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¿Te justificas por todo y das mil explicaciones?

Mujer en albornoz - te justificas por todo y das mil explicaciones

¿Alguna vez has sentido que le dabas demasiadas explicaciones a los demás de lo que hacías y de lo que dejabas de hacer?

¿Qué te justificabas por todo y, casi, hasta pedías perdón por respirar?

El lenguaje es una de las maneras más obvias en la que nuestros miedos nos delatan.

Y hay muchas personas que, a través de su lenguaje, reflejan su miedo al rechazo o a que el otro las juzgue dando más explicaciones de la cuenta.

Por ejemplo, supongamos que una amiga te invita a una comida y no te va bien ir, pero en vez de simplemente decir que no te va bien, empiezas a contar que te ha pasado esto, que tienes que hacer lo otro, que si vas a la comida no vas a poder terminar aquello y entonces va a ser peor porque el lunes tal y tal… y bla, bla, bla.

¿Te suena? Esa creencia de que tenemos que justificar ante los demás todo lo que hacemos y lo que no hacemos es lo que hace que muchas veces, cuando no tenemos una excusa válida y contundente para no hacer algo, no nos atrevamos a decir que no.

A veces es porque pensamos que el otro se va a enfadar o que nos va a rechazar si no tenemos una explicación contundente que justifique que no hagamos eso.

Y otras veces es porque nosotras mismas nos rechazamos, porque nos exigimos llegar a todo y nos sentimos culpables cuando no lo hacemos. Y desde ahí, para aliviar esa culpa que es consecuencia de nuestra propia exigencia, nos justificamos y damos más explicaciones de las necesarias.

Por ejemplo, si dejas un whatsapp sin contestar y al día siguiente cuando lo respondes empiezas disculpándote por no haber respondido antes. O empiezas a contar que es que te pasó esto y lo otro y no pudiste contestar ayer. ¿Te ha pasado alguna vez? ¿De verdad crees que necesitas dar explicaciones de por qué no contestas a alguien en el momento? ¿Quién te ha impuesto esa norma tan rígida?

O lo que le pasaba a una coachee, que cuando acababa de tener a su bebé recibía visitas de familiares sin avisar. Y, como no se atrevía a decir que en ese momento no le venía bien o que por favor la avisaran antes de ir, empezaba a dar mil explicaciones en plan “es que mira, tengo que bañar al niño a esta hora porque si no pues entonces se nos hace tarde para dormirle y entonces no me da tiempo a recoger y el niño no coge un hábito de sueño, y bla, bla, bla”.

Y muchas veces ni siquiera es porque le estemos diciendo que no a alguien, sino que también damos más explicaciones de las necesarias cuando estamos contando algo que no tiene nada que ver con la persona a la que se lo estamos contando, pero de alguna manera necesitamos controlar lo que esa persona va a pensar de nosotras.

Por ejemplo, como me decía una coachee ayer mismo (si tú también quieres trabajar conmigo puedes rellenar este formulario para tener una sesión de valoración), “cuando quiero hacer algo me justifico, doy mil explicaciones y cuento cosas que no tendría que contar, porque necesito que el otro piense bien de mí”.

Sí, yo misma a veces también me pillo que le estoy contando a alguien algo que he decidido sobre un tema o algo que voy a hacer, y le doy mil explicaciones de por qué voy a ir a ese sitio y no al otro y por qué he decidido hacer esto y no lo otro. Cuando, ni esa persona me ha pedido explicaciones, ni corresponde dárselas porque es algo que ni le va ni le viene.

Por ejemplo, me pasó hace unos meses cuando di positivo en covid y me tuve que quedar en el pueblo más tiempo del que había planificado. Y, al llamar a una persona para que viniera a ayudarme con algo, me di cuenta de que estaba pensando en contarle toda mi vida en plan “me pasó esto y luego esto, y entonces no pude esto y tuve que hacer esto… y era a ver si podías venir a ayudarme”, en vez de simplemente decir “oye, ¿puedes venir a ayudarme con esto?”, y ya. Sin necesidad de darle más explicaciones.

Cuando te pasas pidiendo perdón

Y, ¿sabes algo que hacemos que ya lleva esto de necesitar justificarnos ante el otro al extremo? El pedir perdón.

Pedimos perdón casi por respirar. ¡Es que hay personas a las que les sale casi en automático eso de pedir perdón por todo! Por estar cansadas, por no tener ganas de algo o, incluso, por no tener hambre. ¡Como si tuvieran que disculparse por no estar al 100%!

Y te pongo algunos ejemplos reales de situaciones en las que alguien pedía perdón por algo a lo que tenía todo el derecho del mundo y ninguna necesidad de justificarse ante el otro.

Por ejemplo, tienes un día un poco flojo y has quedado con alguien, pero no tienes muchas ganas de hablar. Así que pides disculpas por eso: “oye, perdona, que hoy no estoy muy animada”. ¿Te das cuenta de la exigencia de estar siempre animada, centrada y habladora que hay detrás de ese comentario?

Recuerdo a una coachee que estaba pasando unos días en casa de una amiga y por la noche necesitaba ponerse con el ordenador a hacer unas cosas de trabajo, así que le dijo a su amiga “perdona, es que necesito ponerme a hacer esto”. ¿Te das cuenta de qué manera estaba pidiendo permiso para hacer algo?

O a otra coachee, y esto lo veo muchísimo, que al contarme algo se emocionó y se le saltaban las lágrimas, y me pidió perdón por echarse a llorar. ¡¡Como si estuviera mal o tuviera que justificarse por hacerlo!!

O, en una formación que estoy haciendo que, muchas veces cuando falta alguien, al día siguiente llega pidiendo perdón por no haber venido el día antes…

O algún hombre que cuando se apunta a mi newsletter, como sabe que me dirijo principalmente a mujeres, después me escribe y me pide perdón por haberse apuntado.

Y así te podría seguir poniendo mil ejemplos de cómo pedimos perdón en situaciones en las que no es necesario hacerlo, como si creyéramos que tenemos que no tenemos derecho a eso o que tenemos que pedir permiso.

Bueno, es que no exagero si te digo que hay quien pide perdón ¡hasta por tener que ir al baño!

Sí, el lenguaje delata nuestros miedos y nuestra falta de autoestima.

Y también cuando pensamos en nosotras mismas y creemos que eso es ser egoísta y necesitamos justificarnos por ello. Por ejemplo, que me decía hace poco una coachee, “va a sonar egoísta, pero ahora lo que necesito es pensar en mí y no dar más de lo que puedo dar”.

Pero, pero, pero, ¿cómo vas a ser egoísta por pensar en ti y no dar más de lo que puedes dar? ¡Si con eso no haces daño a nadie! ¡Si es lo más sano que hay y lo que deberíamos hacer todos!

Y así con mil expresiones que usamos a diario, como decir algo y después justificarnos diciendo que “es broma” o que “bueno, no vayas a pensar que es que no me importa”.

Por qué te justificas y das tantas explicaciones

Y, ¿por qué hacemos todo esto? ¿Por qué nos justificamos tanto, damos tantas explicaciones y pedimos perdón por hacer algo a lo que tenemos todo el derecho?

En realidad, creo que siempre tiene que ver con una falta de autoestima.

Puede ser que te justifiques por miedo al rechazo o a no ser perfecta para el otro.

Puede ser que te hayas sentido muy cuestionada y juzgada en tu vida, y ahora seas tú la que se cuestiona y se juzga, antes de que lo haya hecho el otro.

Puede ser que necesites controlar lo que el otro piensa de ti y asegurarte de que recibes su aprobación.

Puede ser que tengas un sentimiento de inferioridad y una tendencia a colocarte por debajo de los demás.

Puede ser que seas demasiado exigente contigo misma, que te digas que deberías ser y comportarse de una determinada manera, y si no estás siendo así necesites dar explicaciones para calmar esa sensación de culpa.

Puede ser miedo a no cumplir con lo que tú crees que los demás esperan de ti.

Puede ser que des muchas explicaciones porque necesites sentirte entendida y validada por el otro, sentir que te comprende y que se pone en tu lugar (seguramente porque te has sentido poco entendida en tu vida).

Puede ser porque dudes mucho de tus decisiones y, desde ahí, necesites dar muchas explicaciones para que el otro te confirme que estás haciendo lo correcto.

Puede ser por miedo a que el otro se sienta mal, por un exceso de hacerte responsable de cómo se van a sentir los demás (y desde el cuál no te das permiso para hacer nada que pueda hacer sentir mal a alguien).

Pueden ser muchas cosas, pero creo que todo se resume en una falta de autoestima y un exceso de vergüenza. Y con vergüenza me refiero a un juicio que tú haces de ti misma y que proyectas en el otro, pensando que eso es lo que esa persona va a pensar de ti, cuando muchas veces eres tú quien lo piensa.

Cuando en realidad eres tú quien tiene esa sensación profunda e inconsciente de que no eres suficiente o de que no eres merecedora.

Algo que hace que, sin darte cuenta, vivas pidiendo perdón por todo y teniendo que justificarlo todo: si entras o sales, si vas o vienes, y por qué haces esto y por qué no haces lo otro.

Por eso, la solución no está tanto en poner el foco en la conducta ni en dejar de dar explicaciones o de pedir perdón, sino en trabajar las creencias sobre ti misma que hacen que te comportes así.

Para que tú misma te reconozcas el derecho a elegir y el permiso a hacerlo sin justificarte, ni pedir perdón ni darle explicaciones a nadie, más que a ti misma.

¿Qué me dices? ¿Te das cuenta de alguna situación reciente en la que hayas pedido perdón o te hayas justificado más de la cuenta? Si es así, me encantará que la compartas conmigo en los comentarios aquí debajo.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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10 comentarios

10 comentarios
  1. Ana maria 05/05/2022

    Hola Vanesa. Me encantan tus correos. Y sí, ayer mismo pedí perdón en mi trabajo por estar enferma. Y ni siquiera me merecí un mejórate. Gracias por tus correos

    Responder
    • Belén 05/05/2022

      Que te mejores, Ana María :))

      Responder
      • Belén 05/05/2022

        Como siempre, gracias por estos estupendos posts, Vanessa!!!!

        Responder
        • Vanessa Carreño Andrés 13/05/2022

          Gracias a ti, Belén, bonita. Me alegro mucho de que te gusten.
          Un abrazo,
          Vanessa

          Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 13/05/2022

      Hola Ana María,
      El “mejórate” te lo mereces siempre. Lo importante es que tú lo sepas, independientemente de lo que hagan los demás.
      Espero que ya estés bien :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  2. María 06/05/2022

    Buenos días Vanessa

    Muchas gracias por este post, me ha gustado mucho.

    Me suele pasar muchas veces esto que comentas, pero qué dirías ante la situación de “obligarte” a estar para otros (especialmente amigas), escuchar sus problemas o sus miedos y quejas, aún cuando muchas veces toca heridas tuyas al estar pasando por un problema similar, pero tú evitas contarlo para no cargar… ¿ Cómo frenar que esa persona descargue contigo toda su negatividad sin herir sus sentimientos por no querer escucharlo?

    Muchas gracias de nuevo por tu trabajo.

    Un saludo

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 13/05/2022

      Hola María,
      Pues poniéndote de igual a igual con el otro, dándote el lugar que te mereces, para que los demás también te lo puedan dar.
      ¿Para qué te obligas a estar para otros? Eso es algo que ha de nacer del amor, pero solo ocurre de verdad cuando la base es el amor a ti misma.
      Cuando te desconectas de ti los demás no pueden verte, porque tú tampoco te ves. Y esto suele atraer a personas que solo se ven a sí mismas.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
      • María 17/05/2022

        Muchas gracias Vanesa, lo tendré en cuenta, un abrazo.

        Responder
  3. Maribel 07/05/2022

    Hola! Pues yo me veo muy reflejada en este post doy muchas explicaciones y además suelo pedir mucho perdón.
    Claro tengo baja autoestima, cómo tú explicas ahí por eso me sucede.
    Muchas gracias, Vanesa🙂.Ayudas mucho con tus post. Ojalá yo lo consiga.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 13/05/2022

      Hola Maribel,
      Me alegro de que te haya servido el post. Ahora ya sabes lo que necesitas trabajar, manos a la obra :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder

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