Qué hacer cuando sientes envidia

Chica - cuando sientes envidia

¿Qué haces tú cuando sientes envidia? La envidia es uno de esos sentimientos que no nos gusta sentir. Nos avergonzamos de ella, creemos que es algo malo, que no está bien sentir envidia.

Así lo piensan la mayoría de mis coachees cuando sale el tema. ¿Tú también lo crees así? ¿De dónde dirías que viene esa creencia de que la envidia es algo negativo?

Seguramente tenga algo que ver con el odio y el deseo de destrucción que se supone que va implícito con la envidia. Es como que “tú tienes esto que yo no tengo, así que te odio por ello y me gustaría que dejes de tenerlo”.

Y claro, como se entiende que odiar y querer destruir a alguien no está bien, pues entendemos que sentir envidia tampoco está bien.

Pero nada es bueno ni malo en su totalidad, sino que depende de lo que haces con ello.

De eso es de lo que quiero hablarte en este post sobre la envidia, cuya idea surgió el otro día en una sesión por skype con una coachee (ya te había hablado de este sentimiento antes, pero no te había contado lo que te quiero contar hoy…).

Por qué tenemos un concepto equivocado de la envidia

Tal y como explica Norberto Levy en su libro La sabiduría de las emociones, solemos entender la envidia como la respuesta de dolor y enfado que nos lleva a querer destruir lo que tiene otra persona cuando nosotros también querríamos tener eso pero no lo hemos logrado.

Y precisamente ahí reside el primer error, en pensar que siempre querremos destruir eso que tiene el otro, en creer que nuestra envidia desaparecerá si el otro deja de tener eso que deseamos. ¿De verdad es así?

Por ejemplo, supongamos que tu matrimonio lleva un tiempo en crisis, que ya no sientes ni pasión, ni complicidad, ni alegría ni nada de aquello que sentías hace años con tu pareja. Y entonces llega una amiga soltera y te cuenta que ha conocido a alguien y que está más feliz y enamorada que nunca. En ese momento sientes envidia hacia tu amiga y ella se da cuenta porque eres incapaz de transmitir que te alegras por lo que te está contando. ¿Te lo imaginas?

Pues bien, si en ese momento pudieras elegir entre una de estas dos opciones:

a) Que tu amiga pierda eso (la nueva pareja) que está provocando tu envidia.

b) Que tú también tengas eso (una relación maravillosa en la que te sientas feliz y enamorada) y tu amiga lo mantenga.

¿Qué elegirías? Piensa en un momento en el que hayas sentido envidia hacia alguien y plantéate esta pregunta, ¿prefieres que el otro lo pierda o tenerlo tú y que el otro lo mantenga?

Te aseguro que la mayoría de personas eligen la opción b. Y si alguien elige la a no suele ser porque quiera destruir al otro, sino porque se siente incapaz de conseguir eso que el otro tiene. Es decir, cree que la b es imposible, y por ello la única manera de que desaparezca ese contraste entre lo que cada uno tiene es quitarle al otro lo suyo.

Resumiendo, cuando sientes envidia lo que de verdad quieres no es quitarle al otro lo que tiene, sino dejar de sentir esa impotencia y esa desesperación cuando percibes la diferencia entre lo que esa persona tiene y lo que tienes tú. Para ello lo ideal sería tenerlo tú. Y solo cuando crees que tú no puedes tenerlo es cuando, tal vez, se lo quieres quitar al otro.

Vaya, que lo único que quiere el que siente envidia es dejar de sentir esa carencia, ese contraste, esa diferencia con el otro.

¿Te das cuenta? Este cambio de significado respecto a la envidia es muy importante, porque es lo que hace que ya no necesites atacar al otro, sino simplemente resolver esa diferencia.

La clave está en resolverlo en ti

Sí, la respuesta a qué hacer cuando sientes envidia está dentro de ti.

Para esto obviamente hace falta que te des cuenta de que lo que estás sintiendo es envidia, porque hay quien cree que su enfado y su ataque a la otra persona están justificados por lo que ésta ha dicho o hecho, sin darse cuenta de que todo es producto de esa envidia mal gestionada.

Cuando esto pasa, cuando no reconocemos esa envidia, o la reconocemos pero no queremos escuchar su mensaje, lo que hacemos es enfadarnos y atacar al otro, ponernos a la defensiva. En el ejemplo que te he puesto podría ser respondiendo algo como “bueno, no te emociones que le acabas de conocer”. Y así tu amiga, la que estaba feliz y enamorada, también se siente mal, sin que por ello tú te sientas mejor. Es como que quieres destruir su felicidad, sin darte cuenta de que la solución está en ti, y no en quitarle algo al otro.

¿Y cómo lo resuelves en ti? Pues lo primero es entender que todos podemos sentir envidia siempre y cuando se cumplan tres condiciones:

1.Percibo que alguien tiene algo que yo deseo o necesito.

2.Creo que no dispongo de los recursos necesarios para conseguir eso que deseo.

3.No tengo suficientes deseos satisfechos y disfrutados como para que se equilibre el dolor que me producen los no realizados.

Por eso, para equilibrar la situación, sólo puedo realizar mis deseos (opción sana) o reducir la sensación de logro del otro (opción insana), por ejemplo diciéndole que no es para tanto eso que ha conseguido o diciéndome a mí misma algo que me alivie, como que seguro que le sale mal o que no lo ha conseguido por méritos propios.

Así es como el otro simplemente te pone delante de las narices algo que tú deseas y que no estás consiguiendo… Si esa persona no se pusiera delante de ti con su deseo satisfecho, tal vez no pasaría nada, porque seguiría latente en ti, sin manifestar. Pero al ver que alguien lo ha conseguido es cuando conectas con tu propio deseo insatisfecho y se despierta la envidia.

Es como que se te olvida todo lo que sí tienes y en ese momento sólo eres capaz de pensar en eso que no tienes… Y si además hay otros deseos importantes que no estás alcanzando el dolor se vuelve todavía más insoportable, y lo descargas como enfado hacia el otro porque crees que la culpa de lo que estás sintiendo es suya.

Como puedes ver, eso de reducir la sensación de logro del otro o atacarle sólo es un parche que no resuelve nada, porque lo único efectivo cuando sientes envidia es volver a ti y resolverlo dentro de ti.

Lo que sí funciona cuando sientes envidia

1.En primer lugar, funciona conocerte, ser consciente de tus deseos y de lo que quieres en tu vida, e identificar cuáles has alcanzado y cuáles están pendientes de logro.

2.Después, cuando alguien te cuente que ha conseguido algo que tú también deseas, y sientas envidia, reconocer el mensaje que esa envidia te trae: “quiero esto y no lo tengo”, y aceptar el dolor y la tristeza que eso te produce. Sólo desde ese autoconocimiento y esa aceptación de lo que sientes serás capaz de alegrarte por el otro a pesar de que tú no lo hayas conseguido.

¡Y esto es fundamental! Porque es perfectamente posible y legítimo sentir alegría porque alguien tenga algo y a la vez sentir tristeza por no tenerlo tú. ¡No tiene nada de raro ni de malo!

3.De hecho el siguiente paso, si te apetece darlo, es que seas capaz de expresarlo ante la otra persona (tu amiga, o quien sea) de una forma natural: “me alegro mucho de que estés tan feliz en esta nueva relación, y a la vez me siento triste porque me recuerda que yo también querría sentirme así en mi relación”.

De esta manera, tu amiga puede sentir que de verdad te alegras por ella y a la vez empatizar contigo y con lo que sientes. ¡Y no pasa nada por ser así de sincera! La otra persona comprenderá que no es lo mismo compartir un logro con alguien que también lo ha satisfecho, que compartirlo con alguien que desea tener eso. Es algo que cualquier adulto puede comprender, pero sólo cuando expresamos de corazón lo que sentimos le damos al otro la oportunidad de conectar con nuestros sentimientos. ¡Y eso es autenticidad!

Cierto es que para ser capaz de mostrarte así ante alguien también necesitas comprender que tú no vales menos por no tener eso. Que simplemente hay un deseo que no has alcanzado, pero que eso no significa que seas inferior a esa persona.

Es decir, para legitimar tu alegría por lo que tu amiga ha conseguido y tu tristeza por carecer de ello, y ser capaz de expresar ambos sentimientos ante la otra persona de una forma sana necesitas:

Comprender que esa alegría no puede ser igual de completa si tú no has conseguido eso, y es normal que sea así. Que esa parte de tristeza es sana y has de reconocerla, aceptarla y abrazarla. ¡Que no eres ni egoísta ni poco generosa por sentirte así!

Comprender que no haber logrado eso no tiene nada que ver con tu valía personal, así que no es motivo para que te sientas inferior a tu amiga o humillada al sincerarte con ella.

Un par de ideas para terminar

Estos pasos de reconocer, aceptar y abrazar lo que sientes son fundamentales para gestionar la envidia de una forma sana y que no se convierta en la envidia destructiva que quiere atacar al otro, hacerle sentir mal o quitarle lo que ha logrado.

Porque la envidia sana es la que reconoce que otra persona ha conseguido algo que yo también deseo, y que puedo sentir alegría y admiración por esa persona y a la vez sentir tristeza y dolor por mí.

En cambio, es destructiva cuando no la escucho, no la reconozco y lo que hago para eliminar ese contraste es intentar destruir el logro del otro.

Y no sólo eso, sino que además la envidia destructiva hace que después te sientas culpable por comportarte así, y esa culpa desemboca en una sensación de no merecimiento que hará que no te sientas merecedora de alcanzar eso que deseas. Por lo tanto, la envidia destructiva te aleja aun más de tus deseos y necesidades. Y eso, a su vez, facilita que te surjan más situaciones de envidia.

Resumiendo, la envidia es maravillosa cuando aprendes a gestionarla bien, porque te informa de algo que deseas y no tienes, y desde ahí puedes ponerte en marcha para conseguirlo.

Primero desarrollando esos recursos que crees que no tienes o dándote cuenta de, en realidad, tienes más de lo que crees.

Y/o, segundo, compensando ese deseo insatisfecho con otros satisfechos y alcanzados en tu vida.

Por ejemplo, en el caso de la amiga que está feliz y enamorada, tal vez un recurso que puedas desarrollar sea trabajar tu relación de pareja, hacer terapia o dialogar para ver qué podríais hacer para estar mejor.

Y, en el caso de que eso ya no sea posible, buscando cómo compensar esa carencia en ese área con otros deseos en otras áreas que sí puedas satisfacer para sentirte mejor.

Repito, a modo de cierre: la solución a qué hacer cuando sientes envidia está en reconocerla, aceptarla, saber cómo gestionarla y saber qué hacer con ella.

Sin sentirte mal, ni juzgarte, ni querer atacar al otro, ni nada de eso. ¡Porque no sirve!

….

¿Qué me dices? ¿Cuándo fue la última vez que sentiste envidia? Después de lo que has leído, ¿qué harías diferente si se volviera a dar esa situación? Si te apetece puedes compartirlo conmigo en los comentarios aquí debajo :-).

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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8 comentarios

8 comentarios
  1. Cristina Lidia 28/11/2019

    No, nunca he sentido eso por nadie. Cuando alguien le va bien me alegro por ello, ni siento envidia, ni celos. En ese sentido soy muy generosa. Yo más que conmigo, no tengo maldad ninguna, soy una buenaza, lo que no soporto son las faltas de respeto, no soy ni envidiosa ni celosa, soy un angelito jejeje. Besoss

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 29/11/2019

      Hola Cristina Lidia,
      Muchas gracias por compartir. Te dejo un post sobre cómo conseguir que los demás te respeten. En el apartado de relaciones personales puedes encontrar otros que te sirvan.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  2. Ana 29/11/2019

    Gracias Vanessa, después de leerte me siento mejor.
    Un abrazo,
    Ana.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 29/11/2019

      Qué bien, Ana, me alegro mucho.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  3. Vanesa Camavilca 29/11/2019

    Hola Vanessa,

    Siempre me han gustado tus post, siento como si charlara contigo. Antes creía que la envidia era un mal sentimiento.

    Ahora veo que no necesariamente, si lo veo desde otro enfoque. Y cuanto suma reconocer lo que siento, aceptarlo, comenzar a gestionar esa emoción y saber qué hacer con ella. Es algo tan simple que yo subestimaba y ahora voy a trabajar en eso.

    Gracias por este espacio tan lindo, me ayudas mucho! <3 🙂

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 02/12/2019

      Hola Vanesa,
      Me alegro mucho de que te gusten mis post y de que éste en concreto te haya servido para entender la envidia de otra forma más útil para ti… ¡ahora a practicar! ;-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  4. Daniela gon 03/12/2019

    Yo he sentido ese sentimiento de envidia, y la mayoría de las veces es por «atención» que quisiera tener de ciertas personas que se la dan a otra. Y a veces he creido que es porque esa persona que recibe la atención tiene actitudes que yo quisiera tener.
    Saludos, me encantan tus post.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 04/12/2019

      Muchas gracias, Daniela, por tu aportación. Espero que el post te sirva para aplicarlo en esas situaciones.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder

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