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Diez creencias que te pueden destrozar la vida

Diez creencias destrozan vida

Todos vivimos en un engaño continuo, el que nos proporcionan nuestras creencias. Esas ideas que tienes sobre ti y sobre la vida y que has interiorizado desde pequeño, dándolas por ciertas sin la más mínima duda y adaptando lo que vives para que encaje en ellas.

Pero las peores son esas que están tan generalizadas que nadie las pone en duda. Porque es mucho más difícil escapar de ellas si todos los que te rodean las comparten, ya que el hecho de que estén tan extendidas hace que no pienses que puedan ser erróneas. Y sí, lo son.

De esas, de las creencias limitantes que son tan comunes que no nos damos ni cuenta de que las tenemos, es de las que quiero hablarte hoy. Aquí van diez, y no están todas las que son.

1. Lo importante se consigue con esfuerzo. Por lo que, cuando algo no sale, tienes que esforzarte más y más. Machacarte una y otra vez para que funcione, hasta un punto que ni aprendes ni disfrutas. Como aquello de que “la letra con sangre entra” que a mí me decían de pequeña.

¿Y si esa no fuera la solución? Muchas veces la clave no está en la cantidad, sino en la calidad. En hacerlo mejor, en pararte, en reflexionar, en cambiar el punto de vista o en ver otras opciones diferentes, otras que tal vez te ilusionen o te motiven más.

 

2. Las cosas son blancas o negras. O son buenas o malas, o están bien o mal… No hay puntos medios, no hay colores intermedios, no hay opciones, ni maneras de verlo.

Pues no. Resulta que todo es relativo. Que nada es absoluto. Que siempre depende. Por ejemplo, igual piensas que eres muy impulsiva y que eso está fatal. Y no, no es ni bueno ni malo. Depende de cómo te afecte en tu vida. Si ser impulsiva hace que le des un beso a alguien sin que se lo espere, pues igual es bueno. Si ser impulsiva hace que digas algo de lo que después te arrepientes, pues ahí es dónde tienes que trabajar. En reflexionar lo que vas a decir. Pero ser impulsiva ni es ni bueno ni es malo.

Lo mismo que lo que hace alguien o cómo se comporta. Siempre depende. No hace falta etiquetarlo ni juzgarlo todo.

 

3. Siempre tengo que agradar a los demás. Y ser muy complaciente, y poner sus necesidades siempre por delante de las mías, y preocuparme mucho por que estén bien.

Esta es una manera equivocada de entender el servicio a los demás que genera rabia, frustración y malestar, por haber dejado de lado a tu verdadero yo para entregárselo a otros.

Además muchas veces esconde la necesidad de ser el centro de atención. Pones a los demás por delante de ti para sentirte valorado, útil o reconocido. Es decir, vas a buscar fuera lo que sólo puedes encontrar dentro de ti.

 

4. Cuanto más haga, mejor. Dicen que cuando una persona corre y corre, está huyendo de conectar consigo misma, de escucharse, de mirar algo de su vida que no le gusta…

Otras veces, sin llegar a motivaciones tan profundas, parece como si estar muy ocupados nos hiciera sentirnos más importantes. O como si no pudiéramos perdernos nada. Como si tuviéramos que tener el poder de estar en varios sitios a la vez. Nos volvemos medio adictos a las prisas, a los problemas y a las preocupaciones para sentirnos vivos….

De nuevo, no se trata de cantidad, sino de calidad. De saber elegir. De priorizar. De minimizar para poder maximizar los pequeños momentos. De reservarlos en tu agenda como si fuera lo más importante, lo único, lo esencial.

Y, por cierto, otra creencia relacionada con ésta es la de que dejar algo a medias es fracasar. Y no. Te lo dice una que hasta hace dos días no era capaz de dejar ni un libro a medias. No, dejar algo a medias es saber elegir, es saber priorizar, es saber valorar tu tiempo. En definitiva, es saber valorarte tú.

 

5. Tengo que aprovechar el tiempo. Pensamos que el tiempo no se puede desperdiciar. ¿Cómo voy a estar yo sin hacer nada? ¡Pero si tenemos los días contados! ¡No puedo hacer lo mismo que hice ayer!

Y venga, otra cosa más. Y deprisita, que es urgente. No te me distraigas que no se puede perder el tiempo.

Pues no, hay cosas que no son urgentes. Hay cosas que necesitan tiempo, y mimo, y cuidados, y paciencia, y nutrición.

Lo mismo que hay momentos para no hacer nada. Sólo estar. Sólo respirar. Sólo ser. Y dejarlos ir. Y verlos volver. Y repetirlos. Y saborearlos. Eso sí que es aprovechar el tiempo.

 

6. Cuando pase x, entonces yo y. Por ejemplo, cuando tenga un hijo, seré feliz. Cuando cambie de trabajo, pararé. Cuando pierda estos kilitos ya me relajo. O al revés, cuando mi suegra deje de fastidiarme la vida yo estaré bien…

De tanto mirar para adelante ni te enteras de lo que está pasando hoy, aquí y ahora. Te pierdes el presente por mirar al futuro todo el rato. Siempre insatisfecha y pensando que el próximo objetivo que te has puesto solucionará eso que sientes. Y ni siquiera cuando lo consigues paras, porque ya estás pensando en lo próximo que deberías conseguir.

¿De verdad crees que la felicidad está en perseguir objetivos? Pues no, no está ahí. Es una ilusión pensar que la felicidad te la va a aportar algo que está por llegar. Se te está olvidando que el equilibrio no está en lo que pase mañana, sino en lo que haces con lo que tienes hoy.

 

7. Tengo que ser la mejor, perfecta en todo lo que haga. Esta es de las creencias que más destrozan la vida de quien la tiene, lo sé porque la trabajo a menudo con mis Coachees. Pensar así te vuelve rígida y exigente. Te tratas a latigazos porque crees que cuanto más te exijas más conseguirás. Y ya ni te acuerdas de cuándo fue la última vez que disfrutaste de verdad con algo, que te reconociste lo bien que lo habías hecho o que simplemente lo dejaste estar sin torturarte.

Lo cierto es que el éxito no tiene que ver con la exigencia y sí con el esfuerzo, el compromiso y la perseverancia. Yo misma antes era muchísimo más perfeccionista de lo que lo soy ahora. ¿Significa que ahora hago peor las cosas? Qué va, para nada. Antes perdía mucha energía en ese afán por darle mil vueltas a algo para que fuera perfecto y en criticarme si a mis ojos no lo era. Al final era como que nunca me sentía satisfecha. Ahora, en cambio, me enfoco desde el principio en que salga muy bien. Ni me distraigo, ni me autoboicoteo en el camino. Ahora me lo paso bien, cosa que antes no hacía, y ahorro mucho tiempo.

 

8. Seriedad es sinónimo de responsabilidad. ¿Te das cuenta del típico jefe frío y distante que parecen incapaz de sentir o de ponerse en tu lugar? Pues muchas veces es por pensar que, si fuera cercano, los demás se le subirían a la chepa. Y no sólo los jefes, también hay algún padre o alguna madre que cree que las cosas funcionan así.

Y no, una armadura de dureza no motiva a nadie ni tampoco es la mejor manera de que te hagan caso. Lo que funciona para que una persona de verdad quiera hacer y haga lo que le pides es que la trates con respeto, con educación, interesándote por ella, transmitiéndole tu confianza y sabiendo ponerte en su lugar.

Y sí, la responsabilidad también puede ser divertida. Lo otro ya está pasado de moda.

 

9. Tengo que ser fuerte e independiente. Y hacerlo todo por mí misma, sin pedir ayuda, ni quejarme, ni dejar ver que esto me está costando o que no sé cómo hacerlo.  Esto nos pasa sobre todo en el terreno profesional, pero también en otros como el entorno familiar o las relaciones de amigos.

Una vez más volvemos a equivocarnos. Porque resulta que la única manera de vivir tranquila es aceptarte y reconocer lo que te está pasando en ese momento. Que unos días eres más fuerte y otros menos. Unos días más independiente y otros menos. Unos días con las cosas claras y otros no. Todos somos todo, nadie es sólo fuerte o independiente. También es débil y también necesita ayuda a veces. Y no pasa nada.

 

10. Hay cosas que son realistas y hay cosas que no lo son. Por lo tanto hay sueños que se pueden alcanzar y otros que se quedan para los cuentos de hadas.

¿Quieres saber un secreto? Cada uno decide lo que es realista o lo que no lo es. Vamos, que las cosas no son o dejan de ser objetivamente realistas, depende de la persona que las mira. Depende de lo que tú decidas que es realista. Y según dónde te pongas el límite, hasta ahí llegarás. Porque pocas veces llegamos más lejos de lo que hemos soñado. Por ejemplo, ¿te imaginas que Steve Jobs se hubiera propuesto tener una tiendecita de barrio? ¿Qué crees que habría conseguido? Pues eso. Que tú misma te pones el tope cuando decides hasta dónde es realista soñar.

 

Estas son algunas de las creencias que deberías dejar atrás. Pero también hay otras cosas que necesitas empezar a creer si quieres ser feliz y sentirte bien contigo misma. De eso y de muchas cosas más que te ayudarán a vencer tus inseguridades te hablaré el miércoles 14 en el webinar gratuito Más Seguridad, Más Felicidad, Más Bienestar. Aún estás a tiempo de apuntarte pinchando aquí.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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