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Tres errores cuando estás conociendo a alguien

Errores cuando estás conociendo a alguien

Si no tienes pareja, pero te gustaría tenerla… Si ya estás conociendo a alguien… O incluso si estás en pareja, pero no te sientes bien, mucho ojo a estos tres errores taaan frecuentes cuando estás conociendo a alguien.

1. Analizar todo el rato lo que hace el otro.

Lo que hace, lo que dice, por qué ha hecho esto, por qué ha dicho aquello y después se ha comportado diferente a lo que había dicho, qué estaría pensando cuando hizo lo otro… Que igual es que le pasa esto, que igual es que aquello… La cosa es que te pasas el día dándole vueltas a lo que hace y contándoselo a tus amigas para intentar entenderle.

¿Por qué esto es un error? Porque lo del otro no lo puedes saber (igual no lo sabe ni él).

Lo único que puedes saber es cómo te sientes tú con todo eso.

Y te pongo ejemplos reales de algunas coachees (si tú también quieres trabajar conmigo y dejar de equivocarte con las parejas que eliges, rellena este formulario):

“Siempre que le propongo algo me dice que sí, pero después él no me propone nada, ¿por qué lo hará?”. ¡Nooo! La pregunta que necesitas hacerte no es porqué lo hará, ¡la pregunta es cómo te sientes tú con eso!

“Me dijo que se venía conmigo de vacaciones y ahora me dice que todavía no sabe que va a hacer, ¿eso por qué será? ¿Se habrá arrepentido?”. ¡Errooor! La pregunta, de nuevo, es cómo estás tú con eso y si eso es lo que quieres.

“Me dice que sí quiere una relación, pero después está cinco días desaparecido, ¡no lo entiendo!”. Y no necesitas entenderlo, solo necesitas preguntarte cómo te hace sentir.

“Hay momentos de mucha conexión, y después es como que se aleja, como que desaparece. No entiendo como a veces le puedo sentir tan cerca y después tan lejos”. Da igual por qué lo hace, si es evitativo, o si es que no está en el mismo momento que tú, o si es que le duele una muela. ¡Todo eso da lo mismo! Lo que importa, ooootra vez, es cómo te sientes tú con eso. Punto.

“Me dice que no quiere una relación, pero después me llama a todas horas y esta super pendiente de mí, ¿por qué será?”. Da igual por qué será, ¡tú no eres su psicoanalista! Insisto: esto no va de que sepas por qué lo hace, va de que escuches cómo te sientes con lo que hace el otro y si eso es lo que tú quieres. ¿Para ti es imprescindible estar con alguien que sí quiera una relación y que lo transmita en sus palabras y en su comportamiento? Pues, entonces, eso es lo que debería importarte.

“Le he propuesto un plan super chulo y me dice que no lo ve claro porque trabaja al día siguiente. ¿Será verdad o es una excusa? Porque a mí me parece que no tiene nada que ver y que no es tan complicado”. ¿A qué ya sabes lo que te voy a decir? Pues sí, que da igual si es verdad o es una excusa, la cosa es cómo te sientes tú con alguien que hace eso. Punto.

En resumen, cuando empiezas con alguien, y en cualquier momento de la relación, tus preguntas deben apuntar a ti, y no al otro.

Así que deja de buscar tu seguridad en el otro y de ponerte por debajo. Deja de estar más pendiente de gustarle a él que de si él te gusta a ti. Y empieza a ponerte al mismo nivel, a pensar en ti y en si cómo te estás sintiendo con esa persona es como tú te quieres sentir con alguien. ¡Verás qué fácil se vuelve todo!

2. Tragarte lo que te pasa y lo que necesitas.

Que me gustaría que nos viéramos más, o que me escribiera más, o que ya me hubiera presentado a sus amigos, o que me propusiera algún plan más allá de pasar la noche juntos, o que fuera más cariñoso, o que me escuchara más, o que estuviera más ilusionado… (o lo que sea que tú estés necesitando).

Pero, en vez de legitimar eso que necesitas, lo que haces es pensar más en lo que necesita el otro y contarte cuentos chinos para anular tu malestar. Por ejemplo:

Bueno, es que igual ahora es muy pronto, igual él necesita ir más despacio, ya iremos viendo qué pasa, no tengo que tener prisa…

Igual es cosa mía, igual el problema lo tengo yo que soy muy ansiosa, solo nos estamos conociendo, si sigo aquí calladita y soy paciente ya mejorará…

(O lo que sea que te estés contando para ignorar tus necesidades).

Y, si sigues así, cuando te quieres dar cuenta estás metida hasta el fondo en un sitio que NO es.

¿Por qué esto es un error? Porque da igual lo que necesites, ni si está bien necesitar eso o no. No tienes que justificar tus necesidades, ¡solo comunicarlas! Eso, expresar lo que necesitas, es lo que hará que sepas si el otro puede cubrir esas necesidades, o no.

Si te tragas tus necesidades porque tú misma las juzgas como una inseguridad, el problema lo estás creando tú porque, de esa manera, por no validarlas y no mostrárselas al otro, no puedes ver cómo responde.

Y te cuento otro caso real: chico y chica se están conociendo. Y por el momento todo funciona de maravilla. Entonces, una noche, él sale con unos amigos y no escribe a la chica al llegar a casa. Ella, acostumbrada a saber más de él, se siente incómoda. Y a la mañana siguiente se despierta insegura.

¿Qué hace? Pues podría tragarse lo que le está pasando, pensando que es fruto de su inseguridad o que es demasiado demandante. Pero no. Lo que hace es escribirle un mensaje de buen rollo preguntándole qué tal la noche anterior y diciéndole “me gustaría que me hubieras escrito al llegar a casa”.

¿Qué pasa aquí? Pues que ella está legitimando su necesidad y comunicándosela al otro. Y hasta aquí fenomenal, pero ahora toca ver cómo responde.

En este caso, resulta que él respondió muy bien, contándole cómo había sido la noche, lo que había hecho, a dónde habían ido y cuánto se había acordado de ella. La chica se quedó tan tranquila y punto, fin de la historia.

Y si él, en vez de responder así, hubiera respondido de otra forma, ¡a la chica también le habría servido para conocerle mejor!

Si, por ejemplo, él hubiera respondido con un “perdona, lo siento, siento haberte molestado”, pues bueno, suena un poquito a que se está poniendo por debajo. Y eso no suele ser buena señal…

Y si él hubiera respondido “bueno, no tengo que escribirte todo el rato. Tú tampoco me dices a mí lo que haces cuando vas con tus amigas”, pues suena a que se está poniendo por encima y a la defensiva. Y eso sí que nunca es buena señal.

Pues eso, que solo expresando tu necesidad y siendo auténtica, podrás ver si el otro la puede recoger, o no.

Pero si te adaptas a lo que él necesita, si esperas a ver si cambia, si ves cosas que no te gustan y las pasas por alto porque “bueno, no es tan grave, ya mejorará”, es cuando terminas, o bien anulando tus necesidades, o bien viviendo en la fantasía de que el otro va a cambiar y va a ser como desde un principio tú querías que fuera (y nunca fue).

Ojo porque cuando algo no te encaja y no lo comunicas, muchas veces es porque no estás dispuesta a aceptar que ahí NO sea. Y te cuentas todo lo bueno que tiene esa persona porque quieres que eso compense lo que no te gusta. Pero es que, en ninguna relación, debería haber algo que sea importante para ti y que no te guste. ¡Nada! Y, si lo hay hoy, da igual lo que sea porque no habrá nada que lo compense, ni hoy ni mañana ni pasado.

Que te quede claro esto: es lo bueno lo que tienes que dar por hecho y lo malo a lo que necesitas prestar muuucha atención, y no al revés.

3. No estar dispuesta a aceptar un no.

Y con esto me refiero a no querer aceptar la incertidumbre y la inseguridad que supone estar conociendo a alguien.

A no abrirte, a no mojarte, a no dar el primer paso, a no mostrarte, a no ser tú, a no hacer lo que te sale… porque no estás dispuesta a aceptar un rechazo, y prefieres un “si esto no funciona, por lo menos no fue que yo me mojara y ahora me haya quedado en bragas”.

O también a no abrirte porque no estás dispuesta a vivir un nuevo fracaso, por ejemplo, si vienes de una relación que te hizo mucho daño y llegas con miedo a que te vuelva a pasar lo mismo.

Así que vas a la cola del otro. Estás a la espera de que primero te demuestre para tú ir detrás sintiéndote más segura. Como si el otro fuera el que tiene que arriesgarse y tú la que caminaras sobre terreno firme.

¿Por qué esto es un error? Porque cuando empiezas con alguien no cabe el tenerlo todo controlado y estar segura de todo. ¡Eso es como decir que solo vas a jugar a la lotería si sabes fijo que te va a tocar!

Por ejemplo, “me apetece que se venga este finde de semana con mis amigos, pero igual se lo digo y me dice que no… Igual todavía es pronto… Mejor me espero” (y lo que pasa es que estás cagada de miedo a que rechace tu propuesta).

O “quiero que me escriba y que se acuerde de mí, pero yo no le escribo porque tiene que ser él”.

Y no, no tiene que ser él. Tú también tienes que poner de tu parte, porque, si no lo haces, estas empezando una relación asimétrica en la que tú estás por encima y te dejas hacer, y el otro hace (y esto no suele acabar bien).

Entonces, ¿tú estas dispuesta a que ahí no sea? ¿Estas dispuesta a arriesgarte y darte de morros contra la pared? Porque no se puede encontrar el amor cuando llevas una coraza de seguridad puesta. Porque el amor implica exponerte, mostrarte vulnerable, expresar lo que necesitas, arriesgarte, soltar el control, abrirte a que te puedan hacer daño…

Y, cuando no haces eso, cuando te reprimes a ti misma y eres tú la primera que no hace lo que le gustaría que el otro hiciera, es que no estás relajada ahí y que no estás siendo tú. Y esto siempre nos lleva a sitios donde NO es.

Por ejemplo, a enganchar con personas que quieren trofeos. Y que, mientras tú no te muestres, ellas siguen manteniendo el interés. Y, en cuanto tú empiezas a relajarte, a mostrarte cariñosa y a ser tú misma, se van. Pero el problema de base es que desde un principio empezaste a relacionarte desde la coraza, y eso solo atrae a otras corazas

Y tú puedes contarte que en cuanto te abres al otro y le muestras lo que sientes, se aleja, cuando el asunto es que empezaste haciéndote la fuerte y poniéndote por encima, por miedo a quedar por debajo.

Así que, si quieres que sea fácil, tienes que contribuir a hacerlo fácil desde el principio. Si no, te encontrarás a personas a las que les vaya lo difícil, y tú pensaras que es el otro, pero el otro solo es espejo de ti.

Pues eso, que para volar hace falta estar dispuesta a pegarse la gran ostia. Y, si no te la quieres pegar, va a ser muy difícil que cojas altura.

¿Qué me dices? ¿Con cuál de estos errores te identificas más? Puedes contármelo en los comentarios aquí debajo :-).

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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