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SÍ, ¡LA NECESITO!

Con prisas por la vida

Con prisas por la vida - gente con prisas

Hay una chica en mi piscina que todos los días llega corriendo, se mete en el agua corriendo, nada corriendo, sale corriendo, se ducha y se viste corriendo y se marcha… Muchos días me dan ganas de pararla. De preguntarle a dónde va tan deprisa. De saber para qué corre tanto. Aún no me he atrevido. Tal vez un día lo haga…

Lo cierto es que si lo que hace “me toca” es porque me veo reflejada en ella. Yo era igual. Corría y corría por la vida, siempre pensando en lo siguiente que iba a hacer. Sólo estaba satisfecha si hacía muchas cosas, sin preguntarme nunca si las disfrutaba.

Siempre tarde a todas partes, con mi cuerpo a carreras y mi mente ni te cuento… Siempre planeándolo todo, bombardeándome ideas, planificando a corto, medio y largo plazo… Con la lengua fuera, desbordada por la vida, pensando que las horas no me daban de sí, que los días deberían ser más largos, que no me llegaban para nada. Si tenía que hacer cola en algún sitio me desesperaba. ¿Cómo podía ir todo tan lento?

Así era. Corriendo a todas partes. Te pasas el día corriendo detrás de algo que te dé bienestar cuando el único bienestar posible está aquí y ahora. Precisamente el único lugar en el que no soportas estar cuando no estás bien contigo. Aquí y ahora.

Así era yo.

Y no era la única.

Somos muchas las personas que, más que vivir, corremos. Vamos corriendo a todo. Mil cosas a la vez y todo lo queremos ya. Esto para ahora, para ya, para ayer. Corre que tienes que llegar el primero. ¿Esto cuánto tarda? Yo lo quiero instantáneo, como la comida… Todo instantáneo, no confíes si te lleva más de tres meses. Corre, corre, que se te adelantan…

Estamos en el semáforo y que se ponga verde ya, nos van a arreglar algo y lo quiero ya, nos dicen ahora te llamo y quiero que me llames ya, enviamos un wasap y quiero que me contestes ya, un email y lo mismo… ¡Lo queremos todo ya!

Buscamos resultados instantáneos, una gratificación inmediata. Somos impaciencia en estado puro. ¿Qué pasa por esperar?

No pasa nada, pero tú crees que sí.

Y reaccionas a las cosas en vez de responder a ellas desde la presencia y la consciencia. Porque para eso no tienes tiempo

Y te agotas, te estresas, te pones de mal humor, te agobias, tienes ansiedad, vas fatigado por la vida… Piensas que cuanto más haces más eres.

Como si fueras a llegar tarde a algún sitio. Y resulta que el único lugar al que vas a llegar tarde es a tu propia vida…

¿El motivo de tantas prisas? Supongo que depende y que cada uno tiene que descubrir el suyo propio.

Recuerdo a un Coachee que me decía que hacía muchas cosas porque “eso es la vida, ¿no?”. Maldita creencia la suya, que le tenía con la lengua fuera pensando que “cuantas más cosas hacía, más vivía”.

Otros lo hacen porque no saben hacer otra cosa. Porque siempre han vivido dándose prisa. Porque nunca se han parado y les da miedo lo que pueda pasar si lo hacen. A alguno conozco que, incluso jubilado, sigue a carreras por la vida.

También los hay que lo hacen porque piensan que se han comprometido con los demás y que no pueden fallarles. Y siguen y siguen comprometiéndose. Con todos, menos con ellos mismos.

Otros me cuentan que lo hacen por miedo a perderse algo. Porque si paras aquí no estás allí, no haces aquello, no pruebas lo otro.

Y lo que todo ellos se están perdiendo son las cosas importantes de la vida: ese rato observando nevar, ese instante riéndote con alguien o viendo a alguien reír, ese tiempo sin tiempo tomándote un té, ese momento de sentarte y sólo ser, sin hacer nada…

Sí, yo antes también era así. Nada que ver con cómo soy ahora. Ahora también me organizo y me planifico, pero no me fustigo si no llego a algo. Ni dejo de hacer algo que esté disfrutando por cumplir mi planificación previa. Ni estoy pensando siempre en lo siguiente o en lo anterior… Ahora procuro vivir lentamente. Y lo más curioso es que hago tanto o más que antes. Porque entre medias supongo que también he aprendido a diferenciar lo importante de lo superfluo. Lo que hago porque yo quiero de lo que hago por el vicio de hacerlo. Ese vicio que tenemos los yonkis de las prisas… Pero sobre todo lo que ha cambiado es que ahora lo que hago lo disfruto. Lo vivo. Soy. Aquí y ahora. Como cuando nado. Nunca antes había nadado así…

He andado camino, y seguro que aún me queda mucho por andar. Pero lo mejor de todo es que cada vez conozco más atajos para llegar a eso.

Estos son algunos, si tú también los necesitas:

  • Aprende a conectarte contigo mismo, a mirarte, a reconocerte y a regalarte espacios de silencio y reflexión. Párate un minuto a sentir tu cuerpo. A estar. A ser. Sin pensar.
    Permítete disfrutar de cada instante de la vida en el presente. Porque la única forma de vivir tu vida con mayúsculas, la única, es vivir este momento. Cuesta entenderlo, no te lo niego, pero es uno de los esfuerzos que a mí más me están mereciendo la pena.
  • Empieza a hacer pequeñas prácticas de meditación o relajación. No es necesario dedicarle mucho tiempo. Basta con cinco minutos al día. De hecho, es más importante la constancia de hacerlo todos los días que el tiempo que le dediques cada día. Y es tan sencillo como tumbarte, relajarte y centrarte en tu respiración abdominal. Sin prisas. Tu vientre hinchándose y deshinchándose… Inspirando y espirando… Y cuando un pensamiento te distraiga, no pasa nada. Deja que se vaya igual que vino. Sigue ahí, centrado en tu respiración. Sin juicios, sin intentar controlar, sin evaluarte, sin pensar si lo estás haciendo bien o mal. Sin nada. Y vuelta a la respiración.
    Si te interesa el mindfulness, un libro muy sencillo que te recomiendo para empezar es El milagro de mindfulness, de Thich Nhat Hanh.
  • Descansa. Incorpora el descanso como parte de la rutina diaria. Que vamos a mil por hora y pensamos que lo de descansar es de vagos, o de esos que no tienen nada que hacer, o de ricos, o yo que sé… Y nosotros ya si eso en vacaciones, que ahora no tengo tiempo de descansar… Como si cada momento fuera un medio para un fin, en vez de un fin en sí mismo, que es lo que debería de ser.

Volvamos a vivir como en los pueblos. Donde todo se ralentiza. Por eso me gusta tanto la vida allí… Porque allí si no tienes tiempo, no tienes vida… Allí no corres, allí no te preocupas. Porque sabes que estás sólo de visita y que merece la pena que te detengas a oler las flores…

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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6 comentarios

6 comentarios
  1. Sandra Plazas 11/07/2016

    Hola Vanessa, todo lo que dices es auténtica verdad. Descubrí que es por eso que vivo con ansiedad, con angustia porque quiero hacer con prisa todo. Tanto así, que cuando me veo descansando pienso que estoy perdiendo el tiempo y hasta me pregunto si merezco ese descanso!.

    Pero mira que siento como si mi conciencia me alcanzara luego, como si estuviera haciendo un escaner de lo que ya hice a corto plazo y a veces pienso en que pude haber reaccionado mejor, contestado mejor, aprovechado mejor, pensado mejor… He identificado que llego con frecuencia 10 minutos tarde o más a todo, porque siento que alcanzo a hacer otra cosa más, pero generalmente esa otra cosa me toma más tiempo de lo esperado y otra vez tarde… Luego me siento mal por haber llegado tarde.

    Y en ese afán, genero desorden entre mis cosas, así que agrega otro problema…

    Bueno, voy en este camino de identificar… ¡¡y ya quiero llegar a la solución!! (Jajaja, ves otra vez ese afán).
    Muchas gracias Vanessa, por dedicarnos parte de tu valioso tiempo.

    Un abrazo,
    Sandra Liliana

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 11/07/2016

      Sandra, ¿para qué quieres hacer tantas cosas? ¿A dónde te lleva el hacer, hacer y hacer? ¿Qué necesitarías para estar satisfecha con lo que haces y sentirte bien al final del día? Lo mas probable es que haciendo menos, pero disfrutándolo y estando verdaderamente presente en cada cosa que haces, te sintieras mucho mejor.
      No hace falta aprovechar cada minuto. El tiempo también es productivo cuando caminamos despacio a una cita o cuando nos permitimos hacer una cosa menos de las que habíamos pensado. Incluso cuando nos regalamos un MERECIDO descanso. Ese es el tiempo que vale oro, el que nos hace sentir bien.
      El tiempo es valioso, pero al final es solamente eso, tiempo. No tiene valor en sí si no disfrutas de aquello en lo que lo inviertes, aquí y ahora :-).
      Muchísimas gracias por compartir tus valiosas reflexiones.
      Un fuerte abrazo,
      Vanessa

      Responder
  2. Marta 29/11/2017

    Confieso que esta vez he llorado leyendo tu post. me identifico plenamente con lo que dices. Y me suena ridículo vivir queriendo hacer muchas cosas en vez de disfrutándolas pero… es el punto donde estoy, y donde no me gusta estar. Saber que tú también quisiste hacer el cambio y pudiste me anima. Ojalá en un tiempo pueda decir desde el convencimiento de que es cierto “ahora vivo disfrutando de lo que hago”. Gracias por tu claridad, contundencia y empatia!

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 30/11/2017

      Muchas gracias, Marta. Ya te lo he dicho en privado y te lo repito ahora aquí, que eres una persona con un potencial de crecimiento increíble, que te entregas y te comprometes como nadie, que lo das todo con esas ansias de aprender y de superarte… Podrás llegar a decir eso, que vives disfrutando de lo que haces, y todo lo que tú quieras decir.
      Eso sí, disfrutando siempre ;-).
      Un abrazo infinito,
      Vanessa

      Responder

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