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Cómo gestionar mejor la frustración

Gestionar mejor la frustración - mujer frustrada

¿Qué tal te llevas con la frustración?

¿Qué tal respondes a situaciones en las que algo no sale como te habría gustado, en las que las expectativas que tenías no se cumplen o en las que surge algún imprevisto?

Hay personas que tienen muchas dificultades para responder en los momentos de incomodidad, de malestar o de estrés.

Por ejemplo, una mujer que se enfada mucho si los demás no apoyan una idea que ella propone, si las cosas no salen como ella quiere, si alguien no responde como ella espera…

O alguien que no soporta recibir una crítica o un comentario negativo sobre algo que ha hecho, que se bloquea, se culpa y empieza a cuestionarse en todo lo que hace.

Son ejemplos de baja tolerancia a la frustración.

Y creo que una de las habilidades que más nos permiten vivir en paz es justo eso: saber gestionar la frustración.

Cuando esto no se te da bien, cuando sientes que tu bienestar se derrumba porque algo no sale como quieres o porque no consigues un objetivo, no puedes vivir tranquila.

Porque, ante cualquier situación cotidiana que te genere malestar, te bloquearás, no podrás pensar, no verás más allá de eso que no está funcionando y te dejarás invadir por la rabia, la tristeza y la desesperación.

Buuuuf, ¡mal asunto!

Por ejemplo, algo que le pasó a una coachee hace poco: su hija pequeña había venido con un virus de la guardería y llevaban varios días todos enfermos y encerrados en casa. Y no podía soportarlo.

O alguien que se agobia porque se le ha olvidado hacer algo, y no tolera el malestar de “no haber sido perfecta”.

Un ejemplo real

Y, ¿cómo se va a sentir alguien con una baja tolerancia a la frustración cuando le pase algo que le genere frustración?

Pues sentirá mucha ansiedad, mucha rabia, mucho enfado, agresividad, irascibilidad…

Por ejemplo, supongamos que le cancelan un vuelo el día que se va de vacaciones…

Puede ser que se machaque y se victimice, en plan “es culpa mía” o “todo me sale mal”.

O puede ser que culpe a los demás, o que necesite manipular a alguien para salirse con la suya.

Lo que es seguro es que, cuanta más dificultad tienes para aceptar un NO, un no de la vida o un no de alguien, menos tolerancia tendrás a los momentos de frustración.

“No me gusta sentirme frustrada cuando las cosas no salen como yo espero, no lo soporto”, que me decía una coachee (ya sabes que si tú también quieres trabajar conmigo, puedes rellenar este formulario).

Y, también, ten por seguro que cuanto menos toleres la frustración más probabilidad habrá de que procrastines, de que abandones un objetivo antes de tiempo o de que tengas muchos conflictos con las personas de tu entorno.

Y te pongo un ejemplo inspirado en un caso real: imagínate que entre tu hermano y tú organizáis una comida sorpresa para celebrar el cumpleaños de tu madre. Entre tus tareas está reservar el restaurante, y lo haces online. Pero cuando el día del cumple llegáis a comer al restaurante, padres, hijos, nietos, tíos, toda la familia…, resulta que no hay reserva. No les consta y te dicen que tendrías que haber recibido una confirmación por email. Y tú, a pesar de que estás segura de haber hecho la reserva, entiendes que debiste cometer algún error, porque es cierto que no tienes un email de confirmación. No habías caído en ello hasta ahora :-(.

¿Qué puede pasar aquí? Pues, si no toleras bien la frustración, puede ser que te culpes y te machaques y te digas que eres tonta.

O puede ser que culpes a tu hermano, que solo se ha encargado de comprar un ramo de flores, y le eches en cara que a ti te encasquetó el regalo, el restaurante y las invitaciones.

Pueden ser muchas cosas, pero ten por seguro que esa situación, si tienes una baja tolerancia a la frustración, estropeará el día y sacará lo peor de ti.

Es fundamental que comprendas esto

Hay quien se enfada, se bloquea y se angustia fácilmente ante cualquier dificultad o cualquier cambio de planes, y hay quien va por la vida aceptando las tormentas que vienen como parte del proceso (seguro que, si lo piensas, te viene a la mente alguien de cada tipo…).

Por ejemplo, alguien que lo gestione bien, en la situación del cumpleaños de su madre habría respirado profundo, y disgustada, pero desde la calma, habría buscado una alternativa para ir a comer todos juntos.

¿Qué hace que unas personas tengan mucha más facilidad para gestionar este tipo de situaciones que otras?

En parte, tiene mucho que ver con la infancia, porque ahí es donde aprendemos a gestionar la frustración.

Y si de pequeña nadie te enseñó a sentirte segura en los momentos de malestar, si nadie te abrazó y te enseñó a canalizar tus emociones, si no te dejaban enfadarte o estar triste, si tenías que reprimir la rabia para no molestar a los mayores…

O si te protegían demasiado, si te daban todo lo que pedías, si nunca te decían que no a nada, si te evitaban los momentos de frustración dándote siempre algo para que te sintieras mejor…

No habrás aprendido a gestionar desde un lugar sano las situaciones que te generan malestar o en las que no consigues lo que quieres.

Por eso, porque cuando no gestionamos bien la frustración siempre suele haber algún motivo más profundo, creo que no sirve querer cambiar solo desde lo mental, que no se soluciona simplemente diciéndote que “no pasa nada” o que “no es el fin del mundo”, y que hace falta ver con qué te está conectando, qué herida tuya está tocando.

Puede ser que te conecte con cuando de niña no te sentías escuchada o legitimada en tus necesidades, o cuando recibías un trato injusto…

Puede ser que te conecte con que, si algo no sale, es que tú no lo estás haciendo bien y que no eres perfecta…

Puede ser que te conecte con el miedo a equivocarte, con el miedo al sufrimiento, con el miedo al vacío, con la sensación de fracaso…

Seguro, casi seguro, que detrás de alguien con poca tolerancia a la frustración hay mucha exigencia…

Exigencia hacia si misma, como un sentimiento de que si algo no sale la culpa es suya y es señal de que no es válida.

Y exigencia hacia el otro, hacia cómo debería ser y lo que debería hacer.

Claro, es de cajón que tener expectativas demasiado altas hacia ti misma y hacia los demás hará que todo el rato conectes con la frustración. O, desde luego, mucho más que alguien que tengas unas expectativas más ajustadas.

En mi caso, antes gestionaba muy mal la frustración y me ponía de los nervios por algo tan cotidiano como tener que hacer cola en un sitio o que algo no me saliera a la primera. ¿Por qué? Porque me exigía mucho, porque me marcaba tiempos muy rígidos para cumplirlo y porque necesitaba tenerlo todo controlado y que todo saliera como había previsto (porque, por aquel entonces, sentirme segura dependía de eso).

Es decir, era muy rígida. Y desde la rigidez es muy difícil tolerar bien la frustración. Si vives con normas muy marcadas, si tus pensamientos giran en torno al “siempre tiene que pasar esto”, “nunca debería pasar esto otro”, “es insoportable si ocurre aquello”, “no puedo hacer nada en esta situación” o “es intolerable que me traten así”, va a ser imposible que gestiones bien la frustración.

Como me decía otra coachee, “me estoy dando cuenta de que lo controlo todo para acertar, de que no me dejo llevar para no equivocarme”.

Claro, porque te crees que tiene que pasar X para que tú te puedas sentir bien, y que si no pasa es inevitable que te sientas mal. Confundes el deseo de que algo pase con la necesidad de que pase, y te frustras porque no pasa lo que quieres, como si fuera una necesidad de vida o muerte.

Resumiendo, y recogiendo lo más importante, detrás de alguien con baja tolerancia a la frustración suele estar una, o más de una, de estas tres creencias limitantes:

1.Tengo que hacerlo todo bien, no puedo fallar, las cosas me tienen que salir a la primera.

2.Los demás deben adecuarse a mis deseos, tienen que pensar como yo y hacer las cosas como yo las haría.

3.La vida tiene que ser fácil, es horrible cuando no lo es, es insoportable cuando las cosas no salen como yo espero.

Y esto es lo más importante para que puedas empezar a tolerar la frustración, que te des cuenta de con qué te conecta, de qué hay debajo de ese malestar tan grande.

Para eso, lo primero es que observes qué te cuentas cuando algo no sale cómo esperabas: ¿Qué te dices a ti misma en esos momentos?

Pasos para gestionar mejor la frustración

A todos, todos los días, hay algo que nos puede generar frustración, algo que no sale como querríamos.

Por ejemplo, que cuando llegas al trabajo te das cuenta de que te has olvidado el portátil en casa y tienes que volver a buscarlo.

O que llegas tarde a un evento porque había atasco, y ya no te dejan entrar.

Y no se trata de que no te frustres con nada, sino de que sepas gestionarlo.

Y, también, de que te des cuenta de que hay frustraciones y frustraciones. Que no es lo mismo frustrarte porque un tratamiento médico no te funciona y por más que lo miran no encuentran qué te pasa, que frustrarte porque te cancelan una cita o porque tienes que hacer cola en un sitio en el que pensabas estar solo cinco minutos.

Hay quien se ahoga en un vaso de agua y quien no se ahoga en un mar enfurecido, y no es algo innato, es algo que se puede aprender a cualquier edad.

Te dejo unos pasos para que los practiques la próxima vez que algo no salga como querías:

1.Respira profundo y déjate sentir el malestar. ¡No sabes el potencial que tiene la respiración! Cuando respiras profundamente y te dejas sentir estás aceptando eso que sientes, y solo así puede empezar a pasarse.

2.Observa qué te estás contando y pregúntate si te sirve, si te ayuda. ¿Decirme esto me da calma o me pone más nerviosa? ¿De verdad esto que ha pasado es tan, tan, importante? ¿Tanto como un accidente o una enfermedad?

Para que me sienta bien, ¿es absolutamente necesario que pase lo que yo quiero, o puedo soportar que no pase? ¿Me seguiré acordando de ello dentro de cinco años?

3.Reconoce que no puedes controlarlo todo, que no todo depende de ti, que no eres todopoderosa, que eres humana y ya bastante haces con sobrevivir y levantarte cada día a pesar de los momentos como éste.

Acepta que a veces las cosas a veces no van a salir como te gustaría, que eso es parte de la vida.

Acepta que muchas veces la vida te dirá que no, que muchas veces alguien te dirá que no, que en muchas ocasiones los deseos de los demás interrumpirán los tuyos… Y que eso es un “no” a esa circunstancia, y te dolerá, claro que sí, pero no es un “no” a ti como persona.

4.Pregúntate, siempre, qué puedes aprender de lo que ha pasado. Una cosa, un aprendizaje. 

Por ejemplo, a ser más flexible en mis planes y contar con que puede haber cola en este sitio.

O a confirmar una reserva el día antes.

O, también, si siempre es la misma persona la que te genera frustración, pues tal vez el aprendizaje sea que esa persona no te aporta, que no te suma. Que esto no tiene tanto que ver contigo como con que es una persona que no te hace sentir bien.

5.Busca soluciones. Unas veces las habrá, y otras tal vez no.

Unas veces se tratará de saber esperar hasta que algo funcione o de resultados, de entender que la vida es cíclica y que nada es permanente, que ahora puede haber pasado esto y después otra cosa.

Y otras se tratará de desapegarte, de saber rendirte y aceptar que no puede ser.

Si es así, si sabes que ya has hecho todo lo que has podido y que no hay nada más que dependa de ti, suelta y confía. Al menos a mí me sirve muchísimo eso, confiar en que todo es como ha de ser, en que hay algo más grande que escapa a nuestra comprensión y que hace que las cosas ocurran por y para algo… Y, si echo la vista atrás, ahora entiendo mejor para qué pasó cada cosa que en ese momento me generó mucha frustración. ¿Puede ser un autoengaño? Puede, no lo sé, pero lo que me importa es que me sirve, porque me da paz :-).

¿Y a ti? ¿Qué te da paz en los momentos de frustración? Puedes compartirlo conmigo en los comentarios aquí debajo, me encantará leerte.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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6 comentarios

6 comentarios
  1. Susana 17/11/2022

    Brillante… ¡como siempre! ¡Qué sabía eres Vanesa! ¡Muchísimas gracias por compartir tanto bueno!

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 28/11/2022

      Gracias a ti por leerme, Susana. Encantada de que te sirva :-).
      Un abrazo grande,
      Vanessa

      Responder
  2. Davi 17/11/2022

    Es increíble como cada semana parece que aciertas con lo que necesitaba.
    Muchas gracias.
    Leerte me ayuda más y más.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 28/11/2022

      Qué bien, Davi. A veces pasa, la magia de la vida te da justo lo que necesitas :-). Me alegro mucho de que lo sientas así.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  3. Dulce María 20/11/2022

    Siempre apareces en mí vida con las palabras que necesito oír en cada momento.
    Muchas gracias por dar tanto con tu sabiduría.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 28/11/2022

      Gracias a ti por compartir tu sentir, Dulce. Palabras como las tuyas son las que hacen que siga aquí cada día.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder

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