Suponte que estás buscando gimnasio.
Ya sabes, típico propósito de final de verano…
“¡Este otoño me pongo en forma como que me llamo Pepita!”.
Y, obviamente, quieres acertar con la elección.
Total, que miras varios y encuentras uno con jacuzzi, sauna y piscina climatizada.
Es un poquito más caro que los otros porque tiene más cosas, pero te pilla a mano y tiene una oferta para las nuevas altas en septiembre.
Así que la primera semana estás allí super puntual.
Con mallas nuevas y dispuesta a darlo todo en un par de clases cañeras y después premiarte con un buen rato de relax en el jacuzzi.
Lo primero te cuesta un triunfo, te sientes la abuelita de todas tus compañeras…
“¿Me habré pasado con el tapeo este verano?”, te preguntas con la lengua en los pies.
Y solo piensas en ese momento de sumergirte en el jacuzzi y no tener que mover ni las pestañas…
Pero resulta que ese día el jacuzzi está cerrado por mantenimiento.
Y la piscina, lo mismo.
Que están haciendo obras y también la tienen cerrada.
El problema es que a la semana siguiente sigue igual.
Y a la otra, lo mismo.
A pesar de que ellos se siguen publicitando con estos servicios…
Ni el jacuzzi ni la piscina han hecho acto de presencia en todo el mes.
Vaya, que te vendieron una cosa, pero la realidad y lo que tú estás viendo es otra…
¿Qué haces? ¿Seguirías pagando por el gimnasio?
¿Pagarías el siguiente mes por algo que en la práctica no se está cumpliendo?
Pues ten presente esa misma respuesta en tus relaciones.
Si un hombre a quien has conocido te dice muchas cosas bonitas o te hace mil promesas, pero en la práctica no las cumple, atenta a la energía que le pones a esa relación.
Si tienes una amiga que te dice “cariño, cuqui, ¡cómo te adoro!”, pero después nunca te llama o cuando estás con ella solo habla de sus cosas y no te escucha, mucho cuidado.
Si con quien sea sientes que lo que te dice no encaja con cómo se comporta contigo después, escucha eso que sientes y esa incoherencia que no te hace sentir a gusto.
Es decir, en cualquier relación, del tipo que sea, fíjate en lo real.
En lo que el otro hace y en lo que cumple. En sus actos y en su comportamiento.
¡No en sus palabras ni en sus promesas!
Mira, palabras bonitas sabemos decir todos.
Pero solo algunas personas saben acompañarlas de hechos. Y eso es lo importante.
¡Que sientas coherencia entre lo que esa persona te dice y lo que hace!
Que lo que te diga, lo cumpla.
Y que te sientas bien con ambas cosas (palabras y hechos), no solo con una de ellas.
Porque cuando ignoras a la parte de ti que no se está sintiendo bien con algo, terminas pensando que el problema lo tienes tú que pides demasiado…
Y acabas pagando por un gimnasio que supuestamente tiene de todo, pero en el que casi nada funciona como debería.
Si esto te suena y ahora mismo darte valor en tus relaciones te preocupa más que empezar a ir al gimnasio, mira esto.
Besos y sonrisas,
Vanessa
PD: A menudo, lo mismo que hacemos con el gimnasio es lo que también hacemos con esa persona…
Por ejemplo, si sigo pagando el gimnasio con el anhelo de que llegue ese día en que tengan todos los servicios que me prometieron disponibles…
¿Qué crees que voy a hacer con alguien que me sigue comiendo la oreja pero no es una persona consistente en la que yo pueda confiar? Pues eso mismo. Y aquí.


