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Cuando confundes amor propio con ser egoísta

Mujer haciendo un corazón con las manos - amor propio y ser egoísta

¿Sabes distinguir entre egoísmo y amor propio?

¿Sabes diferenciar cuando un comportamiento, tuyo o de otra persona, es egoísta y cuando es una señal de amor propio?

Si hay algo que no me cansaré de defender es el egoísmo sano, el reconocerte tu derecho a pensar en ti y a satisfacer tus necesidades, porque de verdad creo que tenemos muy confusa esa línea que separa el egoísmo tóxico del amor propio, y que muchas veces la utilizamos para manipular y dejarnos manipular en nuestras relaciones.

En plan, “es que eres una egoísta” o “no quiero que piensen que soy egoísta”.

Por eso, cuando una coachee me dice que otra persona es egoísta, o se juzga a sí misma de ser egoísta, como diciendo que es mala persona, indago para entender mejor en qué se basa esa etiqueta. ¿Se trata de una persona que se quiere, se valora y se hace responsable de sus necesidades, y desde ahí la tachan o se tacha a ella misma de egoísta? ¿O es alguien que de verdad no tiene en cuenta a los demás y solo piensa en sí misma?

Y siempre me doy cuenta de que, quien más miedo tiene a ser egoísta, es quien más necesita aprender a serlo.

Quien más necesita interiorizar que puede haber un egoísmo sano, el que nace del amor propio.

Entonces, ¿cuál es la diferencia entre ese egoísmo sano, basado en el amor propio, y un egoísmo tóxico? ¿Dónde está el límite entre lo uno y lo otro?

En mi opinión, lo tóxico es pensar sólo en lo que yo quiero, que me importen solo mis deseos y mis necesidades, que no tenga en cuenta nada más y que me importe un pimiento lo que te pase a ti o lo que tú necesitas.

Mientras que el amor propio sería cuidar de mí y de mis necesidades y pensar en lo que yo quiero sabiendo que ese es mi derecho y mi responsabilidad, pero escuchando lo que tú quieres y permitiendo que tú también cuides de tus necesidades.

Cuando te valoras por estar siempre disponible

El problema, lo que nos impide conectar con ese amor propio, es que creemos que estar para los demás es una cualidad positiva. Como si fuéramos responsables de que los demás estén bien, como si hubiéramos venido al mundo con una deuda hacia los demás, como si les debiéramos algo…

Por eso, tantas veces, cuando le pregunto a una coachee lo que más le gusta de sí misma, solo me dice cosas como que le gusta ayudar a los demás, que los demás siempre pueden contar con ella, que es buena amiga…

Porque eso es lo que hemos aprendido a ser, lo que hemos escuchado que hay que ser: generosa, altruista, disponible, buena persona, complaciente…

Y porque tenemos un concepto equivocado de lo que es ser generoso.

Estamos tan dormidos que creemos que cuando nos quitamos de algo para dárselo a otro estamos siendo generosos, cuando en realidad estamos generando una deuda con el otro que nos deja vacías. Y eso es mucho más egoísta, porque no damos desde un lugar auténtico, porque no nos estamos ocupando de nosotras mismas si damos algo que en realidad no queremos dar, y después esperamos que los demás llenen nuestros vacíos.

No puede haber autenticidad en quien está siempre pensando en los demás, dándolo todo por los demás, preguntándose qué necesita el otro, callándose sus necesidades y no pidiendo nunca nada… Ese es el egoísmo de quien no sabe darse lo suyo y espera que los demás se lo den. Quien quiere suplir su falta de amor propio con la aprobación y el reconocimiento de los otros. Quien salva para que le salven y, cuando no recibe lo mismo, se coloca en un lugar de víctima, de “tú tienes que hacerte cargo de mí” y “devolverme todo lo que yo he hecho por ti”.

En vez de hacerte responsable de ti, de darte lo que tú necesitas, de no dar cuando no es desde un lugar auténtico y cuando te abandonas a ti para dárselo al otro, y de dejar de esperar eso mismo de los demás.

En vez de entender que la única deuda y la primera persona a la que le debes algo es a ti misma. Que esa es la alianza más importante que cada uno hemos de cumplir, la que tenemos con nosotros mismos. Y que, si cada uno se encargara de esto, nadie se sentiría vacío.

Igual que cuando te subes a un avión te dicen que si hay algún imprevisto te coloques primero tu chaleco antes de ayudar a nadie. Porque cuando empezamos por ayudar a los demás, para no ser egoístas, nos abandonamos a nosotros mismos. Y así nadie podrá salvarse.

“Prefiero fastidiarme yo y que el otro esté contento”, que me decía una coachee hace poco (por cierto, si quieres trabajar conmigo, puedes rellenar este formulario para tener una sesión de valoración), a la vez que se daba cuenta de que le resultaba mucho más fácil lidiar con su propio abandono que exponerse al abandono del otro.

¿Lo ves? ¿Te das cuenta de que el miedo a ser egoísta hace que desaparezcas? Porque como los demás están antes que tú, tú ya no existes, no estás, no te ves, y así los demás tampoco pueden verte (de ahí que tantas veces quien no se ve, se tope una y otra vez con personas que tampoco estás dispuestas a verle y le tachan de egoísta cuando hace algún intento por aparecer…).

Cuando, para no ser egoístas, nos pasamos la vida pensando en los demás, ayudándoles, estando para ellos y dejando nuestras necesidades en un segundo lugar para que estén bien, dejamos de estar presentes en nuestra vida.

Y desde ahí ningún amor al otro puede ser verdadero, porque viene de alguien que no está, que no existe. En todo caso, es un mercadeo de cariño, un “me sacrifico por ti para que me quieras, y espero que tú hagas lo mismo por mí”. De ahí que nos enfademos si los demás sí son capaces de pensar en sí mismos, o que, si vivimos tan anuladas que somos incapaces de enfadarnos, un día explotemos y nos demos cuenta de que hace tanto tiempo que nos abandonamos que ya ni recordamos la última vez que estuvimos presentes en nuestra vida.

Sí, de verdad creo que hay un egoísmo oculto y manipulador en las personas que presumen mucho de estar siempre para los demás, porque es imposible que esto nazca de un lugar auténticamente altruista si antes no están para sí mismas.

Puede ser que lo haga para que los demás estén contentos conmigo, puede ser para que no me dejen, puede ser para que no me rechacen, o porque solo sé dar y no sé recibir, o para sentir que soy buena persona, o para sentirme en un lugar de superioridad y poder frente al otro, o para no tener que ocuparme de mí… Sea para lo que sea, siempre que hago algo que en realidad no quiero hacer, siempre que me vacío para que otro se llene, estoy teniendo un comportamiento poco claro y transparente. Les estoy ocultando mi verdad a los demás y, muchas veces, también a mí misma.

Y todo sería mucho más fácil, más sencillo, si como pasa en los aviones, cada uno se hiciera cargo de su verdad y se ocupara de sí mismo desde ese amor propio.

Por ejemplo, imagínate que has quedado con una amiga para hacer una excursión el sábado y según se acerca el día vas sintiendo que no es eso lo que te apetece hacer, y empiezas a pensar “bah, la última vez ya le dije que no, total voy y ya está, que después seguro que me lo paso bien”. ¿De verdad crees que sería egoísta compartirle lo que te está pasando? ¿En serio piensas que hacer algo que no te apetece es tener amor propio? ¿No te das cuenta de cómo te colocas por debajo cuando no le das importancia a lo tuyo? ¿De verdad sientes que es auténtica una relación de amistad en la que una de las dos partes ha de anularse por la otra?

O si tu hermana te dice que necesita ayuda con algo, pero justo ese día tú estás muy, muy cansada y necesitas descansar, ¿no es más egoísta ayudarla y después esperar que ella haga lo mismo si un día le pides algo y no le viene bien, que decirle lo que estás necesitando?

O si tu prima te dice que se va a pasar por tu casa a verte justo esa tarde que tú pensabas pasarte pintando. Y piensas “¡¿cómo le voy a decir que no venga porque quiero pintar?!”… Y dejas que venga pero después terminas llenándote de rabia por haberte traicionado a ti misma… ¿Ves que habérselo dicho habría sido mucho más generoso que callarte y que solo cuando tú te des permiso para hacerlo podrás aceptar que otro también lo haga?

O si tu pareja quiere ir a un sitio en vacaciones y tú quieres ir a otro, ¿no complica mucho más la relación que te calles y que después estés a disgusto y esperes que el otro se ocupe de tu malestar?

O si tienes un problema y no dices nada para no preocupar al otro, y te cargas y te cargas con lo de los demás, ¿no ves que aquí no hay nada de amor propio?

En cualquiera de estos casos, ¿no será mucho más sano validar y legitimar lo que sientes y lo que necesitas en vez de seguir generando deudas con los demás y después esperar que te devuelvan lo que les diste o terminar sintiendo que estás para todos menos para ti misma?

Que eso no significa que un día no puedas ir de excursión porque sabes que a tu amiga le hace mucha ilusión y te apetece hacer eso por ella, o que no puedas ceder e ir de vacaciones donde quiere tu pareja porque para él es importante y otro día será importante lo tuyo, pero solo será amor propio cuando tú sepas que te estás encargando de ti y que lo haces desde un lugar auténtico.

Ser egoísta es diferente. Es que te hago daño y me da igual. Que solo me preocupo de lo que yo quiero y no le doy ningún valor a lo que tú quieres. Que te exijo que hagas lo que yo quiero que hagas, en vez de elegir libremente lo que quiero y dejártelo elegir a ti. O que pienso en mí sin tenerte en cuenta de ninguna manera, por ejemplo, si he quedado con una amiga y cinco minutos antes de salir decido que no me apetece y le aviso de que no voy a ir cuando ella ya está llegando.

Esa es la diferencia entre un egoísmo tóxico, en el que solo pienso en mí y no tengo nada en cuenta a los demás, y un amor propio en el que pienso en mí, pero también tengo en cuenta a los demás.

Y sí, el amor propio tiene un coste: el de ser tachado de egoísta por quien no está dispuesto a hacerse responsable de sí mismo, y quiere manipularte para que tú te ocupes de él. Pero, precisamente porque has conectado con tu amor propio, ese tipo de persona ya no estará en tu lista de prioridades.

¿Cómo aprendiste a no pensar en ti?

¿Cuántas cosas has escuchado, sobre todo de pequeña, para que tú te hayas tragado que si piensas en ti estás siendo egoísta?

Que hay que ser buena y compartir, que tienes que pensar en los demás, que ellos son más importantes, que hay que preguntar primero a ver qué quiere el otro, que si eres así nadie te va a querer, que hay que decir que sí y estar disponible para los demás, que tienes que ser buena y portarte bien, que es tu deber que los demás no se enfaden…

O, aunque no te dijeran nada, porque fuiste aprendiendo, con la observación, lo que se supone que tenías que ser y hacer para que los demás te quisieran y te valoraran…

Y, desde ahí, te tachas de egoísta cuando lo único que estás haciendo es pensar en ti. Cuando lo único que estás haciendo es legitimar tu derecho a satisfacer tus necesidades y asumir tu responsabilidad de hacerte cargo de ti.

Diciendo y expresando de una forma honesta lo que tú necesitas, sin por ello dejar de escuchar lo que necesita el otro. “Me gustaría hacer esto contigo, pero necesito esto y quiero escucharme a mí también. ¿Te parece que cambiemos este plan para otro día?”.

¿¿¿De verdad crees que decir eso es ser una persona egoísta??? Que muchas veces lo que nos hace parecer egoístas de cara a los demás es no saber decir bien las cosas, no ser claros, disfrazar nuestras necesidades con excusas e inventarnos historias para evitar el conflicto.

Pero, ¿qué sentido tiene que cada uno vaya ocupándose de otro en vez de ocuparse de sí mismo? ¿Qué sentido tiene esperar que los demás llenen un vacío que es nuestro? ¿No sería más fácil que cada uno se ocupara de lo suyo y que desde ahí pudiera ayudar a otros como un ser completo?

¿No sería mucho más sencillo si yo pienso en mis necesidades más que en las tuyas porque entiendo que de las tuyas has de encargarte tú y respeto tu derecho a pensar en las tuyas antes que en las mías?

Y pienso en mí, y así dejo que tú pienses en ti.

Y, como yo me doy, pues ya no me siento vacía cuando tú te das y no me das a mí.

Y entonces sí me puedo sentir plena, y tú te puedes sentir pleno, y cuando nos juntamos compartimos esa plenitud. Nos abrimos el uno al otro desde un lugar auténtico, y no de dependencia, de culpa o de necesidad de que alguien cubra nuestras carencias.

Y cuando te necesito, te lo pido. Pero no desde la idea de que tú tienes que ocuparte de mí y salvarme, sino desde el saber que a través de manifestarte mi necesidad me estoy haciendo cargo de mí. Y que solo a mí me corresponde hacer esto.

Y si cuando te pido algo me dices que no, tendré derecho a que me duela, pero también la responsabilidad de elegir cómo responder a ello. Tal vez reconociendo tu derecho a decirme que no y mi derecho a sentirme dolida, sin pensar que son incompatibles. Tal vez buscando otra manera de satisfacer mi necesidad. Tal vez escuchando dentro de mí que esto ya nos ha pasado más veces y que así yo no puedo sentir que cuento contigo…

En cualquier caso, me estoy haciendo cargo de mí, de lo que a mí me corresponde.

Es decir, todo lo que el otro se pase de egoísta es su responsabilidad, pero todo lo que a mí me falte de amor propio es la mía. Y si solo señalo al otro me olvido de mi parte, de cómo yo de alguna manera estoy contribuyendo a ello.

De que solo yo puedo atender a mis necesidades, pero no por ello tengo que dejar de tener en cuenta a los demás.

Si yo me escucho a mí misma y eso a ti no te hace daño, o si te lo hace, pero entiendo que esa no era mi intención sino mi legítimo derecho a pensar en mí primero, no estaré siendo egoísta de ninguna manera.

Y solo desde ese amor propio podré ayudar a otros y estar con ellos de verdad, porque de verdad quiero y me apetece, sin sentir que me vacío cuando lo hago, sino al revés. Sintiéndome plena cuando me acerco a ellos y sintiendo que me lleno aun más a través de ese vínculo, porque en ningún momento de ese camino he dejado de tenerme en cuenta a mí misma.

¿Qué me dices? ¿Te das cuenta de alguna vez que has dejado de hacer algo que querías hacer por miedo a ser egoísta o a que otro te tachara de egoísta? ¿Qué crees que habría sido actuar desde el amor propio en esa situación? Si te apetece puedes compartirlo conmigo en los comentarios aquí debajo.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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4 comentarios

4 comentarios
  1. Isa 07/04/2022

    Me pasó algo así que poco pero en el ámbito laboral. Inicie un empleo en donde la jefa era sumamente grosera, me culpaba por todo, me hacía comentarios destructivos y me decía que ante cualquier duda le preguntara pero cuando lo hacía, recibía malas respuestas y todo siempre con arrogancia.

    Me sentía que todo lo hacía mal así que empecé a buscar otras opciones de empleo pero no quería renunciar aún pues necesitaba el dinero.

    Encontré otro empleo rápido y me dijeron que querían empezar lo más pronto posible, al comentarle a la jefa actual, me tildó de egoísta que yo estaba dejándole el puesto tirado que lo que yo estaba haciendo era injusto con ella. Al final volvió a explotar conmigo diciendo que al contratarme me había hecho un favor, que yo nunca le había gustado y que siempre pensó en que yo no cumplía los requisitos para ese puesto. Concluyó con una frase en la que me dijo “la Vida se encargará de compensar mis malos actos”

    Yo siento mucha paz de haberme ido de ese sitio pero lo cierto es que me da mucho temor volver a cruzarme con personas así debido a que me agotan mucho emocionalmente.

    Saludos Vanessa!

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 22/04/2022

      Hola Isa,
      Está muy bien que hayas aprendido con esa experiencia. Y no depende de ti no cruzarte a personas que te agoten, pero sí alejarte de ellas en cuanto las huelas ;-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  2. Inmi 08/04/2022

    Buenas noches! Cuando ha empezado mi camino de valorarme a mi… y q no puedes dar si no lo tienes tú…he aprendido muchas cositas, pero una más q me ha llegado es el automático q tengo de preguntar primero al otro q le apetece, o sea el otro el primero q elige, está antes q yo. Ha sido en el baile, el juego de ser atendida o decir q no. Yo le pregunté a mi compañera, ella por su puesto eligió ser atendida y ya me sentía como sometida xa el puesto d decir q no. Después se hizo a la inversa, y mi conclusión es q sentí mucho más fácil decir q no, niña ignorada, como me sentí de pequeña.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 22/04/2022

      Hola Inmi,
      Muchas gracias por compartir. No estoy muy segura de entender lo que cuentas, pero espero que el post te haya servido :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder

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