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Cuando no te permites dejar a quien es bueno contigo

Pareja - dejar a quien es bueno contigo

¿Sigues al lado de alguien SOLO porque esa persona te trata bien y es buena contigo?

Quiero decir, ¿te pasa eso de no sentirte del todo bien en una relación, pero seguir porque el otro no te está tratando mal y no tienes ningún motivo de peso para irte?

Aclaro: esto puede ocurrir en una relación de pareja, igual que en una amistad.

Y puede pasar con alguien con quien llevas veinte años, igual que con alguien a quien conoces desde hace tres semanas.

El tema es que, como el otro es buena persona, tú no te permites dejarle.

Te pongo algunos ejemplos de lo que me han contado coachees en esta situación:

“Hace mucho que no siento nada a su lado, pero es que es muy bueno, me cuida y me trata bien. Me ha apoyado mucho en los momentos difíciles…”.

“Me parece una persona genial y se porta muy bien conmigo. Es la primera vez que siento que alguien me trata bien, y me da miedo no volver a encontrar a alguien así. Pero el problema es que no me llena, que no siento ilusión”.

“Me ayuda mucho en casa y se encarga de muchas cosas, que comparado con las parejas de muchas amigas sé que soy una afortunada… Y, aun así, yo siento que me falta algo”.

¿Ves a lo que me refiero? A estar con alguien porque es bueno y te trata bien, pero no porque de verdad quieras estar ahí.

Y a seguir en una relación muerta, en la que hace tiempo que no estás bien, pero tampoco estas tan mal.

Como si, cuando alguien es bueno contigo, eso ya fuera motivo suficiente para mantener la relación. Como si el hecho de ser bueno significara que es bueno para ti. ¡Y como si tú no tuvieras nada que decir al respecto!

Porque, como el otro es buena persona y te da, tú te sientes en deuda.

En deuda en el sentido de que le debes algo por ser bueno contigo (¡¡como si “ser bueno” fuera un regalo, y no lo que se supone que hay que ser en una relación!!).

Así que, como es bueno, le tengo que dar lo que él quiere (seguir con la relación), no lo que yo quiera dar o lo que esté dispuesta a dar.

En resumen, que si alguien es bueno contigo, estás atada de pies y manos para siempre.

¿Ves lo poco respetuoso que es esto contigo misma?

Y es lo mismo si es alguien que antes no te daba y ahora está cambiando, y como se está esforzando tú te sientes en deuda y no eres capaz de irte (a pesar de que, ni antes ni ahora, te sientas bien con la relación).

“Ahora me ayuda más y está más pendiente de mi… Y a pesar de que está como yo quería, tampoco estoy bien, pero me da mucha pena irme ahora que él está poniendo de su parte”, que me decía otra coachee hace un tiempo.

A ver, es que en cualquier relación está claro que tiene que haber algo bueno, que si todo fuera malo no seguirías ahí. ¡La cosa es si eso que hay es suficiente para ti!

Es decir, la diferencia es “si me quedo porque esto es lo que quiero” (ok) o “si me quedo porque no hay nada taaan horrible como para irme” (nooo ok).

Y ya te digo que, aunque esto es más frecuente en las relaciones de pareja, también puede darse en una amistad.

“He roto la relación con una amiga. Y me ha costado mucho porque me sentía en deuda con ella. Me ayudó mucho en varios momentos y sentía la obligación de corresponderla, pero me he dado cuenta de que por ser justa con ella no lo estaba siendo conmigo”, que me contaba una coachee la semana pasada (si tú también quieres trabajar conmigo, éste es el formulario).

Descubre por qué sigues ahí

Vale, si te estás sintiendo identificada, una vez que te das cuenta de que te pasa esto, ¿qué es lo siguiente? Pues entender por qué sigues ahí, para saber qué es lo que necesitas trabajar y soltar, con el fin de sentirte libre de estar SOLO donde de verdad quieres estar.

Así que te cuento los cinco motivos por los que puede ser que no te permitas dejar a alguien que es bueno contigo.

1. Por un rol aprendido.

Por ejemplo, puede ser que hayas aprendido a ser “la que nunca abandona”. Porque lo viste así en tu madre o porque te sentiste muy abandonada y, como eso te produjo mucho dolor, desde ahí no te das permiso para abandonar a otro.

O puede ser que hayas aprendido a ser “la salvadora de los demás”, como le pasaba a esta coachee (y a muuuchas mujeres):

“Pienso que pobrecito si se pone enfermo, que tengo que estar ahí para ayudarle, qué cómo voy a dejarle cuando más me necesite”.

O a ésta otra:

“Es muy inseguro, depende mucho de mí y me necesita mucho. Y yo me siento responsable y me da pena dejarle”.

Si éste es tu caso, ¿cómo aprendiste que tu función era salvar a los demás? ¿En qué momento aprendiste eso? ¿Para qué te sirve a día de hoy sentir que salvas a alguien?

Pues ojo, porque ahí te estás colocando por encima del otro, como su cuidadora y su salvadora. Y entonces no estás en una relación horizontal (requisito indispensable en cualquier relación de pareja o de amistad sana).

Además de que, cuando sostienes a un adulto, puedes pensar que le salvas, pero en realidad no le salvas, sino que le perjudicas en el sentido de que no dejas que desarrolle las herramientas para salvarse por sí mismo.

Y, en realidad, estar con alguien que no te trata bien (pero a quien te cuentas que quieres), y estar con alguien que te trata bien (pero con quien tú no estás bien), son dos caras de la misma moneda.

Es lo mismo quedarme donde alguien me hace daño y esforzarme para que eso cambie, que quedarme donde alguien me trata muy bien y se siente inferior a mí, y esforzarme para que se sienta seguro.

En ambos casos estoy en el esfuerzo y en que el otro cambie. En ambos estoy en salvar y en hacerme responsable del otro. En ambos estoy desde una carencia, desde una herida, desde el ego, desde un rol aprendido… En ninguno de los dos casos estoy valorándome por mí misma, ni escuchando o respetando lo que siento o lo que merezco. En ambos estoy más en el otro que en mí.

2. Por culpa.

Esto ocurre cuando te dices que “soy una desagradecida”, que “no valoro lo que tengo”, que “me estoy portando mal”…

Y lo primero que necesitas saber es que, para que te sientas culpable, tiene que haber alguien que te culpe, y no lo dudes que ese alguien está dentro de ti. Que es una voz interna que aprendió que tenía que cumplir unas normas y que cuando no las cumples te culpa.

Por ejemplo, esas normas podrían ser “no tienes que dejar a quien es bueno contigo” o “cuando alguien te necesita tienes que estar ahí”.

¿Ves el mensaje de fondo que te lanzas a ti misma queriendo mantener esas normas aprendidas? Te estás diciendo que el otro es más importante que tú y que tienes que ser agradecida ¡aunque no quieras eso que te ofrecen! Es igual que cuando eras pequeña y una vecina te ofrecía un trozo de bizcocho y tú tenías que cogerlo y comértelo solo porque te lo estaban ofreciendo, te apeteciera o no.

Es como que hubieras aprendido que, para decir que sí a algo, lo importante no es que tú quieras, ¡es que quiera el otro!

¿Tus necesidades? Fuera.

¿Tener en cuenta lo tuyo? No.

¿Querer sentirte bien? Eso es ser egoísta.

Y claro, cuando te culpas y te exiges ser de una determinada manera, terminas castigándote si no eres así. Y, muchas veces, ese autocastigo se basa en una conducta sumisa y permisiva hacia los demás. En este caso sería algo así: “como no estoy haciendo esto bien porque el otro es bueno conmigo y yo no le quiero, pues lo compenso castigándome a quedarme en una relación en la que no soy feliz”. ¿¿¿Te das cuenta del maltrato a ti misma???

Así que ojo con pensar que el hecho se sentir culpa significa que eres culpable, ¡nooo! Más bien es señal de que has aprendido a cumplir unas normas que no son tuyas y a pensar en los demás antes que en ti. Y, como eres esclava de la culpa, desde ahí no puedes soltar algo que no quieres, porque si lo sueltas te sentirás más culpable.

Pero es que ¡no eres culpable de no querer, de no sentir o de no estar bien con alguien! Porque eso no es algo que se pueda controlar, porque no puedes elegir a quién quieres, ¡porque no tienes un botón al que le puedas dar para querer a alguien!

Necesitas aprender que no eres responsable de cómo se sienta el otro, pero sí de cómo te sientes tú. Y, si tú no estás bien, es tu responsabilidad hacer algo para estarlo… ¿Tú eres culpable de que esa persona no te llene, de que no te guste como es, de tener unos valores diferentes, de querer otra cosa de la vida o de tener otro proyecto de vida? Nooo, no eres culpable de eso, porque eso no se elige, eso se siente. Y punto.

3. Por pena.

La pena por lo que fue, por cómo era antes, por cómo me sentía yo, por lo bien que estábamos, por todo lo que hemos vivido…

“Siempre ha sido muy bueno conmigo, ha hecho mucho por mí y he aprendido mucho a su lado”, que me decía una coachee.

Ya, pero es que las relaciones no se sostienen en el pasado, en lo que fue o en todo lo que hiciste por mí ayer… Ni tampoco en el futuro, en lo que podría ser o en lo que será si el otro cambia… Las relaciones se sostienen en el presente, en lo que ES, en lo que siento HOY.

Y si lo que sientes hoy no es lo que quieres sentir en una relación, necesitas aceptarlo ya. Saber rendirte y saber dejar ir. Porque quedarte a vivir en un lugar por pena NO es vivir.

4. Por miedo.

A arrepentirte, a no estar haciéndolo bien, a que no aparezca alguien con quien estés mejor…

Miedo a estar sola…, así que prefieres quedarte en una relación en la que no estás bien a saltar al vacío de esa soledad que te aterra tanto…

Y entonces es cuando empiezas a contarte que “a lo mejor no estoy tan mal” y que “igual es cosa mía”, “si total la mitad de mis amigas están peor que yo y ahí siguen”, que “igual soy yo que exijo mucho”

Pues mira, en realidad da igual que sea porque exiges mucho a que sea porque el otro no te da lo que quieres. Lo importante es que no te sientes bien ahí.

¿O es que si exiges mucho entonces te tienes que aguantar? ¡Pues no! A otra que exija menos pues igual le vale, pero a ti no. ¡Y esa es tu verdad! (a la vez que también puede ser verdad que el otro no te da lo que quieres…).

Quiero decir que no hace falta encontrar un culpable, ¡hace falta encontrar a alguien que se haga responsable de lo que siente y de lo que quiere! Alguien que diga, “pues no sé qué es, pero a mí esto no me vale”.

5. Por no querer sentir el dolor.

Porque no me apetece estar triste y no quiero pasarlo mal (así que, por no pasarlo mal un tiempo, me quedo pasándolo medio mal media vida ☹. Qué cosas).

Mira, cuando hay una ruptura siempre hay que hacer un duelo. No importa que lo dejes tú y que lo quisieras dejar, en esos casos también hay que hacer un duelo, porque pierdes a esa persona, la vida que compartías con ella y el futuro que habías imaginado juntos, y te enfrentas a construir una nueva vida sin ella. Y todo esto duele.

Así que no, porque lo dejes tú no va a ser fácil. Te va a doler. Incluso es posible que sea más difícil que cuando es el otro el que se va, porque ha conocido a alguien, por ejemplo, y ya no hay vuelta atrás. Esto puede doler y tocar más la autoestima, dar mucha rabia, etc., pero puede ser más fácil en el sentido de que no hay marcha atrás, de que el otro ha tomado la decisión y, cuando te duela y le eches de menos, no habrá opción a volver.

Por eso, a veces, es más difícil cuando la decisión la tomas tú, y no es porque haya una tercera persona o porque tu pareja te trate mal, sino porque no hay lo que quieres que haya para estar ahí. Pero querer evitar este dolor NO es un motivo para seguir en una relación en la que no te sientes plena.

Deja de confundir las cosas

Como ves, para poder salir de ahí necesitas entender qué es lo que te mantiene ahí.

Entender eso y dejar de confundir las cosas.

Dejar de confundir que “si te echo de menos” es que “te quiero y tengo sentimientos por ti”.

Dejar de confundir el no querer hacer daño a alguien, igual que no querrías que te lo hicieran a ti, con tener motivos para seguir siendo su pareja.

Dejar de confundir el vacio de la soledad con que “es que quiero volver con esta persona”.

Dejar de confundir el ser buena con el seguir en una relación que no es buena para ti.

Dejar de confundir el no estar fatal de la muerte con estar bien.

Y darte cuenta de que tal vez ser buena con el otro es dejar que esté con alguien que le quiera y de verdad quiera estar ahí.

Y que se puede ser bueno con alguien apoyándole y estando cuando te necesite, sin por eso seguir siendo su pareja.

De hecho, es posible vivir con alguien a quien en realidad hace tiempo que has abandonado, igual que es posible seguir al lado de alguien con quien ya no vives.

¿Qué me dices? ¿Qué te ha inspirado este post? Es un tema removedor, y me gustará mucho que me cuentes aquí debajo lo que te ha venido al leerlo 😊.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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12 comentarios

12 comentarios
  1. Jen 27/04/2023

    Hola Vanessa, como siempre me encantan tus post. Este de hecho define al 100% lo que me pasó en mi última relación en la que estuve 9 años y donde sentía ese “es que es tan bueno”. Y es que es algo que he escuchado decir en mi casa a mi madre toda la vida de mi padre. No le deja porque “es muy buena persona”. Yo decidí romper ese patrón y di el paso. Ha sido muy doloroso porque yo le quería pero no era feliz, vivía a medias con él. Un año y medio después estoy muy orgullosa de la decisión y totalmente recuperada de la ruptura. El rehizo su vida rápido y creo que le va bien así que todos contentos. Mil gracias por tus artículos. Jen

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 28/04/2023

      Hola Jen,
      Felicidades, cuesta mucho romper patrones que hemos visto, escuchado y aprendido, muy buen trabajo. Me alegro mucho de que todos contentos :-).
      Un abrazo y gracias por compartir,
      Vanessa

      Responder
  2. teresa 27/04/2023

    Hola Vanessa, gracias por el artículo, me he sentido muy identificada.
    Tras 19 años de relación entre noviazgo y matrimonio, he sido capaz de dejarle.
    No estábamos bien desde hace años pero eramos buenos el uno con el otro, y yo sentía culpa porque está enfermo. Cuando se lo planteé él no se opuso, por lo cual creo que estaba esperando que lo dijese yo,(eso también me hizo mucho daño). Creí que al dejarlo yo no iba a sufrir ni echarle de menos y pufff, lo he pasado fatal, sentía que el mundo se daba la vuelta, que yo no tenía cimientos, que todo lo conocido desaparecía.
    Bueno… el duelo ha ido pasando, tuve que pedir ayuda profesional y ya voy saliendo de él.
    Qué buen artículo, me he sentido muy reflejada en la pena, en la culpa, en la salvadora y cuidadora que soy.
    Gracias

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 28/04/2023

      Gracias Teresa. Has atravesado un desierto para poder volver a la luz, en eso consiste la vida de los valientes.
      Me alegro de que te haya gustado el post. Y felicidades por haber pedido ayuda cuando la necesitabas.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
    • Vanesa 02/05/2023

      Muy buena toda la reflexión leída, coincido totalmente. Como a muchas me identifiqué con varias de las versiones dadas, pero por sobre todo con el MIEDO. Estuve en relación de pareja con una persona “muy buena”, aunque para terminar nuestra relación tuve siempre presente que lo mejor para él era una mujer que realmente lo ame! Y así es como después todo fluye…

      Responder
      • Vanessa Carreño Andrés 08/05/2023

        Muchas gracias Vanesa. Qué bien que aprendieras de lo que te pasó y supieras darte lo que necesitabas :-).
        Un abrazo,
        Vanessa

        Responder
  3. Caro 28/04/2023

    Me encantó leerte!! Me sentí super identificada, gracias a Dios, a mis terapeutas y a todo el trabajo que vengo haciendo en mi pude soltar una relación de casi 25 años!!!😱😱 Este post es taaan genial. Lo expresas todo tan claro que es valiosísimo!! Me identifiqué en todos esos ejemplos. Gracias gracias gracias!!!❤️🤍

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 08/05/2023

      Mil gracias, Caro. Me alegro de que te haya gustado el post y de que ya hayas soltado. Felicidades.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  4. María Jesús 29/04/2023

    A mí este año me ha pasado cuatro veces el mismo esquema: me intento hacer amiga de un chico, él enseguida quiere algo más, y cuando ve que yo no quiero enrollarme con él, se aleja de mí y pasa de mí. Yo lo flipo. Si no somos amigos, ¿¿por qué se quieren liar conmigo??
    Además luego van de ejecutar sus “pequeñas” venganzas, dejar caer la puerta de mala manera para que me la coma, mostrarse enfadados conmigo, hablar bien en mi cara de alguien que saben que me ha maltratado, y lo más fuerte, recomendarme algo como si fuera bueno para engañarme y que me apunte a ello. Estos tíos no tienen vergüenza.
    Gracias por tu post, Vanessa, me ha ayudado porque precisamente me encuentro en este contexto. Me sabe mal, pero si alguien no me hace sentir tan bien como me gustaría, es decir, lo suficiente, no me merece la pena como relación…de ningún tipo. Un tío que si no me tiene de pareja siente indiferencia hacia mí, es un tío que no me merece. Un abrazo fuerte.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 08/05/2023

      Hola Maria Jesús,
      Me alegro de que el post te haya servido. Si es algo que se está repitiendo en tu vida está genial que explores a ver qué está pasando ahí y qué puede tener eso que ver contigo.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  5. Elisa 06/05/2023

    De hecho, es posible vivir con alguien a quien en realidad hace tiempo que has abandonado, igual que es posible seguir al lado de alguien con quien ya no vives.

    …me siento muy identificada con este comentario.
    Me resulta tan cómodo que me da mucha pereza dejarlo.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 08/05/2023

      Hola Elisa,
      Gracias por tu comentario. Seguramente haya algo detrás de esa pereza y ese “estoy cómoda”. Y no sé si se repite en otras áreas de tu vida, pero cuanto antes lo explores antes podrás elegir donde quieres quedarte porque te hace feliz estar ahí :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder

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