Las diez mentiras que te impiden llevarte bien con los demás

Diez mentiras en tus relaciones - gente en un banco

Mira que nos gusta complicarnos la vida. ¡Y es mucho más sencilla de lo que a veces la hacemos!

Nos la complicamos con nuestros pensamientos, con nuestras exigencias y con las expectativas que ponemos, en nosotros mismos y en los demás. Creemos que las personas tienen que ser de una manera, que nuestras relaciones tienen que cumplir ciertas reglas, que cuando algo con alguien ha salido mal con el resto también va a salir mal… ¡aunque se trate de una persona diferente!

La vida es mucho más sencilla que todo esto, de verdad. Y darte cuenta de ello te aporta libertad: la de ser quien quieras ser en cada momento, sin estar pensando cómo tienes que ser, cómo esperan los demás que seas o cómo tienen que ser ellos contigo.

Y te aporta tranquilidad: la tranquilidad de vivir en paz, sin estar todo el rato esperando algo de alguien y esperando algo de ti, sin tantas decepciones ni “deberías”, sin tanto dolor innecesario.

Y te aporta autoestima, porque te das el valor que te mereces en tu vida y en tus relaciones con los demás.

Hoy quiero hacer un canto a la vida sencilla, recogiendo diez mentiras que muchos nos hemos creído sobre nuestras relaciones con los demás.

1. Quien te quiere adivinará lo que te pasa. Mira, quien te quiere te trata bien (que ni siquiera significa que no te haga daño, porque a veces hacemos daño a otro sin querer o sin darnos cuenta). Lo que no tiene es por qué saber lo que te pasa si tú no se lo has dicho. Porque las cosas no se adivinan. ¡Las cosas se dicen! El “ay no sé, ¡tú sabrás!” es una venganza del ego herido. Y las relaciones con egos heridos no suelen llegar a buen puerto… Así que si quieres que sepa algo dímelo. Porque el amor que siento por ti (o el respeto, el compañerismo, la confianza o lo que sea) no me da el poder de leerte tu mente para adivinar lo que te molesta o lo que necesitas de mí.

2. Varias personas me han hecho lo mismo, así que el resto que conozca harán igual. Porque el mundo está lleno de gente mala. Empezando porque creo que a veces confundimos maldad con enfermedad y que tachamos de mala persona a alguien que tal vez haya aprendido a relacionarse así, como una manera de defenderse, por miedo, por inseguridad, por rencor o por lo que sea… Y siguiendo porque que una persona te haya hecho daño sólo significa que lo que ha hecho te ha dolido. No que lo hiciera a propósito ni que esa fuera su intención. Que te haya hecho daño no dice nada de esa persona, sólo lo dice de ti, de lo que tú has sentido.

Pero, incluso poniéndonos en el caso de que esa persona buscara hacerte daño, eso no aumenta las probabilidades de que la siguiente te lo haga. Puedes encontrarte a cinco personas que te hagan daño y eso no dice nada de cómo será la sexta. Pensar que sí hace que te cierres a una nueva relación. Y así sí que aumentan las probabilidades de que no funcione. Por tu actitud, por tu creencia de que te van a hacer lo mismo, por tu predisposición… Por eso en la vida, haya pasado lo que haya pasado, lo mejor que puedes hacer es limpiar tus recuerdos y permitirte volver a confiar. Al menos así podrás disfrutar al 100% de esa nueva relación.

3. La gente hace las cosas con doble intención. Y casi siempre, mala. Claro, cuando pensamos que hay gente mala nos cuesta creernos sus buenas intenciones, su desinterés, su generosidad así porque sí… Creemos que detrás de tanta bondad tiene que esconderse algo. Esto, sumado al punto anterior, hace que nuestra desconfianza no nos permita ver la totalidad de cada persona, que no nos deje acercarnos a ella libres de prejuicios y creencias, que no nos deje mostrarnos tal cuál somos y que el otro huela en nosotros el miedo y eso le inspire desconfianza… Es como si nosotros mismos atrajéramos, con nuestros temores y nuestros pensamientos, eso que tanto tememos que pueda suceder. Vamos, que si esperas encontrarte a gente mala, te la encuentras.

4. Hay personas que tienen algo que enseñarte y otras que no. Este es un prejuicio muy habitual del ego, el pensar que hay determinadas personas con las que tenemos más afinidad, que nos resultan más interesantes o que pueden aportarnos más, y cerrarnos al resto. Que por supuesto que es normal que conectes más con unas personas que con otras. Pero eso no significa que de las otras no puedas aprender nada. Seguro que puedes aprender, y mucho. Porque es una persona con gustos, pensamientos y formas de ver la vida diferentes a las tuyas. Ni mejores ni peores, ¡ojo! Que a veces -yo también- nos creemos mejores que otros y sin darnos cuenta les juzgamos o les miramos por encima del hombro. Pero en la vida no hay personas mejores o peores, hay personas diferentes. Y cuántas más conozcas, más sabiduría tendrás.

5. La mejor manera de que todos te aprueben y nadie te critique es callarte, decir que sí a todo lo que te digan y no mostrar desacuerdo jamás. Como mi amiga Pili y tantas personas que se pasan la vida siendo quien los otros quieren que sean en vez de ser quien ellas quieren ser. Con la creencia errónea de que los demás valoran más tu docilidad que tu autenticidad. Y no, quien bien te quiere te querrá como eres. Tal cual.

6. Cuando quieres a alguien debes estar ahí siempre, apoyándole y ayudándole en lo que te pida. Un poco relacionado con lo anterior, con buscar la aprobación de los demás aunque eso signifique renunciar a nosotros mismos y hacer cosas que no queremos hacer. Piensa que querer a alguien no significa que debáis estar de acuerdo en todo, que no le puedas decir que no a algo o que tengas que acudir siempre que te llame. El hecho de que a veces no estés, de que a veces no quedes a tomar algo, de que a veces prefieras hacer otra cosa, no significa que seas peor amigo o compañero. Sólo significa que no te apetece y que te quieres lo suficiente como para decirlo. Recuerda que cuando dices sí a algo que no quieres hacer, te estás diciendo no a ti.

7. No tener pareja estable a tu edad es un desastre. Me da igual cuál sea tu edad, si veinte, treinta, cuarenta o setenta. La vida son muchas más cosas que tener pareja estable: hay amigos, compañeros, experiencias, momentos, lugares, aprendizajes… Claro que es maravilloso compartir tu vida con alguien con quien te sientes bien, pero es que una de las cosas que más dificulta el tener una pareja estable es la necesidad ansiosa de tenerla. ¿Te pasa eso? Pues así no. Relájate, conócete, disfruta de quién eres, aprende a estar sólo (esto va por los que empalman relación con relación porque no han aprendido a valorarse y necesitan alguien a su lado que lo haga por ellos)… Cuando consigas ser feliz solo, ya sí estarás preparado para caminar acompañado. Y entonces sí, y no antes, es cuando esa persona que sueñas aparecerá. Es parte de la magia del Universo.

8. Los otros siempre están por delante, y si no es que eres un egoísta. Así que te pasas la vida viviendo para otros, ayudándoles, preocupándote por ellos, haciendo lo que sea para que estén bien… Porque lo importante para que tu estés bien es que los demás estén bien. Y cuando te das cuenta se te han pasado los años cuidando a todos y descuidando a la persona más importante de tu vida: tú. Sí, ¡tú eres la persona más importante de tu vida! ¡La primera! Si en los aviones la única forma de que todos sobrevivan es que cada uno se ponga su mascarilla, en la vida la única forma de que todos seamos felices es que cada uno se haga cargo de su propia felicidad. Y esto no tiene nada que ver con ser egoísta. Todo lo contrario.

9. Las cosas son como yo las veo. Es de cajón, y no se pueden ver de otra forma. Esta creencia, causa de conflictos, guerras y discusiones como ninguna otra, es tan limitante como errónea. Las cosas son distintas para cada uno. Cada hecho se convierte en una interpretación cuando pasa por el filtro de alguien (que lo piensa, que lo cuenta, que lo observa…). Todos los filtros ensucian, el tuyo igual que el mío. Y cada persona ha aprendido a ser de una forma y no tiene por qué comportarse o responder como tú. Por eso un principio básico en las relaciones es la humildad de reconocer que lo que yo creo que es la verdad no es la verdad, sino “mi verdad”. Y el otro puede tener la suya. Igual de válida y de cierta para él.

10. Las cosas cuando no se hablan se solucionan solas, así que lo mejor es dejar que pase el tiempo. ¡Apaga y vámonos! ¿De verdad piensas esto? No, las cosas que no se hablan no se solucionan, se enquistan. Generan cargas emocionales que se fortalecen e impiden que esa relación siga creciendo. Lo mismo que un fuego que no se apaga sigue extendiéndose. Y me da igual que no te abrase, pero el fuego sigue ahí, destruyendo el terreno. En nuestra vida dejamos muchas conversaciones pendientes por miedo a tenerlas, porque total ya para qué, porque mejor dejarlo como está, porque a ver si al otro va a parecerle mal… Vale, pues después no pidas una relación sincera, abierta y generosa si tú no estás dando eso.

Y hasta aquí por el momento, aunque podría haber muchas más. De mentiras, creencias e ideas que nos estropean la vida y las relaciones está el mundo lleno, así que te animo a que prestes atención para identificar las tuyas.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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6 comentarios

6 comentarios
  1. Francisco Bonora Xerri 14/05/2015

    Muy interesantes y certas tus consideraciones, Vanessa. Gracias por compartir. En efecto, vivimos prisioneros de algunas -¡o muchas!- creencias irracionales, sin fundamento, sin lógica, pero que nos limitan nuestro crecimiento y nos hacen estar mal.

    Depende de nosotros, solo de nosotros, que nos autoafirmemos y hagamos por cambiarlas por otras creencias más productivas. Para ello es necesario conocerse, sentir el «dolor» de esas creencias y decidirse a cambiarlas.

    Éxitos!

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 14/05/2015

      Muchas gracias por tu comentario, Francisco. Efectivamente, depende de nosotros tomar de conciencia de nuestras creencias y decidirnos a cambiarlas.
      Un fuerte abrazo

      Responder
  2. Bea 14/05/2015

    Sinceramente me hubiera gustado que alguien me hubiese dicho esto antes, o al menos haberme dado cuenta. Siempre tenemos tiempo de aprender, ojalá algún día lo enseñasen en los colegios 🙂

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 14/05/2015

      ¡Muchas gracias, Bea! Es verdad, estaría genial que esto nos lo enseñaran en el colegio. Nos ahorraríamos muchos disgustos :-).
      Un besazo

      Responder
  3. Erica 27/02/2017

    Vanesa: Es imposible dejar de leer tus artículos. Muy nutritivos, ontológicos, claros y amenos. Me hizo reflexionar sobre algunas expectativas irracionales en mi relación con los demás.
    Gracias.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 28/02/2017

      Muchas gracias, Erica. Me ha encantado tu comentario y me alegro mucho de que lo que lees aquí te sirva en tu vida :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder

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