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Cuatro formas de pensar que te impiden llevarte bien con los demás

Lllevarte bien con los demás - pareja mirándose

Seguro que ya sabes que tu mente puede ser tu mayor enemiga.

Que tu forma de pensar sobre algo o sobre alguien puede ser tu mayor obstáculo.

Que aquello que creas, dependiendo de lo que sea, puede estarte limitando o potenciando hasta límites que ni te imaginas.

Y eso nos pasa en todo: en lo que pensamos sobre nosotros mismos, en lo que creemos sobre cómo tiene que ser nuestra vida y en lo que esperamos cuando nos relacionamos con los demás.

Esto último, cómo nuestra forma de pensar nos impide tener relaciones sanas y felices con las personas que más queremos, me lo encuentro continuamente en los Coachees que acuden a mí porque quieren llevarse mejor con su pareja, con un familiar, con un compañero de trabajo o con un amigo.

Estoy segura de que tú también cometes muchos de estos errores que te impiden llevarte bien con los demás.

Así que, si el problema muchas veces es cómo piensas, la solución será cambiar tu forma de pensar, ¿no?

Porque, atención, siempre que tengo un roce, un conflicto o un malentendido con alguien, hay algo que yo puedo hacer para que eso cambie.

No tengo que esperar a que el otro mueva ficha.

Siempre hay una posibilidad de cambio que está dentro de mí, y no del otro, como solemos pensar.

Y esa es la buena noticia, que aunque no puedas cambiar a los demás, seguro que puedes cambiar algo en tu forma de pensar para conseguir llevarte bien con tu pareja o cualquier otra persona.

Así que hoy quiero compartir contigo cuatro formas de pensar muy habituales y muy perjudiciales para nuestras relaciones. Me apuesto lo que quieras a que alguna te suena… ;-).

1.Si esto es importante para mí, también debe serlo para ti.

Vamos por la vida pensando que los demás deben compartir nuestros mismos valores.

No entendemos que alguien se comporte de una forma diferente y que haga algo que nosotros nunca haríamos.

Por ejemplo, que no sea agradecido, respetuoso o tolerante cuando nosotros sí lo seríamos.

Chocamos con los demás porque no cumplen con nuestros valores. Pero es que no nos damos cuenta de que esos valores son nuestros, y no suyos.

De que soy yo quien elijo darle importancia a ser agradecida, respetuosa o tolerante, porque eso es un valor para mí, pero la otra persona tiene derecho a elegir otra cosa.

Así que vale ya de mirar a los demás con mis gafas empañadas de exigencia y de creencias limitantes.

Vale ya de criticar una conducta pensando que el otro lo está haciendo con mala intención o que no es de fiar, porque puede haber muchos otros motivos, seguramente más probables que la maldad.

Como que tenga miedo a mostrarse como es y a que le juzguen o le hagan daño. O que no se esté dando cuenta del efecto que su conducta tiene en los demás.

O, sencillamente, que no tenga los mismos valores que yo y que le dé más importancia a la flexibilidad, por decir algo, que al respeto (por ejemplo en un caso en el que tú no te has sentido respetado por un amigo que te ha anulado una comida media hora antes, y ese amigo lo que está valorando es el poder ser flexible, como él te permitiría serlo a ti).

Te pongo un ejemplo personal: para mí el compromiso es muy importante y si quedo con alguien para algo, es difícil que cancele la cita. No lo vivo desde la rigidez; si no puedo, no puedo. Pero siempre haré lo posible por poder y por no dejar al otro colgado. Y no todas las personas son así, por lo que muchas veces alguien me cancela una cita a mí. ¿Es problema del otro si yo me siento mal con ello? No, es mi problema, porque yo soy la que le da tanta importancia al compromiso, pero eso no significa que el otro tenga que verlo igual que yo.

Así que, en todo caso, si quiero pedirle a alguien que se comporte según mis valores y que sea fiel a ellos, debería pedírmelo a mí misma, y no al que tengo en frente.

Porque eso es lo importante, que yo sea fiel a mis valores, y que mi pareja –o de quien se trate- sea fiel a los suyos.

Es decir, cada uno tiene que ser fiel a sus propios valores, respetar los del otro y, si en algún momento chocan, aceptarlo y saber consensuar para llegar a un acuerdo.

2.Te pido que me comprendas antes de comprenderte yo a ti.

Hablamos antes de escuchar.

Queremos que el otro se ponga en nuestro lugar y ni siquiera hemos levantado un pie para acercarnos al suyo.

Pedimos a los demás que vean las cosas como nosotros las estamos viendo.

Queremos que nos entiendan, que nos apoyen y que nos comprendan, y nos enfadamos y saltamos por los aires si no lo hacen.

Y todo sin plantearnos cuánto esfuerzo estamos haciendo nosotros por ver las cosas como esa esa persona las está viendo, por entenderla, apoyarla y comprenderla…

En definitiva, queremos recibir antes de dar.

Piénsalo, ¿qué crees que sería diferente si todos hiciéramos el esfuerzo por comprender al otro antes de pedirle que nos comprenda?

Pues, por lo menos, que nos ahorraríamos unas cuantas discusiones y bastantes caras largas…

3.Te observo, te juzgo y te condeno.

Nos pasamos el día juzgándolo todo y, por supuesto, juzgando a los demás.

“Esto está bien, esto no está bien” / “Es una buena persona, no es una buena persona” / Le quiere, no le quiere” / “Me trata bien, no me trata bien” / “Se ha portado bien, se ha portado mal”…

Y así todo el rato.

Me di cuenta hace unos meses, en un curso que hice con Paco Yuste. Al llegar nos pidieron que, durante los cuatro días que íbamos a estar allí, levantáramos la mano cada vez que hiciéramos o pensáramos un juicio, una crítica o una comparación. Y, ¿sabes lo que pasó? Que estábamos continuamente levantando la mano. Y cuando digo continuamente me refiero a una media de una vez por minuto. Y eso sin contar todas las que se te escapaban o cuando ya lo dejabas por imposible…

“Fíjate qué lento éste, como vaya a ese ritmo va a echar el día con eso…”.

“Vaya persona tan poco tolerante y tan prepotente, se cree superior a los demás”.

“Uy ésta qué tímida, parece que no tiene sangre en las venas”.

Por ponerte tres ejemplos de juicios que perfectamente podrían ser míos.

No nos damos cuenta pero vivimos en un juicio permanente. Lo juzgamos todo. Lo criticamos todo. Lo comparamos todo.

Opinamos algo sobre alguien y no salimos de ahí. Y a partir de entonces aprobamos o rechazamos a esa persona sin plantearnos nada más.

Nos cuesta entender que no hay una forma de ser que sea la correcta y otras que no lo sean.

Que no hay una única manera de hacer las cosas y que no siempre hay que hacerlas a nuestra manera.

No aceptamos a los demás, no somos flexibles y no somos comprensivos, por eso juzgamos tanto.

Pero, sobre todo, no nos paramos a pensar que ese juicio que estamos haciendo se está apoyando en nuestras creencias, experiencias y valores.

Es decir, que los juicios que yo hago dicen mucho más de mí que del otro.

Por ejemplo, yo misma, cuando juzgo a alguien de intolerante y prepotente, soy la primera que no está siendo tolerante con él, porque le estoy juzgando desde mis valores y desde como yo creo que debería ser, en vez de aceptarle como es.

Y así es como, cada vez que juzgo algo o a alguien, me salgo de mi propio equilibrio y mi paz interior…

Para volver a ellas necesito aprender a aprender a ser tolerante y flexible con los demás.

A verles sin juzgarles y a permitirles ser como son.

A no esperar nada de ellos y, si acaso, esperarlo de mí…

4.Elijo darte libremente, pero después espero que me lo devuelvas.

Últimamente me estoy encontrando a muchas personas que se quejan de que en un determinado momento dieron algo libremente, porque querían y sin pedir nada a cambio, y que ahora nadie se lo agradece.

Es decir, personas que eligen dar por voluntad propia y tiempo después se hartan y se sienten estafadas porque creen que han salido perdiendo en ese intercambio y que no han recibido lo mismo.

Por ejemplo, recuerdo a un Coachee que había estado ayudando económicamente a una persona de su familia durante varios años y sin que ésta se lo hubiera pedido. Lo hacía porque le salía.

Y a otra que había estado cuidando de sus padres hasta que murieron porque, al contrario que sus hermanos, no quería llevarles a una residencia. Nadie se lo pidió, ella quiso hacerlo así.

En ambos casos, como en otros muchos, estas personas esperaban que el otro les agradeciera o les reconociera lo que habían hecho de una determinada manera, y no estaba siendo así.

Y, en mi opinión, lo que pasaba es que no se daban cuenta de que ellas eligieron dar libremente.

De que en la vida, cuando eliges dar libremente, también le estas dando libertad al otro para que responda como quiera.

De que no puedes esperar algo que no fue previamente acordado. Ni un gracias, ni un favor ni que te devuelva lo que me diste. Nada.

Y de que el hecho de que el otro no te lo devuelva no es algo personal y no tiene nada que ver contigo. Es su elección y tiene que ver con él y con sus experiencias, sus creencias o sus valores.

Si tú lo diste porque lo querías dar, eso es lo que debe importarte y hacerte sentir satisfecha, que lo diste por ti, por sentirte bien contigo misma o por lo que fuera.

Después, si el otro te da las gracias o tiene algún detalle, estupendo, pero lo hará porque así lo elige, no porque esté obligado a ello.

Y si lo diste para que el otro te lo devolviera o te lo agradeciera, pero no estableciste unas normas ni dijiste “doy esto y espero esto a cambio”, ahora es tarde para pedirlo.

En todo caso, aprende y la próxima vez deja claro lo que esperas del otro antes de darle nada.

Y siempre, siempre, recuerda que hagan lo que hagan los demás, tu respuesta la eliges tú. Tú te alteras, tú te enfadas, tú te alejas. Sea lo que sea, siempre eliges tú. Incluso cuando eliges dejar eso que ha pasado a un lado y darle importancia a lo que de verdad es importante, también lo estás eligiendo tú…

¿Qué me dices? ¿Con cuál de estas cuatro formas de pensar te has identificado más? Espero que lo compartas conmigo en los comentarios aquí debajo.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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16 comentarios

16 comentarios
  1. Fernando 15/12/2016

    Buenos días Vanessa! Pues me identifico con las cuatro formas de pensar. Al final se resume en que estamos más pendientes de nosotros mismos que de los demás. Vivimos en una sociedad cada vez más individualista, a la que lo ajeno le importa bien poco. La verdad es que, personalmente, soy más feliz cuando no espero nada de nadie. Gracias por tus sabios consejos. Un saludo! Fernando

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 16/12/2016

      Muchas gracias, Fernando. Sí, incluso cuando parece que estamos más pendientes de los demás, incluso en esas personas que se olvidan de sí mismas para satisfacer al otro, al final también puede ser por una falta de amor y reconocimiento a sí mismas que hace que lo busquen fuera… Pero bueno, las generalizaciones no ayudan mucho y es mejor centrarse en lo que le pasa a uno mismo y en cómo crecer como persona.
      Y sí, como tú dices solemos sentirnos mejor cuando no esperamos nada de nadie, así todo encaja y todo fluye :-).
      Un abrazo fuerte,
      Vanessa

      Responder
  2. jhoana 15/12/2016

    Buenos días Vanessa. Pues en verdad me identifico con las cuatro formas de pensar, siempre estaba al pendiente mio y quería que él también lo estuviera. Y ahora que leí tu post, me doy cuenta que me equivoqué en tantas cosas… Pero nunca es tarde para empezar y de aquí en adelante mejoraré todo eso. ¡¡Muchas gracias por tus consejos!!

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 16/12/2016

      Qué buena actitud, Jhoana. Por supuesto que nunca es tarde para aprender y que precisamente la vida debería consistir en eso, en tomar conciencia y mejorarnos, pasito a pasito y con mucho amor… felicidades por pensar así.
      Un abrazo grande,
      Vanessa

      Responder
  3. Patricia 18/12/2016

    Hola Vanessa, buenas noches. Yo me identifico más con la primera, me cuesta mucho que un valor que yo considero como “lo normal”, por ejemplo ser cariñoso con tu pareja y desear verla después de tiempo de estar separados… Me cuesta mucho concebir que la otra persona no le salga eso también. Entonces lo achacó automáticamente con que no me querrá o pienso que “madremia cómo es”, o cosas así. Que claro, oyendo esto me doy cuenta de que no tengo que esperar nada de nadie, pero veo muy difícil no esperar algo así de tu pareja. Bueno espero tu respuesta y muchas gracias, llevo un mes leyéndote o así y la verdad que me está ayudando y gustando mucho. De hecho recomiendo tus post a mucha gente, un besicoo.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 19/12/2016

      Muchas gracias, Patricia. Dicen que el verdadero amor, en que nace del Ser y no el ego, se basa en la generosidad de amar, pero no de pedir que nos amen… Que esto último ya es cosa del ego…
      Y desde luego que no es fácil amar sin pedir nada a cambio. Pero sí podemos, poco a poco, observándonos y trabajándonos, ir dándonos cuenta de cuándo le estamos pidiendo al otro que nos ame “como nosotros creemos que debe amarnos” o cuando le estamos dando permiso para que nos ame “como esa persona quiera amarnos”, desde lo que para ella signifique amar. Piensa en ello, espero que te sirva :-).
      Un abrazo grande y mil gracias por recomendarme,
      Vanessa

      Responder
  4. Anonimo 21/12/2016

    Y si ayudas a una persona económicamente por que te lo pide y te preocupas por ella constantemente (esto no lo pide) pero resulta que no contesta mensajes o muy tarde, no coge el teléfono, y ni tan siquiera se deja invitar a un café. ¿como se debe actuar?

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 21/12/2016

      Hola,
      No sé cómo debes actuar. No sé los motivos de esa persona para no cogerte el teléfono ni la relación que os une. En el post me refiero a cuando damos algo porque queremos y después nos sentimos mal por no estar siendo recompensados o agradecidos por ello. Tu caso, por lo que dices, parece diferente.
      Sea como sea, creo que debes valorar qué es lo que esperas realmente de esa persona y de qué manera podrías hacérselo saber.
      Muchas gracias por compartir :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  5. Charo Martínez 04/06/2017

    Hola Vanessa. En cuanto he visto tu página, me ha llamado muchísimo la atención. Enhorabuena. En mi caso, por más que intento ponerme en los zapatos del otro, no consigo comprender la actitud de mi jefa, por ejemplo. Lo que sí he descubierto al leer este artículo es que quizás espero de ella reconocimiento pero desde mi punto de vista, no el de ella, por lo que acabo de leer. Me considero buena empleada,, consigo los objetivos (no dependo económicamente de ella puesto que soy funcionaria) y la gente, cuando tiene un problema, acude a mí antes que a mis compañeros porque, al parecer, tengo más capacidad resolutiva que el resto del equipo. Pero, como te he comentado, me han caído varias reprimendas por atender a gente que no me pertenece. Tengo 52 años y siempre he trabajado sola, excepto ahora, en los últimos ocho años. ¿Dónde está el error?

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 05/06/2017

      Hola Charo,
      Muchas gracias por compartir lo que te ocurre. Con lo que me cuentas no puedo saber dónde está el error, pero seguro que tú sí puedes encontrar la respuesta a esa pregunta. Está muy bien la reflexión que haces, sobre que tal vez el reconocimiento que esperas de tu jefa no es el que ella sabe darte. O tal vez una reprimenda puntual por algo no esté reñida con ese reconocimiento que ella te tiene… En cualquier caso, podrías hablar con ella, expresarle lo que sientes y lo que te gustaría y preguntarle en qué medida está satisfecha con tu trabajo y en qué cree que podrías mejorar.
      Espero que vayas encontrando esas respuestas dentro de ti ;-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  6. Luz 15/02/2018

    Hola Vanessa,

    Me gustaría saber porque a pesar de haber leído este y otros post, en el momento que toca actuar es como si olvidara todo. Muy dificil ponerlo en práctica. Luego me molesto porque ya sabía como debía actuar y no lo hice.

    Besos…

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 16/02/2018

      Hola Luz,
      Es complicado sin conocerte y sin hablar contigo saber cuál es el obstáculo qué te está impidiendo poner en práctica lo que quieres. Puede ser alguna creencia limitante o que te exijas demasiado… Prueba a ponerte pequeñísimos retos en tu día a día, pequeñísimos cambios que puedas ir haciendo. Y sé compasiva contigo cuando algo no te salga perfecto. La suma de muchos pequeños pasos es un gran paso. Poco a poco :-).
      Un fuerte barazo,
      Vanessa

      Responder
  7. Maria del Mar 21/02/2018

    Wow Vanesa… Di con tu web por casualidad ayer, desesperada por encontrar respuesta a una situación un tanto incomoda por la que pasé el fin de semana y que no me deja dormir. Desde entonces estoy enganchada a tu forma de escribir. ¡¡Tan real, tan cercana, tan verdadera!!
    Desde ya tienes una seguidora más. Gracias por el don que tienes de explicar con palabras algo tan complicado como determinados pensamientos, sentimientos y maneras de actuar. Así uno se da cuenta de que no es un bicho raro.
    Un saludo.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 22/02/2018

      Mil gracias, Maria del Mar. Me alegro mucho de que te guste el blog y mi manera de contar y compartir, bienvenida :-).
      Un fuerte abrazo,
      Vanessa

      Responder
  8. Rafael 08/09/2019

    Hola Vanesa.

    Muy interesante este artículo, me he sentido en varias ocasiones identificado con estas cuatro formas de pensar alguna vez.

    Aunque cuando existe una relación o más precisamente un compromiso, cuando existen diferentes tipos de formas de pensar al final se resume en llegar a un acuerdo o utilizar el sentido común.

    Pongo de ejemplo, precisamente, el mismo que has usado aquí, el cual pienso igual, concretamente cuando quedas con alguien y le das importancia e intentas no cancelar en la medida de lo posible e intentas avisar lo antes posible que no puedes, muy a tu pesar.

    Supongamos la otra persona en este tipo de casos es tu antítesis, y no le da ninguna importancia y si le sale otro plan mejor o lo que fuese lo puede cancelar en un corto periodo de tiempo sin importarle.

    Pues bien yo voy más allá en esta situación, si esa persona es alguien importante para ti y viceversa, si no hay un diálogo sobre este asunto surge un conflicto, con lo que en este tipo de casos hay que llegar a un consenso para que exista este conflicto.

    No creo que la solución sea simplemente no esperar nada de la otra persona y que siga actuando igual, creo que es importante que ambos entiendan la situación y resolverla, hoy puede ser este caso y mañana puede ser al revés en el otro. Pienso que de ahí surge la empatia y el respeto.

    Por lo que si no existe un diálogo que permita llegar a un punto en común siempre habrá un conflicto y a veces la razón principal que nos distancia de algunas personas quizás sea la falta de adaptación.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 10/09/2019

      Hola Rafael,
      Totalmente de acuerdo, la comunicación es fundamental en cuaqlquier relación sana. Para comprender al otro, para ponerse en su lugar, para hablarle de nosotros y a la vez para poder ser flexible y aceptarle como es. Por ejemplo, en el caso que comentas, para entender que pueda cancelar una cita sin que ello signifique que no le importamos y también para poder expresarle, si es el caso, cómo nos hemos sentido y lo que nos gustaría la próxima vez.
      Muchas gracias por compartir y aportar :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder

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