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SÍ, ¡LA NECESITO!

Cuando te exiges ser productiva a todas horas

Mujer trabajando - ser productiva

Tengo una clienta que sieeeempre está haciendo cosas, cumpliendo tareas y poniéndose objetivos.

Que si voy, que si vengo, que si subo, que si bajo, que si hago esto, y ya estoy pensando en lo siguiente, que si mañana lo otro y pasado lo de más allá, pim pam pum todo el día…

Vaya, que es una máquina de matar el aburrimiento.

Siempre eficiente, siempre esforzándose al máximo, siempre una cosa, y otra, y otra, y otra…

Sin parar en todo el día y con la exigencia de no perder el tiempo y de ser productiva las veinticuatro horas.

Vamos, que si de repente le quedan quince minutos libres entre dos tareas, se le ocurren veinte cosas que hacer para seguir siendo productiva y efectiva. ¿Dedicarlos a tomarse un café relajada? Nooo, ¡ni loca!

Y se sube a un tren y también tiene que estar haciendo cosas… ¡sin parar ni un segundo!

Y así va. Siempre al límite. Siempre con la lengua fuera. O, como le digo yo, con el vaso lleno hasta los topes.

Y en cuanto el vaso se libera un poco, se le ocurre otra cosa con la que llenarlo.

¿Disfrutar? ¿Parar? ¿Descansar? ¿Hacer algo solo porque ahora mismo es lo que le apetece? ¿Mirar volar los pájaros sin ningún fin ni pretensión?

¡Nooo! ¡Eso jamás!

Bueno, solo en vacaciones. Porque ahí es cuando está permitido, como que ahí sí que toca, ahí sí está bien parar. Pero el resto del tiempo, no. El resto del tiempo hay que vivir sobrecargada.

Explotando de vez en cuando con tanta sobrecarga, ¡obvio!, porque sigue siendo humana, y no un robot. Pero volviendo a exigirse y a ser productiva en cuanto se le pasa el mal rato.

¿Te suena? Es un perfil que me encuentro mucho, sobre todo en mujeres.

Es esto de que no puedo estar sin hacer nada, que si siento que no aprovecho el tiempo y no soy productiva, me siento culpable y me castigo a mí misma.

“Me parece que estar en el sofá viendo una serie o mirando el móvil es perder el tiempo… Y me da mucha rabia no saber estar a gusto en los momentos de no hacer nada, porque estoy ahí pensando que debería estar haciendo otra cosa”, que me decía otra coachee (ojito, que si tú también quieres trabajar conmigo, solo tienes que rellenar este formulario).

Y claro, ¿qué le pasa a alguien así? Pues que entra en un bucle de hacer y hacer y hacer, porque prefiere estar agotada que sentirse culpable por estar perdiendo el tiempo.

Es decir…

Agotada sí me siento valiosa.

En pausa, descansando o disfrutando, me siento una inútil.

Así que tengo que aprovechar el tiempo y hacer, cuantas más cosas a la vez, mejor.

Y si no voy con la lengua fuera y no estoy todo el día cumpliendo con mis obligaciones, no tengo motivos para estar orgullosa de mí misma.

Y venga tareas y más tareas, en una lista infinita en la que la última siempre soy yo, mis necesidades y lo que de verdad me apetece.

Porque de eso no tengo ni idea. Estoy taaaan desconectada de lo que necesito y tan en lo que “debo hacer”, que a veces ni me entero de cómo me estoy sintiendo.

Bueno, pues así es la vida de la que se exige ser productiva a todas horas ☹.

Esto es lo que te impide disfrutar

Si te sientes identificada, ¿te das cuenta de qué es lo que te impide disfrutar de no hacer nada? ¿Lo que hace que no pares nunca? ¿Lo que hace que no te relajes o que te sientas culpable si no aprovechas el tiempo?

Vale, pueden ser varias cosas. Te cuento:

1.Creer que todo lo que hagas tiene que tener una utilidad.

Como ves, quien se exige ser productivo, no está en el presente. No está en lo que está haciendo, sino en la exigencia de “para qué le va a servir”.

Como que todo tiene que ser para algo y todo tiene que llevarme a tachar una cosa de mi lista de tareas pendientes.

Por ejemplo, si es ver una peli porque eso estaba en mi lista de tareas y porque “hay que ver una película a la semana”, pues entonces vale.

Pero si es improvisar y tumbarme a ver una serie porque ahora mismo es lo que me apetece, entonces no.

Es decir, si me saca de mi planificación y de lo que yo me había dicho que tenía que hacer, entonces no. Porque eso no es ser productiva.

¿Quedar con gente? Ok, porque socializo, y en ese caso soy productiva.

¿Sentarme en el parque a ver jugar a los niños? No, porque no saco nada.

¿Tirarme en el sofá a pensar en las musarañas? No, eso no. Si acaso mientras me doy un baño, que así mato dos pájaros de un tiro.

¿Salir al monte a caminar? Vale, porque hago ejercicio. Entonces eso sí.

¡¡¡Y así todo el rato!!!

2.Creer que hacer algo para obtener placer, sin ningún otro fin, es malo.

Como que el disfrutar por disfrutar está mal, como que es algo hedonista, algo caprichoso, y la vida no es eso taaan banal…

Claro, tiene todo el sentido que te hayas creído esto si piensas en lo que te premiaban y en lo que te castigaban cuando eras niña.

A ver, ¿a qué niño le premiaban por jugar y divertirse? ¿A qué niño le celebraban el no hacer nada, el no tener que estar aprendiendo nada y el no tener que estar esforzándose?

Pues eso, que aprendemos que tenemos que estar siempre en el esfuerzo y la productividad, porque así es como los demás nos enseñan a valorarnos.

Y si a eso le sumas el no haber tenido unos referentes que se permitieran parar, descansar y no hacer nada, pues ya está el lío armado.

En mi caso, recuerdo que nunca veía a mi madre sentada sin hacer nada. Que, si veía una película, tenía que estar planchando a la vez. Que. si se sentaba a comer, tenía que estar preparando la cena a la vez. Que, si tomaba el sol, tenía que estar cosiendo a la vez. Y lo hacía así porque así se lo había visto a su madre…

Siempre en la tarea, siempre en la obligación.

3.Creer que en la vida hay que sufrir.

Que el camino es cuesta arriba, que hay que esforzarse mucho, que si no estás sufriendo es que estás haciendo algo mal…

Siempre en el “debería”, primero la obligación y después la devoción, y hasta que no lo has hecho todo, ¡todo!, no puedes desconectar.

Y estás agotada, pero sigues.

Y te da mucha pereza algo, pero te obligas a hacerlo.

Y si no llegas a algo, la culpa es tuya.

Es decir, siempre con el látigo detrás de ti.

En vez de llevarte con cariño de la mano… En vez de estar presente aquí y ahora contigo, y de escuchar lo que te apetece y lo que te sentaría bien en este momento.

¡Nonono! Que a la vida hemos venido a sufrir :-(.

4.El miedo a no ser suficiente…

Cuando alguien vive desde esa exigencia suele tener muchas dificultades para delegar y pedir ayuda. Necesita tenerlo todo controlado, y soltar le llevaría a perder el control, así que no se lo puede permitir.

Tiene que mantener su imagen de fortaleza y de “yo puedo con todo”.

Y por eso no se deja sentir lo que está sintiendo, ni es capaz de escuchar lo que necesita.

Pero, muchas veces, lo que hay detrás de estos síntomas es miedo.

Miedo a no hacerlo bien, miedo a no ser suficiente, miedo a ser prescindible, miedo a lo que piensen de mí, miedo a no ser perfecta, miedo a no cumplir con las expectativas que los demás tienen hacia mí…

Y, para no conectar con ese miedo, lo que ha aprendido a hacer es esforzarse y ser muuuy productiva.

4.Creer que descansar es algo superfluo y prescindible.

Como que hay que estar dándolo todo, todo el rato. Como que hay que avanzar constantemente. Como que, si paras, retrocedes.

Y si estás cansada, ¡es que eres una floja!

En vez de entender que descansar es una necesidad tan importante como comer o beber agua.

Que para ser productiva necesitas saber parar, porque eso te permite coger aire y recolocarte.

Porque solo cuando dejas de ser productiva puedes escuchar cómo estás y lo que necesitas, y elegir lo siguiente desde la consciencia, y no en piloto automático, cuesta abajo y sin frenos.

Igual que en el camino de Santiago se entiende que descansar es tan importante como caminar. Y caminas, y descansas. Y caminas, y descansas. Lo uno con lo otro, y ambos igual de necesarios para avanzar.

Pues eso es lo que NO sabe hacer quien cree que descansar es una necesidad “de segunda”.

No, esto no depende de tus circunstancias

Igual estás pensando que esto de permitirse disfrutar, esto de saber parar y no estar todo el rato en la tarea productiva no es para todo el mundo. Que hay personas que pueden permitírselo, y otras que no.

Y sí, es cierto que hay algo que tiene que ver con las circunstancias de cada uno, y eso es indiscutible.

Pero te aseguro que lo que uno descanse o disfrute no suele ser directamente proporcional a las posibilidades que tiene de hacerlo. ¡Para nada!

Hay personas con mucha carga de responsabilidades que pueden tener más clara su necesidad de parar y de disfrutar como una prioridad, y que desde ahí se la respetan. Y otras con mucha menos carga que necesitan ser productivas a todas horas.

Y esto tiene mucho más que ver con lo que tú te permites dentro de ti, que con lo que pasa fuera.

Recuerdo a una coachee que en la primera sesión me contaba que, para ella, sentarse a jugar con su hijo pequeño era perder el tiempo. “Tengo tantas cosas que hacer que quedarme ahí con él no lo veo de provecho… Pero después me siento mala madre por ello”.

Y recuerdo también que, al acabar de trabajar juntas, disfrutaba como la que más de esos ratos jugando con él, simplemente estando ahí, sin necesidad de hacer nada, sin necesidad de estar mirando el móvil para sentir que aprovechaba el tiempo. Dejando lo pendiente para después y simplemente ahí, presente, enseñándole a su hijo lo importante de la vida…

¿Cómo hizo ese cambio? Pues desde un cambio interno, no externo.

Externo, en todo caso, en el saber pedir ayuda, delegar y soltar lo que no era suyo.

Pero, sobre todo, interno, en el aprender a ser flexible consigo misma, a dejar de vivir desde el esfuerzo, a saber valorarse por lo que era y no por lo que hacía, a saber escucharse y reconocer lo que necesitaba en cada momento… Y a sentir que estaba bien, que se lo merecía, que no necesitaba una excusa o una justificación, que no tenía que venir nadie a darle permiso para parar, que eso también era una tarea importante en su día a día…

Tu manera de descansar es tuya, y está bien

Y a esto de darte permiso para descansar y pasarlo bien, ¿por dónde se empieza?

Porque hay personas tan desconectadas de sí mismas que ya no es que no se lo permitan, ¡es que ni siquiera saben qué es lo que les hace disfrutar!

Vale. Pues  es fácil. Se empieza entendiendo qué es lo que te hace disfrutar a ti.

Porque cada uno disfruta a su manera, igual que cada uno descansa a su manera, y lo importante es que tú reconozcas la tuya.

Habrá quien tenga una manera más activa de disfrutar, y quien tenga una más pasiva.

Habrá quien descanse estando rodeada de gente y quien necesite estar a solas para descansar.

Que igual para ti una cena con amigos es un compromiso y para otra persona es el momentazo más guay de la semana.

Por eso, que esto no va de lo que hagan los demás, esto va de lo que te siente bien a ti. De lo que te cargue las pilas a ti. ¡De lo que necesites tú!

Habrá quien puede descansar haciendo una caminata de diez kilómetros, quien descanse restaurando un mueble o quien necesite tumbarse en una hamaca y no hacer nada.

Habrá quien disfrute yendo a un concierto y quien lo haga leyendo una revista de cotilleos.

Habrá quien se lo pase bien leyendo un libro y habrá para quien eso sea una obligación más, y entonces no le sirva.

Habrá quien disfrute tomando un café con alguien y quien necesite tomarlo sola.

Habrá quien descanse escuchando algo de música y quien prefiera no escuchar nada.

Y está bien, lo que sea que a ti te haga descansar y disfrutar, está bien.

Lo importante es que sientas que hay un equilibrio en el que produces y resuelves, pero también descansas y disfrutas.

Que ni te vas a un extremo, ni te vas al otro. Que ambos están presentes en tu día a día.

Y entonces será cuando puedas llegar a disfrutar de ambos. Cuando sientas que ahora estás en eso, y que no quieres estar en otra cosa, porque ya no te debes nada.

Porque ahora sabes cuidarte y no hacer nada ahora (o hacer lo que a ti te de la gana), y seguir siendo productiva después.

¿Qué me dices? ¿Te das cuenta de que esa exigencia de ser productiva a todas horas esté en ti? Me encantará que me lo cuentes en los comentarios aquí debajo.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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