¿Sabes por qué pasa eso de que, lo que más te gustaba de tu pareja antes, es lo que más aborreces ahora?
Véase, una mujer que dice “me encanta esa espontaneidad de mi pareja y que todo sea una sorpresa con él. Hace lo que le apetece en cada momento y es muy divertido”.
Y entonces pasan cinco años.
Y la misma mujer dice:
“Lo que menos soporto de mi pareja es que no se puede planear nada con él porque es un caos y no se organiza hasta el último momento”.
Es decir, lo mismo que antes le encantaba, ahora lo odia.
Vale. Hoy te voy a contar por qué pasa esto.
Porque no tiene tanto que ver con él.
Tiene más que ver con ella, y con su sombra.
La sombra son esas partes de nosotras que negamos, rechazamos y ocultamos.
Lo que no nos permitimos y tenemos reprimido.
Partes que juzgamos como negativas, porque no encajan en un ideal o porque las consideramos un defecto, así que las tenemos ocultas.
Como algo que se ha escondido en el sótano y se ha cerrado con llave para que no moleste.
No es que no esté, es que solo que tú haces como que no está.
Pero, cuando percibes una de esas partes en otra persona, te incomoda.
La mayoría de las personas creen que lo que les pasa con los demás solo tiene que ver con los demás.
Por ejemplo, que si yo siento que mi pareja no me hace caso y eso me molesta mucho, es algo que solo tiene que ver con él.
Pero no. Lo que a mí me pasa con alguien tiene más que ver conmigo y me cuenta mucho más de mí que del otro.
Por eso te suelo decir que tus relaciones sobre un libro abierto para que aprendas algo de ti.
Porque conocerte siempre va a pasar por ponerle luz a lo que está en tu sombra, y sacarlo del sótano.
Eso es lo que hace que te deje de molestar tanto en los demás.
Sí. Cuando algo está en el sótano, pica mucho. Y lo notas por los roces que se generan en tus relaciones, ya sean explícitos (de los que el otro también se entera) o implícitos (de los que solo te enteras tú porque te lo tragas).
Cuando te desesperas con la falsedad de tu suegra y que siempre quiere quedar bien…
Cuando te pone de los nervios esa compañera que va tan relajada por la vida…
O la otra que tiene que ser siempre la protagonista y el centro de atención…
O tu hermana, que parece que solo piensa en ella y hay que bailarle el agua todo el rato…
O tu cuñada, que siempre tiene algo por lo que protestar y eso a ti te saca de quicio…
Lo que sea, cuando lo rechazas con mucha intensidad en otra persona, te está hablando de ti y de lo que no te permites…
Y, justo por eso, es a ti a quien más daño le hace.
Porque te impide funcionar y relacionarte desde todo tu ser y solo te deja utilizar las partes que consideras más apropiadas (recuerda que las otras están bien guardaditas en el sótano).
¿Qué pasa entonces? Pues, por ejemplo, que rechazas la agresividad de tu cuñada porque tú no te la permites.
Y, justo porque no te la permites, no le puedes parar los pies cuando se pasa contigo.
¿Te das cuenta?
Por eso, sucede algo mágico cuando abres el sótano y te reconcilias con cada una de las partes de ti que tenías allí encerradas.
Mira lo que me decía una coachee con la que trabajé mucho esto de la sombra:
“Cuando me sale criticar algo o me hierve la sangre con alguien me pongo a dar palmas porque sé que voy a descubrir algo de mí jaja!”.
Y fíjate tú por donde que, a partir de ahí, cada vez tienes menos roces con los demás.
Menos cosas que te sacan de quicio y menos momentos de malestar.
Porque ya no tiene que ver con ellos.
Ahora ya solo va de ti.
Y has aprendido que, tanto lo que admiras como lo que rechazas mucho en los demás, sobre todo en tu pareja, te está contando algo nuevo de ti.
Algo que ya no necesitas seguir ocultando en la sombra, porque has dejado de sentir que diga algo malo de ti.
Y eso da mucha paz y es muy liberador.
¿Te gustaría llevarte mejor con los demás empezando por reconciliarte con cada parte de ti a la que llevas media vida rechazando?
Bien. Me lo puedes contar aquí.



A mí me caía (y me cae) fatal la madre del marido de mi prima (parece un chisme en sí señalarla así jaja). Durante el COVID, ella insistía en organizar la cena de Navidad presencial, y no entendía que no fuera a haber cena de Navidad. Era su ocasión de lucirse, sí, pero estar tan ciega por tu propio ego que te importa un pepino la salud de los demás, admito que no sé por dónde cogerlo.
Más adelante, esta mujer, en unas Navidades ya sin COVID, mientras estábamos dando los regalos, COGIÓ con toda confianza un regalo que MI madre había comprado para el peque de mi prima, y se lo dio sin más para hacerle la carantoña. Yo me quedé flipando y mi madre intentó sonreír, pero tenía los ojos llorosos porque el acto la había hecho daño.
No tenemos ninguna confianza con la mujer que digo, y la vemos una vez al año.
Sí, me molesta que esta mujer no tenga en cuenta a los demás, pero yo ni de broma actuaría como ella. Sus actos hablan de ella, no de mí, independientemente de lo que piense yo.
Muchas gracias, Susana! El ejemplo es muy bueno. Sí, sus actos hablan de ella.
Y lo que hablaría de mí sería lo que a mí me moviera. Si pasa algo con ella, siento que no me gusta y al rato me he olvidado, seguramente no haya nada mío que ver ahí.
Pero si es algo que sigo recordando y que le doy vueltas y me enciendo, es probable que haya algo mío. Por ejemplo, en el perfil de esta mujer, que podría ser alguien que a mí también me removiera, me podría dar cuenta de que lo que me remueve es que ella se permite ocupar mucho espacio y pensar en sí misma, cosa que yo no hago. O que ella me altera porque no le pongo un límite, y me conecta con mi parte que se deja pisar. Cualquiera de los dos supuestos podrían encajar conmigo.
Y se trata de que tú también puedas ver lo que te remueve a ti y qué te cuenta eso de ti.
Un abrazo grande,
Vanessa