durante años me hizo perder el control y que ahora ya no me sale como una respuesta automática.

Tenemos mucha tendencia a esto de tomarnos las cosas como algo personal, creer que lo que hace o dice el otro es un ataque y que va contra nosotros. Como cuando alguien nos hace un comentario de esos que no sabes a qué viene y horas después te sigues acordando, preguntándote qué querría decir, si esto o lo otro…¡Otro momento perfecto para aprender a relativizar! Pero, ¿de verdad es tan importante? ¿De verdad me va la vida en ello?

Me estoy acordando también de otra Coachee que había comprado algo por internet y el paquete le llegó abierto y sin el producto. Reclamó y la empresa que se lo enviaba no quiso hacerse cargo. Me contaba que se había tirado días dándole vueltas, pensando en qué mal lo estaban haciendo los vendedores, que cómo era posible, que tenían que devolverle el dinero. Hasta que volvió a sí misma, a priorizarse y a valorar su bienestar emocional pensando “mira, al final es sólo dinero. Lo has perdido, no pasa nada, no lo pienses más. Puedes quedarte tranquila”.

Y otro ejemplo clásico: el que cada día se pone de mal humor porque su compañero de trabajo siempre se escaquea y hace el mínimo. Todo el día dándole vueltas al tema y hablando de ello en casa. Incluso es posible que algún día termine perdiendo los papeles y dándole una mala contestación al compañero escaqueador.

Paseando con mi perro cada día veo multitud de ejemplos similares. Es un cachorro y si ve a alguien corriendo o en bici se acerca para jugar. Obviamente hay personas a las que los perros les gustan más y otras a las que les gustan menos. Pero, dentro de esas a las que los perros les asustan o no les agradan, las hay que con calma me piden que lo coja y otras que se ponen a gritar muy alteradas y a insultarnos, al perro y a mí, a pesar de que yo me disculpo siempre. Te aseguro que éstas últimas no saben relativizar y no están valorando su bienestar emocional, porque mi perro y yo vamos a estar en su mente varias horas después de eso. ¿De verdad somos tan importantes para esa persona? Por supuesto que no.

Y puede ser que después algunos se arrepientan de haber perdido los papeles, pero más por lo que pueda haber pensado el otro que por el hecho de haberse cargado su bienestar emocional y haberse estropeado la tarde o el día entero con un malestar latente que al final ya casi ni te acuerdas de dónde viene.

Y digo “estropearse la tarde” porque las tardes y los días nos los estropeamos nosotros por culpa de no saber relativizar.

Por culpa de no saber pararnos y distinguir lo que es verdaderamente importante de lo que no lo es.

Y esto, lo que es importante, entiendo que ha de ser diferente para cada uno. Por eso la clave es que tú sepas lo que es importante para ti. Lo mismo que yo sé que lo verdaderamente importante para mí tiene que ver con los hospitales, y poco más.

Pero no chorradas de colas, tráfico, errores administrativos, comentarios hirientes, compañeros vaguetes y demás tonterías.

Coño, ¡que nos vamos a morir!

Sí, sí, tú te vas a morir y yo me voy a morir.

O sea, que no vamos a estar aquí para siempre (siento ser tan clara, pero es que es así y no nos damos cuenta, nos creemos que los que se mueren son siempre los demás).

Estoy convencida de que si fuéramos conscientes de esto viviríamos de otra forma.

De hecho, a veces pienso que a casi todos nos tendría que pasar una de esas cosas que te destroza la vida y a partir de la cuál empiezas a priorizar y a distinguir lo que es importante.

Sí, las personas que han vivido grandes tragedias o circunstancias difíciles suelen tener más facilidad para relativizar y valorar lo importante.

Para priorizarse y priorizar su bienestar y el de las personas a las que quieren.

Pero los demás también podemos aprender a relativizar. ¿Te gustaría? Aquí tienes diez claves para conseguirlo:

1.Observar lo que estás sintiendo. Pararte y observar qué es eso que estás sintiendo en alguna parte de tu cuerpo, si es decepción, frustración, impotencia, enfado, ira, etc. Observarlo, aceptarlo, sentirlo y esperar.

2.Esperar, esperar y respirar profundo. Esto es fundamental, el ser capaces de pararnos antes de ponernos como una moto y dejar que pasen unos segundos, cuatro o cinco, para ser capaces de elegir cómo responder y para no reaccionar de forma automática.

A eso suele ayudar el practicar yoga o mindfulness. O lo que sea que te ayude a ti, pero de verdad que esto es clave porque relativizar con una alta carga emocional es mucho más difícil que si has conseguido rebajarla.

3.Aceptar que no todos somos iguales. Que los demás funcionan diferente, hacen las cosas diferentes y tienen otros ritmos. Comprenderles y ponerte en su lugar, dándote cuenta de que muchas veces tú también necesitas que se pongan en tu lugar.

4.Cambiar lo que te dices cuando te pasa algo. Porque, como dice Borja Vilaseca, la realidad es neutra, y somos nosotros quienes le damos un significado. Así que en vez de decirte “esto es horrible, no lo puedo soportar” puedes elegir decirte “esto es una tontería sin importancia, pasado mañana ni me acordaré”.

5.Tener una palabra o una idea clave que te conecte con lo que quieres. Por ejemplo, “relativizar es cuidarme”, “mi prioridad soy yo” o “a cada cosa su importancia”.

6.Reirte. Sí, ser capaz de reírte de ti misma cuando entras en ese enfurruñamiento por una tontería. Verte desde fuera y darte cuenta de lo cómico del momento y de ti misma enganchada en él hará que cambie por completo cómo te sientes.

7.Dejar de querer controlarlo todo. Porque no lo puedes controlar, porque nadie puede y porque tampoco hace falta controlarlo todo para sentirte bien.

8.Hacerte preguntas que te sirvan para darte cuenta de lo absurdo que es rayarte por eso que te ha pasado.

¿Esto es realmente importante?

¿Me acordare de ello dentro de un año? ¿Y de cinco años?

Y mi preferida: El día en que me vaya de este mundo, ¿cuánto tiempo quiero recordar que le dediqué a este tema?

9.No hablar de ello. Ya está, pasó y lo dejas estar. Ni le das más vueltas en la cabeza ni lo comentas con nadie. Si no tiene importancia, ¿para qué?

10.Agradecer. Creo que el agradecimiento es el antídoto para casi todos nuestros males. Valorar y dar las gracias por la cantidad de cosas buenas que hay en tu vida hará que dejes de sentirte mal por las chorradas cotidianas.

Y, además de esto que te propongo yo, se trata de que busques lo que a ti te funcione. De qué pienses que puedes hacer para olvidarte de eso y para volver a estar tranquila y en tu centro.

Si lo más importante para ti es tu felicidad y siempre que te pasa algo que te saca de tu centro haces el esfuerzo de volver a ti, de pararte y de valorar lo importante, te darás cuenta de que casi nada lo es. De que casi nada merece que sacrifiques tu bienestar por ello.

¿Qué opinas? Me gustaría que compartieras conmigo algo que te haya pasado últimamente y en lo que creas que habrías necesitado relativizar. ¿Cómo lo habrías hecho? ¿Cómo lo harías si te vuelve a ocurrir?

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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18 comentarios

18 comentarios
  1. Cris 24/01/2019

    ¡¡Qué bien lo has expresado Vanessa!! No soy de las que me altero fácilmente pero sí que me he visto reflejada en algunas cosas. Como siempre has dado en el clavo, nos molestamos por tonterías y dejamos a un lado lo importante, que somos nosotros. Gracias una vez más por tu ayuda.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 25/01/2019

      ¡Muchas gracias, Cris! Así es, lo importante siempre somos nosotros, y nos olvidamos :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  2. Susanna 24/01/2019

    Estupendo post, una gran invitación para reflexionar.

    Gracias

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 25/01/2019

      Muchas gracias por comentar, Susanna.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  3. Gemma 24/01/2019

    La verdad que leyendo este post me siento super afortunada. No sabía que eso se llamaba relativizar, pero siempre he tenido una capacidad enorme para que todas estas pequeñas cosas no me afecten. Y muchas veces me siento fuera de lugar porque me resulta difícil comprender por qué los demás se molestan tanto, incluso con cosas que me han pasado a mi y a mí no me importan pero ellos sí se molestan, ¡no lo entiendo!
    Es increíble porque mi marido es todo lo contrario, siempre se enfada muchísimo por cosas como alguien que conduce mal delante de nosotros, gente que no deja salir del metro… ¡Yo no entiendo por qué le afecta tanto! ¡Y él dice que tengo un problema porque todo me da igual y nunca me ve enfadada! Jajaja.
    Pero yo creo que soy más feliz así, pocas cosas hay que me irriten en esta vida.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 25/01/2019

      Felicidades, Gemma, tu problema es envidiable ;-). Sigue así, cuantas menos cosas te enfaden, mucho mejor.
      Y pásale el post a tu marido :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  4. Eli Jurado 24/01/2019

    ¡Qué buena eres! Y qué gran palabra: RELATIVIZAR. Me ha gustado tu propuesta de que debería ser una asignatura obligatoria en el colegio. Aprenderíamos a hacer las cosas más sencillas desde bien pequeños.
    Un abrazo grande!
    PD: Me ha encantado el momento espontaniedad de «Coño, ¡que nos vamos a morir!» 😉

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 25/01/2019

      Eli, preciosa, me alegro mucho de que te haya gustado el post. Proponlo para tus chicos si no se lo han enseñado en el cole. O dales ejemplo, ya sabes que es lo que mejor funciona ;-).
      Un abrazo muy cariñoso,
      Vanessa

      Responder
  5. Io 25/01/2019

    Hola,
    Al leer el post me he sentido muy identificada. Pero también me he dado cuenta que ahora relativizo las cosas más que antes y he sentido una gran alegría 😃.
    Supongo que ha sido «entrenar» día tras día y no hacer caso de esos pensamientos que hacen «rum rum» y que siempre te llevan a darle vueltas a un mismo tema y no salir de ahí.
    Así que cuando me sucede eso hablo conmigo misma y me digo «a ver, ¿pero esto es tan importante para que le esté dando vueltas sin parar y no me deje avanzar?!». La respuesta es siempre «no», de modo que procuro hacer algo que me distraiga y a seguir viviendo 😃
    Muchas gracias por el post como siempre has dado en el clavo y es genial!! 😊 Un abrazo.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 27/01/2019

      Muchas gracias, Io. Lo de hacer algo que te distraiga es una muy buena idea, porque la mente no puede prestar atención a dos cosas a la vez, así que si te pones a hacer otra cosa tiene que solar el pensamiento «run run». Sigue asi :-).
      Un abrazo grande,
      Vanessa

      Responder
  6. Marcos 25/01/2019

    ¡¡¡Realmente me encantan tus publicaciones!!!…. Hoy aprendí mucho y estas 10 estrategias (claves) están de película. Además, no conocía bien el significado de dos palabras: relativizar y escaquear, ¡y todo en un mismo lugar!. Gracias por compartirnos tu expertise en asuntos de la vida :-). Salu2 a To2 dsd Costa Rica 😉

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 27/01/2019

      Qué bien, Marcos. Me alegro mucho de que te haya servido tanto.
      Un fuerte abrazo hacia Costa Rica,
      Vanessa

      Responder
  7. P 25/01/2019

    Ojalá hubiera recibido tu mail el día anterior … donde arruine mi tarde por un mail de mi jefe que por supuesto di vueltas contándoselo a varias personas, dándole más importancia de la que tiene y creyendo que él tiene que actuar como yo lo haría… de libro. A partir de ahora no lo contaré para no inflar el globo y me iré al gimnasio, intentando reírme viéndolo desde fuera… cuánta energía perdida… ¡Qué generosa eres compartiendo! Gracias

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 27/01/2019

      Bueno, igual el aprendizaje que te ha aportado leerlo justo después de que te pasara eso ha sido mucho mayor y te ha dejado más huella que si lo hubieras leído antes. Así es más fácil que no te vuelva a pasar :-). Confía en que todo es como ha de ser.
      Un abrazo fuerte,
      Vanessa

      Responder
  8. Ana 27/01/2019

    Adoro tus posts, Vane, llenos de sabiduría y actualidad. Anoche hice tremendo berrinche con mis vecinos de abajo pues llegaron después de media noche a su casa y me despertaron con el ruido de puertas y closets al azotarse, movimiento de muebles, gritos, el perro corriendo, etc. Estuve mucho rato en la cama «rumiando» la situación, y en cuanto me levanté, me la pasé tirando cosas y haciendo el mayor ruido para desquitarme. INMADUREZ total de mi parte, y lo peor es que ni bien me sentí…. Lo que más me desespera es que me sé la teoría pero en la práctica no me sale más que el Hulk que llevo dentro jajaja. Besos, Vane.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 27/01/2019

      Muchas gracias :-). Trabaja a ese Hulk, Ana. Tal vez tenga algún miedo o alguna creencia limitante. Vete poco a poco, observando cuando aparece, comprendiéndole y pidiéndole que te deje vivir tranquila, que todo está bien, que tú puedes manejarlo y que quieres vivir en paz.
      Un abrazo cariñoso,
      Vanessa

      Responder
  9. Elizabeth 06/03/2019

    Tenia un severo ataque de ira, porque mandé un mensaje al whatsapp de un amigo y me dejó en visto. Entonces salí corriendo a tu blog, porque sabía que encontraría algo al respecto. Justo encontré esto y me estoy riendo de la tontería por la que hace un rato tenía casi un ataque. Porque es una tontería, una verdadera tontería estar enojada por un «visto». Mi vida sigue y no puede ser que todo mi día dependa de eso. Estoy muy agradecida contigo. Que Dios te bendiga por ayudar tanto.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 14/03/2019

      Qué bien, Elizabeth. Me alegro mucho de que el post haya sido tan efectivo, muchas gracias por compartirlo conmigo :-).
      Besos y sonrisas,
      Vanessa

      Responder

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