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SÍ, ¡LA NECESITO!

¿Sientes que tú no haces las cosas bien?

Mujer en el ordenador - cuando no te sientes válida

Imagínate a alguien que cuando se propone hacer algo o aprender algo nuevo, lo hace a medio gas, sin confianza y sintiéndose muy insegura…

Se fija en todo lo que hace mal y, por eso mismo, cada vez se siente más insegura.

Si alguien le hace un comentario crítico sobre cómo lo está haciendo, se siente fatal, como si fuera lo peor del mundo.

Y, por supuesto, al más mínimo obstáculo, abandona.

¿Qué dirías que cree esta persona de sí misma? Te lo digo yo: cree que no es válida.

Cuando crees que no eres válida, sientes que tú no eres capaz de hacer las cosas bien, que eres más torpe, más lenta, más patosa o menos lista que los demás. Te dices que no tienes iniciativa, que tus ideas no son buenas, que eres poco creativa o que lo que tú dices son chorradas…

Si la creencia de “no soy valiosa” está más relacionada son el Ser, con sentir que no vales como persona, la de “no soy válida” está más relacionada con el Hacer, con sentir que lo que tú haces no está bien, que no haces las cosas bien.

Mi historia con el profesor de esquí

Te voy a contar una historia personal para que entiendas esto mejor:

Este invierno me propuse aprender a esquiar. Es como una espinita que tenía clavada desde hace mucho, algo que siempre había querido hacer, pero me costaba dar el paso de ir yo sola, porque en mi entorno no hay nadie que esquíe ni que quiera aprender.

Total, que un día de febrero me harté de ponerme excusas y fui. Reservé una clase con un profesor y me planté en la estación. Y resulta que la Vida, el Universo, la suerte, o como tú quieras decirlo, me puso al mejor profesor de esquí que podía tener.

Era motivador, se enfocaba en lo positivo, estaba todo el rato diciéndome lo que hacía bien, si quería corregirme en algo lo decía de una forma tan sutil que yo ni me enteraba… Y yo simplemente iba haciendo lo que él me decía e iba aprendiendo.

Yo que tengo fama de patosa desde que tengo recuerdo, la típica niña que terminaba la última todos los ejercicios de gimnasia, con las risas de los otros niños de fondo…, aprendiendo a esquiar con una tranquilidad y una confianza que si me lo cuentas hace veinte años te habría dicho que estabas loca…

Pues sí. Gracias en gran parte al profesor que me tocó, me fui sintiendo segura y perfectamente capaz de seguir superándome cada día. Y hasta aquí muy bien. Pero el día de la quinta clase resulta que mi profesor no estaba y tuve que ponerme con otro. ¿Y qué pasó entonces? Pues que ni punto de comparación. Con el nuevo profesor parecía que nada de lo que hacía valía.

Estaba todo el rato señalándome lo que hacía mal, me corregía una y otra vez y me decía que me veía insegura y que no tenía que tener miedo, ¡y eso que yo ni siquiera me sentía así! Desde luego que con su manera de hablarme me sentía más insegura que los otros días, pero no tanto como él me decía…

Aun así, seguí aprendiendo, volví un día más y cerré la temporada cumpliendo mi objetivo de bajar sola por una pista que el primer día se me ponían los pelos de punta sólo de mirarla…

¿Y qué aprendí? Desde luego que aprendí a esquiar, pero además aprendí la importancia del profesor que te toque. Si desde el primer día hubiera estado con el profesor que me tocó el quinto día, me hubiera costado mucho más aprender, me habría bloqueado mil veces y ni de broma habría llegado a bajar por donde bajé.

Y esto puedes extrapolarlo a toda tu vida: cómo eran tus profesores de pequeña o cómo eran tus padres contigo, cómo te corregían y si se enfocaban en lo bueno o en lo malo, habrá condicionado lo válida que tú te sientas a la hora de enfrentarte a un reto nuevo.

Y ahora, ya de adulta, cómo es tu jefe, cómo es tu pareja, cómo es un profesor cuando te apuntas a clase de algo, cómo son las personas que te rodean… Y, sobre todo, cómo eres tú contigo misma. Lo que te cuentas cuando vas a hacer algo nuevo o cuando quieres aprender algo.

¿Qué te dices? ¿Tienes al profe bueno en tu cabeza? ¿O tienes al profe malo?

Lo más probable es que, en función de lo que tú creas de ti misma, así sea como te hables y eso en lo que pongas el foco.

Si tú crees que eres válida, pondrás el foco en lo que haces bien, en los pequeños triunfos, y eso que haces bien irá creciendo. Es decir, el profe bueno.

Pero si crees que no eres válida, pondrás el foco en lo que haces mal, en tus errores, y eso será lo que vaya creciendo. Es decir, el profe malo.

Es lo mismo que si a un niño le dicen todo el rato lo despistado que es, ¿qué crees que va a pasar? Pues que cada vez se despistará más, porque es eso en lo que se está fijando y en lo que tiene puesto el foco.

Moraleja: si quieres sentirte válida, necesitas enfocarte en lo que haces bien.

¿Qué fue eso que te costó mucho aprender?

Piensa en algo que quisiste aprender y fuiste incapaz o te costó un montón. Hace poco o hace mucho tiempo, eso da igual, lo primero que te venga…

¿Qué te contabas? Si llevabas a un “profe malo” puesto encima, si estabas todo el rato pendiente de cada fallo que ibas cometiendo, es muy probable que hayas concluido que no eres válida para eso. Si, en cambio, eras tu propio “profe bueno” y estabas enfocada en lo que hacías bien y en cada pequeño avance, lo más probable es que hayas aprendido y superado ese reto.

¿Conclusión? Que la clave está en el profesor, y que la diferencia entre un profe bueno y uno malo es bestial. Pero, sobre todo, que lo que más importa es el profe que lleves dentro de ti, cómo seas tú contigo y lo que te cuentes. Y eso siempre, siempre, será consecuencia de lo que tú creas de ti misma.

Porque el profe, el jefe o lo que sea que te toque no va a depender de ti, pero que tú creas que eres válida o que no lo eres sí que depende de ti.

Por eso también sé que si me hubiera tocado el primer día el profe malo habría terminado aprendiendo, porque ya no soy aquella niña que se sentía patosa e inútil, porque ahora sí llevo a un “profe bueno” dentro de mí. Pero desde luego que me habría costado mucho más y lo habría disfrutado mucho menos.

Y sí, que creas que eres válida o que no lo eres tiene mucho que ver con tu infancia y con cómo te dieron permiso para aprender y equivocarte.

Si los demás siempre lo hacían mejor que tú, si siempre eran más listos, más responsables o mejores estudiantes, habrás aprendido que no eres válida.

Si sólo te señalaban las cosas malas y lo que no hacías bien, si te mandaban callar y te decían que no tenías razón, si no te dejaban ser tú misma y todo te lo corregían, habrás aprendido que no eres válida.

Si eras muy buena estudiante y sentías que para que estuvieran contentos contigo tenías que sacar todo sobresalientes, habrás aprendido que tienes que hacerlo perfecto y que, en cuanto cometes un error, ya no eres válida.

Si uno de tus referentes era muy exigente, pongamos tu padre, y el otro era muy inseguro y sumiso, pongamos tu madre, ¿¿¿cómo iba a aprender esa niña que era válida???

Así te va cuando no te sientes válida

Te he contado muchas veces cómo lo que crees sobre ti misma condiciona lo que creas. Si crees que no eres importante, que no eres suficiente, que no eres capaz, que no mereces

Lo que sea que creas tú de ti misma condicionará los resultados que obtengas en cualquier ámbito de tu vida y cómo te sientas tú contigo misma (ésta es una de las cosas que descubrirás de ti si te apuntas a Amor, cuál es tu principal creencia limitante sobre ti misma y cómo cambiarla).

¿Y qué pasa cuando crees que no eres válida? ¿Cómo se refleja eso en tu vida? ¿En qué notas que llevas un “profe malo” dentro de ti?

Pues puede ser que no te atrevas a ponerte objetivos. Que ni siquiera te plantees qué quieres. Porque, total, como no eres válida…

Que evites retos para los que no te sientes preparada, por ejemplo, un ascenso o una nueva responsabilidad en tu trabajo, diciendo que no o saboteándote a ti misma para que eso no pase.

Que pienses que tú nunca vas a conseguir X, que otras personas sí consiguen, o que si vas a una entrevista de trabajo ya des por hecho que no te van a coger.

Que te digas que vas a hacer esto, esto y esto y después no lo cumplas y no hagas nada.

Que lleves mil años en un trabajo que no te gusta y sin poner ningún límite cuando no te sientes bien tratada. Es lo que toca, como no soy válida…

Que sientas que no eres capaz de tomar decisiones sobre tu vida…

Que estés constantemente dudando de si lo has hecho bien y pendiente de si has metido la pata…

Que te guíes más por la opinión de los demás que por la tuya propia, porque como no eres válida…

Y, como siempre, lo que hagan los demás meterá el dedo en tu herida y en lo que tú crees que ti misma. Por ejemplo, si das una idea y nadie responde, pensarás que no te toman en serio y que a los demás se les tiene más en cuenta. Claro, si crees que no eres válida, ¿qué ibas a pensar? Recuerda que lo que tú piensas o interpretas respecto a lo que hacen los demás no tiene que ver con ellos, sino contigo.

O te rindes antes de empezar, o lo das todo hasta agotarte

Por si todavía te quedan dudas de si esto de “no soy válida” va contigo, quiero contarte algo más y ponerte algún ejemplo.

Cuando crees que no eres válida, pueden pasar dos cosas: o que te rindas antes de empezar o que lo des todo hasta el agotamiento.

1.Si eres de las primeras, de las que se rinden antes de empezar, no te arriesgarás ni tomarás las riendas.

“Como creo que no soy lista, pues no me atrevo y no tomo decisiones. Total, si no voy a hacerlo perfecto, pues mejor no lo hago”, que me dijo una coachee.

“Como lo que yo digo no tiene valor, pues mejor me callo”, que me dijo otra coachee.

Si alguien te corrige y te dice que algo se hace diferente a como lo has hecho tú o que una respuesta que has dado no era correcta, pensarás que la razón la tiene el otro. Como tú no eres válida…

Si, por ejemplo, estás preparándote para un examen de inglés, lo harás a medias, le dirás a todo el mundo que no se te da bien y te buscarás cualquier excusa para no poder estudiar. Así, te dices inconscientemente, no fracasarás y evitarás volver a conectar con que no eres válida.

O si estás a punto de incorporarte a un trabajo nuevo te sentirás insegura y estarás dándole vueltas a si lo vas a hacer bien, a si tendrás recursos suficientes y a qué pensarán los demás de ti.

¿Lo ves?

2.Te cuento ahora qué pasa cuando eres de las segundas, de las que lo da todo hasta el agotamiento:

En este caso tu comportamiento será el opuesto. Aunque en el fondo de ti misma también sientes que no eres válida, es como que quieres darlo todo para que nadie te descubra y se dé cuenta de que eres una impostora. Así que, inconscientemente, te esfuerzas un montón para que los demás vean que sí que eres válida.

Si alguien te corrige o te dice que has hecho algo mal, te molestará un montón y te pondrás a la defensiva, porque tu ego cree que si se equivoca o no tiene la razón, eso demostrará ante los demás que no es válido, así que necesita esconderlo a toda costa.

Harás lo que sea por defender tu postura si otro no la comparte, por convencerle de que las cosas son o se hacen como tú piensas, y en todo momento te esforzarás por mostrarte segura de ti misma, para que nadie note esa sensación profunda de que no eres válida.

Como en el fondo de ti crees que lo que piensa y hace el otro es más válido que lo que piensas y haces tú, te sentirás pequeñita si te equivocas o metes la pata y alguien se da cuenta.

Como me decía una coachee, “necesito demostrar en todo momento que lo sé todo, demostrar que me merezco el puesto que tengo, escondiendo que no sé de algo y poniéndome a la defensiva si creo que otro está a punto de descubrirme”.

Necesitarás que los demás hagan lo que tú crees que es lo correcto, porque si no lo hacen tu ego te dirá que eso es porque tú no eres válida.

Y te esforzarás mucho por satisfacer las expectativas que otros tienen sobre ti, siempre enfocada en el resultado y en hacerlo perfecto, para que todos vean que sí que eres válida. Justo lo que tú crees que no eres, pero no quieres que nadie descubra :-(.

¿Te das cuenta? En cualquiera de estas situaciones, si tú creyeras que eres válida, no tendrías ningún problema por no saber de algo, por no hacerlo perfecto o por cometer un error. Al revés, te sentirías orgullosa y satisfecha de ti misma, te enfocarías en lo que haces bien y seguirías intentándolo. Como el profe bueno, pero contigo misma 😊.

¿Qué me dices? ¿Te sientes identificada con la creencia de “no soy válida”? Si es así, me encantará que lo compartas conmigo en los comentarios aquí debajo.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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5 comentarios

5 comentarios
  1. Mariana 29/04/2021

    ¡Gracias Vanessa! ¡Me cayó en un momento justo esto que acabo de leer! Increíble! Estoy aprendiendo a conducir y siento que no sirvo, que soy dura, que no puedo, y justo me tocó un profesor muy exigente y crítico que aumenta mucho más mi inseguridad. Creo que la clave esta en creer que sí soy capaz mas allá de lo que este profesor me diga y no abandonar mis ganas de aprender a manejar por la mirada severa y crítica que recibo tanto del afuera como de mí misma. Gracias por ayudarme a reflexionar y ser más auténtica conmigo misma. Un abrazo

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 29/04/2021

      Muchas gracias, Mariana. Me alegro de que el post te haya servido, recuerda que al profesor no puedes elegirle y que lo más importante es lo que tú creas de ti misma, cómo te hables y que te des permiso para aprender al ritmo que necesites.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
    • Natasha 01/05/2021

      Hola Vanessa! Gracias por hablar de esto en el post, porque es exactamente lo que me pasa, de verdad tengo mucha inseguridad conmigo misma, pero NO QUIERO que nadie se de cuenta, no me gusta demostrarle debilidades a nadie, pero al mismo tiempo, quisiera poder desahogarme con alguien y contarle sobre mis inseguridades. Mi inseguridad está más que todo en no sentirme capaz de hacer las cosas bien, por no hacerlas PERFECTAS, pero lo que tu dices me hace aprender algo nuevo que es, que si me critico todo lo que hago lo único que hará es que no aprenda nada y me frustre, en cambio tengo que ser mas flexible conmigo, enfocarme en las cosas buenas que haga, así sean pequeñas, y que no tengo que hacer milimétricamente perfectas todas las cosas que haga para que estén bien.

      Responder
      • Vanessa Carreño Andrés 06/05/2021

        Hola Natasha,
        Cuanto más rechazas tus inseguridades y tu vulnerabilidad, más grandes se hacen y más sientes que te limitan. Cualquier parte que rechazas de ti es como que lo ocupa todo, igual que si no te gustan tus orejas será eso lo que veas cada vez que te miras al espejo. Por eso la aceptación es tan importante, y empieza siempre por ti misma. Desde ese amor y esa compasión es como podrás empezar a sentir que tú sí haces las cosas bien.
        Un abrazo,
        Vanessa

        Responder
  2. Aitana 08/05/2021

    Me ha encantado. Ahora entiendo muchas cosas de mi vida, momentos en los que pensé que no podía porque el líder que me estaba guiando no me daba confianza. Y al revés. Muchas gracias, me ha servido mucho! Lo de fuera no depende de mí, pero lo de dentro sí 😊

    Responder

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