ÚLTIMOS DÍAS para apuntarte a LÍMITES con el precio súper reducido del 40%

Qué hacer cuando te gusta más la que eras antes

Mujer sonriendo - te gusta mas la que eras antes

¿Alguna vez has pensado que te gustaba más la que eras antes?

¿Que antes eras más alegre, más libre, más espontánea, más segura de ti misma, más fuerte o atrevida?

¿Y qué ahora te ves más negativa, más irascible, más impaciente, más insegura o que te preocupas mucho más por todo?

Te pregunto esto porque me encuentro a muchas mujeres que anhelan algo de su pasado, de la que fueron, de cómo eran antes…

Y se estancan pensando en lo que fue, en lo bien que estaban, en lo fuertes que se sentían cuando tenían unos cuantos años menos…

“Quiero volver a ser la de antes, alegre, optimista y auténtica. No me gusta la que soy ahora”, que me decía el otro día una coachee en su primera sesión (si tú también quieres trabajar conmigo puedes rellenar este formulario para tener una sesión de valoración en la que me cuentes lo que te pasa y lo que te gustaría conseguir).

¿Te suena? Entonces quiero contarte algo importante.

¿Y si la de antes no era real?

Todos en algún momento podemos sentir que estábamos mejor antes.

Y, cuando en el presente estás mal, es cuando más puedes recordar aquellos maravillosos años en los que estabas bien.

El tema es que muchas veces ese “estar bien” que recordamos no es del todo real.

Me refiero a que, cuando tienes heridas de la infancia sin resolver, estas pueden estar “dormidas”, y tú creer que estás bien.

Porque tus heridas están dormidas. O porque hasta ahora has ido sobreviviendo y te ha funcionado ignorarlas. O porque esa buena autoestima que tú creías tener estaba apoyada en que las cosas te iban bien, en que eras una buena estudiante, en que te movías bien con los chicos, en que te sentías parte de tu grupo de amigos… Es decir, era una falsa autoestima que iba “tirando” porque las cosas a tu alrededor la sostenían.

Pero entonces, ya de más adulta, empiezan a pasar cosas que te remueven, que te tambalean, que te ponen patas arriba. Y esas heridas que ya estaban ahí, aunque estuvieran “dormidas”, se activan.

Y se te despiertan miedos, inseguridades, sensaciones de no ser suficiente, de no ser valiosa, de no sentirte vista, de no estar haciéndolo bien, de tener miedo a quedarte sola

Puede ser al haber sido madre, puede ser por estar en una relación que te hace daño, puede ser el separarte de tu pareja, puede ser por quedarte sin trabajo, puede ser por tener un jefe que no te trata bien o por tener un problema con una amiga…

La cosa es que pasa algo que hace que esas heridas se despierten con mucha fuerza.

Pero no es que antes estuvieras bien y ahora mal.

Lo que sale ahora ya estaba de antes, solo que estaba “dormido”.

Por ejemplo, puede ser que de pequeña no tuvieras unos referentes que te dieran seguridad y confianza en ti misma, pero que hayas ido tirando con esas carencias hasta que tienes 40 años. Sin sentirte del todo bien, pero sin darte cuenta de ello, porque no había ocurrido nada que despertara esas heridas. Y ahora tienes 40 y llega una persona que te remueve todo eso y lo saca a la luz. Y tú te cuentas que quieres volver a ser la de antes.

O, como le pasaba a una coachee, que me contaba que ella antes se sentía bien con sus amigos, que no tenía ese miedo a que la rechazaran ni estaba pendiente de lo que pensaran de ella. Y ahora, que sí que se encuentra dificultades en sus relaciones, se cuenta que todo esto es nuevo y que la de antes no era así.

O mismamente como me ocurría a mí, que recuerdo que con veintipocos años pensaba que algún día, cuando me pasara algo grave y lo necesitara, haría terapia. Y después, cuando la hice, comprendí que hacía muuuucho tiempo que la estaba necesitando porque tenía muchas piedras en el zapato, pero no me había dado cuenta porque vivía “dormida”, en automático, silenciando todo eso que me pasaba, acostumbrada y creyendo que era normal sentirse así. Estaba taaan “dormida” que no era ni consciente de estarlo.

Claro, es que, por regla general, no son las mismas las dificultades a las que se enfrenta alguien con 20 años que a las que se enfrenta alguien con 40 o con 50. A medida que avanzamos en la vida nos van pasando cosas que nos mueven, perdemos una parte de inocencia, nos toca ser responsables de nosotros mismos, surgen problemas que antes ni nos imaginábamos… Y, así, desaparece esa sensación de que puedes con todo y de que la vida es un camino de rosas y empiezas a enterarte de que hay muchas cosas que duelen.

Cuando lo que te falta sale a la luz

Lo que te quiero decir es que, si tenías heridas sin resolver, sin sanar, no podías estar perfectamente. Podías pensar que sí, pero no era del todo real.

Alguien que de verdad se gusta y se valora, alguien que se respeta de verdad de la buena, alguien que se escucha y se prioriza con amor, no llega un día con 40 años en el que deja de hacerlo. Si un día se da cuenta de que no lo hace, es porque antes tampoco lo estaba haciendo, pero por lo que sea no era consciente de ello, tal vez porque no le estaban pasando cosas que le desencajaran o que tocaran sus heridas.

Y que, más bien, lo que suele pasar, es que nos falta conocernos, que nos falta querernos, que nos falta valorarnos, que nos falta saber relacionarnos… Que tenemos una base normalita, de ni fu ni fa, con la que vamos tirando y que en situaciones no demasiado complejas nos va funcionando.

Hasta que nos hacemos adultas y nos van pasando cosas más serias, tenemos más problemas y responsabilidades, y ya no somos capaces de ir tirando. Y nos encontramos mal, y no tenemos herramientas, y vemos que no podemos, y empezamos a contarnos que “yo no soy ésta, y no entiendo como he cambiado tanto si yo antes no era así”.

Pues no, no es que hayas cambiado. Es que para lo que te pasaba antes te valía con las herramientas que tenías, y ahora ya no. Pero la carencia estaba antes. No es que haya aparecido ahora. Ya estaba, pero no te dabas cuenta.

Igual que quien sale a correr media hora con unas zapatillas de batalla y se va arreglando, pero un día tiene que correr una maratón y ya no le sirven…

“Desde que me separé ya no se actuar ni relacionarme, y yo antes no era así”, que me decía otra coachee.

Claro, porque antes estaba en una situación que le daba seguridad, y por eso pensaba que estaba bien, porque no había la incertidumbre de ahora. Pero esa seguridad tenía más que ver con lo externo que con algo interno. Y, ahora que le falta esa seguridad, piensa que el problema es que ella ha cambiado.

No me siento capaz de tomar decisiones, no sé qué me ha pasado. Yo siempre fui muy independiente y ahora no me reconozco”, que me decía otra coachee.

Pues lo mismo, que tienes idealizada a aquella que eras, pero seguramente ni todo era tan bonito, ni tú estabas tan bien.

Lo más importante: valora a la que eres hoy

En resumen, ni la vida es lineal, ni las personas lo somos. Continuamente nos están pasando cosas que nos afectan y que nos dejan un poso, y si eso no lo vamos trabajando, si no lo gestionamos, si no vamos soltando ese poso, pues se acumula y cada vez es más difícil sostener el escenario, hasta que un día revienta.

No somos máquinas que cuando les pasa algo aprietas un botón para que se reseteen y todo sigue igual. Más bien somos de arcilla, y cuando una tormenta nos destruye, hace falta reconstruir lo que ha destrozado, sin juzgarnos por ello y sin pensar que nos gustaba más la que éramos antes.

¿O acaso crees que esa parte de ti que está en constante cambio y a la que le mueven las cosas que le pasan se puede sentir bien cuando la menosprecias y valoras más a la que eras antes?

No, claro que no.

Y cuando te gusta más tu yo del pasado, estás rechazando a la que eres ahora mismo.

Estás rechazando que esto te duela, que esto te remueva, que esto te afecte…

No hay amor incondicional en rechazar a la que eres y anhelar ser la que fuiste.

Así que deja ya de idealizar a aquella y deja de querer volver a lo que ya no puede ser.

Porque ya no eres la misma, porque te han pasado muchas cosas en el camino.

Suelta a aquella y hazte cargo de ésta, de la que eres ahora y de lo que necesita.

Trabaja con ella. Acompáñala. Escúchala. Aprende a quererla.

Dale las herramientas y las habilidades que esté necesitando ahora.

Y deja de mirar atrás.

Ahora eres más sabia, más real, más consciente de la vida.

DisfrútaTE y celébraTE, para que mañana no eches de menos a la que eres hoy.

¿Qué me dices? ¿Te has sentido alguna vez así? Si te apetece puedes compartirlo en los comentarios aquí debajo.

Compártelo en tus redes

Facebook
Twitter
LinkedIn
Pinterest

¿Quieres más consejos?

Apúntate GRATIS y recibe cada semana herramientas y recursos para tener Más Seguridad, Más Felicidad y Más Bienestar.

 He leído y acepto la Política de protección de datos

Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

¿Quieres que te ayude a ti también? Solicita una sesión de valoración gratuita conmigo rellenando este formulario.

2 comentarios

2 comentarios
  1. Jaime 10/11/2022

    El que era antes y el que soy ahora!!!!
    He recorrido algunas terapias (psicoanálisis, Constelaciones Familiares, Biodescodificación).
    Lo que más veces recuerdo es el período entre los 30 y los 50 años, porque dejé las terapias a un lado. Curiosamente no me sentía peor durante ese tiempo.
    Ahora tengo 64 años y estoy jubilado.
    Tengo la sensación de que me falta alguna pieza del puzle de mi historial familiar y actualmente visiono muchos videos para encontrar algo que resuene en mi y “me transforme”.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 17/11/2022

      Hola Jaime,
      Me alegro de que te gusten ambos.
      Claro, el hecho de estar haciendo terapia no significa que vayas a estar mejor, ni que por no hacerla vayas a estar peor. Las terapias y el autoconocimiento te dan las herramientas para gestionar mejor lo que te pasa y la claridad para vivir más alineado contigo mismo, con quien de verdad eres, y sentirte satisfecho contigo y con tu vida. Y puede ser que mientras haces una terapia te remuevas mucho, o que justo ahí estés pasando por un momento complicado, y que los frutos y los resultados los vayas notando después. Lo importante es que te sirva y que si, en algún momento, sientes que necesitas acompañamiento en algo, pidas de nuevo ayuda.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicado. Los campos obligatorios están marcados como *



Vanessa Coaching to Be

Únete a los más de 20.000 suscriptores, ¡con regalo incluido!

Apúntate GRATIS y descárgate ahora la guía “Los diez pasos clave para mejorar tu autoestima”.

 He leído y acepto la Política de protección de datos

No te enviaré nada de spam y puedes darte de baja cuando te apetezca

Los post más leídos

¿Quieres trabajar conmigo?

Rellena este formulario para tener una sesión de valoración gratuita”.

¡Hey!

no te vayas sin tu regalo

¿Quieres empezar a confiar en ti, sentirte segura y disfrutar de tu vida y de tus relaciones?
Apúntate gratis y llévate la guía “Los diez pasos clave para mejorar tu autoestima” de regalo.

 He leído y acepto la Política de protección de datos

NO TE ENVIARÉ NADA DE SPAM Y PUEDES DARTE DE BAJA CUANDO TE APETEZCA.

 He leído y acepto la Política de protección de datos

NO TE ENVIARÉ NADA DE SPAM Y PUEDES DARTE DE BAJA CUANDO TE APETEZCA

 He leído y acepto la Política de protección de datos

NO TE ENVIARÉ NADA DE SPAM Y PUEDES DARTE DE BAJA CUANDO TE APETEZCA

 He leído y acepto la Política de protección de datos

NO TE ENVIARÉ NADA DE SPAM Y PUEDES DARTE DE BAJA CUANDO TE APETEZCA