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Cuando crees que, por ser mala, dejas de ser buena

Ser mala ser buena - mujer con las manos en la cara

Supongamos que te pido que te describas, que me digas qué cualidades te definen, y me dices que eres buena persona. Pero entonces resulta que haces algo malo, como mentir o engañar a alguien a quien quieres. ¿Dejarías de ser buena persona por haber hecho eso? ¿Qué crees?

Te pregunto esto porque muchas veces les pido a mis coachees que me digan cualidades que les gustan de sí mismas. Y cuando empiezan a nombrarlas se quedan dudando porque, aunque a veces son eso, a veces también son todo lo contrario.

Por ejemplo, “no puedo decir que sea una persona valiente, porque muchas veces no lo soy”.

O “no puedo decir que tenga sentido del humor, porque muchas veces no lo tengo”.

O “no puedo decir que sea una persona simpática, porque a veces soy bastante antipática”.

O “no puedo decir que sea buena persona, porque muchas veces tengo malos pensamientos o le deseo algo malo a alguien”.

Es como que consideran que para ser algo, tienen que serlo siempre, a todas horas y sin excepción.

¿Tú también crees esto?

Pues en este post quiero contarte que no solo NO es así, sino que más bien es todo lo contrario.

Que eres buena persona porque también tienes la capacidad de ser mala, y muchas veces lo eres.

Que eres simpática porque también tienes la capacidad de ser antipática, y muchas veces lo eres.

Que eres valiente porque también tienes la capacidad de ser cobarde, y muchas veces lo eres.

Cada cualidad que veas en ti, sin duda está también en su polaridad opuesta. Otra cosa es que te permitas reconocerlo…

Todos somos todo, del blanco al negro de una misma cualidad, solo que unas veces nos colocamos en un extremo, otras en el otro y otras en algún punto intermedio.

Lo mismo que si piensas en tus cualidades negativas y te dices que eres despistada, controladora o poco constante, seguro que si le das una vuelta más también encontrarás situaciones en las que has sido todo lo contrario.

Es decir, nadie puede ser amable, bueno o constante todo el tiempo y a todas horas (a no ser que lo esté siendo desde la rigidez). Por eso, no tiene sentido que descartes una cualidad simplemente porque en algún momento no has sido eso.

Lo que quiero decir es que los dos opuestos de cualquier cualidad están en ti, porque no puedes albergar una parte sin albergar la otra, porque no puedes ser algo si no tienes la capacidad de ser también todo lo contrario.

Igual que no puede haber día sin haber noche, igual que no puede haber frío sin calor, igual que no puede haber paz sin guerra… De la misma manera, si una cualidad está en ti, es porque su opuesto también lo está.

Cuando te das permiso para ser todo

El problema es que nos construimos desde el “soy esto” o “soy aquello”.

Cuando en realidad es, más bien, que “soy esto” y “también soy aquello”.

Que admiro a los demás, pero también soy envidiosa.

Que soy sociable, pero también soy solitaria y hay días en los que no quiero hablar con nadie.

Que soy divertida, y a veces también soy aburrida.

Soy comprometida, y a veces no lo soy (porque me escucho y elijo ser flexible con algo que había dicho que haría).

Soy generosa y también soy egoísta.

Soy alegre, y muchas veces soy triste.

Soy atrevida, y muchas veces soy cohibida.

Soy auténtica, y muchas veces soy falsa.

Soy fuerte, y muchas veces me derrumbo, porque también soy frágil.

Soy aventurera, y también me encantan las rutinas y hacer siempre lo mismo.

Soy segura, y también soy insegura.

Y así con cualquier cualidad en la que puedas pensar, estoy segura de que te vienen situaciones en las que has sido eso y también has sido su opuesto.

Contarte lo contrario es engañarte a ti misma, porque cuando rechazas una parte de ti, tampoco puedes colocarte y reafirmarte en el extremo opuesto, el que sí te gusta.

Por ejemplo, que me decía una coachee, “me he dado cuenta de que generalizar sobre mis defectos no me ayuda en nada. Que me digo que soy egoísta, pero en realidad estoy viendo que no lo soy, que soy generosa. Que a veces actúo de manera egoísta y miro por mí, por supuesto, pero eso no significa que sea egoísta”.

Eso es, el camino no es negar una cualidad en ti, porque desde ahí no te estás dando permiso para ser también eso.

Cuando evolucionas y lo acoges es como que, aunque no te guste, reconoces que eso también está en ti, y entonces eres libre para ser eso o todo lo contrario, según corresponda.

Y te voy a poner un ejemplo personal. Me considero una persona atenta, pero ayer estaba hablando con un amigo cuando llegó una vecina con la que me llevo muy bien, y no le hice ni puñetero caso. ¿Eso significa que ya no soy una persona atenta? ¡Pues claro que no! Soy atenta y a veces no lo soy, porque soy las dos cosas a la vez…

Cuando conectas con esto, con que no eres nada en sentido absoluto, que lo eres todo a la vez, no solo es más fácil ser comprensiva contigo misma, sino que también lo eres más con los demás. Con alguien que no ha sido tan amable como otros días, o con alguien que no estaba de tan buen humor como suele estar…

Menos rígida y más flexible contigo misma, con cada polaridad que habita en ti.

Y menos rígida y más flexible con los demás, con cada polaridad que les habita.

Otro ejemplo personal: algo que valoro mucho en mí es que soy una persona clara que dice las cosas teniendo en cuenta a los demás. Pero, ¿siempre soy clara y siempre digo las cosas? No, claro que no. ¿Y tengo siempre en cuenta al otro cuando las digo? No, por supuesto que no.

Pero no porque a veces no sea clara dejo de considerarme una persona clara. ¡Simplemente es que soy ambas cosas!

Y está bien así. Porque nada es bueno o malo. No es que sea mejor ser una cosa que ser la otra. Depende del momento, de lo que necesites y de para qué lo uses. Y lo más importante es que te sientas libre para elegir ser una o ser la otra.

¿O de verdad crees que hay equilibrio en alguien que siempre es una persona maravillosa y que nunca se enfada? ¿Acaso crees que es sano que haya perdido su capacidad agresiva? Pues no, porque alguien que, por las experiencias que ha vivido, ha perdido su capacidad de protestar y de defenderse está perdiendo una parte esencial de sí misma. Y desde ahí el ser una persona maravillosa deja de ser una elección para ser una obligación. ¿O tiene algún mérito que no se enfade alguien que nunca lo hace?

Lo que pasa cuando rechazas una parte de ti

Como puedes ver, lo que te estoy contando tiene mucha relación con algo de lo que te he hablado cientos de veces: el aceptarte a ti misma completa, con tus luces y tus sombras, con cada polaridad que hay en ti.

Con salir del opuesto en el que te has construido y empezar a habitar todas tus partes, y que desde ahí puedas sentirte cómoda para moverte en cada grado de esa polaridad, desde un extremo hasta el contrario, según lo requiera cada situación.

Por ejemplo, recuerdo a una coachee (por cierto, si quieres trabajar conmigo puedes rellenar este formulario para que hablemos) a la que en su familia le habían etiquetado de tonta, mientras que a su hermana la habían pintado como la lista. Y lo que había pasado es que mi coachee se había creído tanto que ella era la tonta que de alguna manera vivía para encajar ahí. Se hacía la tonta, dejaba que los demás hicieran por ella y, de manera inconsciente, rechazaba cualquier experiencia que la pudiera colocar como lista e inteligente.

Y es que es así, cuando solo acogemos un extremo, cuando no sabemos estar en el otro, perdemos nuestra libertad para ser en cada momento lo que realmente somos.

Y una prueba evidente de que esto está pasando es que rechazamos el extremo opuesto. Que nos genera rabia y malestar ver que alguien se mueve con soltura ahí, porque nosotras no sabemos hacerlo.

Por ejemplo, alguien que es muy perfeccionista y que nunca se permite hacer algo a medias o regular, rechazará lo que no encaje con su estándar de perfección. “Me da rabia que alguien se permita esa imperfección que yo no sé permitirme. Me irrita mucho y le juzgo, pero en el fondo me encantaría ser más así”, que me decía otra coachee.

O, en palabras textuales de un coachee: “rechazo a las personas que son pasotas, no me gusta eso. Y es porque no tengo bien considerada mi parte pasota. Siempre lucho por no serlo, y si lo pienso hay muchas situaciones en las que estaría bien ser un poco más pasota”.

Ya ves, cuando en realidad cualquiera de los opuestos puede serte útil en algún momento. Porque siempre habrá un día en el que estará bien ser mala, ser pasota o ser egoísta.

Piénsalo, ¿para qué te puede venir bien estar en el opuesto de esa cualidad a la que te aferras con tanta fuerza? Incluso con lo que más rechazo te genere, ¿en qué momentos te serviría ser un poco más de eso?

Y te cuento mi caso. Me tengo por una persona empática, humilde y comprensiva, así que el opuesto que rechazo podría ser algo como “tener mucho ego, querer tener siempre la razón, mostrarte superior y considerar solo tu punto de vista”. Sé que lo rechazo porque lo he tenido muy cerca en mi familia, y que cuanto más me reconcilie con esa parte de mí, más en paz me sentiré también con los demás. Y, ¿sabes de qué me di cuenta cuando reflexioné sobre eso? Que sí, que claro que hay muchas situaciones en las que me vendría bien ser un poco más prepotente, tener un poco menos en cuenta a los demás o defender más lo mío.

Y así, como te decía, cuando te fuerzas a estar en una polaridad y no te dejas estar en la otra, en realidad no sabes estar en ninguna.

En cambio, cuando aprendes a estar en ambas polaridades, es mucho más fácil llegar al centro.

Cuando sabes moverte en los dos aspectos, también puedes estar en el punto medio, ese en el que habitan a la vez esas dos partes de ti.

Y para eso necesitas ver cuál es la polaridad a la que estás más acostumbrada y cuál es esa en la que te sientes perdida y necesitas habitar más, para que poco a poco puedas integrar ambas.

Así, en la medida en la que descubras las distintas polaridades de tu ser, podrás responder mejor a las necesidades de cada momento, al punto en el que cada momento requiera que estés. Y entonces sí tendrá mérito ser eso, porque lo estarás eligiendo libremente…

Y termino con una cita que me encanta, de un poeta americano cuyo nombre no recuerdo:

“¿Me contradigo? Si, ¿y qué? Me contradigo porque contengo infinitos universos”.

Pues eso es.

Y que tú, también, te atrevas a habitar tus infinitos universos.

¿Qué has pensado al leerme? ¿En qué polaridad te das cuenta de que te cuesta más moverte? Me gustará mucho que me lo cuentes en los comentarios aquí debajo.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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14 comentarios

14 comentarios
  1. Lisbeth 10/03/2022

    Gracias amiga, me encanta todo lo que escribes llegaste justo cuando más necesitaba. Tienes toda la razón antes yo a todo decía que sí, al punto que sentía que todo el mundo me utilizaba. Fue allí donde comencé a tener de las dos partes y de verdad me siento muchísimo mejor gracias, gracias, gracias.

    Responder
    • Inmi 10/03/2022

      Buenas tardes! Me ha molado mucho…yo, siempre he sido la buena x mi ego que me he construido. Ahora, ser la mala sin ser mala!!! Estoy viviendo mi otra polaridad…y mi sensación que siento contraria sobre el otro. Supongo que con más experiencia será amiga mía la parte oscura… ¡mi sombra! Estoy segura que podré relacionarme desde un punto intermedio. Gracias y buen jueviernes!!!

      Responder
      • Vanessa Carreño Andrés 21/03/2022

        Gracias a ti por compartir. Cuanto más amiga te hagas de todas tus partes más podrás comenzar a ser tú quien elija de qué necesita vestirse en cada momento, en vez de que el traje se te coloque en automático sin siquiera ser consciente de ello.
        Un abrazo,
        Vanessa

        Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 21/03/2022

      Gracias a ti por compartir, Lisbeth. Y felicidades por ese cambio y ese equilibrio dentro de ti.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  2. Jen 10/03/2022

    Genial como siempre, Vanessa.

    Es muy cierto que hay que aceptar que somos parte de dos polos siempre. A mi me está costando porque siempre se me ha definido de una forma que en realidad soy la contraria, o mejor dicho tengo de ambas, pero no en la proporción que pensaba.

    Gracias por tus posts.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 21/03/2022

      Hola Jen,
      Las personas no somos como nos definen los demás, eso es como hemos aprendido a ser. Pero tú eres mucho más que las etiquetas que te han puesto, y que te enclaustran en un lugar cerrado. Esa flexibilidad y ese decidir lo que eres en cada momento has de dártelo tú.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  3. Maite 10/03/2022

    Soy muy buena y amable y se me acercan solo aprovechad@s, gracias.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 21/03/2022

      Hola Maite,
      Claro, los aprovechados suelen acercarse a las personas muy buenas y amables que lo dan todo por los demás, porque justo de esas es de las que se pueden aprovechar. Así que espero que el post te haya servido para acoger también a tu parte menos buena y menos amable.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  4. Conchi 10/03/2022

    Maravilloso y totalmente de acuerdo, lo que pasa que yo me pongo nerviosa cuando veo tanta gente que parece no darse cuenta de esto, y ¿cómo se lo explicas?
    Pienso que es una mentalidad occidental, ¿un poco atrasada?

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 21/03/2022

      Hola Conchi,
      En realidad no necesitas explicárselo a nadie, sino legitimarlo dentro de ti. Los demás han de hacer su camino, y tú solo eres responsable del tuyo.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  5. Ale 10/03/2022

    He estado pasando por exactamente lo que nos escribes. Yo SIEMPRE me he considerado conciliadora, tranquila, la que jamás se enoja, la que todo el tiempo está “cool”. Pero he pasado un par de años en los que la he vivido enojada, he explotado de rabia, me desconozco y luego me regaño por no ser la mujer tranquila y paciente que siempre fui.
    Ahora que te leo, me doy cuenta que el haberme permitido explotar, enojarme, desequilibrarme e impacientarme, me permite conocer esa parte de mi que nunca dejé salir.
    Gracias! Me he vuelto asidua a tus posts. You rock!

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 21/03/2022

      Muchas gracias, Ale. Qué bien que estés en ese proceso de encontrar el equilibrio dentro de ti. Cuando hemos estado mucho en un lado de la balanza suele darse eso de que al soltar nos vayamos al otro extremo. Tranquila, desde ahí irás encontrando el camino a tu centro.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  6. Maria 11/03/2022

    Has dado en el clavo, cuánta vida nos perdemos por ser buenas y no sacar cosas que hay dentro y nos equilibran como seres humanos.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 21/03/2022

      Eso es, tal cuál :-). Muchas gracias por resumirlo así.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder

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