Hace años tenía un cacao maravillao con eso valorarme a mí misma.
Porque yo veía que había muchas cosas en las que me comparaba y me sentía inferior a las demás…
Pero también había otras en las que me ponía por encima y me sentía superior…
Por ejemplo, un día podía pensar que yo habría dado esa charla mejor que mi compañera de clase…
Y al día siguiente pensar que vaya m1erda de presentación que había hecho yo y que cualquiera lo habría hecho mejor…
O, una amiga me contaba un problema y yo pensaba que, en su lugar, yo eso ya lo habría resuelto…
Pero otro día otra amiga me contaba lo bien que había gestionado un conflicto y yo pensaba que, de haber sido ella, me habría quedado bloqueada…
Vaya, que lo mismo iba con zancos y me sentía por encima de todo quisqui…
Que me arrastraba y me sentía la más chiquitita del mundo…
Y entonces pensaba: “si muchas veces me siento más lista o más eficiente que las demás, ¿eso es que tengo una buena autoestima?
Porque me supongo que las personas con baja autoestima siempre se sienten de menos…”.
Aaay, ingenua de mí que no me enteraba para nada de lo que me estaba pasaba…
De que eso que yo hacía de ponerme por encima tan solo era un mecanismo de compensación para no sentirme siempre por debajo.
Como si una parte de mí hubiera aprendido a defenderse de ese sentimiento de inferioridad compensándolo con un sentimiento de superioridad.
Es decir, que necesitaba ese “yo esto lo hago muy bien” para no sentir que todo lo hacía mal o que había algo malo en mí.
Pero todo eso era falso…, lo uno, y lo otro.
Porque años después entendí (y comprobé) que la verdadera autoestima no fluctúa.
Ni sube ni baja, sino que es estable.
Porque no necesitas compararte con nadie para sentir lo que vales.
En cambio, la m1erda que nos han vendido como autoestima, sí fluctúa.
Un día sube… Y al día siguiente baja… Dependiendo de lo que te pase.
Eso es lo que yo llamo pseudoautoestima.
Y así es como aprendes a funcionar cuando nadie te ha enseñado a valorarte de verdad: comparándote con los demás y yéndote de un extremo al otro.
Con unas personas te sientes por encima…
Y con otras te sientes por debajo…
¿Por qué? Porque la unidad de medida de esa pseudoautoestima está puesta fuera de ti.
En primer lugar, en lo que haces, y en si lo haces mejor o peor que la de al lado…
Así que, si un día piensas que has hecho algo muy bien en comparación con Pepita, crees que te estás valorando…
Pero, si al siguiente juzgas que has hecho algo mal o no lo suficientemente bien en comparación con Fulanita, crees que no vales un pimiento…
Y, en segundo lugar, la unidad de medida de esa pseudoautoestima también está puesta en cómo te ven los demás y en si te valoran más o menos que a otra persona.
Así que, si un día alguien te dice que te admira o que está muy a gusto contigo, olé tú… Otra vez que te inflas.
Pero, si al siguiente te sientes poco vista o que alguien gusta más que tú, vuelves a caer en picado.
Así es como funciona la pseudoautoestima de la que te hablo.
La misma que sube cuando te ascienden en el trabajo (o te ves muy guapa en el espejo) y baja si tu pareja te deja (o te ves muy fea en el espejo).
Por ponerte un par de ejemplos clásicos y fáciles de entender…
Y eso no tiene naaada que ver con la autoestima de verdad.
Es decir, con lo que tú te valoras y con cómo te tratas y te demuestras que te quieres en tu día a día.
Cuando eso de verdad lo tienes colocado, tu sensación de valía y de merecimiento depende de ti, y es incondicional.
No varía en función de quien sea la persona que tienes al lado, ni de lo bien que te salga algo, ni de lo que otros piensen de ti.
Y, entonces, no necesitas tener la razón o demostrarle algo a alguien, porque tu autoestima no depende de eso…
Y no te cuesta pedir ayuda o decir que no sabes hacer una cosa, porque tu autoestima no depende de eso…
Y tampoco tienes problema en equivocarte con algo o en que a alguien no le guste algo de ti, porque tu autoestima tampoco depende de eso…
Solo depende de ti y, una vez que la tienes, no se va a ninguna parte.
Y la sientes en cómo te tratas (en las duras y en las maduras), en lo comprometida que estás contigo y con hacer lo que sabes que es bueno para ti y en que tienes un papel de valiosa protagonista en tu vida.
Esa es la autoestima que merece la pena (que no te cuenten otros cuentos).
Y en la que trabajo con cada una de las mujeres que eligen dar ese paso conmigo.
Así que, si tú todavía fluctúas modo Bitcoin y quieres que eso te deje de pasar, mira esto.


